Me voy a hacer la vasectomía
Jan. 23 , 2010
Parto con una confesión. Apenas tenga mi segundo hijo, me haré una vasectomía. Antes de profundizar en el tema, acudo a la Real Academia Española para aclarar cualquier duda semántica: Vasectomía (de vaso y ectomía) es la sección quirúrgica de un vaso o conducto, especialmente de los deferentes en el aparato genital masculino. En castellano más simple, es un método de planificación familiar que consiste en que el hombre se ligue los conductos que van desde los testículos a la próstata para impedir que haya espermatozoides en el semen.
Vuelvo a mi promesa de mediano plazo. Tengo 40 años, una señora y una guagua de siete meses. Entiendo que es injusto dejar a un hijo sin hermanos y, por eso, algún día, con harto sacrificio de tiempo y plata, y si Dios y la biología nos ayudan, volveré a ver a mi mujer embarazada y radiante. Pero una sola vez más. Y ninguna otra.
Tan convencido estoy de lo que digo que, como no puedo leer el futuro y por lo tanto no puede estar seguro de lo que pasará con mi vida sentimental, también quiero asegurarme de que mis dos hijos sean los únicos que tenga en mi vida, aunque me divorcie, me vuelva a enamorar y hasta me vuelva a casar. ¿Egoísta? ¿Enfermito del mate? ¿Impulsivo? Para nada, se trata de una decisión absolutamente racional. No tiene nada de novedoso decir que la vida es cara, que los colegios son cada día más impagables y que tener descendencia es un lujo asiático. Pues bien, como los bienes materiales son escasos, me interesa que los pocos hijos que tenga puedan vivir tan dignamente como su padre y no se vean obligados a disminuir las oportunidades por tener un progenitor que siembra su semilla cada vez que huele tierra fresca. ¿O acaso no está lleno de tipos de sesenta y tantos años, empotados con una preciosa mujer de treinta y tantos que, era que no, les ponen como condición un hijo para poder “seguir construyendo la relación”?
Es como cuando vas al Casino. Yo prefiero llegar con veinte mil pesos, sin tarjeta de crédito ni débito ni ninguna otra posibilidad de tentarme. Así, juego un ratito, pierdo y sería todo. Sin consecuencias de largo plazo. Sin deudas impagables. Sin hipotecar el futuro de los que ya existen por el presente de una tentación.
Chiste: Un hombre visita al doctor para averiguar sobre una vasectomía. “He pensado en operarme”, dice. “Esa es una gran decisión, ¿la comentó con su familia?” le contesta el doctor. “Seguro”, contesta el paciente, “y la votación fue 15 a favor y dos en contra”. No sé si da para reírse mucho. Lo interesante es que este método de control de la natalidad es uno de los más efectivos (99%), sólo requiere anestesia local y no es necesario hospitalizarse.
¿El gran contra de la vasectomía? Es irreversible (a mí me parece un pro) y está rodeada de mitos y prejuicios que es necesario aclarar: no disminuye el funcionamiento sexual del hombre, pues no afecta la producción de hormonas masculinas que controlan la potencia sexual, la erección o los rasgos físicos como la barba o la musculatura. Lo único que hace esta intervención es que, una vez que operado, la eyaculación deja de contener espermatozoides. Sumemos un argumento para tener muy en cuenta esta tendencia que gana adeptos en Chile y en el mundo. Ya que todavía no hay disponible un anticonceptivo masculino, ¿no es entonces la vasectomía la forma en que al hombre le correspondería “cuidarse” una vez que la pareja decide no tener más hijos? ¿Por qué el peso de la planificación familiar tiene que seguir para siempre en los hombros de ellas? Como para darle una vuelta. Y cotizar en la clínica más cercana.

