Rodrigo Guendelman

What´s going on

 

Ellas quieren el sacrificio

Feb. 06 , 2010

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Le pasó a un amigo hace poco. El día del cumpleaños de su mujer,
Valeria, ella recibió un impresionante ramo de flores. Elegante,
abundante y generoso. En la noche, Mario la pasó a buscar y fueron a
comer a uno de los buenos restaurantes de Santiago. Antes del postre,
le regaló unos aros de oro blanco. El mejor marido del mundo, ¿cierto?
Casi.

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Me voy a hacer la vasectomía

Jan. 23 , 2010

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Parto con una confesión. Apenas tenga mi segundo hijo, me haré una vasectomía. Antes de profundizar en el tema, acudo a la Real Academia Española para aclarar cualquier duda semántica: Vasectomía (de vaso y ectomía) es la sección quirúrgica de un vaso o conducto, especialmente de los deferentes en el aparato genital masculino. En castellano más simple, es un método de planificación familiar que consiste en que el hombre se ligue los conductos que van desde los testículos a la próstata para impedir que haya espermatozoides en el semen.


Vuelvo a mi promesa de mediano plazo. Tengo 40 años, una señora y una guagua de siete meses. Entiendo que es injusto dejar a un hijo sin hermanos y, por eso, algún día, con harto sacrificio de tiempo y plata, y si Dios y la biología nos ayudan, volveré a ver a mi mujer embarazada y radiante. Pero una sola vez más. Y ninguna otra.


Tan convencido estoy de lo que digo que, como no puedo leer el futuro y por lo tanto no puede estar seguro de lo que pasará con mi vida sentimental, también quiero asegurarme de que mis dos hijos sean los únicos que tenga en mi vida, aunque me divorcie, me vuelva a enamorar y hasta me vuelva a casar. ¿Egoísta? ¿Enfermito del mate? ¿Impulsivo? Para nada, se trata de una decisión absolutamente racional. No tiene nada de novedoso decir que la vida es cara, que los colegios son cada día más impagables y que tener descendencia es un lujo asiático. Pues bien, como los bienes materiales son escasos, me interesa que los pocos hijos que tenga puedan vivir tan dignamente como su padre y no se vean obligados a disminuir las oportunidades por tener un progenitor que siembra su semilla cada vez que huele tierra fresca. ¿O acaso no está lleno de tipos de sesenta y tantos años, empotados con una preciosa mujer de treinta y tantos que, era que no, les ponen como condición un hijo para poder “seguir construyendo la relación”?


Es como cuando vas al Casino. Yo prefiero llegar con veinte mil pesos, sin tarjeta de crédito ni débito ni ninguna otra posibilidad de tentarme. Así, juego un ratito, pierdo y sería todo. Sin consecuencias de largo plazo. Sin deudas impagables. Sin hipotecar el futuro de los que ya existen por el presente de una tentación.


Chiste: Un hombre visita al doctor para averiguar sobre una vasectomía. “He pensado en operarme”, dice. “Esa es una gran decisión, ¿la comentó con su familia?” le contesta el doctor. “Seguro”, contesta el paciente, “y la votación fue 15 a favor y dos en contra”. No sé si da para reírse mucho. Lo interesante es que este método de control de la natalidad es uno de los más efectivos (99%), sólo requiere anestesia local y no es necesario hospitalizarse.


¿El gran contra de la vasectomía? Es irreversible (a mí me parece un pro) y está rodeada de mitos y prejuicios que es necesario aclarar: no disminuye el funcionamiento sexual del hombre, pues no afecta la producción de hormonas masculinas que controlan la potencia sexual, la erección o los rasgos físicos como la barba o la musculatura. Lo único que hace esta intervención es que, una vez que operado, la eyaculación deja de contener espermatozoides. Sumemos un argumento para tener muy en cuenta esta tendencia que gana adeptos en Chile y en el mundo. Ya que todavía no hay disponible un anticonceptivo masculino, ¿no es entonces la vasectomía la forma en que al hombre le correspondería “cuidarse” una vez que la pareja decide no tener más hijos? ¿Por qué el peso de la planificación familiar tiene que seguir para siempre en los hombros de ellas? Como para darle una vuelta. Y cotizar en la clínica más cercana.


 

Las 10 tendencias para los próximos 10 años

Jan. 09 , 2010

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Las redes sociales se transforman en un dolor de cabeza para las grandes corporaciones. Ya no hay cómo dejar pasar una negligencia. Ello permite que el servicio al cliente mejore considerablemente y que las gerencias de las empresas ya no actúen en forma tan unilateral. Por primera vez, el miedo a la destrucción de la marca por parte de los consumidores es una realidad. Ejemplo: el caso “United breaks guitars”, que significó millones de dólares en pérdidas para la compañía aérea United por haber sido negligentes con un pasajero.


Los productos sustentables, amigables con el medio ambiente y orgánicos; es decir,  libres de pesticidas, colorantes y fertilizantes químicos, dejan de ser sinónimo de moda o sofisticación. El público los empieza a exigir con la misma fuerza que castiga a quienes distribuyen bolsas plásticas. Es lo que los consumidores esperarán de las empresas. Una obligación, no una opción. El éxito de los dos mercados orgánicos que funcionan el sábado por la mañana en Santiago, así como la impresionante venta de bolsas de TNT (tela no tejida) o bolsas ecológicas en nuestro país, son buenos indicadores.


Gay friendly es una expresión que puede servir para denominar a una ciudad, a un medio de comunicación o a una marca. Los políticos chilenos han escuchado al pueblo y en esta elección presidencial, la comunidad homosexual ha recibido un merecido reconocimiento. No sólo por razones morales, sino de número: los gays son muchos, votan y compran. Y al formar parejas DINKS, es decir de doble ingreso y sin hijos, tienen mucho más presupuesto para gastar. Por eso, el marketing ayudará a que Chile sea un país cada vez más amistoso con los homosexuales. Y que los chilenos seamos cada vez más respetuosos.


Chile ya es parte de la OCDE. En el corto y mediano veremos otros síntomas de este camino directo a convertirnos en nación desarrollada. Ergo, el ingreso per cápita sube y sube. Ergo, las nanas serán una especie en extinción, sólo disponibles para familias ricas que puedan pagar cerca de mil dólares mensuales por contar con tan exclusivo servicio. El éxito de la película “La Nana” en tantos festivales internacionales y las respectivas caras de asombro de los espectadores extranjeros al ver a este personaje latino tan extraño y singular, algo dicen al respecto.


