Estilo sexual
May. 03 , 2009
¿Existe un estilo sexual de la pareja?
Esta es una pregunta complicada por que hay tantas aproximaciones al sexo, como parejas sexuales. En verdad no existe una manera única o correcta de ser sexual. Entonces cada pareja puede desarrollar un estilo propio, que no es estático, ni tampoco totalmente predecible.
El estilo sexual, envuelve elementos tales como los intereses, preferencias y experiencias de cambio.
Cada uno forja su estilo sexual en base a sus necesidades y preferencias.
El primer elemento en el estilo sexual en pareja es la importancia que se le otorga a la intimidad sexual. El segundo componente es la flexibilidad en los roles y en las acciones.
Voy a describir algunos estilos, para que los lectores estimen cual es el que más se aproxima al propio.
Estilo complementario.
Se practica lo mío, lo tuyo y lo nuestro. Este estilo permite a cada miembro de la pareja tener y expresar una voz propia, es decir une la individualidad con la participación. Es relevante señalar que ninguno de los dos atribuye al otro la responsabilidad única del encuentro o de activar deseo, excitación o placer (actitudes, ropa, baile, estímulos) Se puede ser aquí pasivo o activo. Buscador o buscado, pero siempre en una doble dirección.
Cada uno es sensible y abierto a las demandas, necesidades y límites de su pareja. Y la respuesta: “no quiero ahora” no se vive como rechazo sino como opción, porque el no puede dar paso al si, en otro momento y en otra circunstancia. Estas parejas colocan a la relación sexual, tanto en frecuencia como en calidad como una prioridad en su vínculo. Y son particularmente sensibles a los cambios negativos producidos por circunstancias de conflicto.
Estilo tradicional.
Es el más predecible y estable. Se buscan formas tranquilas,seguras y poco innovadoras. Es un sexo donde el cariño y la ternura desplazan a la pasión, aún cuando esto no implica la ausencia de placer compartido. Los roles de género se expresan a través de la búsqueda activa por parte del varón, tanto de la aproximación como de las posibles variaciones dentro de la relación sexual. El sexo no es vivido como una prioridad, sino como una expresión más de la vida compartida.
Estilo espiritual.
Cercanía, intimidad y entrega. Aquí el amor sexual encuentra su lugar privilegiado. Estas parejas son capaces de compartir sus experiencias, hablar de sus necesidades, expresar sus emociones. Ellos otorgan una gran importancia al conocimiento de las necesidades de su pareja y están dispuestos a satisfacerlas. Puede creerse que este es el estilo ideal, pero ello parte de una falsa premisa: que cuanto mayor es la intimidad mejor es la relación sexual. Por el contrario la experiencia muestra que estas parejas corren un riesgo porque la intimidad absoluta puede deserotizar el vínculo.
Estilo emocionalmente expresivo.
Divertido y sensual. Es el estilo más erótico y desenfadado. La pareja está dispuesta a innovar, a mostrar el placer y el deseo sin barreras. Colocan la espontaneidad a la base del encuentro. Los roles se intercambian como en una danza donde a veces uno conduce y otras es conducido. Su frecuencia sexual suele ser alta y físicamente agotadora.
Una pareja puede atravesar a lo largo de su existencia por diferentes estilos y esto depende de la flexibilidad de cada uno. La clave es permanecer abierto y receptivo a la exploración de los deseos sexuales, a las preferencias y a los sentimientos sobre los que se basa la fortaleza de la relación. Las preferencias y la sensibilidad erótica son parte de lo que cada uno es como persona sexual y deben ser aceptadas e integradas dentro del estilo sexual de ambos.
Esto no significa que dejan de existir diferencias, ellas son parte de la riqueza de una pareja donde dos personas están juntas, pero siguen siendo individuos. El objetivo es la búsqueda del deseo, el placer y la satisfacción y cada cual debe hacerse responsable por ello.
No hay un estilo correcto que se ajuste a todas las parejas. Por eso la clave está en encontrar códigos comunes que satisfagan las expectativas conscientes e inconscientes de cada uno, pero para que esto se produzca es imprescindible mantener los canales de comunicación abiertos y favorecer la expresión de los deseos, fantasías, conflictos y frustraciones. Es evidente que cuando la comunicación permite expresar emociones y sentimientos, no todos serán positivos y agradables, pero gracias a ello se derriba la barrera más nefasta para una pareja que es el silencio.
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Sexo y edad. tercera parte.
Apr. 20 , 2009
ANDROPAUSIA
Es por todos conocido que en la vida reproductiva de una mujer, existe un corte, un antes y un después hormonal, donde el ciclo menstrual y la ovulación se interrumpen, denominado menopausia, que deriva de las palabras griegas men, mes y pausis cese, se refiere al último período menstrual e indica el final de la vida reproductiva. También se ha usado en este sentido la palabra climaterio, que significa escalón, y en este sentido es equivalente a una transición. Este cambio genera además, efectos notorios sobre la vida sexual femenina, que de modo alguno operan de forma universal, sino que están marcados por diferencias culturales, y principalmente por la calidad de la vida erótica que antecedió a este período.
En los últimos tiempos se ha investigado si existe un fenómeno similar en la población masculina, y si es esperable que la edad produzca modificaciones en la sexualidad de los varones, originados en cambios de orden biológico.
