Roberto Amaro

La política a contraluz

 

La agenda, la vocera y los intentos

Aug. 05 , 2010

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Si bien sólo han pasado cinco meses desde su instalación, y hacer un juicio definitivo puede resultar antojadizo, creo posible -a la luz de los resultados de las encuestas CEP y Adimark de julio- avanzar un diagnóstico de cómo lo ha hecho el primer gobierno de la derecha, desde la recuperación de la democracia, en uno de las áreas más sensibles de la acción gubernamental: las comunicaciones.


Advierto que no se trata de disparar por disparar en contra de los encargados de este ámbito del gobierno de Piñera, a algunos de ellos los conozco y doy fe de su capacidad, sino más bien para hacer un ejercicio que permita listar lecciones y, de ser escuchadas éstas, enmendar rumbo.


Partamos recolocando algunos factores. 


Debemos reconocer que la instalación del gobierno estuvo marcada fuertemente por las consecuencias del terremoto y maremoto del 27 de febrero. Mientras, por un lado se acumulaban y acumulaban nuevas tareas y urgencias, el gobierno estaba asumiendo un desafío que podía reportarle ganancias de opinión pública en el mediano y largo plazo. Esto, si lograba mostrar una forma distinta de gestión, acorde con la promesa de campaña, más ágil y eficiente.


Por semanas los medios inundaron con imágenes desgarradoras, por un lado, y las cifras de mediaguas que se iban construyendo para hacer frente a las cuestiones más complejas del invierno, por otro. Podría decirse que el gobierno quedó atrapado, por dos meses -al menos- en una agenda favorable que lo hizo, quizás muy pronto a mi juicio, intentar cerrar el tema terremoto, casi por decreto (¡construimos las mediaguas y ya!), provocando una disonancia brutal entre lo que estaba viviendo la gente en las zonas devastadas (con redes familiares en todo el país) y lo que el gobierno buscaba poner en la agenda mediática: otros temas, su propia “agenda de realizaciones”.


La gente leyó, derechamente, que estaban ante un “abandono”, y pese a todo argumento que pueda explicar la decisión, las percepciones son cuestiones tremendamente complejas, y no sólo se forma opinión -positiva o negativa- porque la mediagua llegó o no, o subió la tarifa del bus, sino que se forma fundamentalmente por la acción indirecta de los medios que muestran un país disonante con la realidad.


Luego, sumemos el Mundial de Fútbol. Está bien, concedido: cuesta poner agenda política o de “realizaciones” en medio de un evento como éste. Pero también la forma en que se comportaron ministros (en Sudáfrica) y el propio Presidente, provocaron una leve desafección ciudadana.


No hablemos de los temas de conflictos de interés. Ya muy analizado.


Tras el Mundial, el propio Presidente re direcciona la agenda hacia la fiscalización de “hechos” del gobierno anterior, olvidándose que la gente mide a sus gobernantes por lo que hacen o dicen, y no por su afán –explícito o no- de buscar en el pasado lo que permita obtener un sentido de unidad a la acción gubernamental.


Quien haya ideado esta estrategia de desprestigio del gobierno pasado, así como la excusa de que los problemas que se enfrentan son 100% heredados, son verdaderos amateurs en temas de comunicación política, pero -quizás lo más complejo- verdaderos amateurs en política. La gente, por el contrario, percibe odiosidad y falta de ideas propias de gobierno. La comunicación política, lo aprendimos por 20 años, no puede estar en manos de “termocéfalos” ni de los “cándidos” convertidos en “técnicos apolíticos”.


Para el cierre quiero dejar mi juicio sobre la vocería de la ministra Ena von Baer.


Independiente de que el cargo, por su naturaleza, está sometido a vaivenes de política intra palaciega que no tiene caso abordar acá, la ministra ha mostrado una recurrente incapacidad, no sólo para comunicar coherentemente en distintos escenarios, casi todos adversos, sino que no muestra el peso político que de sentido de veracidad a lo que “vocerea” todos los días. Cuando el comentario de los periodistas que cubren La Moneda es “qué error cometerá la ministra hoy”, estamos frente a un problema político de marca mayor para el gobierno, es decir, no sólo no parece tener una estrategia comunicacional clara y eficiente (podría tenerla pero no la ha desplegado), sino que el segundo principal vocero de gobierno no parece calzar para la tarea.


Con todo, aún no llegamos a los seis meses de gobierno, y queda un largo trecho para intentar cambiar las percepciones. El daño del inicio ya está hecho, y en política, quizás más que en la vida misma, para enmendar rumbo hay que tomar medidas drásticas.


 

Primer año de la Ley de Transparencia, un balance necesario

Apr. 19 , 2010

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Hace justamente un año, el 20 de abril de 2009, entró en vigencia plena la Ley Nº 20.285 Sobre Acceso a la Información Pública, más conocida como Ley de Transparencia. Desde esa fecha, en los hechos, pudo hacerse efectivo el derecho de las personas a solicitar información a cualquier organismo de la Administración del Estado, sin necesidad de expresión de causa.

