Sara Arenas

Rumbo Norte

 

Cuándo nos hablan de medio ambiente: ¿Qué nos está diciendo la autoridad?

Apr. 04 , 2011

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Volvemos a mirar el tema energético y los discursos asociados al mismo de nuestro país, para esto nos centraremos en las declaraciones públicas del biministro de Minería y Energía, Laurence Golborne, quien el 29 de marzo afirmó tres cosas que creo deben ser analizadas con atención.

Primero, el  ministro dijo que “se debe ser un Gobierno responsable y serio que se preocupa por el desarrollo del país… el cual necesita energía barata y sustentable”. En dicha afirmación reviste las políticas gubernamentales en torno a la energía de cierta legitimidad, asociándolas a valores como la responsabilidad, la seriedad y compromiso. Además, nos dice, que en Chile la prioridad es invertir en energía barata y sustentable (que no es lo mismo que renovable), es decir, de bajo costo de producción como la que puede producir una termoeléctrica a carbón.

Esta afirmación deslegitima cualquier disidencia en torno al tema, asumiéndola como poco seria, e implica que el país no puede invertir en tecnología de punta que incorpore energía renovable no contaminante a su red, como la solar, porque sería una inversión lenta y cara. Pero ¿qué tan caro?, ¿caro para quien?


Sin embargo, distintos países van en dirección contraria a la nuestra, por ejemplo Alemania, que hizo un mea culpa y busca rectificar prontamente el rumbo invirtiendo decididamente en energías alternativas. Por otro lado, China, el mayor exportador mundial de paneles solares, afirma que  probablemente cuente con 10 gigavatios (GW) de capacidad de energía solar para el año 2015, desde los actuales 1 GW que tienen en su red, todo esto dada las crecientes dudas acerca de la vía nuclear y las energías contaminantes.

Detrás del discurso gubernamental hay una forma de entender la realidad, incluido el uso de la energía y tipo el crecimiento económico que debemos tener. Se habla que en el corto-mediano plazo es imposible que parte nuestra matriz energética sea de energía renovable no contaminante, por lo mismo sería inevitable seguir transitando por el camino del carbón, para de esta forma dar tiempo a los futuros proyectos de energías renovables. ¿Inevitable porqué?, ¿energía para quién?, ¿cuál es la urgencia ahora? Si China pretende hacer una transformación en 4 años (es muy poco tiempo), ¿porque no nosotros? En fin, creo que son de dudosa procedencia estas afirmaciones “bien intencionadas”.
Por otra parte, el ministro aseguró que “si las centrales energéticas cumplen con la normativa medioambiental deben ser aprobadas por el Gobierno”. Pero las prácticas respecto al tema nos dice otra cosa.

Primero, ¿cuál es el reglamento general medioambiental para a las termoeléctricas en Chile? No hay, solo hay normas, específicamente la norma para el control emisiones, que incluso aun no es pública. Básicamente se establecen valores límites de emisión durante el 95% de las horas de funcionamiento diaria y se fiscalizará una vez al año por la entidad reguladora. Es decir, estamos hablando de que si la empresa se compromete a no sobrepasar los límites de emisión está dentro de la norma, ¿esto es verdaderamente una normativa medioambiental? Gusto a poco.

Por otra parte, dejemos la “normativa o norma” de lado y centrémonos en el argumento retórico, “si la cumple la normativa debe ser aprobada”. La condición de rigurosidad e igualdad para la evaluación de todos los proyecto tampoco es una verdad. Eso queda de manifiesto en distintos proyectos, por ejemplo en Barrancones, donde la intervención de ejecutivo vetó una aprobación de una central que cumplía la ley, o lo sucedido con la  empresa AES-GENER en el proyecto Campiche, revelado por los cables de Wikileaks, en que quedó claro que las presiones e intereses de poder que circundan al “real” apego a la normativa de un proyecto pesan más. Pero más evidente es la situación de la termoeléctrica Castilla, donde el gobierno nuevamente interviene “alineando” a sus funcionarios para que voten a favor de la central, un caso con antecedente complejo, como la acción directa del Seremi de Salud quien cambio por su propia cuenta la condición de contaminante (determinada por  la Seremi del ex gobierno) a molesto.

Entonces, cuando se afirma esto y se miran estos ejemplos, no estamos siendo completamente rigurosos,  queda claro que la cosa es bastante relativa. Pero con las afirmaciones del biministro (evaluado positivamente por la población) se pretende investir de rigurosidad, normatividad, hasta de neutralidad científica a un espacio de poder y  de conflicto de intereses.

Finalmente, en uno de los más “extraños” dichos de Golborne, este dice que “si hay un proyecto de central que no sea aprobado hay que abrir el debate y cambiar la normativa”. ¿Qué quiso decir?, ¿qué si no se aprueban por la “normativa” se hace un debate para cambiar la “normativa” y de esa manera aprobar dicho proyecto? ¿Estamos hablando de ofrecer  a cualquier inversionista un traje a la medida? Extraño (…), aunque no tanto.

A ver, en primer lugar como miembro de la sociedad civil me interesaría que la discusión se dé en la sociedad antes que al alero de cualquier institución del Estado, y que este sea un debate real, amplio y vinculante con la decisión de las comunidades. La participación ciudadana que incluye la ley del medioambiente la verdad es un verdadero “saludo a la bandera”, ya que los ciudadanos que con suerte logran saber de dicha evaluación pueden hacer observaciones en  la etapa inicial, luego la comunidad queda fuera y solo quedan en el diálogo la empresa y las autoridades vigentes, como si la comunidad no tuviera nada que decir en el “debate técnico”. Pero sabemos que ese espacio no es solo técnico sino también ético y político, y claramente un espacio de poder.

Los discursos oficiales sobre el medioambiente y sus políticas están mezclados con muchos otros discursos, incluidos aquellos asociados a la anulación y desprecio de las voces vecinales y de organizaciones civiles (incluido el de las propias comunidades afectadas), que levanta el “pragmatismo científico” de los “expertos”, cuya experticia a fin de cuentas, y la experiencia nos dice, en Chile se ve teñida por el humo negro que emana de las chimeneas en continuo funcionamiento del poder político y económico.

 



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