De estas investigaciones aparecieron nombres de fantasía, como menopausia masculina, climaterio masculino, viropausia, y la más conocida y utilizada “ andropausia”. Aunque se ha propuesto también llamarla Declinación androgénica progresiva en el hombre añoso.
Que hechos definen esta entidad clínica, y si ella depende principalmente de la disminución de un aporte hormonal, es un hecho aún discutido.
Lo cierto es que la testosterona, hormona masculina por excelencia, de la que depende en gran parte el deseo sexual, disminuye un 1% por año a partir de los 50 años, aunque la velocidad y la magnitud de esta disminución es muy variable e individual. Simultáneamente disminuye la hormona de crecimiento, y los niveles de melatonina.
En este proceso hay algunos indicadores interesantes:
Su comienzo es insidioso y la progresión es lenta, no sucede de la noche a la mañana y abruptamente, sino todo lo contrario.
Los varones comienzan a notar una disminución del deseo sexual y de la calidad de sus erecciones, principalmente de las nocturnas. Se agregan a estos signos sexuales, otros como cambios en el humor, disminución de la actividad intelectual y de la capacidad de orientación espacial, fatigabilidad, irritabilidad y tendencia a la depresión.
Es posible globalizar todos estos indicadores en una sola expresión emocional: desvitalización.
La relación entre el envejecimiento en sí, y la disminución de la vitalidad, depende del lugar que la cultura en que nos toca vivir asigna al hombre añoso, por lo general, es un evento vital mal tolerado, se asocia al deterioro y a un retiro forzoso de las actividades intelectuales y productivas. Pero este no es un hecho que se reproduzca mecánicamente en todos los sujetos por igual, por el contrario existe una correlación clara entre los estilos de vida, y la calidad de vida en el adulto mayor.
Las personas que llevan una vida activa, productiva, y creativa, que son y se sienten sanos, que - sin exageraciones - se cuidan con un adecuado régimen alimenticio y practican algún tipo de actividad física, que mantienen una vida sexual constante y placentera, envejecen mucho más tardíamente, tanto en el plano corporal, como en lo que a los aspectos subjetivos se refiere.
Su deseo sexual es parte de su deseo vital, el placer parte de su existencia.
Estas afirmaciones no pretenden negar la posibilidad de una declinación orgánica, pero cuando esta se produce se minimiza en los sujetos vitales, mientras que se potencian en aquellos otros que permiten que tanto su cuerpo, como sus actividades, se apaguen progresivamente.
En el caso de aquellos que han recibido un adecuado diagnóstico médico, y que a través de él se ha comprobado una disminución hormonal significativa, puede efectuarse, como en el caso de las mujeres menopáusicas, una terapia de sustitución hormonal, que parece brindar efectos revitalizadores sobre esta sexualidad alicaída. Aunque difícilmente logre transformar a un opaco amante, en un furioso amador. El deseo y también la erección, son elementos constitutivos de una escena amorosa compleja, no pueden separarse en partes, dependen de toda una vida en la que la vida sexual ocupó un papel relevante, o por el contrario limitada. En ese contexto la andropausia significa la continuidad de una declinación esperada, o en palabras de García Márquez, la crónica de una muerte anunciada.
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Sexo y edad. Segunda Parte
Apr. 14 , 2009
En relación con lo dicho en el anterior artículo, hay que reconocer que la edad tiene efectos específicos sobre cada una de las fases en que se ha dividido la respuesta sexual humana: deseo, excitación y orgasmo.
En la primera fase la baja de los niveles de las hormonas responsables del deseo sexual puede hacer que este disminuya, tanto en los varones como en las mujeres. En estas la baja de los estrógenos y de la testoesterona tiene efectos negativos específicos sobre el deseo y la excitación, entre otras cosas porque la ausencia de un adecuado nivel de hormonas determina que la pared de la vagina se adelgace, se seque y por ello cambie las sensaciones placenteras hacia otras menos agradables, por la posibilidad de dolor y ardor durante o después de la actividad sexual.
Las terapias de reemplazo estrogénico, que cada vez más médicos indican y más mujeres utilizan se muestran como un elemento preventivo de estas dificultades.
En los hombres no existe equivalencia biológica de la menopausia, y los cambios en los niveles de testoesterona son lentos y paulatinos. La erección será menos rígida, pero con capacidad para penetrar y mantener el contacto hasta el orgasmo.La diferencia principal está en que a los 20 años, por ejemplo, un varón puede producir una erección con sólo fantasear o mirar a su compañera sexual, en cambio en los mayores se requiere de mayor estimulación para lograr que la sangre llegue a los cuerpos cavernosos del pene, por eso es que las parejas deben comprender que un juego erótico previo prolongado favorece las posibilidades de mayor excitación de ambos.
Es evidente que las personas que tocan o acarician poco tendrán mayores dificultades. Aqui se confronta el mito compartido de que toda buena relación sexual debe incluir necesariamente la penetración, por el contrario los testimonios de las parejas de esa edad revelan la jerarquización que se hace de otras opciones, como el estímulo oral o manual mutuo.
La otra diferencia que llega de la mano de los años es en la capacidad para producir una nueva erección y orgasmo en el varón, que si a los 19 puede ser rápida, a los 70 puede demorar 48 horas o más.
