A río seco, ganancia de especuladores: El problema del agua en Copiapó
Sep. 27 , 2011
Desde hace tiempo los copiapinos venimos haciendo eco de una situación que últimamente se hace insostenible, la cantidad y calidad del agua para el consumo humano y el desarrollo económico. De una manera más decidida, diferentes actores sociales han hecho suya esta causa, logrando poner en el tapete una realidad ocultada por décadas bajo diversos eufemismos.
Como se sabe, la región de Atacama es una zona más bien árida, con pocas precipitaciones y un clima desértico, aunque históricamente ha contado con el agua suficiente para dar vida a una población y sus necesidades de subsistencia. Esta característica ha tenido un importante cambio en las últimas décadas, provocado por un fuerte crecimiento urbano e industrial, impulsado por mega proyectos mineros y agrícolas, que no obstante, no ha ido de la mano de una correcta planificación y proyección social y medio ambiental.
En el año 2008 el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente emitió un informe (GEO) indicando que Copiapó enfrenta múltiples problemas ambientales, asociados especialmente a las actividades económicas, a la expansión urbana, la producción de residuos y al abastecimiento de agua. Este último lo ponía como uno de los más serios de enfrentar.
La actual crisis del agua tiene sus orígenes en nuestra historia reciente, muy profundamente enraizada en el modelo de liberalización económica fundado por el régimen de Pinochet. La Constitución militar de 1980 aun lo dice bien claro: “Los derechos de los particulares sobre las aguas, reconocidos o constituidos en conformidad a la ley, otorgarán a sus titulares la propiedad sobre ellos”. Propiedad privada sobre recursos vitales para nuestro desarrollo básico.
El Código de Aguas de 1982 consolidó esta política entregando de manera gratuita este recurso a quienes lo solicitaran, otorgándoles la facultad de transarlo, heredarlo, venderlo, etc., aquello que hasta ese momento creíamos que era un bien tan común para nosotros como el aire.
Numerosos empresarios, atacameños, chilenos y extranjeros, se hicieron así de una importante cantidad de derechos de aguas que les permitieron emprender nuevos proyectos agrícolas y mineros. A poco andar el modelo comenzó a mostrar su doble cara, por un lado, un crecimiento económico vigoroso y, por otro, precariedad laboral para los pobladores que se iban trasladando a la ciudad con el fin de satisfacer la mano de obra para la emergente economía, especialmente en el sector agrícola, que es el crea puestos de trabajo, muy por delante de la gran minería.
En este último sector, ya en los años 90 y por el alza del precio del cobre (tal como hoy) se genera una de los más importantes conflictos medios ambientales en la zona, la gente sale a las calles a denunciar la contaminación del aire por la fundición Paipote de Enami, logrando con eso que se instalarán en el discurso común la fragilidad del tema ambiental y el modelo de crecimiento promovido.
Paralelamente, empezamos a ver como nuestro río se secaba. La basura y las bolsas de supermercado, propias de la nueva economía, empezaban a poblar la rivera de un río que casi de un día para otro dejó de pasar por la ciudad. Puedo dar cuenta que era un torrente amplio, a veces frío pero lleno de vida. Generaba una forma de vivir la ciudad distinta. Cada cierto tiempo un grupo de amigos bajábamos (porque vivíamos en las poblaciones que están mas cercana a los cerros) a bañarnos, de vez en cuando los liceos organizaban las regatas, algunos pescaban, y otros aprovechaban sus arenas. De pronto el río desapareció junto a todas esas prácticas.
Cuando empezaron a llegar algunas de las grandes empresas mineras el rumor era que antes de llegar a Copiapó se había desviado el agua del río para abastecer la faena que se había instalado en Tierra Amarilla. Había una suerte de complacencia inicial porque se creía que esta inversión traería mucho trabajo y que luego el río volvería a su cauce, pero nada de eso ocurrió. Aquella población urbana que mayor uso hacía del río se quedó “sin pan ni pedazo”. La complicidad de quienes estaban en el gobierno (de derecha, izquierda o del medio) fue abrumadora, pues la convicción era y sigue siendo la misma: “promover el crecimiento económico apostando por la grandes inversiones”.
Por otro lado, se trataba de desviar el problema hacía soluciones inverosímiles, como la creación de nuevo comercio y un puente de cristal sobre el lecho seco, respetando el curso del río para cuando este volviera a correr (fomentando la ilusión de que era algo pasajero producto de la sequía), incluso se gastaron dineros públicos para un proyecto que nunca vio la luz.