Postnatal de 6 meses, trabajos de media jornada y actividad laboral desde la casa: la tendencia a la flexibilidad laboral femenina es un tren que avanza rápido y sin posibilidades de detenerse. Con más mujeres en los puestos de mando, la demostración empírica de que ellas son mejores en infinidad de roles y tanta empresa compitiendo por aparecer en los rankings de “Clima laboral” y “RSE”, el sexo femenino verá cómo las compañías se ajustan a sus necesidades.  Si a eso sumamos el compromiso de ambas candidaturas presidenciales a legislar al respecto, es sólo cosa de tiempo.


¿Familias de cinco hijos? Reservado para grupos conservadores. ¿De cuatro? Para los que planificaron mal. ¿De tres? Para los que tienen dinero. Uno o dos hijos será la norma. Y punto. Eso es lo que permite al presupuesto, la parte de atrás del auto y el departamento. Con un colegio particular de buen nivel bordeando los 400 mil pesos mensuales, no queda otra opción. Con el padre y la madre trabajando doce horas diarias, menos alternativa. Por eso, pocos hijos, mejores colegios y afecto más concentrado en el escaso tiempo disponible es lo que viene. 


Ya no existen las tiendas Virgin Megastore en Nueva York. Quebró Tower Records. En Chile Feria del Disco hoy vende más libros que discos. Es la extinción del CD y sus respectivos retailers. En los próximos años, la única forma de evitar la pésima calidad auditiva de las canciones que hoy se descargan de manera digital, será  a través de nuevas tiendas virtuales que ofrecerán un producto mejorado. Claro que olvídese de pagar 99 centavos de dólar por canción. Eso queda para itunes y los adolescentes sin oído. Chequeen el sitio www.musicgiants.com para ver de qué se trata esto.


El hombre sigue perdiendo poder y aumenta su crisis de desorientación. Ante una mujer cada vez más empoderada, independiente y autosatisfecha, el macho entiende que su rol de tipo duro sólo le hará perder más puntos y que es necesario un cambio de switch. Aprende con dificultad a expresar sentimientos, va a terapia, trabaja menos horas, comparte más son sus hijos y hace méritos para que no lo echen de la casa. Sobrevivencia pura.


El hombre, tanto hétero como homosexual, tiene cada vez más posibilidades de ser padre sin necesidad de una esposa. Usando el servicio de maternidad sustituta o subrogada, que consiste en implantar un embrión a una mujer que ofrece su vientre en alquiler, es posible formar este nuevo tipo de familia. Como Ricky Martin, que así pudo ser padre de mellizos. Al aumentar la demanda, los precios de este carísimo servicio comienzan a hacerse más accesibles.
 
El gimnasio se transforma en el único templo de paz y relax. Pero no cualquier tipo de gimnasio, sino el que se orienta al bienestar. En el futuro cercano, la demanda por un spá, es decir un lugar donde haya silencio, camillas para descansar y se ofrezcan masajes, será tan importante como la necesidad de contar con trotadoras, elípticas y pesas. Un ejemplo local muy bien resuelto: www.o2club.cl


 

La peor noche del año

Dec. 26 , 2009

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Me pasó hace justo diez años. Estaba en Viña del Mar con polola y amigos, era la noche de año nuevo y teníamos entradas compradas para una fiesta en Valparaíso. Pero se desplomó la pasarela peatonal de Caleta Portales, cortaron el tránsito, fue imposible llegar al puerto y terminamos la noche en un Burger King de Reñaca. Al otro día sabríamos que se trató de un trágico accidente pero, antes de eso, la noche de año nuevo fue una de las más lateras de mi vida. Y, ojo, que el ranking es amplio. Tanto que, salvo una excepción, todos los 1 de enero en la madrugada han sido o caros y aburridos,  o baratos pero igual de somnolientos, o apretujados y o ruidosos, o largos y estúpidos.


¿A qué voy? A que, por lejos, la noche del próximo jueves es la más tóxica del calendario. Ya sea por las altas expectativas que existen de este evento, porque la tradición dice que hay que hacer algo hasta, mínimo, las seis de la mañana o sino uno es perno; o por que la publicidad nos bombardea con comidas y fiestas desde noviembre, el hecho es que el año nuevo es un concepto que está instalado y que es difícil de bypassear. “¿Qué vas a hacer para el año nuevo?” Esa es una pregunta tan predecible y repetida como cuando estás recién casado y te interrogan acerca de si ya es momento de tener hijos. Y hay muchos que contestan, inflados de orgullo, algo así como “voy a la fiesta Súper Yeah donde hay barra libre y toca desde la Sonora Tukutuku hasta el DJ Tagadá”. Ufff. ¿Porqué alguien con mínimo criterio querría estar en un evento de año nuevo con bar abierto, si la experiencia dice que eso significa 45 minutos de espera para cada trago? Y eso de que te ofrecen doce músicos distintos en doce escenarios separados, con alternativas desde cumbia hasta new wave, cual buffet de estilos. ¿Porqué querría toparse un habitué de la ex Blondie, que ama lo gótico y se viste de negro, con un fanático del sound que quizá hasta sea homofóbico? En serio, no entiendo.


Tampoco me calzan estos hoteles que te ofrecen “cena y show” por la módica suma de…$180 mil pesos por persona o más ¿Es que acaso tienen a Luis Miguel en el escenario, alternando con Beyoncé?  Para nada, a lo más, el típico grupo que lleva 30 años cantando lo mismo y en el mismo lugar. Peor aún. Vas a pagar esa cifra astronómica por comer en un lugar donde no conoces a nadie; que seguramente está ubicado en el salón principal, es decir, en el piso -2, y lo más cerca que vas a estar de los fuegos artificiales es a través de tu Blackberry. Pero claro, algo pasa que en la noche de año nuevo hay empresas deseosas de sacarte los ojos porque es “la noche más especial del año” y, al mismo tiempo, hay seres culpógenos dispuestos a pagar sus pecados de doce meses a través de una comida carísima, con la que se podría haber financiado un pequeño viaje familiar. Oferta y demanda en su punto de equilibrio.


¿Sugerencia? La única noche de año nuevo que recuerdo con verdadero entusiasmo fue la que pasé con gente querida en un bote muy pequeño, justo debajo de los fuegos artificiales de Valparaíso, a metros de la Esmeralda. O se hace algo así, con algún grado de espíritu y aventura o, sino, mejor comer rico en la casa, ver una buena película en DVD y a la cama. Sin botar plata, ni hacer filas ridículas, ni tratar de bailar acalorado y con poco espacio. Sin esperar del 31 de diciembre algo que nunca fue y nunca será.

Mañana soy vocal

Dec. 12 , 2009

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El título no es broma. Mañana, domingo 13 de diciembre, me toca estar todo el día en un colegio asistiendo a mis congéneres para que puedan votar. Y aunque, cuando leí en el diario que me tocaba ser vocal, lo primero que pensé fue “cómo me lo saco”, no estoy amargado por tener que levantarme a las seis de la mañana y permanecer sentado por nueve horas. En serio. Hasta me terminó pareciendo interesante como experiencia de vida.


