Sexo y edad. Primera Parte
Apr. 08 , 2009
Nos ha tocado vivir en una era donde la expectativa de vida aumenta, cada década la población envejece y son más los adultos que ingresan en la llamada tercera edad, cuyos límites de inicio son cada vez más subjetivos. Sin embargo y tal como reza un viejo axioma: No es lo mismo agregar años a la vida, que vida a los años. La capacidad para el placer es en esta etapa un elemento esencial y vital.
El envejecimiento, al decir de los biólogos, es una enfermedad hereditaria que llevamos en nuestros cromosomas, que produce inevitablemente una decadencia en todas las funciones celulares y un final universal e inevitable. Esta definición centrada en la biología marcó un lazo entre la edad como variable y el teórico efecto que ella produce en los sujetos, pero nada dice acerca del sentido que cada sujeto le otorga a su envejecimiento ni de que manera se vive el pasaje de las décadas.
Por siglos, la humanidad ha buscado la secreta fórmula de la juventud perpetua: brujos, alquimistas, oscuros manipuladores de sustancias secretas, inquisidores perpetuos de la fuente de juvencia, aunque de ello dependiera un pacto infernal, como el inmortal Fausto o el no menos recordable Dorian Gray.
En nuestro tiempo, la investigación ha pasado a los laboratorios, que desarrollan a gran velocidad productos para retardar los efectos del envejecimiento corporal o intelectual. Los cirujanos plásticos, por su parte, como arquitectos empeñosos, brindan su arte al servicio de la belleza. Agregan donde falta, sostienen lo caído, refaccionan los efectos de los años, sirven eficazmente a aquellos para quienes se hace imprescindible evitar los signos exteriores de vejez. Otros, en cambio, se enorgullecen de sus arrugas, las muestran como parte de una belleza que sienten natural, y rechazan la sola idea de plancharse, alisarse o estirarse un solo milímetro de piel.
A medida que las décadas pasan cada vez hay más gente añosa, y aparecen agrupados en categorías tales como adulto mayor o respetables miembros de la tercera edad. En este período, muchos creen que la actividad sexual es la primera función biológica que sucumbe al proceso de envejecimiento, en cambio se puede demostrar que es una de las últimas funciones en deteriorarse.
Hay una frase que no por repetida es menos cierta que dice que somos sexuales desde que nacemos hasta que morimos, y que más allá del rendimiento, la capacidad de dar y recibir placer erótico se mantiene inalterable al paso de los años. Pero para que esto sea efectivo tiene que haberse logrado una actitud positiva y creativa en torno a lo sexual a lo largo de la vida.
De allí que sea poco probable una buena vida sexual en los años maduros cuando nunca se la ha tenido antes. En la juventud la actividad sexual es generalmente intensa y acrobática. Una tarde compartida puede significar varios encuentros sexuales, parecería que la energía sexual es inagotable. Este modelo queda registrado en los cuerpos y en la memoria y para algunos se sitúa como un anhelo nostálgico que invalida el presente, para otros en cambio es parte de una historia y un proceso de cambio. El 35 por ciento de las personas mayores de 70 años que disponen de buena salud física y emocional, se mantienen sexualmente activas, y tienen sexo por lo menos una vez a la semana o más.
La vida afectiva y sexual no experimenta ningún corte abrupto por efecto de los años, si es que se ha caracterizado antes por interés, entrega y placer compartido, para estas personas la actividad sexual continuará siendo un espacio de goce, en cambio para otros, solo será el momento inevitable para liberarse de una pesada carga de servicio, en un contexto social y cultural que no entiende ni estimula el hecho de que los viejos pueden disfrutar tanto o más que los jóvenes de las experiencias sexuales.
La relación entre el envejecimiento en sí, y la disminución de la vitalidad, depende del lugar que la cultura en que nos toca vivir asigna al varón o la mujer añosa, por lo general, es un evento vital mal tolerado, se asocia al deterioro y a un retiro forzoso de las actividades intelectuales y productivas. Pero este no es un hecho que se reproduzca mecánicamente en todos los sujetos por igual, por el contrario existe una correlación clara entre los estilos de vida, y la calidad de vida en el adulto mayor.
Las personas que llevan una vida activa, productiva y creativa, que son y se sienten sanos, que - sin exageraciones - se cuidan con un adecuado régimen alimenticio y practican algún tipo de actividad física, que mantienen una vida sexual constante y placentera, envejecen mucho más tardíamente, tanto en el plano corporal e intelectual, como en lo que a los aspectos subjetivos se refiere. Su deseo sexual es parte de su deseo vital, el placer parte de su existencia.Estas afirmaciones no pretenden negar la realidad de una declinación orgánica, pero cuando esta se produce se minimiza en los sujetos vitales, mientras que se potencian en aquellos otros que permiten que tanto su cuerpo, como sus actividades, se apaguen progresivamente, dirigiendose sin remedio hacia lo que Gabriel Garcia Marquez llamaba “Crónica de una muerte anunciada”.




Posted by julio on April 08, 2009 at 12:57 PM CLT #
Posted by Pablo Carrasco on April 08, 2009 at 02:14 PM CLT #
Posted by Bulmaro Velez Escobar on April 08, 2009 at 02:43 PM CLT #
Posted by vittorio on April 08, 2009 at 02:56 PM CLT #
Posted by maría eugenia on April 08, 2009 at 08:28 PM CLT #
Posted by Objetividad ante todo on April 10, 2009 at 07:48 PM CLT #
Posted by Héctor on April 10, 2009 at 07:56 PM CLT #