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COLEGAS PEDANTES

09.28.2009 | 7 Comments

¿No es demasiado pedirle al diseño que "cambie el mundo"? ¿No hay en ese pedido una exageración  de sus objetivos (y de los diseñadores),  por encima de sus posibilidades y competencias reales?  


Con estas lúcidas preguntas planteadas por el argentino Andrés Muglia  en su artículo Un Ombligo Demasiado Grande, publicado el ForoAlfa (http://foroalfa.org/es/autor/26/Andres_Muglia ),  quiero adentrarme en terrenos socialmente riesgosos y hasta políticamente incorrectos.


Quiero referirme explícitamente a la pedantería que invade a algunos diseñadores de cierto renombre, y también a muchos “de los otros”.  


Hace un tiempo, mientras  escuchaba en la radio del auto uno esos programas en los que gente con onda  conversa con otra gente muy entretenida también, me topé con un entrevistado que era Director de una Escuela de Diseño.
Interesada, puse atención; la conversa prometía estar buena.
 Los anfitriones del programa lo presentaron en forma muy entusiasta, enumerando sus atributos académicos y profesionales.
Todo bien, hasta que comenzaron a comentar acerca de su experiencia como docente.


Locutor: “Parece que los alumnos te tienen miedo, dicen que eres un profesor tremendamente  exigente
Diseñador: “Si claro, es que yo pienso que se debe entregar todo por el Diseño, siempre  ir mas allá de los límites. Yo casi nunca pongo buenas notas. Los alumnos saben que soy así, que tienen que trabajar las 24 horas del día en mi ramo para poder avanzar, y aún así muchas veces no  es suficiente. Repruebo a muchos, pero la cosa es así conmigo, y ellos lo saben. Tienen que trasnochar, que  trabajar bajo presión, no me importa que tengan mas ramos, tendrán que ver como lo hacen, porque  yo les doy harto trabajo. Porque estos cabros de ahora no saben nada, no tienen nivel, no saben de diseñadores, de productos, no saben  de historia, nada de nada.”


¡Plop!


Me quedé pensando en estas palabras, que reflejan claramente un estilo de docencia presente  en algunas Escuelas de Diseño, pero principalmente en algunos Diseñadores (y arquitectos también).


Yo, en principio, estoy de acuerdo con la exigencia, y también con el desarrollo de actitudes que fortalezcan al estudiante, porque el ejercicio profesional es complejo, y el contexto nacional no está lo suficientemente maduro como para que un diseñador pueda tener éxito basado solo en sus talentos personales.


Sin embargo, hay que situarse dentro de un escenario realista: ¿Qué es realmente exigencia? Exigencia  respecto de alumnos chilenos, jóvenes que provienen de una educación que no privilegia precisamente la curiosidad y la creatividad. Estudiantes que quizás nunca han tenido la oportunidad de tener contacto con el mundo del Diseño.
¿Puede un profesor recriminar a sus alumnos por no conocer  lo que posiblemente nunca se les presentó?
¿Puede demandarles una dedicación completa (desmedida), sin entregarles las herramientas adecuadas para poder alcanzar los niveles de  aprendizaje esperados?


Porque, si sus alumnos reprueban en tan alto grado, algo queda pendiente respecto de la efectividad del docente.


Creo que, a estas alturas del siglo XXI, no se puede (enseñar) aprender en base al miedo.
Y menos en una carrera que tiene como objetivo generar propuestas y soluciones que propicien la innovación. 
Los alumnos responden mejor, cuando saben qué se espera de ellos. Cuando se ajustan metodologías, procesos y actividades en función de sus potenciales específicos. La planificación es responsabilidad del docente, así como la gestión del tiempo, de  recursos y energía. Esto es parte de una docencia efectiva.


Hay muchos diseñadores que reclaman respecto del nivel de  sus alumnos, pero que no se sitúan empáticamente respecto de su propio contexto de aprendizaje. Por cierto que hoy, con toda su experiencia profesional y de vida, para estos docentes  hay cosas que parecen obvias, pero a los 18-20  años, el mundo es otro.


