Pablo Cavieres

la lira de orfeo

 

Los grandes éxitos de siempre, una y otra vez...

Oct. 01 , 2010

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Ayer asistí al concierto ofrecido por Musica Angelica en la principal sala de Santiago. Un evento que no debería provocar mayores comentarios en la prensa local, salvo por las curiosidades ofrecidas al público: la falta de un clave, sustituido por las cuerdas pulsada de una tiorba, en la primera parte del programa, y de una guitarra, en la última; la mala distribución de los instrumentistas en el escenario, lo que significó un disparejo empaste de las partes; un programa que bordeó lo caricaturesco, y, lo más grave según mi parecer, la casi nula participación del oboísta Gonzalo X. Ruiz. Error acrecentado aún más si tomamos en cuenta que el concierto abrió con una desbalanceada Suite en Si menor (BWV 1067) que, como ya es bien sabido, fue originalmente escrita para el oboe y no para el flauta traversa, que es lo que se pudo apreciar anoche. Comprendo que el público asistente no debe por qué manejar tanto detalle musicológico, más aún si nadie se encarga de explicarlo debidamente, menos añadirlo a las notas del programa. Pero de eso a aceptar que una y otra vez nos machaquen con los mismos cuatro conciertos vivaldianos, algunos Haendel sueltos, el Corelli más popular o las mismas tres selecciones bachianas de ayer, hoy, mañana y siempre, pues no! ¿Cómo pretenden que el público extienda sus horizontes si no hay variedad en los programas? ¿Recuerdan las visitas del Concerto Italiano y la Accademia Bizantina? Una lástima. Pero lo de anoche es más preocupante aún, porque una de las ediciones bachianas más destacadas del año pasado fue precisamente la que registró la reconstrucción de las versiones originales de las cuatro suites orquestales del Kantor. Si bien fue un trabajo discográfico de Monica Hugget y su Ensemble Sonnerie (Avie - AV 2171), quien asumió la parte del oboe fue Gonzalo X. Ruiz, con una impecable lectura de la segunda Suite, transportada a su tonalidad primitiva, en La menor. Y anoche era, y no creo que se repita, “la” ocasión de escuchar en vivo, con sólido fraseo y bello sonido, esos monumentales siete movimientos con la instrumentación original. En cambio, hubo que conformarse con una versión del concierto para oboe y violín BWV 1060a, nada mal, por cierto. Mas yo me desquité por otro lado, porque respecto de esas reconstrucciones sobre los autógrafos conservados, fue el intercambio de ideas que tuve con el músico argentino al finalizar el concierto. Con argumentos simples, pero de solidez irrebatible, Gonzalo se explayó sobre los postulados de Joshua Rifkin, eterno defensor del Bach "original", las tesituras de los vientos y como el oboe se acomoda a la perfección entre las cuerdas. Muy amable, me termina obsequiando su último trabajo discográfico, una delicia: Soliloquies. Cuatro transcripciones para oboe de algunas suites bachianas, sumamente bien logradas y ennoblecidas por el singular timbre de la madera barroca. Claro, otra sonoridad, pero nuevamente se me repiten las mismas obras. Aunque debo confesarles algo. Al reiterar la escucha del preludio de la BWV 1008, de la sarabanda de la BWV 1013, del minueto de la BWV 1007 o del gran movimiento inicial de la BWV 1011, no hay descontento que perdure…

 

 


Johann Sebastian Bach (1685-1750)
Soliloquies

Gonzalo X. Ruiz, oboe barroco

La Riche Enterprises, 2010 [64’13’’]

 

 

 

Carl Friedrich Abel o el último violista da gamba

Sep. 11 , 2010

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En los albores de la música clásica, al mismo tiempo en que se establecen las nuevas formas y sonoridades, expelen los últimos suspiros algunos de los que antaño eran reconocidos como los grandes y fundamentales instrumentos. Cultos, sabios, al igual que los autores de sus respectivos repertorios. No solo la familia de las cuerdas pinzadas sufre los embates de las nuevas modas, del nuevo estilo. También es el declive de algunos instrumentos de cuerdas frotadas, como la viola da gamba. Al parecer, las especulaciones del violín y las pretensiones del violonchelo logran su objetivo, por más que Hubert Le Blanc publicara en 1740 una desesperada defensa, abogando por el bajo de viola.

Y poco pesó el recuerdo de las deliciosas improvisaciones que resonaron entre las piernas de un ángel o de un demonio, como lo fueron los violagambistas Marin Marais y Antoine Forqueray, respectivamente. O de otros grandes virtuosos, como el toledano Diego Ortiz, que en su tratado de glosas de 1553 sentaba las bases teóricas y prácticas para todo tañedor de viola que se preciara como tal. Y poco también importó que no mucho después, el particular y ácido humor de Tobias Hume las interpretara a su manera. O que el esquivo Sainte-Colombe deslumbrara con su personalísima obra, impregnada de esa melancólica y enfermiza soledad. La memoria no fue el mejor aliado. Pronto, todo se relacionó con hechos de un remoto pasado.

Los nuevos tiempos hablan a través de la juvenil y fresca literatura musical. Melodías asequibles a todo oído. Placenteras para el espectador diletante y también para el más riguroso. Fue el momento en que las privadas y reales cámaras abrieron sus espacios y compartieron los sones que por siglos murieron paulatinamente en las cada vez menos perceptibles reverberaciones cobijadas entre esas cuatro ornamentadas paredes. Fue el momento en que el público pagó por escuchar sus piezas favoritas y, muchas veces, para ver al mismísimo compositor despelucarse frente a su propio manuscrito. Se daba inicio a los conciertos de abono.

