Arte y técnica de la seducción. Primera parte
Jan. 21 , 2009
¿Tú eres seductora o seductor? O mejor dicho ¿te sientes como tal? Te
propongo realizar un pequeño ejercicio antes de responder la pregunta; solo
mira en televisión a aquellas personas que ejercen la seducción como un
atributo. Si eres buen@ observadora te darás cuenta de que algunos son
seductores sin esfuerzo, pero con oficio, saben qué hacer y cuando para lograr
un efecto sobre los otros. Es decir que han trabajado esta aparente naturalidad
y son conscientes de ello. Otras y otros aparecen más bien patéticos en sus
gestos y movimientos, son como aficionados enfrentados a un mundo de
profesionales de la seducción (y así les va). Luego obsérvate a ti mism@, es
decir toma conciencia de tus fortalezas y tus límites en el ejercicio de la
seducción. Muchas veces seducimos inconscientemente y nos resulta fantástico;
otras lo intentamos voluntariamente sin éxito. Mi idea es que todos somos
capaces de seducir, pero lo importante es saber cuáles son las herramientas que
disponemos para hacerlo y como las utilizamos.
Seducir significa llevar al otro a una zona de interés y de alguna manera
adquirir el control y la conducción del proceso. Este es uno de los elementos
típicos del juego: el factor estratégico, donde las relaciones de fuerzas son
determinantes. Pero también han persistido, como herencia antigua y expresión
de lo más instintivo, los aspectos “animales” de la seducción ligados a la
llamada de los sentidos.
El olfato, la visión, el tacto, los gestos sonoros, movimientos y
aditamentos como la ropa o los cosméticos, componen la estructura de la
“química sexual” destinada a la atracción del prójimo. Para que esta química
sexual funcione, la especie humana (con múltiples variaciones culturales) ha
inventado a lo largo de los tiempos una serie de rituales y coreografías que
apuntan a un objetivo único y universal: atraer al ser deseado. En Occidente todo
comienza con la mirada, los ojos se fijan en el otro al cual se evalúa y por el
cual se es avaluado. Hay una rápida y fugaz comparación inconsciente con los
patrones internos, con las imágenes idealizadas del amor deseado y perfilado en
el imaginario erótico, y también una evaluación
racional del otro y de lo que sugiere. Hay personas que han definido a
lo largo de años las características deseables en el otro, que pueden ser intelectuales,
estéticas, económicas, sociales o de carácter. Otras operan por el factor
llamado emotivo, el feeling, que hace
sentir sumamente próxima a una persona hasta hace poco lejana y distante. El
llamado amor a primera vista se fundamenta en ambos tipos de acercamiento. La
mirada es el primer paso a la que luego se agrega la posición de la cabeza y el
cuerpo, otros gestos complementan la acción, como llevar la propia mano a los
cabellos acariciándolos, o girar el cuerpo y orientarlo hacia la persona a quien
se quiere enviar el mensaje. Si el mensaje ha sido aceptado y compartido la
sonrisa es inevitable y por fin llega la palabra. La sonrisa es, a la vez, un
gesto invitante y tranquilizador: abre o propone un espacio explícito de
aceptación y requiere ser respondida.
La coherencia entre la mirada, el gesto, la sonrisa y la posición del
cuerpo establece un esquema de comunicación algo más complicado, porque si la
mirada dice “Me interesas” pero el cuerpo adopta una posición de rechazo,
cerrándose en su postura (como la gente que mantiene brazos y piernas cruzados)
se están empleando simultáneamente dos códigos contradictorios que pueden
confundir a los participantes. Los seductores expertos saben como y cuando
utilizar el gesto correcto para aflojar cualquier resistencia, y aún modificar
sus propios gestos para facilitar la respuesta del otro.
Un componente fundamental del juego de la seducción, casi más importante
que la palabra, es el interjuego de los espacios. La excesiva distancia o el
acercamiento intrusivo alteran las reglas del juego. Es como si las personas
tuviesen en torno a sí un halo de energía, un espacio privado que no puede ser
invadido (generalmente) sin autorización, resulta casi obvio que no hay que
pedir un permiso de paso para una caricia o un beso, pero esto sucede porque la
aceptación es implícita. Si entre una mirada y un beso no hay palabras es
porque ya no hacen falta.
www.robertorosenzvaig.cl
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¿habra sido esta técnica la utilizada por Obama para obnubilar a Coloane?
Posted by clamor popular on January 21, 2009 at 09:28 PM CLST #
¿deberia ser capaz de rechazar esos gestos de parte de alguien que no deberia interesarle por ser estar comprometida?
Posted by Alvaro on January 21, 2009 at 10:06 PM CLST #
Posted by chejo on January 22, 2009 at 01:46 AM CLST #
Daban más argumentos, pero en general, me hace mucho sentido todo eso.
Posted by Fabrizio Guzmán on January 25, 2009 at 02:19 PM CLST #
Posted by Fantomas on January 28, 2009 at 10:04 AM CLST #