En realidad para la UDI el rumbo correcto es siempre uno: el que se
encuadre en su propia ideología, lo que implica la imposición de su
pensamiento en la sociedad y que ahora, en relación específica a las
minorías sexuales, pasa por rechazar el Acuerdo de Vida en Pareja (AVP),
sólo porque se contravienen sus creencias.
Tanta es la
odiosidad, que hoy los diputados UDI Gonzalo Arenas y Gustavo Hasbún
presentaron un proyecto de ley que busca dar rango constitucional a la
homofobia, estableciendo en la Carta Magna que el matrimonio es sólo
entre un hombre y una mujer.
Olvida así la UDI que una de las
transformaciones sociales más importantes es la progresiva merma de la
discriminación ciudadana hacia la diversidad sexual y la diferencia con
antaño es que ello ya no es sólo decodificado como homofobia, sino
también como negación de igualdad de derechos.
En efecto, a
comienzos de los 90 uno de los principales aciertos de la diversidad
sexual organizada en Chile fue ir introduciendo en el país lentamente el
concepto de homobofia (y más tarde y con menor éxito el de transfobia)
haciendo hincapié en toda su crudeza, en toda la carga negativa que
implica.
Una década después comenzó a internalizarse que la
homofobia o transfobia no pasaba sólo por ofender física o verbalmente a
las personas en razón de su orientación sexual o identidad de género
y/o por tener una opinión negativa de ellas, sino también por negarles
derechos que ya tienen otros sólo por ser heterosexuales.
Así
es como mientras la mayoría antes pensaba que lesbianas, gays,
bisexuales y transexuales éramos abusadores, enfermos, inmorales o
pervertidos, ahora sólo una minoría cree eso, según todas las encuestas.
Lo mismo comenzó a suceder desde finales de los 90 con
aspectos vinculados a derechos, como la derogación de normas
discriminatorias, las uniones civiles, el matrimonio y la adopción,
donde si bien hay grandes discrepancias entre una y otra encuesta, todas
coinciden en que la adhesión a la igualdad va en ascenso imparable,
mientras que gran parte de estos estudios ya han arrojado mayoritaria
aceptación, exceptuando aún, sólo aún, a la crianza de hijos/as.
Entrados
ya en el terreno de vincular a la homofobia con la negación de igualdad
de derechos en el campo de las políticas públicas y las legislaciones,
tarea ardua que a muchos nos ha costado sangre sudor y lágrimas, la
preocupación por la calidad de vida de las minorías tendió a
“universalizarse”, es decir, a ser un tema no sólo de este sector
social, sino que de la sociedad como conjunto.
Por tanto la UDI
cuando rechaza el AVP o cualquier otra norma que beneficie a la
diversidad sexual, la colectividad ya no es sólo es vista como
homofóbica, sino también como opositora a los derechos humanos, lo que
es más cercano a cada chilena y chileno, generándose una empatía mayor.
Así
los gremialistas pasan por alto que en realidad son en buena parte
responsable de la baja popularidad del Gobierno y esto será cada vez más
que claro en todas esas materias relacionadas con los derechos humanos,
con el perfeccionamiento de la democracia, con la participación
ciudadana y/o, si se quiere, con el sello que el presidente Piñera
mostró y prometió durante su campaña, el de una derecha liberal y
receptiva a las transformaciones socioculturales, las que van en ascenso
y terminarán por definir la balanza electoral.
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