Roberto Rosenzvaig

Sexualidad y pareja

 

Historia de un triángulo. A propósito de "Donde está Elisa"

Oct. 15 , 2009

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Olivia, Javier e Ignacio; tres personajes que componen un triángulo del cual solo dos están conscientes. Esta es la trama de la supervista serie "Donde está Elisa"; que además posee otros triángulos sexuales, pero aunque no es la historia central, adquirió un notable peso en la línea dramática desarrollada porque tiene todos los elementos para lograrlo, incluyendo a un hijo adolescente que es el primero en descubrir la relación, una confesión a una adorable esposa que además está embarazada y la previsible respuesta catastrófica de esta. Un "follón total" como dirían los españoles. Pero más allá de las descripciones vale la pena considerar la vigencia social del triángulo tal como se ve en la historia televisiva.


A quienes leyeron  "La razón de los amantes" la excelente novela de Pablo Simonetti, recordaran que allí también se plantea un triángulo más abierto y consciente, pero no menos crìtico en lo que se refiere a la base de sustentación de la pareja.

¿Cuán frecuente es esta situación? ¿Quiénes la desarrollan? ¿Cuál es su propósito? Entre los hombres hay que dividir (para comprender mejor) dos grandes grupos: el primero compuesto por los varones con prácticas bisexuales que difícilmente sostienen un triángulo sino que son más bien promiscuos, recurriendo tanto a aventuras pasajeras como a sexo pagado.

El segundo grupo lo componen varones que han tenido fantasías o prácticas homosexuales en algún momento de su historia de vida y que frecuentemente recurren a sitios de pornografía homosexual en Internet como apoyo de prácticas autoeróticas. Su deseo se sostiene pero se inhiben a encaminarse a una sexualidad francamente homosexual, porque por razones familiares, valóricas, religiosas etc, no quieren identificarse, o no ser identificados por otros como gay. Al escucharlos es muy frecuente que surjan comentarios tales como: mi familia jamás lo aceptaría, no quiero quedarme solo, no me veo sin esposa y familia, quiero tener hijos, no quiero ser homosexual.
Son comentarios legítimos, nadie está obligado a realizar prácticas sociales o sexuales marcadas por una determinada orientación sexual. No existe un mandato biológico imperioso, ni una naturaleza dominante, porque el deseo (como tantos otros fenómenos humanos) también es una construcción social y responde a nuestra capacidad de tomar decisiones y elecciones como también de respetarlas. El problema no está en estas personas conscientes de sus límites y -porque no- de su sufrimiento, sino en los que se enmascaran para lograr una pareja, un matrimonio e hijos.

He trabajado clínicamente con un número significativo de varones que consultaban en esta circunstancia y el denominador común del conflicto en pareja se basaba en su incapacidad de sostener una vida sexual activa y placentera con su pareja. Existe para ellos dos escenarios: uno espontáneo y excitante ligado a sus prácticas autoeróticas y otro forzado o esforzado, frecuentemente acompañado de algún tipo de disfunción sexual que es el que llevan a cabo con su pareja.


Los que se atreven, en algún momento buscarán una compañía sexual masculina; los saunas gay están poblados de personas con este perfil. Y aqui se instalan todos los elementos de la infidelidad: la mentira, el ocultamiento, la disociación entre sexo y amor. Su ausencia de deseo aparece entonces como el factor crítico en la pareja, porque no todas las mujeres están dispuestas a aceptar una existencia asexuada.


Hay casos en que la mujer admite abierta o silenciosamene esta duplicidad pero para que funcione esta aceptación debe conllevar algún tipo de beneficio para ella. He conocido parejas en que la revelación -no el descubrimiento abrupto- de esta situación llevó a un replanteo de la totalidad del sentido del vínculo, es decir ¿Por qué y para qué estamos juntos?

El descubrimiento abrupto del engaño además de que la infidelidad es con otro varón, conduce generalmente a una ruptura traumática del vínculo. La mentira se potencia y adquiere ribetes dramáticos. La respuesta emocional de la mujer implica una sensación de estafa, dolor, rabia, tristeza y aún depresión. Esto se agrava porque no faltan quienes afirman que siempre se percataron de las inclinaciones sexuales del marido. La rabia se expresa en un deseo encendido de venganza que implica la develación de la oculta identidad del "traidor" a quien quiera escucharlo. Cuando trabajo con las personas involucradas en este escenario declaro como terapeuta que todas estas reacciones son absolutamente válidas, pero creo que cuando la venganza domina obscurece a la propia persona que la padece y le impide procesar el dolor psíquico y la desorganización emocional. No se puede olvidar o perdonar por decreto, esto requiere tiempo y proceso.

La enseñanza básica que deviene de este triángulo intencional es que lo peor que uno puede hacer en la vida es comenzar una relación a partir del engaño -sexual o de otra índole- consciente al otro, eso a la larga se hará insostenible.

www.robertorosenzvaig.cl





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