Ha sido un año complejo y de un tensionante desafío para los cientos de servicios, organismos y municipios que han debido adaptarse a nuevos y más exigentes estándares de transparencia y rendición de cuentas ante la ciudadanía.

Como lo señalo, no ha sido un proceso exento de dificultades, así como tampoco han faltado los errores estratégicos en la tarea de implementación.

A mi juicio, son tres los aspectos en que se puede basar una revisión crítica de este primer año con Ley de Transparencia:

Primero, la avalancha de solicitudes que no fue.

Desde que la Ley de Transparencia era aún un proyecto en trámite legislativo, los especialistas no pudieron ponerse de acuerdo en una proyección de la demanda de solicitudes de información. Este tema marcó fuertemente el debate en el Congreso, y en parte los plazos (muy extensos, para muchos) de respuesta  -20 días hábiles que pueden ampliarse por diez días más- responden a ese temor de que los servicios y municipios no fuesen capaces de administrar una demanda desbocada. Ya en vigencia parte de la ley, la referida al Consejo para la Transparencia, entre fines de 2008 y comienzos de 2009, no fueron pocos los personeros algo afiebrados que predecían un "Transantiago 2" si no se moderaba de alguna forma la potencial demanda de información.

De esta forma, más allá del acto de entrada en vigencia de la ley, el gobierno no hizo muchos esfuerzos en difundir entre los ciudadanos la nueva normativa. Bastante menos se puede decir de los municipios. Mientras que el Consejo no contó con recursos para hacer frente a este desafío.

Y la avalancha de información que ese esperaba nunca llegó. Por el contrario, dicha demanda se situó en niveles de completa normalidad. Y los servicios que se habían preparado incluso con equipos especiales para darle seguimiento y tratamiento a estos requerimientos, se vieron sorprendidos por el bajo nivel de solicitudes, lo que significó que a poco andar esos equipos especiales fueran desmantelados.

Hasta hoy, un año después, no se registran campañas de difusión masiva que promuevan el uso de este derecho, que -en los hechos- es sólo utilizado por una sociedad civil más organizada y ciudadanos con un mayor nivel educacional.

Segundo, las insuficientes estadísticas.

A pesar de existir un organismo fiscalizador único para todo la Administración, el Consejo para la Transparencia, este no tiene control sobre toda la historia de vida de las solicitudes, por lo que no existen estadísticas irreprochables que den cuenta del funcionamiento real de la Ley de Transparencia. Por un lado, los municipios no cuentan con un sistema centralizado que permita hacerse una idea clara de algo tan básico como cuántas solicitudes han sido ingresas en el primer mes o año. Por otro, la Administración central sí cuenta con estadísticas de ingreso y otras derivadas, pero estos datos tienen un vicio de origen: contabilizan todos y cada uno de los ingresos de solicitudes al sistema informático y lo validan como una solicitud de información de acuerdo con la Ley Nº 20.285. Una revisión detallada de solicitudes de algunos servicios, entre los más requeridos, verifica que una buena porción de ellas no corresponde exactamente a lo que la ley entiende por tal. Muchas personas ingresan por esta vía reclamos, consultas sobre estados de sus trámites (materia de otra ley),  pedidos de orientación ciudadana, y otras materias, lo que no permiten asegurar qué porcentaje de las 34 mil solicitudes de información de que daba cuenta el gobierno al 31 de  marzo de 2010, son efectivamente requerimientos apegados a la ley.

Y tercero, las limitaciones institucionales y orgánicas del Consejo.

A los pocos días de entrada en vigencia de la ley quedó en claro que las atribuciones del Consejo para la Transparencia, así como su estructura, conspiraban contra una eficiente y oportuna tarea de fiscalización. Lo decía el lunes 19 el presidente del Consejo, Juan Pablo Olmedo, en una entrevista de prensa: el Consejo debe tener una visión completa del proceso de vida de los requerimientos de información, y no sólo restringirse a los casos de reclamos y amparos. Lo lógico sería que el Consejo administrara un software único para todos los servicios, organismos y municipios, facilitando el acceso de las personas a toda la Admninistración del Estado en una sola página web, además de contar con los recursos necesarios para un funcionamiento óptimo.

En lo referido a los cambios de estructura orgánica del Consejo, estos apuntan a agilizar procesos de definición y fallo de este organismo. No parece razonable en el Chile de hoy que desde que una persona ingresa su solicitud y tanto el Consejo o la Corte de Apelaciones, en su caso, resuelven definitivamente, pasen más de 100 días.

Quisiera agregar a estos tres puntos críticos del primero año de vigencia de la ley, un claro desafío que  a mi juicio enfrenta la normativa con la llegada al gobierno de Sebastián Piñera. Hay un punto de duda en cómo el gobierno enfrentará los desafíos asociados a la transparencia, que se desprende de las señales dadas en estos primeros días. Los evidentes conflictos de interés, y las declaraciones de intereses y patrimonio incompletas (como en el caso del Presidente), no permiten tener claro el compromiso real de la actual administración con la elevación de estándares de transparencia gubernamental. Porque no se trata de administrar de la mejor manera lo que ya existe, sino que especialmente en estos temas, se exige avanzar y profundizar sobre la ya obrado por los gobiernos anteriores.