Y fue un famoso violista da gamba quien, junto a su entrañable amigo, produce el primero de éstos exitosos eventos, en febrero de 1764. Carl Friedrich Abel y Johann Christian Bach. Como una proyección de lo que cuarenta años antes hicieran sus padres, cuando prestaban servicios al príncipe Leopold von Ahalt-Köthen. Johann Sebastian como Kapellmeister y Christian Ferdinand como instrumentista de orquesta. Pero ahora es en Londres, y más allá de las fronteras británicas, donde se comentarán las novedosas veladas instrumentales. Por los notables hechos musicales presenciados y también por otros sucesos extra musicales, menos decorosos, por cierto. Las crónicas señalan que Abel tañía el bajo de viola mejor cuando, ya en solitario, se presentaba ante el público en un evidente estado de ebriedad, síntoma de la decadencia absoluta de un genio que se perdió entre los aterciopelados aromas del mejor vino antes que entre las nuevas armonías clásicas. Pero supo disimularlo bien, muy bien. Incluso frente a la realeza. Pero no por tanto tiempo, pues Abel enfermó y gravemente. Su carácter se vio profundamente dañado, y qué decir de su cuerpo, claramente resentido por la descomunal ingesta diaria de alcohol. En deplorables condiciones, Carl Friedrich Abel muere a los sesenta y tres años de edad. Y con él se extingue, definitivamente, el arte de la viola da gamba.

 

 

Alegrías y sinsabores en la vida de un Kapellmeister

Aug. 16 , 2010

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Hacia finales del año 1717, Johann Sebastian Bach se trasladaba con su familia desde la ciudad Weimar a la pequeña corte de Köthen. El organista acababa ser nombrado Maestro de Capilla del príncipe Leopold von Ahalt-Köthen (1694-1728), un cargo que le atribuyó un sinnúmero satisfacciones musicales, personales y económicas. Con treinta y dos años, Bach alcanzó la cúspide de la jerarquía musical de su época.

Bach en Köthen

Educado exquisitamente tanto en la política y como en el humanismo, el príncipe Leopold gozaba además de un excelente talento y gusto musical. Era un hábil cantante con voz de bajo y un versado tañedor de violín, clave y la viola da gamba. Y nada extraño resultó que antes de asumir el poder, en 1716, y al regreso de sus viajes de instrucción académica, se preocupara de dar vida a una rica capilla musical, que en 1717 ya contaba con dieciséis excelentes instrumentistas. El primer Kapellmeister fue Augustin Reinhard Stricker (h.1675-h.1720), sucedido a los tres años por el ex organista de la corte de Weimar, Johann Sebastian Bach.

Éste es un período en el que las obligaciones del Kapellmeister apenas atendían la composición de música vocal, (una cantata para el cumpleaños del príncipe y otra para año nuevo) y menos frutos cosechaban en el terreno sacro, ya que Köthen era oficialmente calvinista, credo que rara vez acompaña musicalmente la liturgia. Un hecho que Bach contrarrestó avocándose casi exclusivamente a la escritura instrumental de extrema calidad.

Aunque la producción musical sobreviviente es mínima en comparación a la intensa actividad de la capilla musical, al menos nos queda el legado de una decena de composiciones fundamentales para la historia de la música, rescatadas en oportunas copias manuscritas: la primer parte del clave bien temperado, las sonatas y partitas para violín solo, algunas de las suites orquestales, los célebres seis solos para el cello, el primer esbozo de las suites francesas y los conciertos para diversos instrumentos dedicados a Cristián Luis, margrave de Brandemburgo, delineados con anterioridad, pero firmados en el autógrafo de 1721.

Mas no todo fue alegría en la vida del genio musical. A mediados de julio de 1720 y al retornar de un viaje junto al príncipe, Bach se entera de la muerte de su esposa, Maria Barbara, ocurrida pocos días antes. Y a la desolación familiar, se añade un inesperado desencuentro artístico-profesional: el melómano príncipe pierde repentinamente todo interés por las artes y desatiende su capilla musical. Al parecer, Leopold fue influido fuertemente por su reciente esposa, la princesa Federica Henrietta von Anhalt-Bernburg (1702-1723), tildada de “amusa” por el propio Bach.

Pero había cuatro hijos que resguardar y una necesidad musical que satisfacer. El nuevo matrimonio con Anna Magdalena (1721) aplacó la tristeza y brindó el apoyo necesario en la vida del compositor. Y la vacante en el puesto de Kantor para la iglesia de Santo Tomás en Leipzig, fue la solución que Bach vio en el ámbito profesional. Cargo que, tras un enredado y dilatado concurso, finalmente obtiene. Pero los detalles de este evento corresponden ya a otra parte de la historia…

