Rodrigo Guendelman

What´s going on

 

Lo que NO nos gusta de ellas

Feb. 04 , 2012

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1. Que no vengan con manual de instrucciones. ¿No ven que uno es limitado y ustedes son ilimitadamente complejas? O sea, sufren de cambios hormonales, nos preguntan cómo se ven con determinada ropa y está prohibido decirles la verdad, nadan en Oxitocina (no señor, no es una cecina), compiten con otras mujeres por ser la más fatal y poco les importa qué opina uno, les carga que les digan cartuchas pero tampoco les gusta ser homenajeadas como golfas de categoría. No es fácil. Para nada.

2. Que lloren en las peleas. No sólo tienen una memoria extraordinaria para apabullarnos en una discusión, sino que cuando sienten que están perdiendo acuden al certero golpe en el mentón conocido como lagrimeo. Les cae una lágrima, miran para bajo, mueven la cabeza como diciendo “no hay caso con este bruto” y uno se apiada, empatiza (demasiado) y bota todas sus armas al suelo. Tiramos la toalla para que ella, manipuladora entrenada desde la infancia, recupere la sonrisa. Y luego nos de el tiro de gracia.

3. Que coman como jabalíes y después reclamen por que están gordas. Sencillamente insoportable. Si come, no joda. Si le molesta su peso, cierre la boca. Es así de simple. Pero no. En esa encantadora pero también desgastante dinámica contradictoria, ellas comen y joden. Y uno es el que tiene que mentir descaradamente diciéndole que prácticamente no comió, que está más flaca que nunca y que ya se quisieran muchas mujeres de la tele su cuerpo sabroso. Mentir hasta la muerte o ser devorados por una fémina rencorosa que sólo se permite a sí misma el derecho a criticarse. 

4. Que nos pidan que las acompañemos al mall. Nosotros tenemos una Carta Gantt para comprar. Nos demoramos entre uno y cinco minutos en adquirir lo que ya sabíamos que necesitábamos. Ellas no. Su mapa de shopping es una especie de Test de Rorschach que cambia según el biorritmo del día, tiene zonas difusas y todo es interpretable pero nada certero. El proceso nunca demora menos de tres horas, a veces vuelven con las manos vacías y siempre sienten culpa de haber gastado más de lo que debieran.

5. Que nos reten. Fíjense en esta contradicción: si uno dice delante de otras personas que su mujer es una especie de madre, te puede quitar el habla hasta el día siguiente. Pero en  la práctica, de cada diez retos en la pareja, nueve son de ella a él. Nos retan tal cual como nos retaban nuestras mamás. Incluso cuando hacemos algo que nos vienen reclamando hace rato que hagamos. Lo miran con cara de asco, lo critican, nos dicen “esto no se hace así, fíjate, ésta es la manera”, terminan haciendo ellas la pega y, en una especie de traición inconsciente, nos invalidan en nuestras escasas habilidades domésticas. Y después reclaman porque están superadas con tanta pega.

6. Por último, veamos una serie de cosas que no nos gustan, menos importantes que las anteriores, pero no por eso menos insoportables: 
a) que el ruidito de la máquina depilatoria no nos deje hacer nada con cierto grado de concentración
b) que encuentren pelotudo ver partidos de fútbol en la tele pero les parezca de lo más normal ver el reality o el programa de farándula 
c) que sigan diciendo que les faltan sólo cinco minutos cuando en realidad quieren decir sin-cuenta
d) que la tina se tape todas las semanas por sus toneladas de pelo acumuladas
e) que apaguen la luz con la excusa de buscar más intimidad cuando lo que de verdad les enrolla es mostrar los defectos de su cuerpo. Defectos que todos tenemos, que sólo a ellas les importan y que a nosotros hasta nos parecen exquisitos. 
f) que no sepan que existe algo llamado espejo retrovisor
g) que se enojen con esta columna

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