En cambio en las mujeres no existen diferencias negativas, más aún, algunas de ellas han experimentados orgasmos de mayor calidad e intensidad luego de la menopausia. Muchos se preguntan si el deseo no desaparece naturalmente frente a un cuerpo envejecido, sin embargo está probado, que no es la belleza corporal el factor principal que hace a una buena sexualidad, sino la capacidad de las personas para mantener y aún aumentar la capacidad de placer, y eso no cambia con los años, porque depende de una actitud ante la vida misma.
Desde un punto de vista psicológico se puede entender la idea del envejecimiento incluido en un ciclo vital en el cual las etapas de la vida se encadenan y vinculan sucesivamente,
Muestran un estado de cosas que se han conjugado y buscan un nuevo horizonte. Si se acepta esta idea, la edad no sería la variable principal para determinar lo que se entiende por madurez, sino los elementos emocionales involucrados que dependen de factores tales como el proyecto de vida, la satisfacción por lo que se posee, no solo en términos materiales sino principalmente en términos de autorealización. No solo lo que se tiene, sino la compleja relación entre el tener y la capacidad de disfrutar lo que se tiene. Lo cual expresado en otras palabras representa a la sabiduría, que es una forma especial de inteligencia práctica basada en la experiencia y el conocimiento.
Nadie duda que hay viejos jóvenes y jóvenes viejos, y esto nos sitúa frente a una nueva definición de lo que entenderemos por vejez, porque aunque ella este ligada a fenómenos de tipo cronológico, su sentido se ancla en la desvitalización y también en el temor profundo al efecto corrosivo de los años.
Hay personas que actúan de acuerdo con las expectativas sociales de lo que se espera de las personas añosas, es decir que tratan de que sus comportamientos reflejen los años que poseen, son como actores congruentes con un papel. Hablan del pasado no del futuro, de los logros cumplidos no de los venideros, de las pasiones incandescentes no del placer actual, de los rendimientos gloriosos no de la sensualidad presente. De las imposibilidades y no de las posibilidades.
Nada mejor para sentirse viejo que comportarse como viejo. En este sentido podría hablarse de una “senectud programada” en un marco de un modelo deficitario que centra la mirada en las pérdidas y no en las posibles ganancias. La realización sexual en estos años depende poderosamente de la capacidad que el sujeto tenga para gozar de sus experiencias eróticas presentes y de su habilidad para desprenderse de los pesados mitos que instauraron la idea de una vejez asexuada.
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Sexo y edad. Primera Parte
Apr. 08 , 2009
Nos ha tocado vivir en una era donde la expectativa de vida aumenta, cada década la población envejece y son más los adultos que ingresan en la llamada tercera edad, cuyos límites de inicio son cada vez más subjetivos. Sin embargo y tal como reza un viejo axioma: No es lo mismo agregar años a la vida, que vida a los años. La capacidad para el placer es en esta etapa un elemento esencial y vital.
El envejecimiento, al decir de los biólogos, es una enfermedad hereditaria que llevamos en nuestros cromosomas, que produce inevitablemente una decadencia en todas las funciones celulares y un final universal e inevitable. Esta definición centrada en la biología marcó un lazo entre la edad como variable y el teórico efecto que ella produce en los sujetos, pero nada dice acerca del sentido que cada sujeto le otorga a su envejecimiento ni de que manera se vive el pasaje de las décadas.
Por siglos, la humanidad ha buscado la secreta fórmula de la juventud perpetua: brujos, alquimistas, oscuros manipuladores de sustancias secretas, inquisidores perpetuos de la fuente de juvencia, aunque de ello dependiera un pacto infernal, como el inmortal Fausto o el no menos recordable Dorian Gray.
En nuestro tiempo, la investigación ha pasado a los laboratorios, que desarrollan a gran velocidad productos para retardar los efectos del envejecimiento corporal o intelectual. Los cirujanos plásticos, por su parte, como arquitectos empeñosos, brindan su arte al servicio de la belleza. Agregan donde falta, sostienen lo caído, refaccionan los efectos de los años, sirven eficazmente a aquellos para quienes se hace imprescindible evitar los signos exteriores de vejez. Otros, en cambio, se enorgullecen de sus arrugas, las muestran como parte de una belleza que sienten natural, y rechazan la sola idea de plancharse, alisarse o estirarse un solo milímetro de piel.
A medida que las décadas pasan cada vez hay más gente añosa, y aparecen agrupados en categorías tales como adulto mayor o respetables miembros de la tercera edad. En este período, muchos creen que la actividad sexual es la primera función biológica que sucumbe al proceso de envejecimiento, en cambio se puede demostrar que es una de las últimas funciones en deteriorarse.
Hay una frase que no por repetida es menos cierta que dice que somos sexuales desde que nacemos hasta que morimos, y que más allá del rendimiento, la capacidad de dar y recibir placer erótico se mantiene inalterable al paso de los años. Pero para que esto sea efectivo tiene que haberse logrado una actitud positiva y creativa en torno a lo sexual a lo largo de la vida.
De allí que sea poco probable una buena vida sexual en los años maduros cuando nunca se la ha tenido antes. En la juventud la actividad sexual es generalmente intensa y acrobática. Una tarde compartida puede significar varios encuentros sexuales, parecería que la energía sexual es inagotable. Este modelo queda registrado en los cuerpos y en la memoria y para algunos se sitúa como un anhelo nostálgico que invalida el presente, para otros en cambio es parte de una historia y un proceso de cambio. El 35 por ciento de las personas mayores de 70 años que disponen de buena salud física y emocional, se mantienen sexualmente activas, y tienen sexo por lo menos una vez a la semana o más.