Incontinencia fonográfica

Aug. 07 , 2010

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Cuando paso revista a los viejos e innumerables boletines comerciales que acumulo en alguna abultada y perdida carpeta digital, pienso en la gran cantidad de cds que dejé de comprar en su momento y de los que ahora debo esperar una posible reedición en formato de precio medio-bajo o bajo. No suena tan mal, si sabes esperar, claro. Tengo amigos que sufren de incontinencia fonográfica y llegan a pagar sumas absurdas por la edición original del disco rastreado. Y de segunda mano, muchas veces. En Santiago se puede acceder a ello. Me refiero a discos de segunda mano y a precios absurdos, con el agravante de que te los venden como su fuesen nuevos. Es fácil dar con esa disquería, si hasta le hacen mención en algunas revistas. Antes existía una sucursal en providencia, en un patio famoso. Ahora, sólo cuentan con un local, en el centro de nuestra ciudad, en un barrio turístico. Yo, lo reconozco, compré alguna vez ahí, luego del descuento que tuve que exigir, claro. En esa oportunidad no fui capaz de esperar la (obvia) reedición que luego pude ver en internet y a una, no exagero, quinta parte de lo que pagué en esta disquería. Es que también, lo reconozco, sufro de incontinencia fonográfica. Pero a veces, sólo a veces. Con el tiempo, he ido aprendiendo a tener calma con la compra de discos, al igual que con la adquisición de libros. A modo de ejemplo, esta semana recibí varias de estas tan apreciadas reediciones. Supe esperar y me vi gratamente premiado, porque escucho con particular atención y la más grande de las sorpresas una antigua grabación rescatada por Explore Records, un pequeño sello inglés dedicado al repertorio menos frecuentado del jazz y la música “clásica”. En este caso, son las seis sonatas para cello del multifacético veneciano Benedetto Marcello, que se registraron originalmente para L'Oiseau Lyre, en LP y a fines de la década del setenta, y que ahora relucen con nueva portada en una edición que tiene pocos años. Anthony Pleeth, frente a un instrumento según un modelo Stradivarius de 1732, es acompañado por el gran Christopher Hogwood (clave) y Richard Webb (chelo). ¿Cuándo dejamos de escuchar las imprescindibles lecturas de aquellos pioneros del historicismo? En la simpleza de un formato que no supera los ocho minutos, y con los cuatro característicos movimientos lento-rápido-lento-rápido de la sonata del maduro barroco, Marcello pintó a través de un lenguaje que nos es sumamente familiar, con recursos típicos y esperados incluso, seis cuadros sonoros sin mayores pretensiones, pero de trazos firmes, seguros. Y es en este marco, el de un estilo claro y preciso, que la recreación de las tonalidades pictóricas y musicales de esas miniaturas no pide más de lo que una mano sabia debe otorga a tan límpidas y perfectas melodías. Una música que no requiere más que una elegante elaboración del basso continuo. La música en su esencia, sólo eso. Pero creo que estamos demasiado enceguecidos con la parafernalia actual como para saber reconocer y poder apreciar la belleza contenida en la sencillez misma. Mucho renombre forzado, mucho Jean Christophe Spinosi, exceso de Christina Pluhar y demasiado Jordi Savall. Se encargaron sistemáticamente de redecorar con alardes y desmesuras de todo tipo un repertorio que no lo necesitaba. De mal educar a un público propenso a la pirotécnica superflua. De ahondar con insistencia en lo radicalmente opuesto a una interpretación filológica. Yo, desde hace un buen tiempo, me alejé de esas delirantes lecturas y me refugio, ahora, en la calidez que me ofrece un simple y elocuente chelo barroco bien tañido. Con cuerdas de tripa, siempre. Siempre.

 

 

 

El laúd de Weiss

Jul. 31 , 2010

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El catálogo de obras de Sylvius Leopold Weiss ha sido llevado al disco por muchas manos, algunas más diestras que otras. Hopkinson Smith, Konrad Junghaenel, José Miguel Moreno, Jakob Lindberg, Paul Beier, Eduardo Egüez, entre otros. Mas de toda la discografía disponible, imprescindible me resulta la serie en curso que registra Robert Barto para el sello Naxos y que este año acaba de lanzar el décimo volumen. Discos de bajo costo, destacan por una correcta toma de sonido, ilustrativas notas musicológicas y por la elección de un intérprete categórico y maduro, que ha realizado un recorrido por todos los períodos creativos del autor, se ha atrevido con las sonatas más complejas y que sorprende con cada nueva entrega. Registros todos absolutamente referenciales, en especial éste último, que da cuenta de las sonatas Nº 28 en fa mayor, Nº 40 en do mayor y del inmenso Tombeau sur la mort de M. Comte de Logy. Una delicia!

 

 


Sylvius Leopold Weiss (1687-1750)
Lute Sonatas, Volume 10

Robert Barto, laúd barroco

Naxos, 2010 [74’18’’]

 

 

Tres discos y un maestro

Jul. 23 , 2010

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Hace ya un par de semanas que Federico Maria Sardelli, el gran estudioso y responsable máximo de darle continuidad al catálogo de obras de Antonio Vivaldi, está en Santiago. Lo comenté, no sé qué tanta atención prestaron a ese aviso. Seguro se enteraron luego gracias a la “crítica especializada” de ópera. ¿Pero qué hace por estas australes tierras tan distinguida personalidad? Pues el Teatro Municipal de Santiago se atrevió y estrenó hace pocos días su primera producción correspondiente al repertorio barroco: Alcina, de G. F. Handel (HWV 34, 1735). Y no se fue con chicas para semejante acontecimiento. Contrató los servicios de un grande, de un verdadero entendido en la materia. Y junto con él, las voces de Birgitte Christensen, Heidi Stober, Maite Beaumont y Christian Senn, entre otros. Todos, con agendas copadísimas en los principales escenarios europeos, dan forma a una paleta artística de primerísimo nivel. Y como si fuera poco, Sardelli no viajó solo. Trajo a parte de su equipo, nada menos que para elaborar el continuo de toda la obra. Es decir, un cembalista, una chelista (Bettina Hoffmann!!!) y un tiorbista. Primera vez en la historia del foso de la temporada de ópera de la principal casa operática de Santiago que se aprecian las sonoridades de un continuo con instrumentos de época. Cuerdas de tripa y arco barroco. Una delicia. Es que de otra manera no puede ser.