Lo que me aburre y me molesta es la idea de rodearme de hombres, sólo hombres y nada más que hombres, por un día entero. ¿Por qué esta ordenanza separatista? ¿Por qué, si siempre estuve en colegios mixtos, la ley me obliga a separarme de las mujeres para votar? Claro, cuando uno va por veinte minutos a hacer el “trámite democrático” ni se inmuta, total es un ratito y punto. Pero ahora que me toca mamarme la jornada de pé a pá, pienso en esta norma legal anacrónica y me da vergüenza que en Chile, en el año 2009, votemos separados hombres de mujeres.


Hay algunas teorías acerca del origen de esta reglamentación. Una dice que se esto hace para permitir que las mujeres voten sin ser influidas por sus maridos. Otra, que es una buena forma de interpretar estadísticamente de qué manera vota cada género. Y la tercera, la más difundida, explica que así se evita cualquier tipo de acoso departe de votantes o vocales. Como si en el Paseo Ahumada hubiera una vereda para ellos y otra para ellas. Ridículo.


El sábado pasado, el día en que los vocales tuvimos que reconocer salas (¿se acuerdan de la Prueba de Aptitud?) y decidir quién sería presidente, secretario y comisario de la mesa, tuve el primer atisbo de lo que será esta experiencia que me toca en algunas horas más. A pesar de que me salvé de tener alguno de esos tres honores,  sentí algo raro apenas entré a la sala del colegio. Había unos veinte tipos y se detectaba ese clásico olor a camarín antes del partido.  Miradas de desconfianza, mucha polera piqué, poca camaradería. El aire era frío, a pesar de que afuera hacía calor, pues no había ninguna mujer que ayudara a romper el hielo, que fomentara la complicidad entre machos enfrentados al sexo femenino. Claro, es rico jugarse un partido de fútbol con los amigos y juntarse con el Club de Tobi una vez al mes por tres horas, pero otra cosa muy distinta es ser obligado a permanecer un día completo sólo y exclusivamente con gente de tu mismo género, sin alternativa, sin opción. Si hasta los militares que cuidan los colegios son del mismo sexo.


Me acordé de varias conversaciones que he tenido con gente que ha estudiado en colegios no mixtos, en las cuales la mayoría juró no repetir la experiencia con sus hijos. Por una razón simple: lo encuentran antinatural. Si la vida es plural, ¿porqué habría que separarnos, salvo para ir al baño?  Si las relaciones de amistad y trabajo son entre ambos géneros, ¿qué argumento habría para estudiar lejos unos de los otros, rezar a distancia y, finalmente, votar cada sexo en un lugar diferente?


Se me viene a la cabeza un ejemplo de separación forzada: el celibato. Bastan dos googleos y uno podría entender que antes que cualquier razón espiritual que lo explique, esta institución existe por razones principalmente económicas, pues así se evita que el patrimonio sea heredado y éste permanece puertas adentro. Así como muchos se empiezan cuestionar la idea de que curas y monjas no puedan hacer familia, siento que también llegó el momento de preguntarse por esta regla absurda que nos obliga a los vocales a soportar durante una jornada completa el monopolio de la compañía homo-sexual (entiéndase como mismo sexo).


Recuerdo una anécdota: me invitan a una ceremonia religiosa (soy judío) en la que los hombres deben estar separados de las mujeres. Habrá que respetar las diferencias, me digo, mientras espero que termine el servicio. Pero me equivoco. Llega el momento de la comida y se mantiene la norma: hombres en estas mesas y mujeres en las otras. “No puede ser, hay que hacer algo”, es mi reflexión inmediata. Por suerte no soy el único que piensa así. Se me suma un amigo y decidimos conspirar: nos sentamos con nuestras mujeres en la misma mesa. Todos nos observan. Hay silencio. Se siente una vibra extraña. Hasta los invitados más liberales (pero que aceptaron sin quejarse) se incomodan. Finalmente, nadie se atreve a impugnarnos. Hemos roto la ley tácita y nos sentimos victoriosos. Somos la mesa del siglo XXI en un evento del siglo XV. Me siento el héroe de la igualdad de sexos por una noche. Muy bonito. Pero igual mañana me toca volver a la Edad Media de siete de la mañana a cuatro de la tarde. No hay salud.

Mujeres de 40

Nov. 28 , 2009

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Estoy sentado en la sala de kinesiterapia de una clínica leyendo “La pasión a los cuarenta”, de la argentina Esther Feldman. Al lado mío, una paciente que se acaba de operar un pie me pregunta por el libro. Le contesto muy brevemente: “se trata de cómo las mujeres que están en su cuarta década tienen la misma energía sexual que los hombres de veinte”. No pasa medio minuto y hay cinco kinesiólogas, todas entre 30 y 50 años, rodeándome. Quieren saber quién es esta escritora Feldman, dónde venden el libro, cuántas páginas tiene. Una sola frase y prácticamente no hubo mujer que no picara el anzuelo. Seguro que si hubiera hablado de veinteañeras o de abuelitas de setenta, el interés habría sido nulo. Lógico, porque algo fuerte les pasa a las mujeres de cuarenta.


Dicen que es uno de los grandes secretos femeninos; uno simple y maravilloso: a medida que comienza la cuenta regresiva para la menopausia, hormonas como el estrógeno y la oxitocina disminuyen, y eso permite que la testosterona pueda tomar su lugar. Hasta los cuarenta, toda la atención de la mujer está puesta en las necesidades de los otros, como el  marido, los hijos, los padres o los hermanos. Pero una vez en la cuarta década, cuando esas hormonas que predisponen a la generosidad y la preocupación empiezan a contraerse, muchas mujeres se miran a sí mismas por primera vez, se dan cuenta de que postergaron cientos de necesidades propias y deciden que es el momento de empezar a hacerse regalos. De quererse más. De gozar. Y las encuestas apoyan este argumento biológico. Una revista británica habló con dos mil féminas acerca de este tema y más del 75% dijo que su vida sexual estaba en el peak a los cuarenta y tantos años. Y un 80% de las encuestadas de ese grupo de edad opinó que el sexo tenía tanta importancia como siempre.