La vida afectiva y sexual no experimenta ningún corte abrupto por efecto de los años, si es que se ha caracterizado antes por interés, entrega y placer compartido, para estas personas la actividad sexual continuará siendo un espacio de goce, en cambio para otros, solo será el momento inevitable para liberarse de una pesada carga de servicio, en un contexto social y cultural que no entiende ni estimula el hecho de que los viejos pueden disfrutar tanto o más que los jóvenes de las experiencias sexuales.
La relación entre el envejecimiento en sí, y la disminución de la vitalidad, depende del lugar que la cultura en que nos toca vivir asigna al varón o la mujer añosa, por lo general, es un evento vital mal tolerado, se asocia al deterioro y a un retiro forzoso de las actividades intelectuales y productivas. Pero este no es un hecho que se reproduzca mecánicamente en todos los sujetos por igual, por el contrario existe una correlación clara entre los estilos de vida, y la calidad de vida en el adulto mayor.
Las personas que llevan una vida activa, productiva y creativa, que son y se sienten sanos, que - sin exageraciones - se cuidan con un adecuado régimen alimenticio y practican algún tipo de actividad física, que mantienen una vida sexual constante y placentera, envejecen mucho más tardíamente, tanto en el plano corporal e intelectual, como en lo que a los aspectos subjetivos se refiere. Su deseo sexual es parte de su deseo vital, el placer parte de su existencia.Estas afirmaciones no pretenden negar la realidad de una declinación orgánica, pero cuando esta se produce se minimiza en los sujetos vitales, mientras que se potencian en aquellos otros que permiten que tanto su cuerpo, como sus actividades, se apaguen progresivamente, dirigiendose sin remedio hacia lo que Gabriel Garcia Marquez llamaba “Crónica de una muerte anunciada”.
Mitos acerca de la separación y el divorcio
Mar. 30 , 2009
La sabiduría convencional afirma que las personas se separan de sus parejas luego de que ambos han intentado por diversos medios superar los conflictos de la convivencia. Sin embargo la experiencia muestra que esto no siempre se da de esa manera.
La sabiduría convencional también supone que se llega a la separación después que la pareja ha tratado a través de sus mejores esfuerzos que la relación funcione.
Creo que esto no sucede de ese modo en muchos casos, porque algunas personas no hacen ningún esfuerzo especial para trabajar con ahínco en la resolución de los conflictos, ellos creen que si una pareja debe esforzarse tanto por lograr felicidad, simplemente se equivocaron en su elección y cada cual debe seguir su propio camino.
Por el contrario parece evidente que las relaciones de pareja requieren de cuidados intencionales y regulares si desean sobrevivir y triunfar.
Comúnmente se considera que las separaciones se producen en parejas afectadas por décadas de conflictos crónicos, y deterioradas en su capacidad de reacción; en cambio la verdad es que la mayor parte de las separaciones se producen entre los 2 y 5 años de matrimonio.
Se cree que las parejas que se inician son mayormente estables, pero sin embargo para muchas sus principios distan mucho del paraíso y se acercan más a la tormenta. Se enojan, discuten, se frustran. Se distancian y se reconcilian. Pero en algún momento logran armonizarse. Difíciles comienzos no garantizan una separación a corto plazo, sino que pone a prueba la capacidad de adaptación mutua. Sin embargo también es cierto que hay un límite para el conflicto. Las parejas pueden ir de menos a más, pero también de más a menos, y esto es particularmente verdadero cuando las confrontaciones se tornan interminables y cíclicas.
Se cree también que las parejas que viven en una especie de éxtasis romántico en sus comienzos son de un promisorio futuro. Nuevo error porque el romance ideal debe cambiar hacia formas más terrenales y contradictorias. Muchos no logran tolerar la caída brutal del romance, porque la intensidad es más bien difícil de sostener, y ellos no están preparados para los cambios que se requieren. Crease o no, las parejas que comienzan con menos expectativas gloriosas tienen mejores chances que las otras. Sin embargo está claro que los primeros dos años son claves en el futuro de la pareja, porque en este período suceden la mayor parte de los cambios y adaptaciones activas entre ambos.
El último estudio anual realizado en Gran Bretaña (2005) sobre las causas de los divorcios registrados señala que las principales son:
1- Infidelidad. (hombres involucrados 75%, mujeres 25%.
2- Tensiones y conflictos familiares. (mujeres 78%, hombres 22%)
3- Abuso físico y emocional. (Mujeres 60%, hombres 40%)
4- Crisis de la edad media.
5- Adicciones.
6- Adicción al trabajo. (70% hombres, 30% mujeres)
El 53 % de los divorcios fueron solicitados después de 10 o 15 años de matrimonio, 40% después de 5 a 10 años. Los primeros 5 años presentan cifras muy bajas. Si el matrimonio dura más de 20 años las cifras de divorcio son mínimas.
En USA las razones de separación se distribuyen así:
1. Deficiente comunicación.
2. Problemas económicos.
3. Falta de compromiso con el matrimonio.
4. Un cambio dramático en las prioridades personales.
5. Infidelidad.
Existen otras causas que vemos a menudo, pero no tan frecuentes como las anteriores.
