Sara Arenas

Rumbo Norte

 

Los eufemismos de una historia

Jan. 09 , 2012

24 Comments

 Régimen militar, pronunciamiento militar, régimen militar antidemocrático

Me imagino que todos esos rodeos que titulan este artículo son para referirse a una verdad: la pasada DICTADURA MILITAR EN CHILE. Como se  preguntaba un ciudadano común ¿qué viene después?, ¿bizcocho o dulce cubierto de crema, para  referirse a las tortas? Es extraño (aunque no tanto desde quienes hoy ejercen el poder) pretender blanquear, desperfilar, suavizar, legitimar, etc., una verdad marcada de sangre y dolor para de miles de chilenas y chilenos.

Estas formas de metamorfosear  la realidad con eufemismos verbales,  ha sido parte de la agenda comunicacional de este gobierno, generando polémicas donde se  evidencian los contrasentidos de sus discursos. No olvidemos cuando el intendente del Biobío deslizó un pronunciamiento ideológico afirmando que las familias monoparentales generaban anarquistas o delincuentes, y que luego justificó sus dichos indicando que era una hipótesis sociológica dentro de un contexto académico. Los científicos y académicos tampoco son neutrales a la realidad que interpretan con sus teorías. Hoy con esta polémica se re-utiliza la legitimidad académica, pues son los “expertos” educacionales quienes proponen el cambio de dictadura a régimen militar, aunque el gobierno termine reconociendo un error dentro de un ambiente de rechazo tanto interno como internacional a la iniciativa.


La desmemoria, el olvido, la falta de justicia han sido parte  importante en el proceso de “la recuperación de la democracia”, muy asociado  esto a la política de la “conciliación” implementada por los gobiernos de la Concertación. En nuestro Chile existe una memoria emborronada respecto a nuestro pasado, una memoria fragmentada con importantes silencios institucionales, y una memoria que trata de consolidarse como  la única  verdad, en donde victimas y victimarios se colocan en un mismo nivel, todos sufrieron en igualdad de condiciones. Dicha doctrina ha llevado a fomentar la justicia en “la medida de lo posible” a mantener a los desaparecidos en el olvido como el problema de algunos pocos “resentidos” que no quieren olvidar. Pero llegar al extremo de obnubilar esta poca memoria con la trasformación de una verdad histórica es temerario.

Las heridas son profundas, en un Chile roto y violentado hasta el extremo, el problema es de todos, pero no en igualdad de condiciones. La dictadura es un herida que ha recibido muy pocas curaciones, primero los esfuerzo por recuperar la democracia, luego la transición a la democracia, para finalmente anunciar la vuelta a la democracia, pero entre medio, el diálogo franco y justo entre todos los actores quedó oculto bajo la doctrina de la conciliación, fuimos “todos víctimas”, afirmaciones tan distantes a la realidad vivida por miles de chilenos y chilenas, tan ajenos como los discursos que aun hablan de una guerra interna, que los desaparecidos están todos en el extranjero viviendo como reyes  o que “algo habrán hecho” para que los mataran, torturara, violaran o desaparecieran.

Pero el problema no es olvidar, el problema es no poder recordar, ya que el miedo se vuelve a flor de piel, y queda claro que la política de conciliación solo viene poniendo un tosco maquillaje de exitismo a una yaga que aun palpita y sangra por todos lados. Una urgente necesidad de auto silencio que se instaló por décadas, donde solo hubo momentos en que chocamos con una realidad inimaginable, marcados por ejemplo por los informes Rettig, Valech o la detención de Pinochet en Londres.

  Pero también ahí hubo voces que nuevamente trataron de ocultar y silenciar, deslegitimando las fuentes y a los actores que procuraban un poco de justicia.
Eso nos lleva a recordar que los actores de ese ayer también son actores de hoy, esos que hacían huelgas de hambre, esos que anunciaban las penas del infierno a quien se atreviera a tocar al dictador, o aseguraban que el hijo o el padre del tal por cual andaba oculto recibiendo los beneficios del Estado, o tristemente utilizaban frases llenas de odios como la escuchada a una ex funcionaria pública: “hay que matar la perra para terminar la leva”, devolviéndonos de un golpe el pasado. Queda claro que nada está resuelto.

Para terminar estas palabras sobre las ambigüedades del lenguaje, solo  recuperar aquella expresión emitida por una funcionara del ministerio de Educación: “el cambio es de índole más general. No se refiere sólo a una palabra sino a enseñar a pensar”. Caro que nos ha hecho pensar y pensar en aquellas formas para no olvidar: ¡que en Chile hubo dictadura!

Enlaces

Feeds