Es más, otra encuesta hecha en Estados Unidos permitió concluir que las mujeres de cuarenta quieren tener sexo con más frecuencia que sus congéneres más jóvenes. Claro, a esa edad, se sienten mucho más seguras, ya no están tan obsesionadas con el rollo, han expiado gran parte de sus trancas morales, se han hecho más de una terapia, muchas están autorrealizadas profesionalmente, varias han solucionado sus problemas económicos y la mayoría tienen hijos que hace rato dejaron de necesitar cuidados intensivos. Ni siquiera les preocupa que las llamen cuarentonas. Son más libres que nunca y, por primera vez, son dueñas de su tiempo, de sus decisiones y de su cuerpo.


Esther Feldman, la autora de “La pasión a los cuarenta”, explica en su libro que las mujeres que cruzan esta etapa de la vida “vivimos ese sentimiento llamado pasión. Esa inclinación que perturba el ánimo. Vivida como arrebato, arranque, ataque, ceguera, efervescencia, paroxismo, vehemencia, rapto, turbulencia, incendio o simple calentura”.    


Volvamos a la mirada científica. El legendario “Informe Hite” (Shere Hite, 1976) equipara la intensidad de las mujeres de cuarenta con la de los hombres de veinte. “El aumento del apetito erótico a medida que se acerca la menopausia, unido a la disminución de la inhibición, convierte esta etapa en la de mayor placer sexual de la mujer; mientras que la potencia sexual de los hombres mayores no puede equipararse a la de los jóvenes, quines además carecen de prejuicios y son capaces de apreciar la belleza femenina en su esplendor”. Por eso, si notamos que nuestra señora de cuatro décadas empieza a sentir una sorpresiva debilidad por los tatuajes, los piercings y el vino en  caja, no hay duda. Se está sintiendo libre, plena y empoderada. Y el próximo paso podría ser encontrarnos con la maleta en la puerta y una tarjeta que diga “Gracias, fue lindo mientras duró. Cariños, tu Demi Moore”. 
 


 

La muerte del gimnasio

Nov. 14 , 2009

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Tal y como lo conocemos, ruidoso, vigoréxico, hiperactivo, con punchi punchi de fondo en las duchas y ultra luminoso, ese tipo de gimnasio que se ha convertido en la norma de los últimos quince años tiene sus días contados. Lo que viene es muy distinto, pues interpreta las nuevas necesidades de un ser urbano agotado, contaminado, tan necesitado de bajar los rollos como de descansar las neuronas por un rato.


Para empezar, conceptos como gimnasio, gym, power o energy ya no mandan. Los centros de actividad física del futuro, que ya existen en Santiago, se llaman “Balance & wellness club” o “Experiencia wellness”. Y esa palabra es clave: wellness, que se traduce como bienestar. Voy a quemar calorías, cierto; voy a aumentar musculatura, también; pero mi fin último es sentirme bien, estar más feliz, salir con una sonrisa y en equilibrio con mi mente.


Por eso, cosas que hoy son un pequeño lujo, mañana debieran ser regla: no se preocupe de las toallas, del champú ni del jabón, nosotros se lo entregamos. Olvídese del smog, tenemos aire purificado. ¿Quiere descansar? Diríjase al “slow room” o zona de relax. ¿Le gustaría ver los videos de su iPod mientras hace bicicleta? No hay problema, las nuevas máquinas para hacer ejercicios de cardio (trotadoras, elípticas, bicicletas) están diseñadas para que uno conecte el iPod, el iPhone o cualquier dispositivo USB y pueda ver fotos o películas, escuchar canciones y todo eso mientras el aparato se carga.


Vamos más al detalle. Los nuevos santuarios del wellness trabajan con una marca que convierte las máquinas para desarrollar musculatura en verdaderos mini computadores. Mediante la tecnología Technogym, cada usuario es dueño de una llave digital (en el fondo, un tipo de pendrive) que guarda información acerca de su programa de trabajo en la sala de fitness (ya no se habla de pesas). Algo que sólo se entrega después de una evaluación médica, obligatoria, y la evaluación física del entrenador. La llave reemplaza el antiguo papel, que siempre fue un cacho, y se enchufa en las ranuras de las máquinas. Entonces, una pantalla indica qué peso hay que poner, cuántas repeticiones hay que hacer y en qué posición se debe ubicar el asiento. Todo lo que uno realiza queda grabado y basta consultar en alguna de las pantallas centrales desplegadas en la sala de ejercicio, para saber qué hice hoy, compararlo con la rutina de ayer y, porqué no, pedir gráficos de carga levantada por sesión o calorías consumidas. En serio. No es una película de ciencia ficción. Es lo que ya llegó y, aunque todavía aparece como exclusivo, mañana será comoditizado. Igual que los televisores de LCD, los notebooks, los celulares con cámara y los reproductores de mp3. 


Pero no todo es tecnología. En estos lugares, donde cada vez suena más distante y extraña la palabra gimnasio, la luz, las texturas, los suelos, no se dejan al azar. Veamos. El camarín suele estar lejos de las salas de ejercicio. Por una razón simple. El cliente puede viajar en una misma sesión desde la intensidad de las mancuernas a la calma de un masaje, el placer de un baño turco o la siesta en una silla larga. Y en ese periplo desde un punto a otro, los clubes de bienestar que van a la vanguardia se han preocupado de que las paredes están revestidas con mimbre, los vidrios adornados con palos de eucaliptos y que la luz sea cualquier cosa menos agresiva. Tenue, elegante, indirecta; con mucho uso de leds para no calentar el ambiente, la iluminación es ahora tan importante como el piso de piedra de los baños, el amplio tamaño de los lockers y el ventilador de la trotadora, ese que ayuda a sobrevivir cuando el calor agota. 


Pequeños grandes detalles, mucha tecnología y, especialmente, otra visión respecto de lo que buscan las personas en el escaso tiempo dedicado al cuerpo, son  los factores que están matando al viejo y predecible gimnasio.  
 



El hombre es la nueva mujer

Oct. 31 , 2009

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Primer capítulo de la primera temporada de la serie “In treatment”. En plena conversación entre Laura, la paciente, y Paul Weston, el terapeuta, ella le enrostra al psicólogo la siguiente frase: “¿No sabe acaso que los hombres son las nuevas mujeres? Se obsesionan con las bodas y con los hijos. Son celosos compulsivos. Y dicen cosas como `no sé lo que quiero, sólo sé  lo que no quiero´”. Casi me paro a aplaudir. Porque si bien hay aspectos positivos de esta reciente y modernísima sensibilización-feminización masculina, el tema se ha vuelto preocupante.


Lo decía el otro día en la radio Cinthia Cassan, psiquiatra experta en sexualidad. “Cada vez son más los hombres que llegan a la consulta porque no tienen ganas de acostarse con sus mujeres”. Y no porque tengan  una amante, sino por una razón mucho más compleja: nos sentimos castrados, esta nueva forma de enfrentar los roles nos tiene confundidos, perplejos, asustados, débiles. No nos parecemos a nuestros padres y  tampoco nos vamos a parecer a nuestros hijos. Somos fruto de la transición cultural feminista, híbridos de hombre con notas a mujer, un sheriff con placa pero sin pistola.


