Hay ratas en el cielo
Dec. 01 , 2009
-"Otra que viene a dar las gracias".
La Pili está con su quitasol parecido a los chinos de papel, pero el suyo es de lino y terciopelo. Amarillo, negro y con mango de madera, debe tener al menos cuarenta años, ella tiene 94. Lo sujeta con las dos manos para que no le dé el sol en la cara, porque tiene unas manchas feas, ella. Y canta.
-"Sol, solcito, sal un poquito, hoy y mañana y toda la semana".
Es primero de diciembre. 2009 se va.
Las palomas pregonan sus "Uuuu" y terminan de encontrar las últimas miguitas que quedaron escondidas en la juntura de los adoquines. Nos reconocieron antes de que llegáramos a la esquina de Apoquindo con La Gloria; mucho antes de que estacionara religiosamente la silla de ruedas de la Pili muy derecha y pegadita al banco donde estoy sentada, en el mismo metro cuadrado de cadamartes. Mucho antes de que la Pili me mandara a esparcirles las miguitas.
Las ratas del cielo, otra vez, nos vienen a dar las gracias. "Mira cómo me vienen a dar las gracias", me va a repetir, como la poesía del sol o la de los corazones partidos "yo no los quiero, cuando doy el mío lo doy entero". Suenan motos y micros, cruzan hombres con maletines y paso apurado que asusta a nuestras palomas. Un niño tiene pataleta.
No vino la Blanquita. Hace meses que no viene, la que compadecíamos porque tenía una sola pata, la única que no era gris. Creo que se murió, pero le digo que se cambió de casa.