Expectativas o necesidades insatisfechas, adicciones o abuso de substancias. Abuso físico, emocional o sexual. Falta de habilidades en la resolución de conflictos.
Las razones mayormente aducidas por los ex para justificar la separación son:
Falta de compromiso.
Demasiados conflictos y discusiones.
Infidelidad.
En nuestra Latinoamérica el orden es ligeramente distinto.
1. Infidelidad
2. Problemas de comunicación.
3. Intolerancia.
4. Problemas sexuales.
5. Violencia física o emocional.
Es por ello que los mejores predictores de divorcio se sustentan en las dificultades interaccionales como las frecuentes expresiones de antagonismo, la falta de respeto, la violencia emocional, en fin en todas aquellas situaciones que generan deterioro de la relación.
La experiencia con parejas que se separaron o divorciaron muestra que la pérdida de los fuertes niveles iniciales de amor e intimidad fueron sentidos como la razón principal de la caída de la relación en una espiral descendente que conducía al crecimiento de las disputas y las peleas, martillearse uno al otro solo endurece la resistencia de cada miembro de la pareja fortaleciendo las creencias negativas acerca del otro y de la pareja. Las posiciones se polarizan y anulan la posibilidad de situarse en perspectiva. Cada uno concluye que su pareja es imposible e intolerable y cada uno anticipa el peor de los escenarios si continúan juntos.
Las situaciones que son generalizables en la mayor parte de las culturas, como factores que conducen a la ruptura de la relación son la pérdida de amor y afecto, cuando esto se produce, las parejas se distancian, aún cuando algunas puedan permanecer unidas por circunstancias diferentes al amor.
Un alto porcentaje de esas separaciones serían evitables si ambos tomasen conciencia de que hay ocasiones en la vida en las que uno debe luchar por lo que anhela.
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Adiós mi amor...
Mar. 21 , 2009
Se puede trabajar arduamente para evitar la caída de una pareja, pero si los esfuerzos son infructuosos, lo más sano es admitir la separación.
“Al llegar la noche, Claudio sintió la soledad de su departamento como un hecho casi físico. Encendió un cigarrillo, lo que ya era mucho, considerando que era el primero después de 16 años de abstinencia. De pronto se le vino a la cabeza el recuerdo del último día, de la última discusión, de la gota que rebasó el vaso y abrió la puerta de la separación; porque como siempre sucede, alguien tenía que tomar la decisión de cortar esa situación que ya tenía alterados a todos”.
"Por un tiempo -se dijeron-, hasta que podamos pensar en lugar de discutir". Y en ese punto la idea de la separación dejó de ser teoría para convertirse en realidad.
Esta historia tan común, tan dramáticamente repetida, señala un final que nadie desea, porque cuando dos personas se unen en pareja esperan que el amor acompañe para siempre ese proyecto; paradójicamente este ideal de amor sostenido se enfrenta a la cotidianeidad, a la secuencia de los días que se repiten idénticos y terminan por convertir en un recuerdo lejano a la pareja enamorada.
El investigador norteamericano Peele S. afirma que existe una imposibilidad estructural para sostener permanentemente las emociones sobre las que se inició el enamoramiento. Su hipótesis se apoya en que existe un cierto tipo de neurotransmisores responsables de aquello que hemos dado en llamar pasión, y que el paso del tiempo reduce su efecto hasta los valores mínimos.
Sin embargo existen parejas que son capaces de sostener, más allá de la biología, esos estados de unión apasionada por años, mientras otras muy rápidamente se alejan, aunque puedan seguir físicamente juntos.
Comúnmente se considera que las separaciones se producen en matrimonios deteriorados por décadas de malas relaciones.
Por el contrario, las estadísticas muestran que la mayor parte de las rupturas se produce entre los cuatro a seis años de convivencia.
¿Qué es lo que marca la diferencia entre unos y otros? Entre aquellos que son capaces de sostener el amor más allá de las naturales dificultades que plantea la convivencia, con respecto a los que rápidamente se resignan al quiebre del vínculo.
Cierta visión light de la pareja presupone que las cosas se van dando naturalmente a lo largo de la vida en común, basadas en la unión, la buena voluntad y las mejores intenciones; nada más lejos de la realidad, las parejas que evolucionan y maduran es porque aprendieron a detectar y trabajar sobre sus diferencias, sus límites y sus defectos. Su armonía no es el resultado de la casualidad sino del compromiso mutuo.
Para ellos la imagen de la separación es un fantasma lejano, para los otros es una posibilidad de su historia de pareja. Nadie desea este triste epílogo, pero suele suceder, ocurre como el cierre de un proyecto. Se puede luchar por evitarlo, trabajar arduamente para remontar la caída, pero si los esfuerzos han sido infructuosos, lo más sano es admitir la separación protegiéndose y protegiendo a los seres queridos.
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Un problema sexual. Primera parte
Mar. 14 , 2009
Parece absolutamente claro que todos enfrentamos a lo largo de nuestra vida diferentes tipos de problemas. Frente a ellos las personas movilizan los recursos necesarios para buscar una solución a la dificultad; lo ideal sería que siempre se dispusiera de herramientas eficaces para lograrlo, pero lo real es que no siempre estas herramientas están disponibles.
En segundo lugar, así como hay personas orientadas a la solución, hay otras que se ahogan en una vaso de agua y transforman una dificultad transitoria en un verdadero escollo.