Al contrario de lo que muchos piensan y me han expresado con harta insistencia, soy determinante y aclaro desde ya que no pienso comentar pero es que ninguna de las ocho funciones programadas de Alcina, ni criticaré al cantante equis, ni a la puesta en escena de turno. ¡No, señor! ¿Para qué? Si ya existe una muy entendida prensa que cubre esos temas. Yo asumo otra postura. Sencillamente, los invito a verla. A hacerse su propio juicio. A disfrutar de un evento que no creo se repita en mucho, pero mucho tiempo. Y en el mismo contexto, prefiero aportar y señalar, para quienes quieran ahondar en este maravilloso repertorio, tres de los más de cuarenta trabajos discográficos del director de orquesta italiano. Recomendaciones relacionadas precisamente con la ópera, barroca, se entiende. Atenaide (Naïve, 2007), New Discoveries (Naïve, 2008) y Arie italiane per basso (Deutsche Grammophon, 2009).

Del primero, con sólo ver la plantilla de cantantes, se le hace agua a uno la boca. Es de los títulos de ópera más complejos y bellos de Vivaldi, con un argumento para pesos pesados y con una treintena de arias que rayan en lo sublime. Una recopilación de las mejores escrituras del prete rosso. Disponible en la red, existe una interesante página y un breve documento audiovisual que les dejo acá, para que se hagan una idea. Del segundo registro, que también reúne música del autor veneciano, algo comenté el año pasado. Dejo el enlace aquí y otro de una muestra, correspondiente al corte que abre el disco. Y de la tercera producción discográfica antes citada, un impecable recital sobre música de Handel, comparto otro video promocional y les sugiero su inmediata adquisición. Menos palabras y más música. ¡A disfrutar!

 

 

Mi discoteca personal: Pablo J. Vayón

Jul. 03 , 2010

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Ya son once los años que han pasado desde que el respetado crítico musical español Pablo J. Vayón escribiera sus primeras reseñas para el Diario de Sevilla y la revista Scherzo. “Luego llegaron Diverdi y otras muchas colaboraciones con sellos discográficos, festivales, orquestas, teatros, fundaciones y publicaciones variadas de toda España y parte del extranjero”, añade quién en un comienzo ofició de mozo de almacén para una editorial de libros de texto, de bibliotecario y como corrector de libros para editoriales e instituciones varias. Con un tomo publicado sobre la Música Clásica en Andalucía, decenas de artículos y miles de reseñas, el Licenciado en Historia Moderna y Contemporánea recorre su voluminosa fonoteca y nos habla de su trabajo.

¿Cómo ordenas tus discos?
Por épocas, por la fecha de nacimiento del compositor principal, y, en el caso de los discos en que sea difícil identificar uno, por la fecha que mejor singularice el CD. Tengo en el disco duro de mi PC una pésimamente elaborada base de datos, que trata de recoger cada pieza individual de cada disco y que me permite tener controlado el lugar aproximado que ocupa cada uno de ellos en las estanterías. Pero en esta base informatizada no está incluida ni siquiera la mitad de los discos que ahora mismo poseo, lo que unido al escaso espacio que me va quedando en casa, hacen que la nota esencial de mi fonoteca sea la del desorden, causa de frecuentes dolores de cabeza, cada vez que razones profesionales o peticiones de amigos me obligan a buscar justo ese disco que nadie sabe ya dónde ha podido ir a parar. En resumen, un desastre.

¿Dónde compras música y en qué cantidad sueles adquirirlos?

Desde hace once años, apenas compro discos, me los mandan para comentarlos, y como por el trabajo pagan bien poco (o nada), el CD va incluido en el precio de mis servicios. Antes, compraba fundamentalmente en El Corte Inglés. Ahora, si compro algo es en alguna tienda virtual (zweitausendeins.de o jpc.de principalmente, no sé qué tienen los alemanes, la verdad), aunque también he hecho algún encargo en el FNAC. No controlo la cantidad de discos que ingreso anualmente (o sí, pero no los cuento), aunque hace tiempo que la media debe de estar en torno a uno al día, y, cuando hace unos años las grandes multinacionales de clásica funcionaban en España más o menos todas, pudo rozar el doble.

¿Cuál es la obra de la que tienes más versiones?
Uf... Imposible de saber ahora mismo, aunque imagino que la cosa estará entre Las cuatro estaciones de Vivaldi, las Suites para violonchelo solo, las Partitas para clave y las Variaciones Goldberg de Bach, las Vespro de 1610 de Monteverdi y el Winterreise de Schubert.

¿Atesoras algún fetiche, una joyita inhallable en el mercado?
Soy bastante fetichista del disco como objeto en general (lo cual es un problema, por la limitación física de espacio): me gusta el objeto en sí, el envoltorio, las notas, las ilustraciones..., todo, pero no tengo la mentalidad del coleccionista que busca cosas raras por el placer de poseerlas. Sin embargo, guardo muchos recuerdos de en qué condiciones y cómo accedí a muchos de los discos de mis primeros años de afición, tengo con ellos una relación sentimental que en cierta medida me ata a mi pasado; supongo que bastantes de ellos serán hoy inencontrables, pero no es algo que me preocupe.