Probablemente, el ejemplo que viene a continuación sea exagerado y hasta un poco burdo, pero habla de una contrarreforma que empieza a manifestarse desde las propias mujeres. Anna Anka, ex Miss Suecia y mujer del cantante Paul Anka, no destaca por sus atributos intelectuales pero posee el maravilloso don del pensamiento hablado. Y ha expresado este problema de una manera singular. “Los papás suecos están bastante mal con el cambio de pañales y la igualdad” dice Anna en un sitio de internet. “(En cambio) los papás norteamericanos no preparan la cena ni planchan. Ellos trabajan y mantienen a su familia. En Estados Unidos, los hombres son hombres y las mujeres son mujeres”. Fuertes declaraciones de esta rubia alta y 30 años más joven que su marido. En su país natal, la ultra progresista y liberal Suecia, evidentemente la odiaron. En especial, cuando agregó esta frase para el bronce: “El rol de la mujer es mantener al hombre sexualmente satisfecho. Si no lo hace, entonces sólo ella es la culpable si él es infiel”. Notable. Perdón, quise decir horrible. “Insulto para las mujeres” fue lo más suave que le dijeron. Sin embargo, no faltaron los defensores. Un compatriota le contestó: “la castración de los hombres ha llegado demasiado lejos. Los vikingos acostumbraban ir a otras tierras, combatir y traer el sustento. Hoy en día usan pantalones ajustados y comen ensaladas”.


Con una mano en el corazón, señores. ¿Cuántos no pagaríamos porque un día, un día solamente, nuestras mujeres jugaran a ser Anna Anka? Es decir, a preocuparse obsesiva y unilateralmente de nuestra satisfacción, a hacernos sentir el amo y señor de la casa, a admirarnos porque sabemos arreglar el motor del auto y atrapamos a las polillas? Dicho de manera más simple, a imitar la pareja que forman Don y Betty Draper en la extraordinaria “Mad Men”, serie ambientada en los años sesenta en la que Don no tiene más preocupación y responsabilidad que su trabajo. O, más fácil aún, a jugar a ser por un ratito tal como fueron nuestros padres y abuelos.


Que quede claro: hay pocas cosas más atractivas que una mujer inteligente, preparada y autosuficiente. El problema no es de ustedes. Es nuestro. Por eso la inseguridad. Por eso la fantasía de una noche con la unineuronal de Anna. Somos los hombres los desorientados en este nuevo escenario de igualdad. Somos nosotros los que nos confundimos y creemos que equilibrio entre los géneros significa empezar a latearlas a ustedes con el “tenemos que hablar”, “no sé que me pasa” o “no tengo ganas”. Por eso, que estas palabras se entiendan como un llamado de auxilio. Cual  letrero luminoso que dice “no nos dejen seguir castrándonos”. Porque al paso que vamos, muy pronto nos tendrán de hermanitas menores. Y nadie en este mundo se quiere acostar con la familia.   

El lujo vuelve con furia

Oct. 17 , 2009

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No hay vuelta que darle, este país es maníaco depresivo. Hace poco menos de un año corríamos como gallinas despavoridas a cambiar la plata desde las cuentas A o B de la AFP, las más variables y riesgosas, a las ultra conservadoras D ó E. Buscábamos algún estacionamiento libre en La Vega para así llenar la despensa y, de paso, ahorrar algo de dinero. Aplazamos la compra del auto y el departamento, decidimos apretarnos al máximo porque se venía una depresión más grande que la del ´29 y algunos hasta probaron por primera vez el tarot para preguntar por su estabilidad laboral. ¿Qué pasa hoy en Chile? Todo lo contrario. Los autos están agotados en la mitad de las concesionarias, los ofertazos de departamentos fueron un suceso, la bolsa sube como espuma y el ambiente es primaveral en todos los sentidos. Tanto así, que la semana pasada un diario popular traía un artículo a página completa sobre los sistemas de audio multiroom, esos que permiten escuchar música hasta en los baños y que cuestan un millón y medio de pesos. Seguro que pocos meses atrás habría sido de mal gusto hablar de un tema así, pero parece que ahora la crisis es cosa del pasado. El mismo día que apareció ese artículo fui invitado junto a un grupo de comunicadores a la presentación del Edificio Acqua (www.acqua.com.uy), una construcción alucinante realizada por el arquitecto uruguayo Rafael Viñoly en Punta del Este, y cuyos departamentos tienen valores que se mueven entre uno y 7,5 millones de dólares. Hablamos de lujo en su expresión más pura: penthouses de 1500 metros cuadrados, piscinas privadas gigantes que parecen sostenerse en el aire, una fachada hecha de piedra jura con restos fósiles acuáticos, cocinas con mármol de Carrara y más. Todo eso en un edificio hecho para el descanso. Y presentado en un restaurante de Nueva Costanera, pues sus dueños saben que en Chile hay clientes potenciales para este tipo de gustos y que llegó el momento de volver a vender lujo. ¿Otro síntoma del regreso del gasto y la adicción a los bienes suntuarios? Lo deben haber visto en las noticias hace un par de semanas. Acaba de llegar a Chile el Lamborghini Gallardo, un auto que vale 150 millones de pesos. Tuve la posibilidad de probarlo, como copiloto eso sí, y pensé dos cosas mientras acelerábamos de cero a 100 km/h en cuatro segundos. Uno: este auto es de otro planeta, suena como moto y pica como avión. Dos: Para que una empresa importadora se atreva a presentar este fetiche móvil a fines de septiembre de 2009 es necesario que hayan leído suficientes síntomas en sus clientes como para pensar que están decididos a usar la billetera. ¿Más? Hay más. Traten de reservar una mesa en el Noso, el restaurante del recién inaugurado Hotel W, cuya carta tiene platos que se acercan a los veinte mil pesos (y no se trata de centolla ni langosta). Difícil que consigan algo para antes de cinco días. O fíjense cuánto cuestan los teléfonos y televisores en la nueva tienda Bang & Olufsen del Edificio Territoria. No van a creer lo espectacular que puede ser el diseño de un objeto así como tampoco van a cerrar la boca después de ver su precio. Por algo será que acaban de inaugurar su segunda tienda en Santiago, ¿o no? Y qué tal una vuelta por Marbella (la de Chile) para ver la casa proyectada por el famosísimo arquitecto japonés Toyo Ito, que se acaba de entregar, pero que ya estaba vendida hace rato. Y, ojo, que quien decidiera comprarla no podía opinar ni de la arquitectura ni de los muebles ni de la decoración. Todo estaba decidido de antemano. Como cuando se adquiere un cuadro de Matta o una escultura de Brancusi. Un asunto de gusto. De sensibilidad, tal vez. Pero, sin duda alguna, de mucho lujo. 