La llegada de un problema sexual a la vida de una persona o de una pareja generalmente no sucede de un día para otro, por el contrario es la resultante de un proceso, pero cuando se desencadena, las personas se interrogan, saben que lo que les sucede empezó en algún lugar, y en algún momento, pero: ¿Cuando, cómo y donde? Esta parece una pregunta simple y sencilla de responder por los protagonistas, sin embargo, los sujetos no suelen tener en claro de que modo se ha incorporado a sus vidas la dificultad sexual, ni que responsabilidad individual les cabe.
Mientras que para algunos un problema sexual no será más que un pequeño escollo en el camino de su vida erótica, para otros puede constituirse en un severo obstáculo que frena sus posibilidades relacionales y amorosas. Es que la vida sexual tiene ese poder de unir en una conexión íntima a dos cuerpos inspirados por la entrega y el placer. O, por el contrario, de demostrarles que por más esfuerzos mecánicos que se hagan, todo lo que se logra es aumentar la desconexión sensorial y afectiva.
Todo problema que sucede en el curso de la vida inspira una pregunta: ¿Porque me pasa esto? A mí, en este momento. O a nosotros. Esto es aplicable a cualquier espacio de la vida cotidiana, y particularmente cierto en el plano erótico.
Adicionalmente, surge el interrogante de si es un problema sexual el que genera el conflicto. O si son las desavenencias cotidianas las que arrastran a la vida sexual al deterioro. En este punto es preciso desprenderse de la metáfora del huevo o la gallina, no es relevante saber si son las malas relaciones las que producen el conflicto sexual, o es el mal sexo el que genera el conflicto en las relaciones, sino entender su mutua influencia negativa. Lo que es innegable, es que todo problema se sitúa en un contexto, no puede ser desprendido mecánicamente de las características individuales de cada sujeto, ni del tipo de vínculo que tiene la pareja, ni de la historia compartida. De la comprensión del peso de estos tres elementos surge el diagnóstico de la situación, y los pasos para modificarla.
Satisfacción, deseo, excitación y orgasmo, son las categorías más abarcadoras en que se despliegan los problemas de la vida sexual, pero en cada una de ellas la singularidad de cada vida le otorga una textura y densidad diferente al conflicto y a la forma en que este es padecido por la persona.
Los trastornos de la vida sexual casi siempre expresan un conflicto compartido, independientemente de su punto de origen, porque tarde o temprano producen efectos en la calidad de vida de la pareja.
Una vez instalados se pueden tomar las siguientes opciones:
- Seguir la vida como si nada hubiese sucedido. Solución denominada política del avestruz.
- Declarar la propia inocencia y acusar el otro por producirlos. Escena de la víctima y el verdugo.
- Encarar los problemas frontalmente como una manifestación de un drama compartido.
- La tercera solución es, sin duda, más compleja y esforzada que las anteriores, pero tiene la ventaja de llevar a un camino de comprensión y cambio, las restantes congelan el problema y lo conducen a un callejón sin salida.
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¿Qué nivel de intimidad tienes con tu pareja?
Mar. 06 , 2009
La palabra intimidad se ha convertido en un concepto poderoso, que
implica la capacidad de participar de una conexión estrecha y profunda
con otra persona....
Papa, Mamá...Soy gay
Mar. 02 , 2009
Mi trabajo como especialista en sexualidad, hace que sea relativamente
común cierto tipo de consulta, donde se presentan padres preocupados
por la orientación sexual de su hijo o hija (aunque en este artículo
voy a hacer solo referencia a los varones)...
¿Miedo al sexo?
Feb. 19 , 2009
La danza del deseo
Feb. 14 , 2009
El deseo sexual, para algunos, aparece como un hecho básico y espontáneo, mientras que para otros y otras solo surge a través del contacto íntimo y cercano luego de prolongadas caricias. Son las mujeres las que mayoritariamente sienten como propia la segunda opción, aún cuando sería absurdo afirmar que todos los varones pertenecen al primer grupo y todas las mujeres al segundo. Por el contrario, la gran variabilidad que presentan las personas en sus comportamientos íntimos aconseja no caer en fáciles generalizaciones.
Sin embargo no es casual que en el primer lugar de las quejas femeninas figure la carencia de actos de cariño (no sexuales) por parte de sus parejas; ellas protestan porque ellos se ponen particularmente afectivos cuando desean sexo, pero no en otras circunstancias. Mientras que ellos protestan porque no reciben señales claras de interés sexual por parte de sus parejas.
Creo que ambos reclamos son legítimos y que las parejas que funcionan armónicamente son capaces de integrar pasión y cariño, no como dos polos equidistantes sino como partes de un mismo continuo.
Pero hay otras (las que generalmente llegan a la consulta) que no logran encontrar un punto de satisfacción mutuo, ellos parecen involucrados en una danza disfuncional de reclamos no atendidos ni comprendidos. Se sienten frustrados y ven al otro como responsable. No entienden como algo que sienten tan natural puede presentar tantas dificultades. Aquí está el punto de quiebre, porque ninguno de los dos es capaz de vincularse empáticamente con las necesidades legítimas de su pareja. Por esto es que aplican una enorme energía en tratar de convencer al otro-con argumentos, discusiones, peleas, descalificaciones- de que la razón está de su lado.
Esta es una confrontación estéril e interminable que finaliza cuando ambos comprenden que en la vida hay que saber ceder para poder ganar.