¿A qué hora escuchas música? ¿Usas algún tipo de reproductor portátil?
No tengo hora para escuchar música. Por razones de trabajo, estoy escuchando música, en una u otra situación, la mayor parte del tiempo que paso en mi estudio, que son muchas horas diarias, y lo hago en un equipo convencional (amplificador, lector de CD y monitores), aunque ocasionalmente (y por razones profesionales), alguna cosa no tengo más remedio que oírla en el PC. En la calle escucho a veces música pop con unos auriculares conectados a mi teléfono móvil.

Ya que tocas el tema, ¿eres reticente al uso del mp3 o te adaptas a los nuevos formatos?
Uso el mp3 por comodidad en el coche, porque en un solo disco puedo meter mucha música, y también cuando necesito oír algo por la red, pero en general me parece un formato poco satisfactorio, que no da la calidad que busco como oyente, aunque en ello tal vez influya que los medios que tengo para reproducirlo (el propio PC) no sean los más adecuados. Hay demasiada diferencia con la calidad que ofrece mi equipo convencional.

¿Le queda poca vida al disco compacto?
Como objeto comercial está obviamente en extinción, y sin embargo se graban hoy más discos que nunca (me refiero siempre al ámbito de la música clásica; en otros campos, no tengo información suficiente). Es ciertamente sorprendente la actividad de centenares de pequeños sellos repartidos por todo el mundo, que han asumido el papel que antiguamente controlaban las cinco grandes multinacionales. Aunque esto tiene por supuesto una explicación: los costes de producción son relativamente pequeños y los asumen en su mayor parte los propios músicos (y sus patrocinadores, a veces institucionales) que han dejado de ver el disco como forma de hacer negocio y lo usan como medio de promoción imprescindible para tener una carrera profesional mínimamente decente. Los músicos ganan dinero con sus conciertos, pero sin discos no son conocidos y no dan conciertos. Es un círculo cerrado en el que todos terminan entrando, y de hecho cada vez son más los intérpretes con sello personal para gestionar directamente su producción fonográfica. No tengo ni idea de cuánto se puede prolongar este estado de cosas, pero lo cierto es que hoy se hacen más discos (con tiradas reducidas, cierto) y, en determinados campos (antigua, contemporánea), posiblemente mejores que nunca.

¿Qué recomendarías escuchar a primera hora del día y antes de dormir?
Cada día una cosa distinta. Por ejemplo, mañana no estaría mal empezar con los vihuelistas españoles del siglo XVI y terminar con el Quinteto en do mayor de Schubert o, si se espera compañía, con los Nocturnos de Chopin, típico pero infalible.

¿Cuáles son los últimos discos que has recibido para comentar?

Reediciones de Savall, un disco organístico de Léon Berben en Aeolus, la Misa en si menor de Bach de John Butt en Linn, un disco con música de Elisabeth Jacquet de la Guerre en Mirare, conciertos napolitanos de Auser Musici en Hyperion, lo último de Jaroussky en Virgin (Stabat Mater), Conciertos para fagot de Vivaldi que Sergio Azzolini ha grabado para la Vivaldi Edition de Naïve, la Armida al campo d’Egitto que Alessandrini ha registrado para la misma colección, el segundo volumen de El clave bien temperado de Bach de Richard Egarr para Harmonia Mundi y los volúmenes 5 y 6 de Tomás Luis de Victoria que Michael Noone y su Ensemble Plus Ultra graban para Archiv. Salvo los Victoria, el resto son envíos de la revista Scherzo.

¿Un sello discográfico?

Harmonia Mundi.

Un director, una orquesta, un instrumentista y un cantante…
René Jacobs, Orquesta Barroca de Sevilla, Enrico Onofri, Magdalena Kozená. Mañana seguro que diría otros.

Y para una isla desierta, ¿cuántos discos te llevas y cuáles?
Si está desierta de verdad, creo que me cabrían todos, aunque dudo que tuviera electricidad para escucharlos, así que mejor los dejo en casa y pongo latas de atún y galletas de chocolate en la mochila. Y después del chiste malo malísimo, escogeré diez:

- Bella domna. Sinfonye. Stevie Wishart (Hyperion)
- La tarantella. L’Arpeggiata. Christina Pluhar (Alpha)
- Festa: Magnificat, Motetes, Madrigales. Huelgas Ensemble. Paul Van Nevel (Sony)
- Mozart: Las bodas de Fígaro. Carlo Maria Giulini (EMI)
- Bach: Pasión según San Mateo. Philippe Herreweghe (1999) (Harmonia Mundi)
- Schubert: Winterreise. Hans Hotter, Michael Raucheisen (Deutsche Grammophon)
- Beethoven: Cuartetos. Cuarteto Italiano (Philips)
- Monteverdi: Selva morale e spirituale. Françoise Lasserre (Zig Zag Territoires)
- Vivaldi: Concerti da camera. Il Giardino Armonico (Teldec)
- Debussy: Pelléas et Mélisande. Claudio Abbado (Deutsche Grammophon)

Eso si tuviera que salir precipitadamente esta noche. Mañana al amanecer y con la mente despejada, me llevaría otros.

 

 

Seis solos para el cello

Jun. 26 , 2010

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Desde los inicios del registro fonográfico del repertorio barroco a través de interpretaciones con criterios historicistas, la primera y más ambiciosa empresa fue abordar la monumental obra de Bach. Con un catálogo atiborrado de máximas, las conocidas seis suites para cello fueron uno de los primeros objetivos. Imponentes solos que, sin acompañamiento, llevan al límite las posibilidades idiomáticas del cello, estas suites destacan por una intrincada escritura que se pasea por el contrapunto más fino y las sutilezas más elaboradas. Con instrumentos de época, un cello barroco y un violoncello piccolo, Pieter Wispelwey (Haarlem, 1962) logra una lectura impecable, cálida y de bello fraseo. Un registro absolutamente referencial.