 


 

 

 



 

TVN y deber de abstención: el mal ejemplo presidencial

Apr. 08 , 2010

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Con el nombramiento de Leonidas Montes como presidente del Directorio de Televisión Nacional, el Presidente Sebastián Piñera ha enviado un mensaje claro a sus colaboradores: el deber de abstención que estipula el artículo 12 de la Ley Nº 19.880 sobre Bases de los Procedimientos Administrativos es letra muerta, es decir, se puede no acatar o, en su defecto, burlar abiertamente por la vía de que un subrogante o un vicepresidente firme el decreto o acto administrativo (como fue en este caso).

Hace sólo una semana escribía en estas páginas el artículo "Transparencia, conflictos de interés y deber de abstención", donde expresamente transcribí las cinco causales por las que los funcionarios públicos debían abstenerse -inhabilitarse también se puede decir- a la hora de participar en la toma de decisiones, decidir o firmar actos administrativos en materias en las que tienen conflictos de interés. Es decir, no bastaría con el hecho de burlar la firma final, dejándola en manos de un subrogante, sino que debe inhibirse de participar en todo el proceso de decisión del nombramiento o política.

El numeral 1 es el que expresamente no ha acatado o ha burlado el Presidente de la República, ya que al ser dueño de un canal de televisión, en este caso Chilevisión, debió abstenerse de participar en la decisión, decidir o designar con su firma el nombramiento del presidente del directorio de un canal de la competencia. La ley señala textualmente que debe abstenerse el funcionario que tiene "interés personal en el asunto de que se trate o en otro en cuya resolución pudiera influir la de aquél; ser administrador de sociedad o entidad interesada, o tener cuestión litigiosa pendiente con algún interesado".

Muchos dirán, "pero qué puede hacer si estaba obligado a nombrar como Presidente a la cabeza del directorio del canal estatal". Eso es esencialmente correcto, y por ello que siempre se señaló lo incompatible que resultaba que Piñera tuviese propiedad no en una, sino en varias empresas relevantes para el quehacer nacional, como Lan, Chilevisión y otras. Porque justamente le tocaría definir políticas que de alguna forma afectarían el negocio aéreo de Lan, y porque como Presidente debía hacer nombramientos de relevancia en el sistema televisivo nacional y que afectan directamemnte sus intereses en Chilevisión.

Para eso existe la Ley Nº 19.880 y su artículo 12. Para evitar las sospechas, para poner freno a que la autoridad, en este caso presidencial, mine el prestigio y honra que todos, como ciudadanos, debemos guardarle.

Con esta decisión Piñera ha puesto en jaque el sistema y pone un desafío complicadísimo al Contralor General de la República, Ramiro Mendoza, quien debiese aclarar a los nuevos inquilinos del Palacio Presidencial cuáles son los alacances de la normativa de deber de abstención vigente en la ley.

Y no se trata de un hecho baladí. El Presidente, sus ministros y subsecretarios juran o prometen cumplir y hacer cumplir la ley, y no sólo las que les convengan, sino que todas le leyes, y eso incluye respetar y acatar el principio de abstención.

Sería prudente que el Contralor, quien ha estado con bajo perfil estas últimas semanas, nos de una señal de cómo actuará en estos temas y si será estricto con las nuevas autoridades en materias tan relevantes como la transparencia y la probidad. 


 

Transparencia, conflictos de interés y deber de abstención

Mar. 30 , 2010

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Resulta evidente que el gobierno de Sebastián Piñera, lejos de lo que él y su entorno debieron haber proyectado, comenzó en medio de desprolijidades que pueden atribuirse -desde el oficialismo- a sencillos errores en medio de una instalación compleja; y desde la oposición, a vicios de origen en el alma del nuevo gobierno.


Las nuevas autoridades del Ejecutivo, al provenir en su gran mayoría del mundo empresarial, se ven enfrentados a una cuestión de alta relevacia en lo que respecta a la transparencia de la función pública: los conflictos de interés que conllevan el deber de abstención, que detalla el artículo 12 de la Ley N°19.880. Y no se trata de casos aislados. Ya se han hecho públicos el caso de la subsecretaria del MOP y el del Coordinador de Concesiones, que de cumplir cabalmente al deber de abstención, prácticamente no podrían ejercer en plenitud sus responsabilidades. La publicación en los próximos días de las declaraciones de interés y patrimonio dará cuenta de la real magnitud de este inconveniente.


El deber de abstención está en Ley Nº19.880 sobre Bases Generales de los Procedimientos Administrativos. El artículo 12 detalla el principio de abstención para todas las autoridades y los funcionarios de la Administración, quienes deben abstenerse de intervenir en procedimientos (comunicando de ello a su superior inmediato) si (1) tienen interés personal en el asunto de que se trate o en otro en cuya resolución pudiera influir la de aquél; ser administrador de sociedad o entidad interesada, o tener cuestión litigiosa pendiente con algún interesado; (2) tener parentesco de consanguinidad dentro del cuarto grado o de afinidad dentro del segundo, con cualquiera de los interesados, con los administradores de entidades o sociedades interesadas y también con los asesores, representantes legales o mandatarios que intervengan en el procedimiento, así como compartir despacho profesional o estar asociado con éstos para el asesoramiento, la representación o el mandato; (3) tener amistad íntima o enemistad manifiesta con alguna de las personas mencionadas anteriormente; (4) haber tenido intervención como perito o como testigo en el procedimiento de que se trate; (5) tener relación de servicio con persona natural o jurídica interesada directamente en el asunto, o haberle prestado en los dos últimos años servicios profesionales de cualquier tipo y en cualquier circunstancia o lugar.