Considero que exigencia no es autoritarismo, y que el profesor no puede ser una “estrella  de rock”. Como profesional, no hay problemas, pero no en la docencia.


Entiendo  más bien como exigencia un contexto de reglas claras, objetivos concretos, aprendizajes bien establecidos y evaluaciones fundadas en requerimientos explícitos, alineados  con las características propias de los estudiantes  y al nivel de avance dentro del plan de estudios. 


Diseñadores para construir el futuro, ¡Sí!, pero bien formados.
Con autoestima alta, proyectando sus potenciales, entendiendo el cómo y el porqué de lo que hacen.
Paso a paso, motivando con ganas, entusiasmo y energía, es tarea del docente formar nuevas generaciones de diseñadores positivos, proactivos y útiles para la sociedad.




Los Poderes de Hipermán (reloaded)

09.11.2009 | 2 Comments

En pleno almuerzo del sábado, mientras conversábamos acerca de las características de la  realeza, la naturaleza del dinero y las utopías de la primera mitad del siglo XX, Raimundo, mi hijo de 13 años, pregunta enfáticamente : "¿entonces, qué poderes tienen  los reyes de ahora?"
 
Difícil respuesta. Las explicaciones comienzan a confundirse y a disgregarse, tocando temas como la autoridad, la representatividad, la fama y la farándula.
 
"¿Poderes, superpoderes o hiperpoderes?" insiste, “como ahora todo es híper". 
 
De vuelta camino a casa, en el auto, retomo el tema y lanzo la pregunta:
¿Entonces, cuáles serían los poderes de Hipermán?
 
Silencio…
“Ya pues, pero díganme algo” 
 ”No sé,…convertirse en árbol”,  me responde Tomás, de 15, algo contrariado. 

”Exacto”, digo yo.
 
Eso calzaba justo con lo que estaba pensando en ese mismo instante, pues simultáneamente se me había producido una de esas asociaciones de ideas a mil en las que uno relaciona  todo, y  aparece la lógica de las cosas. 
 
Estábamos hablando de la evolución de Superman en Hipermán.
Superman representa claramente  las aspiraciones de modernidad y progreso de la primera mitad del siglo XX: …más fuerte, más alto, más lejos…
El hombre de acero, caído desde otro mundo, viene a ayudarnos a combatir el mal, personificado a través de villanos ,con fuerzas también sobrehumanas ,que quieren apoderarse del mundo.
Superman oculta sus poderes para no ser discriminado, en una sociedad que privilegia la homogeneidad y la adaptación. 
 
Ya asentados en el siglo XXI, ¿Qué ha cambiado respecto de esto? 
 
Con la Revolución de las Flores de fines de los años 60, la sociedad comienza a abrirse respecto de conceptos más sistémicos y de integración, y la figura de este superhéroe, un personaje con poderes individuales y que trabaja solo, se desdibuja.
 
La utopía se traslada al espíritu y la unión hace la fuerza. 
 
 Actualmente, ya instalada  una real conciencia de peligro asociada  al medioambiente, al cambio climático  y a la destrucción del planeta, el enemigo está plenamente identificado y es muy concreto: nosotros mismos. 
 
La posibilidad de cambio solo puede venir desde adentro.
Es entonces cuando  el poder de convertirse en árbol cobra mucho sentido para el superhéroe de la hipermodernidad. 
 
El árbol está perfectamente  integrado a su entorno, se alimenta de la tierra dentro de un sistema autorregulado y natural, da y recibe en la proporción justa.
 
Además, es bello e imponente, a veces verde y a veces desnudo, entregado al ritmo de las estaciones. Baila con el viento, ampara a sus vecinos en la tormenta, da frutos a pleno sol. 
 Y lo más importante, transforma el dióxido de carbono en oxígeno, purificando el aire que respiramos. 
 
Éstos son los poderes que esperamos de Hipermán, el héroe que podrá salvar nuestro mundo. Esperemos que comparta también con Superman una actitud fundamental: Hacer  lo correcto.
 


 

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