 

 


Johann Sebastian Bach (1685-1750)
6 suites per violoncello solo senza basso

Pieter Wispelwey, cello

Channel Classics, 1998 (2 CD)

 

 

Discos y novedades

Jun. 19 , 2010

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¿Qué estamos escuchando? Yo, de entre las últimas cosas que recibí la semana pasada, estoy fascinado con un disco que agrupa las 4 baladas y los nocturnos del Op. 9 de Chopin. Es una producción del año pasado del sello Alpha y obviamente con piano de época. De otra manera no puede ser. Es el bondadoso toque de Schoonderwoerd que nuevamente seduce con la elegancia de un Pleyel de 1836. Acá no hay espacios para estridencias impertinentes ni grandilocuentes ademanes impostados. Es la música en su esencia. ¡Qué lindo! También recibo algunos ciclos de lieder de Schubert. Un bello texto elocuentemente musicalizado es siempre bien acogido. La canción romántica me gusta cada día más. Gracias a la ayuda de un “sitio amigo” y mientras espero el despacho del disco, escucho con agradable sorpresa los Concerti per fagotto I de Vivaldi. Otro acierto de la Vivaldi Edition. Es que casi no tiene baches. Casi. Y ahora fue el turno de Sergio Azzolini, por si alguien aún duda del gran músico que es. Federico Maria Sardelli llega a Chile este fin de semana y trabajará por más de un mes en un estreno absoluto para la audiencia local. Yo aprovecho de repasar su extensa discografía mientras espero recibir pronto la reedición de Opera Overtures, una recopilación de Sinfonie dai Drammi per Musica del prete rosso. (Corrijo sobre la marcha, porque lo acabo de recibir!!)

Pareciese que se celebra a Bach todos los meses. ¿Cuántas “Goldberg” salen al mercado por trimestre? Yo aún no compro la de Staier, pero ya está en mi “wish list”. A las recientes e imprescindibles reediciones de Herreweghe en Hamonia Mundi, se suma la Misa en Si menor por John Butt y su lectura con coro de solistas, también el undécimo disco de cantatas por Sigiswald Kuijken (BWV 12, 67 y 85) y el último volumen de la integral en curso de Suzuki por el sello Bis (BWV 17, 19, 45, 102). Es el número 46 y seguro será espléndido. Lo dice la plantilla de cantantes. En MDT está a un poco más de siete mil pesos. Y el mismo sello sueco también anuncia el octavo disco de las sonatas de Beethoven, en pianoforte. Ahora es el turno de los Op.101, 109, 110 y 111. Es el cierre del premiado ciclo interpretado por Ronald Brautigam.

Reviso los boletines de los sellos. Entre reediciones, novedades y futuros lanzamientos tenemos a Mozart con Phantasia (Ramée). Scarlatti y Soler en un recital de B. Cuiller y una selección de Pièces de clavecin de Jacques Duphly, ambos editados por Alpha. Ricercar y un doble cd con conciertos para clave de Wilhelm Friedemann Bach. El solista es Guy Penson. Alessandrini y dos discos en Naïve: Chaconne y Mottetti de A Melani. Berenice, regina d'Egitto de Handel (Virgin) y la batuta del infatigable Alan Curtis. De Glossa destaco Italian Cantatas vol. 7, que incluye Apollo & Dafne, Agrippina condotta a morire y Cuopre tal volta il cielo. También Il più bel nome (Antonio Caldara / El concierto Español) y Odi Euterpe con la mezzo Rosa Domínguez. ¿Ya compraron el último disco de Robert Barto y las sonatas de Weiss? ¡Obligatorio! La Pasión según San Marcos de Reinhard Keiser (Christophorus). Sonatas para cello y continuo de Antonio Caldara con Gaetano Nasillo (Arcana). Barcarolles, las 13 bellas miniaturas para piano de Gabriel Fauré por Delphine Bardin (Alpha). Y la serie de precio medio o bajo (depende de dónde compren), “las voces barrocas”, añade diez títulos más, de entre los cuales señalo con insistencia el de Frescobaldi y su Primo Libro dei Madrigali. Nuevamente es el Concerto Italiano de Rinaldo Alessandrini. ¡Qué buen período fue aquél! Y qué mejor retrato que el registro fonográfico de esas interpretaciones.

Brilliant Classics es inagotable. Entre reediciones y novedades te deja con la boca abierta. Composiciones tempranas de Chopin, integral de conciertos para clave de Wilhelm Friedemann Bach, música de cámara de Giovanni Benedetto Platti, sonatas de Giovanni Battista Vitali, música para piano de John Cage, Purcell y McCreesh, Francesco Mancini y doce sonatas para flauta, un recital titulado Passionate Baroque Arias con Gemma Bertagnolli y la llamativa serie de ópera, en una constante extensión de catálogo y a un precio ridículo de barato. La mayoría son reediciones de antiguos registros, pero por ese módico precio no deja de ser tentador. Y atención, que más de algún título está dentro de la categoría de las llamadas grabaciones referenciales. Desde Purcell a Schönberg, así de amplia es la colección, con una marcada preferencia, eso sí, por las creaciones decimonónicas. Mucho Maria Callas, Fiorenza Cossotto, Dietrich Fischer-Dieskau, Giuseppe di Stefano, Boris Christoff, Tito Gobbi, Kirsten Flagstad y Deborah Voigt. Y bueno, se entiende. Son el tipo de voces que se ajustan correctamente al repertorio. Está bien, lo reconozco. Tengo mi lado “romanticón”, pero es muy, muy selecto. ¡Y que no salga de acá!