Es claro que el punto 5 es el que reviste mayor complejidad para el nuevo gobierno. Ello porque decenas de autoridades, desde la primera a la tercera línea, provienen de sectores empresariales relacionados con el ministerio o servicio al que han llegado como funcionarios públicos. Varios de ellos, incluso, tardaron en asumir sus jefaturas de servicio mientras lograban deshacerse de participaciones accionarias, designaciones en directorios o abandonando patrocinios jurídicos de empresas que tenían litigios contra el Estado de Chile. No se trata de una cuestión menor en el día a día de la vida administrativa del Estado. La subsecretaria del MOP en un 80% resuelve cuestiones relacionadas con Concesiones, es decir, ¿sólo podrá ocuparse y poner firma en el 20% de la tarea que le corresponde? Para qué hablar del Coordinador de Concesiones.


Chile ha avanzado en transparencia por la fuerza de los hechos y por la visión de futuro de algunos de sus gobernantes. Un aporte clave que podría hacer este nuevo gobierno a la transparencia sería que las autoridades que están obligadas a abstenerse según el artículo 12 de la Ley N° 19.880 reportasen on line en las páginas web de sus servicios la materia y la fecha en que se abstuvieron de ocuparse de un tema por conflicto de interés. De no ser así es tarea de la oposición y de la Contraloría articular los procedimientos para perseguir las responsabilidades de quienes incumplan la norma legal.





La Ley de Transparencia y el gobierno de Piñera

Feb. 15 , 2010

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En abril próximo se cumplirá un año de vigencia de la Ley N°20.285 sobre Acceso a la Información Pública, conocida como Ley de Transparencia. Tanto la Administración central, llámese Gobierno, como los demás organismos de la Administración del Estado, entre ellos los municipios, han debido enfrentar un complejo proceso de implementación de una normativa exigente, con medios y financiamientos algo escasos.


Pero el balance parece ser ampliamente positivo tanto por el comportamiento de los servicios y organismos públicos, como por la solidez con que se ha instalado la pieza institucional clave de este sistema, el Consejo para la Transparencia.


Para el nuevo gobierno, que asume el 11 de marzo,  quedarán tareas y desafíos pendientes en lo relativo al fortalecimiento de la institucionalidad de la transparencia en Chile, así como a la profundización de los compromisos de la Administración.


En el primer grupo, es claro que las nuevas autoridades deben apostar y apoyar el fortalecimiento institucional del Consejo para la Transparencia sin cortapisas. Se deben dejar atrás las fricciones del proceso de instalación entre el fiscalizador y los fiscalizados, y hacer fe que se trata de una institución que requiere más –y no menos- recursos,  que necesita más –y no menos- respaldo político, y que requiere de un irrestricto respeto a su autonomía.


El Consejo para la Transparencia debe ser “la” autoridad y única voz institucional en materia de Transparencia. Es dicho Consejo el que debe tener mayores y mejores herramientas para hacer seguimiento al proceso de vida de las solicitudes de información pública y sus estadísticas, y no que esto esté radicado en una instancia que vela por los intereses de los propios organismos fiscalizados.


Y para ello el Consejo necesita recursos, y esos recursos no debieran ser escamoteados por las nuevas autoridades de Presupuesto.


Ya hay varios expertos que tienen  algunas ideas que permitirían perfeccionar la Ley, lo que significará necesariamente enviar uno o varios proyectos  que busquen aclarar y precisar los alcances de la legislación en algunas materias que hoy son materia de debate y ampliar facultades de ésta en otros. Hacerlo tras un balance preciso y en concordancia con el Consejo para la Transparencia parece ser la llave del éxito en esta materia para el nuevo gobierno.


Respecto de profundizar los compromisos de cumplimiento de la Administración, las nuevas autoridades tienen el desafío de llevar el sistema a una etapa ya no de instalación, sino que de plena vigencia y normalidad. Esto debe significar que son los jefes de cada servicio los responsables por el cumplimiento de la Ley, como lo hacen con otras leyes transversales, y que las coordinaciones entre servicios y ministerios, que eran explicables en la etapa de implementación, debiesen cesar con el paso de las semanas.


El nuevo gobierno, los municipios y el Consejo tienen, como añadido, el gran desafío de difundir más entre la ciudadanía esta nueva herramienta de fiscalización ciudadana. Es claro que existe escaso conocimiento de los mecanismos y posibilidades de la Ley de Transparencia, y esa debe ser una de las prioridades.