A contar de mediados de la década del noventa la geografía del valle de Copiapó fue cambiando desde la cordillera al mar. En la zona alta, a contar del tranque Lautaro, el agua superficial empezó a escasear. Más abajo ya el rió era de menos volumen pero aun algo había, y podíamos disfrutarla cuando íbamos con los niños a acampar a la localidad de Los Loros. Luego empezó a desaparecer en ciertos tramos y ya no llegó a Copiapó. Tiempo después las autoridades de la época empezaron a hablar del problema de la “sequía temporal”, del recurso del bombardeo de nubes y, luego, del fin de la vida útil de un embalse con filtraciones. Pero para nosotros algo no andaba bien.
Hacia la parte baja de Copiapó el impacto se hizo notar. Muchos de los agricultores de la zona abandonaron su actividad transformando las tierras de cultivos en parcelas de agrado, y los pocos habitantes que tozudamente siguieron creyendo en la agricultura menor debieron enfrentar a nuevos y poderosos competidores por la poca agua existente. Ante la sequía las empresas mineras empezaron a comprar los derechos de agua de los agricultores y particulares. Pero además se quedaron con las aguas tratadas de los copiapinos. Aquella que pagamos mes a mes a la empresa sanitaria para ser recuperada se transformó en un bien particular de la empresa para venderla “al mejor postor”. Y así lo hizo. Esa agua que por años había sido usada por los pequeños agricultores valle a bajo también se perdió. Aunque dieron la lucha no tuvieron aliados de importancia, tampoco al gobierno. Recordemos a aquel “profesional” de la CONAMA regional que en este tema se develó estaba coludido con las empresas mineras interesadas en la compra del agua tratada, y que resultó en la vergonzosa salida del funcionario y el director regional de este organismo. Espero que no olvidemos eso.
No podemos engañarnos, esta desgracia social y ambiental ha resultado, por una parte, en un negocio redondo para los especuladores. Por décadas las autoridades fueron entregando, ante una simple solicitud, más del doble de derechos de agua que la cuenca contenía realmente, y otros fueron pidiendo más derechos de los que podían necesitar. Se obtuvieron derechos de agua gratuitos de parte del Estado, que ahora en una situación crítica tienen su precio en oro, y hoy se venden por parte de empresarios de diverso origen y especuladores a precios exorbitantes a las nuevas mineras, que no paran de establecerse en vista del nuevo auge del valor del cobre y los metales, continuando con un ciclo perverso.
Esto ha llevado a los agricultores menores y vecinos a organizarse para negociar con la autoridad. Crearon la Coordinadora Regional por la Defensa del Agua y el Medioambiente, instancia social que reúne a dirigentes vecinales, sindicales, ambientalistas y al obispado de la zona. Se integró con voz y voto a la Mesa del Agua del Valle de Copiapó, creada en 2008 por el gobierno como una iniciativa público-privada en torno al tema. Sin embargo, en esta última instancia y de acuerdo a los participantes ciudadanos, predominaba y se imponían los intereses del sector empresarial con la complicidad de los representantes de gobierno.
Ante un panorama negro que no mejora, como ciudadanos comunes nos preguntamos ¿cómo esas grandes empresas que tienen ganancias extraordinarias por años no invierten para llevar agua desalada de mar a sus propias faenas, dejando para fines humanos la existente en la cuenca?, ¿por qué una vez más nosotros tenemos que pagar los costos? Es vergonzoso. Pero escuchamos al Seremi de Minería quien indica que es imposible exigir a las mineras pues ellas aportan el crecimiento regional. ¿Qué crecimiento si ya no tenemos agua para beber ni para sembrar?





Posted by Alejandro Rojas on September 27, 2011 at 11:55 AM CLT #
Posted by Christian Castillo G on September 27, 2011 at 02:39 PM CLT #
Posted by Aaron on September 27, 2011 at 08:11 PM CLT #
Posted by Herman Silva on September 27, 2011 at 08:34 PM CLT #
Posted by Herman Silva on September 27, 2011 at 08:38 PM CLT #
Posted by Herman Silva on September 27, 2011 at 08:39 PM CLT #
Posted by Herman Silva on September 27, 2011 at 08:42 PM CLT #