 

 

Membra Jesu Nostri o siete cantatas apasionadas

Jun. 12 , 2010

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De acuerdo al Buxtehude Werke Verzeichnis y correspondiente a la entrada número setenta y cinco de dicho catálogo, Membra Jesu Nostri es un ciclo sacro de siete breves cantatas concebido en torno a un igual número de meditaciones sobre diversas partes del cuerpo de Cristo crucificado: los pies, las rodillas, las manos, el costado, el pecho, el corazón y el rostro. Escrito en 1680 y dedicado a Gustav Düben (1628-1690), director de la orquesta de la corte sueca y organista de la iglesia alemana en Estocolmo, Membra Jesu Nostri es la musicalización de un texto latino medieval tomado de la Rhytmica oratio o “Salve mundi, salutare”, atribuido a veces al monje cisterciense francés Bernard de Clairvaux (1090-1153), otras veces al poeta Arnulf von Löwen (c. 1200-1250), que pertenecía a la misma orden religiosa.

Única composición con estas características en el catálogo de obras de Buxtehude, y cuya música pudo haber servido para el oficio de Vísperas de Semana Santa tanto en Estocolmo como en Lübeck, Membra Jesu Nostri alberga una estructura constante a lo largo del ciclo y una instrumentación idéntica en seis de las siete cantatas, a saber: una sonata para dos violines, cello y continuo; un concertato vocal escrito para tres o cinco partes acompañadas por la misma instrumentación; tres arias intercaladas por breves ritornelos instrumentales delineados por los violines, y finalmente, otro concierto, similar al expuesto inicialmente.

Abre el ciclo Ad pedes en la tonalidad de Do menor. Sigue Ad genua, única cantata con tonalidad mayor, de Mi bemol, pero rápidamente el compositor busca relaciones armónicas que nos sitúen en una atmosfera más sombría. Luego Ad manus, en Sol menor, que exhibe disonancias que evocan las heridas producidas por los clavos en las manos de Cristo. Se suceden Ad latus, Re menor, y Ad pectus, La menor. En la sexta parte del ciclo, Ad cor, escrita en la tonalidad de Mi menor, es cuando los violines y el cello son sustituidos por un consort de cinco violas da gamba, instrumentación más idónea en relación a la emotividad y dolor del texto entonado en el concierto vocal, en este caso por dos sopranos y un bajo. Cierra la serie, Ad faciem, que nos remite a la tonalidad propuesta al inicio, Do menor, y con un obligado añadido, un elaborado y conclusivo Amén.

El registro

Membra Jesu Nostri
(BuxWV 75) ha sido materia obligada para todos los grandes directores especializados en la interpretación del repertorio barroco con criterios historicistas. Pero es la lectura de Jos van Veldhoven (Den Bosch, 1952) la que destaca por sobre el resto. Prolijo en el tratamiento vocal e instrumental, Veldhoven se ajusta a la práctica interpretativa del siglo XVII y, prescindiendo de ripieno, con tan solo un coro de cinco solistas, quienes cubren los concertados y las arias individuales, logra una expresividad sobresaliente. Las cuerdas, frotadas y pulsadas, y el órgano otorgan un soporte espléndido en todo momento. Grabación referencial.

 

 


Dietrich Buxtehude (c.1637-1707)
Membra Jesu Nostri

The Netherlands Bach Society
Jos van Veldhoven

Channel Classics, 2006

 

 

Mi cartero y las compras online

Jun. 05 , 2010

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Recuerdo que hace casi dos años el dólar experimentó una fuerte baja y llegó a cotizarse a cuatrocientos cincuenta pesos, más o menos. ¡Qué locura! El timbre sonaba cada tres días y también día por medio. Era el cartero que pasaba a dejarme una “cajita”, como decía él. Don Mario, un profesional de conducta intachable, se paseaba con mis encarguitos por todo su cuadrante y no pocas veces me esperó en la entrada del edificio hasta que yo llegara a casa, “pa’ entregárselos en sus manos”, me confesaba, con una mirada llena de orgullo. Creo que fue el año en que más música adquirí. La famosa casa de discos del centro, la que hoy seguramente vende más libros, accesorios y películas que música, nunca estaba al día (ahora tampoco y nunca lo estará), así que me decidí por comprar casi exclusivamente a través de internet y comencé con Amazon.

Luego de una demora bastante preocupante en mi primer pedido, el asunto se normalizó y desde la segunda compra, los discos llegaron a la puerta de mi casa con una regularidad alarmante. Don Mario sudaba la gota gorda, porque yo vivo exactamente donde termina su recorrido. Pero muchas veces, debo aclararlo, el sufrimiento fue autoimpuesto, porque Don Mario, por iniciativa propia y pensando que lo hacía para mejor, me juntaba varias “cajitas” y me las entregaba de sopetón, sin previo aviso. Eso enloquece a cualquiera. Tanto al que lleva como al que recibe el encargo.