Vivimos tiempos exponenciales

Oct. 03 , 2009

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Hubo un tiempo que fue hermoso. Y pausado. Los teléfonos estaban sólo en las casas y en las oficinas. La tecnología se dividía entre casetes normales, de cromo y de metal. Uno escribía cartas a mano y mandaba postales cuando viajaba. El tiempo libre era, realmente, libre. ¿Se acuerdan? Pero de eso ha pasado mucho rato. Hoy, en cambio, la vida se mueve de manera vertiginosa. Tanto así, que esa frase se ha vuelto completamente cliché. Todos sabemos que el mundo anda a otra a velocidad. Sin embargo, mi impresión es que estamos lejos de dimensionar cuan rápido es ese movimiento. Más que un mundo cambiante, lo que nos rodea es una verdadera aplanadora, un ascensor de desplazamiento exponencial que rompe paradigmas día a día. ¿Mucho bla bla? He aquí algunos argumentos. Los diez trabajos que serán más demandados el 2010 no existían hace cinco años. ¿Leyó bien? Ninguna de las pegas top del próximo año se habían creado hace 60 meses. Sigamos. Una de cada ocho parejas que se casaron el 2008 en Estados Unidos, se conocieron online. Dicho de otra manera, un 12,5 % de todas las bodas, en un país que tiene 300 millones de habitantes. Vamos por más. La información técnica se duplica cada dos años. O sea, cuando un estudiante que comienza hoy una carrera de formación técnica esté en tercer año, notará que la mitad de lo que aprendió en su primer año está obsoleto. Out. Que ya no le sirve para nada. Plata y tiempo botados. Pero esto es más potente aún. Actualmente, el 25% de la población de la India con mayor coeficiente intelectual supera en número al total de la población estadounidense. Es decir, hay más niños indios con altas calificaciones que el total de niños en Estados Unidos. Y no es chiste. ¿Un par de datos más? Si a la radio le tomó 38 años llegar a tener una audiencia de 50 millones de personas y a la televisión le tomó 13 años lograrlo, a internet apenas le bastaron cuatro años, al iPod sólo 36 meses y, lean esto con atención, Facebook se demoró nueve meses en sumar sus últimos cien millones de clientes. Más contundente aún: Apple necesitó esa misma cantidad de meses para lograr mil millones de descargas de aplicaciones para el iPod. ¿Se dan cuenta de que el cambio es más brusco, más demente y mucho más voluminoso de lo que pensamos? ¿Y que marea? Hagamos girar un poco más el Tagadá. Este año habrá más personas de la generación Y (nacidos entre 1981 y 1992) que baby boomers (nacidos entre 1946 y principios de la década 60). Y el 96% de los chicos Y es miembro de alguna red social, léase Twitter, Facebook, Myspace o cualquier otra similar. Por eso, no extraña que las redes sociales hayan superado a la pornografía como la actividad número uno de la web. O que el actor Ashton Kutcher y la comediante Ellen de Generes tengan más seguidores en Twitter que la población de varios países juntos. ¿Qué significa esto, entre otras cosas? Que, hoy, un solo cliente enojado puede poner en serios aprietos a una empresa multinacional. Como pasó recién con un cantante de música country, Dave Carroll, a quien la línea aérea United obligó a mandar su guitarra como carga. Cuando llegó a destino, el instrumento estaba destruido. El hombre reclamó, la empresa no respondió por los daños, Dave compuso la canción “United breaks guitars” (“United rompe guitarras”), hizo un video que costó 75 mil pesos y, en menos de tres semanas, cinco millones de personas lo habían visto. ¿Resultado para United? Pérdidas superiores a 180 millones de dólares luego de que su acción bajara diez centavos de dólar. Seguro que los gerentes de esa compañía no se habían percatado de que el mundo está cambiando a tan gigantesco ritmo. Exponencial le dicen los expertos.

Dejen tranquilas a las mujeres

Sep. 20 , 2009

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“La fotografía de moda se basa en el hecho de que algo puede ser más bello en una fotografía que en la vida real”, explica la brillante ensayista Susan Sontag. Dicho de otra manera más crítica, los programas computacionales que usan los fotógrafos y diseñadores han creado un tipo de mujer que sólo existe ahí, en las fotos de moda. Una mujer sin celulitis, sin estrías, sin arrugas, sin granos. Una mujer generalmente flaca, a veces hasta raquítica, de extremidades larguísimas. Una mujer tan perfecta que, por el contrario, termina pareciendo un androide, una Barbie gigante, un pedazo de falsedad absoluta. Y eso, lamentablemente, lleva años generando kilos de daño.