Saber cómo enfrentará el nuevo gobierno estos desafíos es de vital importancia, porque no se trata –en este caso específico- de dar continuidad a una política del gobierno de la Presidenta Bachelet (su tarea de implementar la Ley ya fue realizada y exitosamente) sino que de tomar decisiones relevantes que ayuden a solidificar la institucionalidad de Transparencia en Chile.

Cambios en campañas tras la CEP

Nov. 11 , 2009

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Es muy seguro que se escriba mucho sobre las proyecciones electorales que se pueden hacer sobre los resultados dados a conocer hoy por el Centro de Estudios Públicos (CEP), que en lo grueso pueden resumirse en cuatro titulares:



  • Sebastián Piñera sigue con la primera opción de ganar, aunque cada día se complica

  • Eduardo Frei tiene prácticamente asegurado su paso al balotaje de enero

  • Marco Enríquez ha crecido, pero se le agota el tiempo y el espacio para seguir acortando distancia

  • Y Jorge Arrate ha conseguido mantener incólume el espacio electoral de la izquierda tradicional


Por lo que sin entrar al análisis de la cifras en detalle, quiero compartir con ustedes los cambios en los discursos que gatillará –a mi juicio- el nuevo escenario que se abre desde hoy en la campaña presidencial.


Haciendo una analogía con el fútbol, es muy seguro que mientras Sebastián Piñera y Eduardo Frei enfrentarán el último mes de partido con esquemas ultradefensivos, Marco Enríquez está obligado a poner 11 atacantes en cancha. Es decir, tanto Piñera como Frei debieran moverse estas semanas hacia estrategias discursivas más conservadoras, tratando de mantener lo ya obtenido para evitar caer o seguir cayendo. Esto llevará a que den señales muy claras en orden a “fijar” su votación dura.


Piñera sabe bien que su candidatura no ha logrado ir más allá –incluso está por debajo- de la votación histórica de la derecha en presidenciales. Y esto es así pese a toda la campaña desplegada. No ha logrado ir hacia arriba, sino que más bien se ha estancado y levemente ha bajado con el correr de las semanas. Es muy posible que la reunión que tuvo con cientos de oficiales en retiro de las Fuerzas Armadas el martes, adelantando que promoverá el cierre de juicios en el ámbito de derechos humanos, ya esté dentro de esa lógica de asegurar el voto más duro de la derecha, para de allí avanzar en el proceso de fidelización hacia el centro.


Pese a que hasta hoy tenía alguna duda, el equipo de Piñera sabe que desde el 14 de diciembre el rival a ganar será Eduardo Frei. Así, lo que tenía previsto como giro discursivo para la segunda vuelta, es muy probable que se adelante unas semanas, y se retome el mensaje de "necesidad" de cambio a la era concertacionista.


Para Frei el dilema es más complejo, debe jugar a la defensiva, reteniendo el voto más duro concertacionista, pero debe hacerlo sin dañar los puentes emotivos que pueden quedar aún entre el votante MEO y la Concertación. Eso implica hacer compromisos de renovación política y gubernamental más allá de las palabras. Se trata de que haga carne la promesa de renovación generacional y jubile en esta campaña, no mañana, a los íconos tradicionales del conglomerado oficialista. Eso implicaría un cambio de discurso, no audaz por cierto, pero sí un discurso que apele al recuerdo, al relato oficialista de los últimos 20 años, con lo que podrá aumentar la tasa de traspaso de votos de MEO para una segunda vuelta. Teniendo prácticamente asegurados los votos de Arrate en segunda vuelta, el foco de Frei debe estar en el votante MEO que en la pasada elección sufragó a favor de la hoy Presidenta.


Para Marco Enríquez la situación es clara. Todo al ataque. No hay tiempo para evaluar riesgos y la audacia debe tomarse lo que viene en campaña y en mensajes discursivos. Tiene una tarea titánica por delante: reducir una brecha de siete puntos en un mes. He estado buscando, pero no conozco experiencia comparada de un repunte de esa magnitud y en tan corto tiempo en elecciones recientes. Imposible a mi juicio, pero se le verá intentándolo. Allí su potencial “cliente” está entre los aún indecisos, y por cierto en el votante más blando de Frei, que deben quedar muy pocos. Es extremadamente complejo seguir revirtiendo votos de Frei, ya que es muy seguro que quien estuvo dispuesto a cambiarse, ya lo hizo y eso ya está reflejado en esta medición. Cada voto que MEO gane de Frei le costará diez veces más que hace unas semanas, y cien veces más a días de la elección. El avance -si se da- será lento, y el tiempo será su verdugo.


MEO tiene a su favor tener un mejor rendimiento en una potencial segunda vuelta ante Piñera, y es muy posible que en los próximos días su discurso vaya por ahí. Pero ya con la elección encima, poner todos los huevos en sólo esa estrategia puede ser insuficiente. A mi juicio debe arriesgar más por el lado de convencer de que un potencial gobierno suyo será sustentable, debe decir que él lo hará mejor que Frei, pero sin descalificar a la "familia" concertacionista.


Arrate, uno de los grandes verdugos de MEO, es el candidato que no debiera variar su discurso de campaña. Su tarea era retener el voto tradicional de la izquierda y todo indica que lo va a lograr con creces. 

