Bisexualidad. Hechos y debates.
Aug. 22 , 2009
Hace algunos días me toco presenciar un capítulo de la popular telenovela ¿Dónde está Elisa? Allí se muestra la relación entre dos varones, uno francamente homosexual y el otro un falso heterosexual, porque es más el esfuerzo y voluntad que él aparentemente coloca en sostener una relación marital sin deseo sexual, que su vocación por ello. Prueba de lo mismo es la fuerte atracción que siente en la relacion homosexual que inicia y sostiene con el entrañable amigo de su mujer. Esta historia me recordó otras historias presentes en mi experiencia clínica donde el tema de la bisexualidad se hizo presente. De estas extraigo algunos ejemplos:
Cynthia y Alberto eran una pareja como tantas otras parejas con pocos años de matrimonio; con alegrías y tristezas, proyectos, encuentros y desencuentros, armonías y conflictos. Sin embargo durante los últimos seis meses sus discusiones habían aumentado en frecuencia y volumen. Como consecuencia de ello un cierto distanciamiento afectivo se hizo evidente, una distancia afectiva y también sexual, que hizo aparecer en Cynthia la duda sobre la existencia de otra persona en la vida de Alberto. Ello la llevó a adoptar una actitud vigilante y controladora sobre las actividades de su marido que antes no había tenido. Comenzó a encontrar ocultamientos, pequeñas mentiras, excusas para justificar horas en las que él simplemente desaparecía o estaba inlocalizable. En esta búsqueda obsesionada, inventó un viaje repentino y urgente durante un fin de semana (por razones familiares), pensando en volver repentinamente y sorprenderlo. Así lo hizo y al llegar al departamento lo encontró con otra persona, pero la otra persona no era otra mujer sino otro hombre.
María Isabel vivió una experiencia diferente. Luego de años de matrimonio, tres hijos y una aparente felicidad en la convivencia. Ella le comunicó a su esposo el deseo de separarse. Por un tiempo le dijo. Le habló de su necesidad de reflexión sobre este matrimonio que la ahogaba.
A pesar de la resistencia del marido en aceptar una separación que no entendía, la firmeza de la decisión de María Isabel determinó el distanciamiento que se reveló irreversible.
Muchos años después ella resumió su historia: “Cuando me separé lo único que yo quería era estar sola. Gabriel es una buena persona y por eso me sentí mal haciéndolo sufrir, pero me sentía vacía”.
“Como no quería depender de él retomé mi profesión con fuerza. Tenía que viajar a menudo fuera del país y pasaba harto tiempo en hoteles. Eso es aburrido, especialmente porque no tienes con quien hablar de temas que no sea el trabajo”.
“Una de esas noches, cansada de ver televisión, baje al lobby del hotel a tomar una copa de vino. Por casualidad me senté cerca de otra mujer que también estaba sola y espontáneamente comenzamos a conversar. Lo hicimos durante horas. Teníamos tantas cosas en común, tanta afinidad. Fue una fascinación mutua. El contacto entre las dos siguió a la distancia, primero mails, luego llamadas telefónicas. Ella se convirtió en una persona importante en mi vida”.
“Creo que forcé un nuevo viaje para verla. Después todo pasó naturalmente, nos amamos. Y lo raro es que yo no me sentía sorprendida, es como si eso hubiese estado en mi desde siempre”.
En el caso de Daniel, él siempre tuvo en claro su duplicidad, se casó con una mujer a la que amaba, creo una familia con hijos de los que se sentía orgulloso. Pero siempre, desde el inicio de su pareja y aún antes del matrimonio mantuvo encuentros sexuales con hombres. Encuentros transitorios, de “puro sexo” como él decía, sin embargo le pasó algo inesperado, que introdujo un sesgo conflictivo en esta aparente armonía, se enamoró de otro hombre. A partir de allí comenzó la angustia, porque su deseo sexual, su pasión se convirtió en excluyente. Ya no era capaz de sentirse atraído por su mujer.
Estas historias nos llevan a interrogarnos sobre uno de los fenómenos de las prácticas sexuales menos revelado y poco investigado, desde que el número de personas que tienen prácticas bisexuales (varones y mujeres) parece más amplio de lo que se presenta a simple vista.
Desde lo que hoy conocemos desde un punto de vista biológico, al principio del camino de la gestación las gónadas indiferenciadas pueden orientarse hacia cualquier dirección, pero si no hay una intervención específica de un gen ubicado en el brazo corto del cromosoma Y, la dirección de desarrollo será de hembra. Este es el primer gran eslabón en el proceso de diferenciación sexual, que una vez transpuesto es inmodificable. La segunda intervención es de origen hormonal, y requiere de la acción de hormonas testiculares sobre el cerebro fetal para que sea efectivo el proceso de masculinización, sin embargo es posible que, como señala J. Money, la masculinización y la feminización coexistan en el cerebro en diversos grados, con una prolongación hacia el plano de los deseos y conductas sexuales, lo que dicho en otros términos haría posible que la sexualidad fuese monosexual (heterosexual u homosexual) o bisexual.
La tercera intervención está representada por la acción de la socialización del recién nacido que es educado para ser heterosexual en la inmensa mayoría de las sociedades humanas.
Las interacciones entre los tres planos deben producirse en un momento crítico del desarrollo evolutivo, en un instante preciso, que posibilite la cristalización de las potencialidades de cada individuo.
La gran discusión, incompleta e inacabada, es si es posible afirmar que los determinantes prenatales son los principales factores que harán variar la orientación sexual con independencia de la modelación social.