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Mi doctor es homotoxicólogo

Sep. 05 , 2009

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Si me duele la cabeza, a los dos minutos me tomo un paracetamol. Soy hipocondríaco, lo reconozco. Tanto así, que mi doctor preferido es el que me regala más muestras, me encanta saber que en mi casa hay muchos remedios para todo tipo de enfermedades y cuantas más cajas recién salidas del laboratorio veo sobre mi vanitorio, más seguro me siento. Pero hace tres semanas, algo se trizó. Fue desde el momento en que escuché por primera vez la palabra homotoxicología, un término raro, que ni el corrector de textos reconoce ni mis amigos médicos habían escuchado nombrar. En una conversación con un conocido, un tipo tan racional y escéptico como yo, él me confesó que había solucionado varios problemas de salud pendientes desde hace años gracias a esta nueva disciplina. Como los síntomas de mis achaques se parecían mucho a los suyos, opté por pedir hora y fui a ver a este especialista, médico cirujano de formación, con décadas de experiencia en clínicas tradicionales, que hoy es homotoxicólogo. La palabra en cuestión viene del latín "homo-hominis", o sea hombre, y de “toxicon", que en griego significa veneno. Y lo que hace esta disciplina, emparentada directamente con la homeopatía, es mirar la enfermedad desde un paradigma totalmente distinto. Sus especialistas explican que cuando una sustancia inadecuada entra al organismo humano, éste trata de defenderse de esos enemigos denominados homotoxinas. La expresión física de ese combate entre las homotoxinas y el organismo es lo que conocemos como "enfermedad".  Por lo tanto, la "enfermedad" es, en realidad, el reflejo de que el organismo se está defendiendo de las sustancias homotóxicas. Entonces, agregan, la medicina farmacológica se halla en un grave error frente a la forma de enfrentar las enfermedades. ¿Ejemplo? Una inflamación ocurre porque el sistema inmunológico está combatiendo con un elemento externo. Frente a esta reacción natural del organismo, la medicina convencional administra al paciente medicamentos antiinflamatorios que bloquean los procesos reactivos del organismo contra las homotoxinas. Aunque el paciente se va a sentir aliviado, llegará un momento en que aparecerán enfermedades de tipo crónicas, provocadas por la administración de remedios "anti", clásicos en la medicina farmacológica. Finalmente, las homotoxinas  ingresarán dentro de las células y harán que se produzcan procesos de tipo degenerativos, punto inicial para el comienzo de un cáncer. Tal cual. Así de fuerte, de dramático, de extraño. Hay dos posibilidades entonces: creer y jugársela o no creer. Yo opté por la primera y eso implica una serie de giros en la vida. El primero: la alimentación. Nunca más puedo comer  alimentos con sustancias tóxicas como bebidas gaseosas, jugos con colorantes, chancho, vinagre, frituras, azúcar refinada blanca, té, café que no sea de grano y chocolate que no tenga un alto porcentaje de cacao. En cuanto a las carnes, desde ahora sólo me autorizan a comer pollo de marca “Cresta roja”, pavo, pescados blancos (el congrio no, porque tiene colorante) y evitar a toda costa el vacuno. ¿Aceite? Ojalá siempre el de oliva extra virgen prensado en frío. ¿Leche? De soya, no de vaca. ¿Pan? Integral de centeno, nada de pan blanco. El segundo: los remedios. O sea, mis fetiches.  En una sola sesión, me eliminaron la vitamina C, el multivitamínico, la  pastilla que ayudaba a bajar los triglicéridos y otro par de cajitas. “Todo esto es basura”, dijo el doc. En cambio, me recetó trece -sí, trece- compuestos de homeopatía alemana que debo mezclar en un vaso de agua (filtrada, sin gas) y tomar tres veces al día, entre los que se cuentan propoleo, pulsatilla, selenium, berberis, amargo sueco y otras cosas de nombres más raros aún, como Lymphomyosot, Schwedenbitter y Traumeel, todos derivados de plantas, de la naturaleza. A veces me siento como un fanático esotérico, otras como una vaca comiendo vegetales líquidos,  pero algo me dice que vale la pena hacer el esfuerzo que significa este cambio. La apuesta no es menor. Si me va bien, mi nuevo gurú dice que igual me voy a morir de cáncer al colon, pero a los 85 años en vez de a los 50. O sea, que podría vivir casi el doble. Como para pensarlo, ¿no?

La infidelidad tiene grado

Aug. 22 , 2009

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 Sobremesa de sábado en la noche. Cuatro parejas hablamos acerca de la infidelidad. Alguien pregunta ¿hay algún tipo de engaño que sea distinto a otro, uno que se pueda perdonar? La mayoría es categórica: el tema no se puede relativizar, no hay una manera de cornear que sea mejor o peor que otra. El más fundamentalista asegura que hasta un coqueteo merece tarjeta roja. Yo no estoy de acuerdo. Creo -en realidad estoy convencido- que existen grados de infidelidad. Que dependiendo de si a uno le toca vivir una experiencia grado dos o siete, las consecuencias pueden ser muy distintas. Un ejemplo. Me cuentan de un gerente cuarentón, casado y con hijos, que viaja mucho. Siempre llega a Chile un día antes de lo que cuenta en su casa y  trabaja hasta más tarde que nadie en la empresa. Va a un cumpleaños de alguien de la oficina con su señora y ella, angustiada por los horarios del marido, interroga a las otras mujeres. Todos y todas saben lo que pasa, menos ella. El tipo tiene otra mujer, otra familia, y por eso las mentiras. Es decir, la pobre ha sido gorreada sistemáticamente, su pareja tiene doble vida y es la única que no tiene idea de que se ríen en su cara. Hasta que finalmente, por esas casualidades que casi siempre ocurren, se entera. Comparemos esta situación con la siguiente. Otro ejecutivo de edad similar, que también viaja, vuelve a Chile. Le lavan la ropa y la mujer encuentra un papel con un número de teléfono y que dice “It was great to meet you. Kim”. Ella lo confronta y él reconoce que en el viaje, que duró tres semanas, conoció a una gringa en un bar y terminaron en la cama. Si nos atenemos a la teoría, ambos tipos fueron infieles pues estuvieron en contacto con otra mujer. ¿Diagnóstico probable? La mujer del hombre que tiene doble vida queda completamente destruida, piensa que todo su matrimonio es una mentira y no tiene más alternativa que divorciarse. La otra, en cambio, manda al marido a dormir al living por varias semanas, lo pone a prueba, lo castiga y le advierte que se le acabaron los comodines. Es la diferencia en el grado de error la que deja espacio y amor propio para poder o no negociar. Un ejemplo más. Camila y Esteban viven juntos hace un año. Él no va a volver hasta muy tarde porque tiene clases en el Magíster. Pero una falla eléctrica en la Universidad cambia los planes. Esteban regresa tres horas antes al departamento, abre la puerta, escucha ruidos raros y descubre a Camila con otro hombre en el dormitorio. Su propio dormitorio. Al otro lado de la ciudad, Jorge se mete en el Facebook de Andrea, su polola de años. Lee una conversación entre ella y su ex y se da cuenta de que algo pasó entre ellos. La llama, Andrea le confiesa que hace un mes se sintió insegura de la relación, que el ex la invitó a tomar algo y terminaron juntos. Pero fue sólo esa vez, “esa estúpida vez” dice, porque es a él a quien ama. ¿Diagnóstico probable? Esteban no sólo termina con Camila, sino que desconfía de las relaciones por los próximos diez años. Y, era que no, vende la cama. Jorge también termina con Andrea, pero a las dos semanas decide darle una oportunidad. ¿Por qué? Por el abismo que hay  entre lo malo y lo terrible, entre lo estúpido y lo malvado, entre la incapacidad de controlar un impulso y la frialdad para mentir en forma sostenida. Porque es muy distinto equivocarse que ser negligente. Porque, cuesta reconocerlo pero es cierto, el amor puede perdonar ciertas cosas.
 

