Sin dios ni ley
Crisis institucional. Con todas sus letras, eso es lo que estamos viviendo. Chile no es un país, escribió David Rothkopf, sino “un Club privado”. En cualquier sitio del mundo esto llevaría a una revolución. Fue el caso de la Independencia de los EEUU, el de la Revolución Francesa y el de los numerosos gobiernos latinoamericanos desalojados recientemente por sus pueblos movilizados, -pacíficamente-, hastiados del robo, la incuria, la explotación, los privilegios para los menos y la miseria, los dolores y los sufrimientos para los más.
Salvar a los mineros no le da a este gobierno patente de eficacia. El derecho a la vida de cada ciudadano es un derecho y su protección un deber eminente del Estado.
Rossi, Bitar y Piñera, ¿cómo se llama la obra?
Hace rato que en Chile no puede haber una “obra teatral” si no se considera a Piñera como uno de los actores principales. Piñera representa la consolidación de la democracia de los “consensos” y del legado dictatorial. Pues desde ahora nadie puede decir que no hay “alternancia”. Esta nueva derecha le da garantías de gobernabilidad a los grupos económicos, permitiéndoles bajar el telón, pues ya ni siquiera necesitan a la Concertación como gobierno.