Si se aceptan los deseos del otro sin negar los propios, entonces es probable y posible que la danza tenga un nuevo principio.
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Todo se arregla en la cama
Feb. 09 , 2009
Groucho Marx, decía en una de sus películas una recordada frase:
“No quiero ser irreverente, pero creo que estarás de acuerdo en que quien quiera que creó el sexo ciertamente sabía lo que hacía”.
Si se interroga a la gente en general, con independencia de su nivel socioeconómico y educacional, sobre la relevancia que otorgan al ejercicio de una buena vida sexual en la felicidad de la pareja, una abrumadora mayoría responderá positivamente. Esta alta valoración nos coloca frente a una pregunta esencial:
¿Por qué las personas le otorgarán tanta importancia al sexo? Este es un interrogante de difícil respuesta, frente a él se nos pueden ocurrir distintas explicaciones, algunas obvias y otras complejas; lo primero que pensamos es en el placer que conlleva, aunque no es esta la única razón por la cual las personas mantienen relaciones sexuales. Lo cierto es que aunque parece perfectamente posible convivir en una pareja sin sexo, la mayor parte de la gente sana y vital opta por tenerlo y disfrutarlo.
Lo que conocemos a través de las investigaciones sobre individuos y parejas, es que una buena vida sexual aporta a la satisfacción y armonía, mientras que otra pobre o conflictiva genera espacios de desencuentro e incomunicación, a pesar de ello creo que nuestra sociedad ha otorgado un valor sobredimensionado a la sexualidad y la ha convertido en un eje principal de la vida íntima, grave error si se lo considera como único indicador porque la vida sexual de las personas no refleja la calidad de su vínculo afectivo.
Circula por allí una vieja frase que afirma el valor ecuménico del lecho, atribuyéndole poderes mágico-míticos: "Todo se arregla en la cama". ¿Qué significa ese "todo"? ¿Cualquier desavenencia, enojo o distancia? Porque evidentemente, cuando se escucha esta leyenda, nadie cree que se refiere a los problemas de tipo económico o a un trauma infantil, ni siquiera a una enfermedad. Uno está seguro de que no se refiere a la cama en sí, sino al valor reparatorio que se le atribuye al sexo para alivianar los conflictos de la pareja.
Jamás he creído en esta afirmación de que los problemas se arreglan en la cama; por el contrario, creo que se agravan cuando no han sido hablados abiertamente.
Muchas personas disfrutan del placer de estar juntos, sin que necesariamente ese placer deba transitar por el encuentro sexual como eje jerárquico, y “para que conste en actas”, no me estoy refiriendo aquí a los añosos protagonistas de una larga relación, sino a todo tipo de personas - con independencia de su edad- que no otorgan un nivel de predominio a lo sexual en su relación de pareja, y eso en sí mismo no tiene nada de negativo, siempre y cuando pase por un acuerdo compartido. En la vereda opuesta están quienes mantienen relaciones sexuales casi obligatoriamente sin que estos contactos incluyan una conexión íntima y afectiva.
Lo complicado aparece en la discordancia entre los que demandan permanentemente y están junto a otros que tienen dificultades para ofrecer o aceptar.
Es que en este escenario, como en tantos otros de la vida en pareja, la felicidad sexual depende de la capacidad de ambos para satisfacer las necesidades del otro sin ceder en las propias.
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El auge de las escorts
Feb. 06 , 2009
Ya ni recuerdo cuantas veces los programas especiales de televisión han hecho presentaciones acerca de la prostitución. Esto no es exclusivo de Chile, porque en otros países de Latinoamérica se ha repetido este tema sin grandes originalidades, ni preocupación extrema por el análisis, sino más bien por los atributos glamorosos del sexo pagado de alto nivel. Porque seamos sinceros, a nivel de difusión masiva a nadie le interesa demasiado las mujeres y varones que ejercen el comercio sexual en alguna rotonda perdida o en un sucucho sórdido del centro de Santiago.
Esta semana leí que tanto en un canal (Chilevisión, serie nocturna) como en una cinta protagonizada por la “Lolita” de la teleserie Papi Ricky, cinco estupendas mujeres encarnarán a sendas escorts de lujo, mostrando lo glamorosa que puede ser esa actividad (aunque supongo que incluirán algunas escenas dramáticas, como para no hacer la cosa 100% sexual).
¿Por qué tanto interés? Seguramente que no por un afán de denuncia social, sino más bien por que suponen que el rating los acompañará. Y tal vez tengan razón, porque si hay algo cierto es que para algunos varones estos temas son poderosamente excitantes, y que también hay muchos dispuestos a pagar las onerosas tarifas de estas trabajadoras del sexo. Mucho conocemos de ellas, pero muy poco de sus clientes. ¿quiénes son? ¿tienen pareja? ¿son inhibidos o acaso un poco perversos?