Crackberry

Aug. 08 , 2009

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 Tengo un amigo adicto. Y me preocupa. ¿Sus síntomas? No puede pasar más de cinco minutos sin mirar su fetiche negro. Le cabe en la palma de la mano, lo guarda en el bolsillo y lo mira, lo toca, lo usa día y noche. Da lo mismo que alguien le esté hablando de algo importante, que esté en la mitad de una película en el cine, en una comida o bailando. Siempre, pero siempre, ese artefacto tiene prioridad. El diagnóstico es evidente: mi amigo es adicto a su Blackberry o, como le dicen hoy muchos norteamericanos, Crackberry, por el juego de palabras que se logra con la palabra crack (pasta base). Suena anecdótico, casi simpático, pero está lejos de serlo. Investigaciones de la Universidad de Northampton sostienen que un tercio de los usuarios de esta joyita tecnológica muestran signos de una conducta adictiva similar a la de un alcohólico. Incluso van más allá y dicen que estos adictos digitales tienen síntomas “de libro”, como son la negación, el síndrome de abstinencia y la conducta antisocial. Un buen guión en manos de un comediante genial puede ser la mejor manera de reflejar esta tendencia social. Cuando Jerry Seinfeld, el creador y protagonista de la serie que lleva su apellido, fue invitado al programa “Late night with Conan O´Brien”, se dio el siguiente diálogo:
Conan O´Brien: ¿Es verdad que no usas Blackberry?
Jerry Seinfeld: No, ¿tú si tienes uno?
CO: Yo sí.
JS: Yo no, yo no. Mi mujer tiene uno y, no sé, encuentro que la gente Blackberry tiene algo en sus ojos...sus pupilas no focalizan. Siempre lo tienen en su mano, porque eso es lo que Blackberry les ordena que hagan. Escuchan lo que les dices y lo comparan con lo que está en el Blackberry, que es mucho más interesante. “¿Sabes? Pienso que hay más botones aquí que en tu cara”...Y está eso de la bajada lenta de la cabeza (para mirar el Blackberry)…¿Se imaginarán cuán grosero es eso? ¿Por qué mejor no agarran directamente una revista y la ponen delante de nuestra carta y la leen mientras hablamos?  
Brillante resumen de algo que se ve día a día. No es necesario navegar por internet más que algunos segundos para encontrar un manual con “los cinco síntomas que te harán ver que eres un adicto a la Blackberry”. a) Caminas y lees tu Blackberry a la vez. b) No apagas el Blackberry ni durmiendo c) Lo escuchas estando apagado d) Contestas los correos en tu Blackberry en frente de tu PC y e) No dejas de mirarlo para ver si recibiste algo nuevo.
Vamos con otro ejemplo de necesidad compulsiva. A la cantante Nelly Furtado le hicieron una broma en el programa Punk´d, ese que conduce Ashton Kutcher en MTV. La estaban entrevistando en un set de televisión cuando, de pronto, entra la policía por un aviso de bomba. ¿Dónde estaba el supuesto explosivo? En la cartera de Nelly, razón por la cual la hacen detonar. ¿Y qué es lo único que dice Nelly cuando piensa que su cartera se ha desintegrado? “My Blackberry is in there” (Mi Blackberry está adentro”). No se imaginan su cara de angustia. Ni su pasaporte canadiense, ni su billetera con fotos de su hijo le preocupan tanto. Pero su teléfono…eso sí. Por eso no sorprende enterarse de que ya han empezado las demandas a las empresas por stress y accidentes ocasionados por este fetiche, así como la silenciosa pero creciente cantidad de parejas que están sumando los problemas de comunicación por culpa del Crackberry a la lista de diferencias que lleva al divorcio.   


 


 

La Nana

Jul. 25 , 2009

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Faltan pocos días para que finalmente se estrene en Chile “La Nana”, ganadora del premio del jurado a Mejor Película Internacional en el Festival de Sundance y cuya protagonista, la actriz Catalina Saavedra, se llevó el premio a la Mejor Actuación en el mismo certamen. Fue justamente esta fenomenal artista, que ha hecho unas seis veces de nana en todo tipo de teleseries, obras de teatro y cintas, la que contó hace un par de semanas en la radio que los gringos y los europeos no sólo habían alucinado con la película como producto estético, sino que quedaron impresionados con el concepto de nana, con esa persona que trabaja puertas adentro en las casas de muchos chilenos de clase media y alta. Algo inconcebible para ellos, no sólo por lo carísimo que sería tener un servicio de este tipo (mucho más costoso proporcionalmente que en nuestro país), sino por lo políticamente incorrecto que les resulta imaginarse a una persona que haga las tareas que cualquier habitante de un país desarrollado considera propias. Es cierto que existen las baby sitters y que hay algunos que se dan el súper lujo de tener una persona puertas afuera que va un par de veces a la semana, ¿pero una nana puertas adentro? Eso para un sueco o para un gringo es como imaginarse al hombre nuclear de vecino o a ET de amigo del hijo: ficción absoluta. Y en cambio, en esta parte del mundo, las empleadas, nanas o maids –los patrones siempre las pelan con el nombre en inglés para que “no entiendan”- son parte de la historia, los recuerdos, las fotos, los veraneos, el pasado; pero también del presente y futuro de una gran minoría. Tan simbióticamente vinculadas están las nanas a las familias para las que trabajan que muchos de nuestros padres, es decir hombres que hoy tiene entre 55 y 75 años, perdieron su virginidad con la persona que cocinaba y limpiaba la casa. O se transformaron en las verdaderas mamás de niños que nunca recibieron demasiada atención de sus propios padres y por eso hoy son más que la “segunda madre”, son un baluarte de amor y protección, veneradas por sus hijos postizos. Porque claro, muchas de ellas sacrificaron el tener pareja, formar familia sanguínea e incluso cultivar buenas amistades a cambio de trabajar para esa familia prestada que terminó siendo su vida. Justo lo que le pasa en la película a Raquel (Cata Saavedra), quien lleva 23 años con los Valdés y se siente una más de la casa, hasta que contratan a una nana peruana para aliviarle la carga y, bueno, mejor ir al cine el 13 de agosto para saber qué pasa. Entonces, debo acudir al otro link que tengo con el tema. Uno más personal. Después de llevar 15 años recibiendo la ayuda de una señora que venía un par de veces a la semana a mi departamento, acabo de entrar al grupo de los casados con hijo que se hacen ultra súper muy dependientes de la nana puertas adentro. En tres meses ya llevamos dos personas –la primera renunció porque la guagua y la casa eran mucha pega para ella- y me he dado cuenta de que cada vez que mi mujer conversa con otra madre primeriza o que tenga niños chicos, el tema de la nana es un temazo y ésta se transforma en un ser cada vez más poderoso por culpa de nuestra absoluta adicción. Y claro, por una parte entiendo que es un privilegio, que la ayuda es inmensa, que acostumbrados como estamos los niñitos bien, nos cuesta imaginar la vida de otra manera. Pero, ¿y la privacidad que se pierde?, ¿la plata que se gasta? Y, especialmente, ¿la complicidad de estar perpetuando un sistema bastante poco moderno, por decirlo de manera sutil? Son preguntas que he decidido empezar a hacerme. Y a compartir.


 

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