En campaña: si algo es efectivo, cópialo

Oct. 26 , 2009

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Un distinguido colega, profesor de comunicación política, ha publicado un extrañísimo posteo en este mismo espacio, apuntando al supuesto mal que engendra la copia en comunicación política y electoral, ya que a su juicio esto hablaría de una falta de creatividad y originalidad, que a él en lo personal le preocupa.


Lo extrañísimo es que este colega apoya su reducida teoría con dos ejemplos de la campaña del candidato presidencial de la Concertación: el cuatro y la nariz, y la página www.nuestrofrei.cl. La primera la asemeja al gesto de Rodríguez Zapatero (en su caso eran las cejas) y lo segundo a la página www.my.barackobama.com.


Sin cuestionar lo correcto o incorrecto de acusar copia o no copia, extraña que el profesor no haya reparado en otros evidentes ejemplos de copia - sin ir más lejos- de la campaña de Obama en Estados Unidos, que ha tenido en nuestros candidatos presidenciales, y especialmente en el de la derecha. ¿O los cartelitos con ideas fuerza que muestran a la cámara la gente que acompaña a Piñera en sus actividades fue obra de un genio creativo chilensis?


Pero más allá de las falencias de análisis del posteo en cuestión, los que conocen de la historia de la comunicación política y electoral, y mantienen un constante seguimiento de campañas en todo el mundo (gracias a internet), saben muy bien que justamente donde escasea la creatividad y la originalidad es en el diseño de campañas. Las tendencias generales se pueden marcar por décadas, y es normalmente en Estados Unidos, pero especialmente en Europa, donde se introducen nuevos elementos creativos que luego son copiados por los candidatos en todo el mundo hasta la saciedad. Sin lugar a dudas, la campaña que llevó adelante Obama en Estados Unidos, se usará como una matriz de buenas ideas por los próximos diez años de campañas, hasta que alguien imponga un nuevo modelo exitoso, algo que supere el bueno uso de las nuevas tecnologías, los cartelitos, el formato de los actos y hasta la construcción de los mensajes que impuso Obama.


En Chile las campañas que han creado o han sido originales casi no existen (la excepción que no desconfirma esta regla, por cierto, es la campaña del No en 1988). Todo o casi todo lo que han hecho nuestros candidatos, y que puede aparecer como un sello de su campaña, ya se hizo en otro lugar antes, por lo que acusar solamente a uno, sin mirar a los demás,  de usar copy/paste es un total descriterio político y especialmente académico.


Lo importante, más allá de las formas que preocupan al profesor, es que nuestros candidatos sean honestos con el contenido de sus propuestas programáticas y busquen de la mejor forma posible hacer llegar su mensaje a los electores. Porque a eso se reduce una campaña: a tratar de llegar a la mayor cantidad de electores con un mensaje.


Y si algo es bueno para llegar a la gente que vota, es obvio que debe ser usado, y si eso es exitoso, es –¡tremendamente!- obvio que debe insistirse en ello hasta que deje de tener efectividad. Así funcionan las campañas en el día a día, con reglas escritas y no escritas, con mayor o menor creatividad, pero siempre tratando de hacer llegar el mensaje.

¿Cerc o Ipsos? ¿Empatan o no Frei y Enríquez?

Oct. 21 , 2009

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Entre ayer martes y hoy miércoles pudimos acceder a los resultados de dos de las buenas encuestas políticas y electorales que se realizan en Chile: la del Centro de Estudio de la Realidad Contemporánea, Cerc, y la de la consultora internacional Ipsos. El análisis integrado de ambos estudios permite sacar varios datos muy relevantes sobre la marcha de la campaña presidencial 2009-2010. No obstante, tanto los medios como los comandos de los candidatos han centrado su mirada en un punto: la notable diferencia de resultados que arrojan la Cerc y la Ipsos a la hora de medir el rendimiento en primera vuelta, es decir, por quién votaría usted si las elecciones fueran este domingo, entre Frei y Enríquez-Ominami. La Cerc apunta a un empate técnico en los 20 puntos para el senador Frei y el diputado Enríquez-Ominami; Ipsos, contrariamente, da cuenta de un diferencia a favor del candidato de la Concertación de casi 10 puntos porcentuales, muy lejos de cualquier concepto de empate, ni técnico ni político.


La pregunta que surge es por qué tan disímiles resultados. 


Trataré de proponer una respuesta tras apuntar a lo que a mi juicio surge de estas encuestas.


Primero, es claro en estas dos encuestas, y en las anteriores que se han publicado, que el candidato de la derecha, Sebastián Piñera, ya tocó su techo electoral, en el orden del 38 al 40 por ciento de rendimiento para una primera vuelta. Su propio equipo sabe que todo se definirá en una segunda vuelta y apuestan en estos 50 días que restan de campaña a subir uno o dos puntos más allá de la barrera del 40%. La conclusión es que pese a toda la campaña desplegada y los millones puestos en la calle, en los hechos Piñera no ha subido su intención de voto en los últimos seis meses. Está estancado y tratando de que pase rápido el tiempo para entrar de lleno a la batalla final de cara a enero de 2010.