La biología ha destacado los factores prenatales que condicionan el desarrollo de la sexualidad y de las conductas reproductivas, mientras que las ciencias sociales han centrado sus análisis en la influencia del medio y del aprendizaje social, sin embargo la visión más correcta pasa por admitir que ambos interactúan para que se produzca un resultado final, en términos de la orientación sexual del individuo.
En un mundo donde la orientación sexual está polarizada entre la heterosexualidad y la homosexualidad, que por fin resulta admitida, la bisexualidad introduce un nuevo factor de conflicto, porque amenaza a ambos lados del escenario y produce hostilidad más confusión. Durante años ha sido sistemáticamente ignorada como fenómeno social, sin embargo ella reaparece desde dos ámbitos totalmente diferentes.
Por un lado, en las novelas, el cine y en el mundo del espectáculo surgen personajes claramente ambiguos o francamente bisexuales, cantantes como Michael Jackson o Miguel Bosé hacen gala de ese estilo ambiguo. Recientes biografías revelan que Laurence Olivier, Cary Grant o Eleanor Roosevelt jugaron romances con varones y mujeres. Pero el asunto va más allá de las columnas de la prensa amarilla, cuando las prácticas de los bisexuales masculinos los colocan dentro del cuadro de los grupos más sensibles en la posibilidad de contagio del Sida a la comunidad heterosexual.
Este problema social ha llevado a un primer plano de debate el tema de la orientación sexual.
En muchas sociedades los límites son difusos, algunas mujeres lesbianas tienen ocasionalmente relaciones sexuales con varones, algunos hombres que se definen a sí mismos como heterosexuales pueden tener juegos eróticos con otros hombres, pero admiten la etiqueta de homosexuales sólo cuando han tenido relaciones sexuales que incluyan sexo oral, penetración o masturbación mutua con otro varón. De hecho la construcción de la orientación y de la identidad sexual es un proceso que puede atravesar por etapas confusas y ambiguas hasta su cristalización en la post adolescencia, y dentro de ellas psicológicamente se admite la existencia de deseos y fantasías eróticas hacia el propio sexo.
Las estadísticas del número de bisexuales no son confiables, porque no se lo asocia a un estado constante. El/la bisexual se ubica en un territorio sin reconocimiento social ni moral, por lo que difícilmente admite su condición.Para el propósito de clarificar las orientaciones sexuales, importa diferenciar las prácticas bisexuales realizadas por un grupo de personas básicamente homosexuales de aquellas francamente orientadas en una doble dirección. Los primeros se mimetizan dentro de un matrimonio o pareja para obtener esposa/o, hijos y legalidad social. Estas personas son capaces de mantener – con verdadero esfuerzo relaciones sexuales con su pareja, mientras que su verdadero goce está del lado de la relación homosexual, la cual buscan y practican en forma oculta. Sin embargo a pesar de que ese accionar pudiese confundirlos con bisexuales, en realidad no lo son, sino más bien esforzados o esforzadas heterosexuales enmascarados.
La conclusión que surge de la observación de estas diferentes maneras de construir el objeto de deseo erótico, es que ese proceso es mucho más complejo de lo que se creía y que no depende sólo de factores biológicos, familiares, culturales y sociales, sino de la intrincada relación entre ellos. La inmensa mayoría de las sociedades educa a sus miembros para que sean heterosexuales, y la mayor parte efectivamente lo serán, pero tal como se señaló mas arriba es probable que los seres humanos tengamos algo de ese ser andrógino original, y que lo femenino y lo masculino coexistan en un cierto grado en nuestra historia individual, tanto en término de actitudes como de deseos. Si se acepta esta idea, también puede entenderse como en una sociedad abierta y tolerante los sujetos pueden dar libre curso y poner en acción deseos que en una sociedad más represiva serían prohibidos o negados.
En su límite, tal como plantea Marjorie Garber, autora el polémico libro “Viceversa”, las palabras homo, hetero, bi, tal vez no definen estados sino más bien posicionamientos del amor y del placer y como tal cambiantes, por lo que las etiquetas no son adecuadas para entender el fenómeno, sino que corren por cuenta de una sociedad que siempre ha necesitado controlar que los comportamientos sexuales se mantengan dentro de lo correcto y lo normal, como forma de autodefensa ante formas de expresión de la sexualidad que la desafían.
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Posted by Franco on August 23, 2009 at 01:23 PM CLT #
Genéticamente existe XY y XX, no existe XZ o YZ o un tercer sexo.
Lamento que estas personas no conozcan a Dios, ya que si lo buscaran, estoy segura que dejarían esas prácticas, serían transformados a su naturaleza inicial.
Los saludo
Posted by EMA ORTEGA on August 24, 2009 at 10:44 AM CLT #
Posted by Ignacio on August 24, 2009 at 10:48 AM CLT #
Posted by frank loydsf on August 24, 2009 at 11:01 AM CLT #
Posted by Laura on August 24, 2009 at 04:42 PM CLT #
Posted by Matias Lopez on August 24, 2009 at 05:04 PM CLT #
El tema de la bisexualidad es difícil de entender e incluso creer hasta desde la perspectiva de un homosexual... siempre he pensado que la bisexualidad es una posición forzada cuando el deseo sexual y el deseo de encajar socialmente se ven enfrentadas.
Posted by Fernando on August 25, 2009 at 11:36 AM CLT #
Posted by carolina on August 25, 2009 at 12:51 PM CLT #
Posted by alex on August 27, 2009 at 12:17 AM CLT #
Y los fanáticos religiosos que sigan participando, hace rato que sus argumentos dejaron de tener validéz. Lo más anti-natura es pretender imponer sus ideas sobre el resto.
Posted by Helena Bertinelli on August 28, 2009 at 03:00 PM CLT #