Hace algún tiempo vi un “docureality” de la televisión española (que recomiendo) al que llamaron sin eufemismos “Yo puta” (fuerte no), en el se entrevistaban a diferentes mujeres y también varones que se dedicaban al comercio sexual, pero además entrevistaron a los clientes que se animaron a exponer su rostro. Las razones que daban eran diversas, pero una aparecía como central: “Allí es puro sexo, no hay compromiso. Nadie te jode”. Otro personaje afirmaba “a mi señora no le puedo pedir las cosas que te hacen ellas”, un tercero se autodefinía como “muy caliente”. Otros coincidían en que la razón era el peso de la abstinencia sexual y la soledad afectiva. La carencia parece marcar aquí las razones para buscar compañía sexual paga, pero también hay varones relativamente jóvenes, con recursos y que tienen aventuras sexuales, pero que además recurren a prostitutas. Muchos de ellos son casados y no manifiestan problemas específicos en su vida sexual ni se sienten particularmente culpables por su acción, porque disocian el sexo que incluye un vínculo afectivo con el sexo instrumental y desafectivizado.
Hoy, el comercio sexual parece una opción avalada por un mercado donde el sexo se transa y la belleza se compra sin culpa; para comprobar esto basta mirar un sitio llamado “la estocada”, donde se evalúan cada una de las habilidades de las profesionales del sexo con las cuales los supuestos participantes del foro tienen relaciones. En verdad yo creo que el sitio es falso (trucho), y lo único que le interesa es la promoción de las personas que allí se anuncian, pero aún así su sentido es claro. Aquí está la mercancía, estas son sus características, y si quiere probarla este es su valor.
Quiero dejar sentado que no pretendo establecer juicios morales (no soy quién para ello) ni tampoco sanciones. Solo afirmar que en el comercio sexual hay dos protagonistas: la persona que ofrece su cuerpo a cambio de dinero y el “prostituyente” que está dispuesto a pagar por ello. Sin el segundo la prostitución no existiría.
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Arte y técnica de la seducción. Tercera parte
Feb. 03 , 2009
En los dos post anteriores señalé algunos elementos generales que son básicos en el esquema de la seducción. El punto a desarrollar aquí es la afirmación de que todos tenemos la capacidad de seducir, siempre y cuando tengamos claro nuestras fortalezas y debilidades. No se crea un seductor o seductora copiando esquemas que pueden ser útiles a otros, pero no a nosotros mismos. Tenemos que tratar de que haya congruencia entre nuestra personalidad y el estilo de seducción que adoptemos. Las grandes barreras son la inseguridad y la ansiedad, si se superan todos los caminos estarán abiertos.
Ciertamente debemos elegir un estilo preferente, aunque no siempre sea el mismo, porque las personas son distintas, y cada una reaccionará en forma diferente a la propuesta.
Voy a tomar aquí un grupo específico, varones y mujeres que se están acercando a la treintena o que ya la han pasado, dejo de lado a los adolescentes y sus particulares códigos de acercamiento, sinceramente porque para mí representan un mundo desconocido.
Hay que reconocer que en nuestra cultura todavía se mantienen pautas de acción diferenciales prescritas para hombres y mujeres, aún cuando cada vez son más l@s que se atreven a franquearlas. El estilo arrollador, por ejemplo, que ejecutan aquellos para los cuales la seducción es un acto casi bélico de conquista, es bien característico entre los varones y mucho menor entre las mujeres. Ellos fijan un objetivo, generalmente sexual, y se lanzan sin importarle mucho la frustración sin son rechazados. Total -se dicen a sí mismos. si esta no resulta habrá otra esperando. A través del tiempo y en virtud de la experiencia acumulada han construido rituales simples de aproximación, basados en frases o en un elogio repetido. Si logran despertar interés continúan adelante.
Otro estilo compartido es el displicente, para cultivarlo se requiere seguridad y la confianza en el propio atractivo corporal o personal, son l@s que están simplemente allí, mostrandose, pero a través de una cultivada indiferencia. Su mensaje dice: Si te atreves ven a buscarme, pero cuidado porque vas a tener que convencerme.
Personalmente, me fascinan los seductor@s que cultivan el estilo romántico. Son tan convincentes que parece estar buscando el amor de su vida en cada esquina, y lo notable es que logran convencer a much@s de que eso es cierto; lamentablemente son volátiles y saltan de una relación a otra, por lo que dejan muchos corazones heridos.
En la vereda opuesta hay quienes están convencidos de su incapacidad para seducir, porque los tímidos abundan y en ellos se detecta la presencia de etiquetamientos irracionales, del tipo "nadie se fijará en mí", con estas personas es inútil recurrir a argumentos racionales, porque el tema es emocional. Ante la sola idea de aproximarse seductivamente a otra persona experimentan molestias físicas, como ruidos estomacales, temblor, sudoración o rubor. Su falta relativa de habilidades en el terreno de la comunicación los aniquila; se muestran incapaces de sostener una mirada y sienten que carecen de temas de conversación atrayentes. Y eso en sí mismo es su error, porque suponen que la gente callada es inmediatamente desvalorizada, pero obvian dos factores importantes, el primero es que a mucha gente le encanta ser escuchada y que se sorprende favorablemente cuando alguien atiende concentradamente, el segundo es que nadie necesita ser brillante en una conversación porque la mayor parte de las personas habla de temas absolutamente intrascendentes o lo que es más frecuente, simplemente de sí mismas.
Todos, reitero, todos tenemos las posibilidades y capacidades para seducir, lo que hay que desarrollar son las técnicas.
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Arte y técnica de la seducción. Segunda parte.
Jan. 28 , 2009
Las excepciones a estas conductas generales que la mayor parte de nosotros utilizamos, se dan cuando surge una estrategia de acercamiento más rápida e intensa o un juego de estudiada indiferencia entre las partes.