Segundo, la campaña de Frei parece haber vivido sus peores momentos, lo que se habría ya reflejado en las encuestas de agosto y septiembre, y que en ese escenario la pérdida de votocación a manos de Enríquez-Ominami ya sucedió y el daño -igual relevante en lo electoral- fue menos de lo que en un momento se proyectó. Pese al mal momento ninguna encuesta hasta hoy muestra a Frei perdiendo el segundo lugar y, por cierto, su paso al ballotage. Resultará interesante conocer las primeras encuestas que midan el impacto de la bacheletización en los hechos de la campaña de Frei, aunque todo indica que debería tender a asegurar su posición.


Tercero, Marco E-O ha tenido una notoria baja en la cobertura de medios en las últimas tres semanas. Al parecer su impacto asociado a la novedad ha ido diluyéndose con el paso de los días. Los medios, al parecer, lo han puesto ya al nivel de los otros dos candidatos compettitivos, y -por eso- han comenzado a exigirle mucho más para que se gane los espacios que obtuvo al comienzo. Si a eso sumamos la mayor visibilización de Arrate como la alternativa tradicional de la izquierda extraparlamentaria, todo parece concluir en un escenario que complica sus posibilidades de crecimiento. Ahora, sigue con serio problemas a la hora de la pregunta ¿quién cree usted que será el Presidente? No logra acortar la amplia brecha entre quienes votarán por él y quienes creen que llegará a la Presidencia, lo que lo sigue ubicando en el rango del voto testimonial.


Cuarto, y me atengo a las encuestas, Frei es el doble opuesto de Marco E-O en el análisis del votante potencial. Mientras Frei es fuerte en lo que las encuestas llaman lo rural (pese a que se limitan a señalar que se incluyen en el estudio ciudades de menos de 50 mil habitantes), Marco lo es en las ciudades, especialmente del norte; mientras Fei tiene su fortaleza en los adultos de más de 55 años, Marco Enríquez se muestra sólido en la votación del segmento más joven.


Y por allí va, posiblemente, la respuesta a la diferencia entre encuestas, la Ipsos recoge -a mi juicio- mejor la representación del mundo rural y de la llamada "tercera edad" que la Cerc. Recordemos que el actual padrón electoral tiene sobrerepresentado ese segmento etario de la población.


Quinto y último. Es impresionante esto de los techos y pisos electorales. Si miramos la encuesta CEP de agosto de 2005, para la campaña presidencial pasada, la hoy Presidenta Bachelet obtenía una intención de voto del 45%, Joaquín Lavín un 20% y sebastián Piñera un 17%. Hoy, a cuatro años plazo, desde la anterior Cep de agosto de 2009, pasando por todas las encuestas publicadas, Piñera es algo más que su suma con Lavín en 2005, y Frei y Marco Enríquez suman muy cerca de lo que obtenía Bachelet en agosto de ese año. A qué apunto con esto: así como la energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma, los caudales gruesos de votación en el eje derecha/no derecha son extremadamente estables y muy difíciles de modificar, especialmente con el actual padrón. La incógnita estará en cómo y cuánto traspaso de votación se hará entre el que obtenga el tercer lugar en esta disputa a los dos del ballotage, pero mi apuesta es a que los flujos tradicionales no variarán.

Aporte al debate, pero no al resultado

Oct. 09 , 2009

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No parece sensato asegurar que alguno de los candidatos presidenciales sacó ventaja por su desempeño hoy en el debate radial de Archi.


Se debe reconocer, en todo caso, que se trató de un formato que permitió el debate, evitó que los candidatos evadieran preguntas y promovió las réplicas entre ellos. Pero todas esas virtudes, que no tuvo el anterior debate televisado, no pueden dar pie a que ningún analista, sin contar a los más comprometidos, pueda asegurar que el debate de hoy modificó en algo el cuadro de la intención de voto de cara a diciembre y enero.


Lo que se escuchó hoy en las radios confirmó la impresión que ya había dejado el debate televisado. Por un lado, quizás con menos brillo en tanto perdió el factor sorpresa, Jorge Arrate sigue siendo el que mejor expresa sus ideas en este formato. Se siente cómodo como buen conversador que es, y en parte porque tiene poco que perder. Por otro, Marco Enríquez -más que en televisión- sucumbió ante su dicción que hace incomprensible lo que dice, y que hasta provocó que los propios periodistas entrevistadores se viesen complicados a la hora de contrapreguntar. Sus ideas, definitivamente, se entienden mejor cuando se leen. En medio, se pudo ver a un Frei imperturbable, ni mejor ni peor que en el debate televisivo de septiembre, permitiéndose algunas evasiones y jugando un poco con la incertidumbre de la audiencia en orden a si lanzaría una nueva polémica bomba. Y finalmente Piñera, que se debió sentir mucho más tranquilo sin cámaras de TV, lo que le permitió dar rienda suelta a sus tics nervisos y concentrarse en los contenidos de sus respuestas, la mayor parte bien en lo formal. Trastabilló al comienzo, no hay duda, pero a mi juicio cerró bien, lo que no supo hacer en el anterior debate en que mostró que el golpe de Frei lo había dejado descolocado.


Si se concede que lo que describo es relativamente objetivo, no hay ningún antecedente que indique que alguno, ni el puntero ni el colista, haya visto modificado en algo su intención de voto. Lo de hoy en radio, y lo anterior en TV, lo único que pudo lograr para los candidatos fue fijar su voto más duro y consolidado. Y es que no se vio a ninguno de los abanderados salir a buscar -arriesgando algo- el voto débil del contrario o el del votante indeciso.


El de hoy fue un debate que aporta, aunque con limitaciones. Roconozcamos que en temas como la píldora del día después, el aborto, las reformas políticas y otros, se sabe de antemano qué piensa cada uno de los candidatos. Faltaron temas nuevos, que en parte era responsabilidad de los entrevistadores, y allí se puede identificar el punto flaco de la jornada. En la suma: un buen aporte que puede permitir pensar en un próximo debate que ponga el acento en la diferenciación de fondo y no sólo en lo formal.


Ojalá también en el proximo debate los candidartios salgan a arriesgar un poco más y eviten lo que se vio hoy, que no fue otra cosa que mantener y contener en el medio campo.


Por último una reflexión ajena al debate: no es bueno asimilar la carrera presidencial a una carrera de fondo, donde es claramente identificable un puntero y sus seguidores. No se puede porque las reglas dicen que se gana con el 50% más uno de los votos en un universo definido de electores, y que si nadie alcanza ese 50% más uno, se debe resolver todo en una segunda vuelta entre los dos candidatos más votados.  Así se abre una nueva carrera la misma noche de la primera vuelta, el naipe se vuelve a barajar y todo dependerá de cómo se distribuyan los votos conseguidos por los que no lograron pasar al balotaje. Si se insiste en hacer estas comparaciones, bastaría recordar lo sucedido con el ciclista chileno Patricio Almonacid en los pasados Juegos Olímpicos.

El candidato y su pasado

Sep. 25 , 2009

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La mejor forma de enfrentar un escenario con tantos flancos abiertos es ir cerrándolos uno a uno, siendo proactivo en la inclusión de éstos en el debate. Las bombas deben desactivarse y no dejarse por ahí escondidas bajo la alfombra, porque el final del día la gente decide sobre la base de sus percepciones, y el estar siempre a la defensiva y reclamándole al árbitro termina por no hablar muy bien de un aspirante presidencial.


 


 

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Consejos para sacar el mejor provecho al debate por TV

Sep. 15 , 2009

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La semana próxima, con los candidatos presidenciales inscritos oficialmente, TVN emitirá el primer debate presidencial 2009-2010. Serán cinco los candidatos en el panel en un formato tradicional que, sumando y restando, permitirá a cada abanderado presidencial tener a lo menos 12 minutos para hablarle a una audiencia estimada de dos millones de personas. ¿Cómo sacar el mejor provecho a ese tiempo? Bueno, eso dependerá esencialmente de la estrategia que definan los candidatos y sus equipos de comunicaciones. Pero, independiente de éstas, hay una serie de reglas y consejos, especialmente de los expertos norteamericanos (el país donde más se ha estudiado el formato del debate electoral) que me gustaría compartir con ustedes, y que puede ser un buen esquema de evaluación de la performance de los abanderados ese día.

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Ampliar la cancha para aspirar a crecer

Sep. 07 , 2009

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En mi anterior posteo, "Cinco titulares para la CEP de agosto", planteaba que el estancamiento que mostraba el candidato de la derecha en el 37% de intención de voto en primera vuelta, hacía evidente que el gran problema que enfrenta Sebastián Piñera y su equipo es que no tiene hacia dónde crecer en el actual padrón electoral. Y si no crece, no gana.

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Cinco titulares para la CEP de agosto

Sep. 03 , 2009

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Así las cosas el gran problema de Piñera es por dónde crecer, porque el padrón electoral con el que votamos en Chile no ha cambiado y esta encuesta refuerza la idea de un porfiado ”techo” para los candidatos de su sector. Si esperaba imprimir sensación de triunfo asegurado tras esta encuesta, sencillamente no lo logró.

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Consejos para los estrategas comunicacionales

Aug. 31 , 2009

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En el anterior posteo cumplí mi compromiso con un amigo candidato a diputado, y reuní lo que a mi juicio son los siete consejos (de cientos que se han dado) más relevantes para una campaña. A propósito de ese posteo, un colega consultor en el ámbito de las comunicaciones políticas me animó a aglutinar los mejores consejos que se han dado, no para los candidatos, sino que para –justamente- los encargados de la estrategia comunicacional.

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7 consejos para mi amigo candidato

Aug. 28 , 2009

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Desde hace unas semanas tengo un compromiso con un viejo amigo, hoy candidato a la Cámara de Diputados. Me pidió consejos útiles para no cometer errores en su campaña. Por cierto le dije que las campañas, por esencia, se pueden describir como una cadena de errores y aciertos (las campañas son vértigo y riesgo), y que la gracia estaba en convertir ese cadena en un relato virtuoso al final del día, es decir, cuando se cuentan los votos.

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