Desde el año pasado y luego de las insistentes sugerencias de varios amigos que viven en el extranjero y que compran discos como si se fuera a acabar el mundo mañana mismo, probé con la tienda inglesa especialista en música docta MDT. ¡Peor aún! Más variedad, precios más bajos y un coste de envío que raya en lo ridículo: una y media libra esterlina por el primer CD y le añades otra libra por cada disco extra. O sea, la nada misma. Pero la principal gracia de MDT es que exhibe constantes ofertas y no en cualquier sello. Y lo mejor es que te mantienen informado diligentemente de la fecha de inicio y término de cada nueva promoción. Y sobre lo anterior, como si ya no fuera suficiente, las casas editoras BIS, Hyperion, Brilliant, Chandos, Berlin Classics y Harmonia Mundi corresponden a la sección de descuentos permanentes. ¡El paraíso para los compradores compulsivos!

Recuerdo que inmediatamente pensé en la gran cantidad de CDs que dejé adquirir al pagar un más elevado coste de envío a los señores de Amazon. Pero intenté normalizar la situación a la brevedad. Fue el momento que estaba esperando para completar los madrigales de Monteverdi por La Venexiana en un solo pedido. Pagué por ellos como si fuesen discos de precio medio. Glossa estaba en oferta por esos días. Luego me dediqué a los oratorios de Handel. A las cantatas bachianas. A la música para laúd. Al repertorio para el cello barroco. A los autores alemanes y franceses. A la música isabelina y la del siglo de oro español. También al repertorio romántico de cámara. No vayan a pensar Uds. que yo sólo estucho música “antigua”. Y también compré varias de esas maravillosas cajas compilatorias. Por el box set de la música sacra de Vivaldi del sello Hyperion (Robert King, 11 CDs) pagué no más de veinticinco mil pesos. Y por la del sello Et’cetera sobre los grandes maestros flamencos, un recorrido histórico-musical condensado en diez discos, no más de quince mil pesos. Si esos productos llegasen a Chile, seguro te cobraban hasta tres veces o más, sin vergüenza alguna.

Es lo genial de comprar por internet. Te evitas un sinfín de situaciones, generalmente desagradables. Evitas, primeramente, pagarle la cuenta de la luz y del agua al negocio de turno; evitas enfrentarte a un ejército de vendedores que no tienen la más mínima idea de lo que intentan venderte, por más que uno logre comprender y aceptar, con una paciencia eterna, que no es culpa de ellos; evitas realizar un tour por Santiago para ver si logras hacerte de un ejemplar del producto que llevas meses esperando, que prometieron enviártelo a la sucursal que más te acomoda y que obviamente jamás llegó; evitas que te cambien las reglas del juego en medio del partido, te sumen y resten puntos, te cambien de “categoría”, respondiendo cada una de éstas a decisiones unilaterales, gentilezas de “atención al cliente”; en el fondo, te evitas las inaceptables faltas de respeto que comúnmente experimentamos los consumidores, no sólo de música envasada, pese a que te cataloguen como cliente “Premium” y te conviden a truculentos eventos de trasnoche. Si me preguntan, yo me quedo, pero es que sin pensarlo dos veces, con mi distribuidor de discos en el extranjero y con mi abnegado cartero. La ecuación perfecta. La que nunca me ha fallado. Nunca.

 

 

S. L. Weiss o el arte del laúd. Del repertorio instrumental, parte II

May. 29 , 2010

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En el temprano cinquecento, “il divino” Francesco da Milano crea para el laúd de seis órdenes una serie de piezas contrapuntísticas de carácter imitativo denominadas ricercari, así como lo hiciera John Dowland en la Inglaterra isabelina con sus fantasías y danzas propias de la época de Shakespeare. El siglo de oro español nos lega un único y singular repertorio para la culta vihuela consistente en siete principales tomos, publicados entre 1536 y 1576, y luego la guitarra barroca brillará en manos de Gaspar Sanz, Francisco Guerau y Santiago de Murcia. Ya en los albores del barroco italiano, Alessandro Piccinini y Michelangelo Galilei hacen lo propio con el chitarrone y el laúd de 10 órdenes, respectivamente. Y son Ennemond Gaultier, Charles Mouton, Jacques Gallot y Robert de Visée los grandes maestros de las cuerdas pulsadas en la Francia de Luis XIII y Luis XIV. Alemania luce con Johannes Hieronymus Kapsberger y Esaias Reusner, pero el primero está más cercano a las sonoridades italianas de la tiorba y el segundo, con su laúd de once órdenes, asume las formas y ademanes del lenguaje francés. Mas una figura totalmente representativa de la singular retórica musical de los países de habla alemana tardará en surgir. Habrá que esperar a que el barroco madure…

S. L. Weiss y el noble laúd

Hijo y hermano de laudistas, pareciese que la vida de Sylvius Leopold Weiss estaba predestinada para brillar en el mundo de la música. Nacido en 1687, a los dieciocho años ya era reconocido como un gran intérprete de cuerdas pulsadas, lo que le significó ser compañía de viaje de nobles y aristócratas por diversas cortes e importantes ciudades. Primero Brieg, Kassel y Düsseldorf, luego Roma y también Dresde, Viena, Munich, Praga, Berlín y Leipzig. Donde fuera, Weiss no dejaba de sorprender, como músico solista o como continuista. La habilidad de Sylvius era siempre digna de mención y sus interpretaciones suscitaban un enorme interés. Ernst Gottlieb Baron, Luise A. V. Gottsched, Joahann Nickolaus Forkel, Johann Friedrich Reichardt, músicos, teóricos y biógrafos manifestaron elogiosas palabras al delicado toque del hábil tañedor, a su inagotable riqueza al momento de improvisar.

En 1718, Sylvius Leopold obtiene el puesto de músico para la corte de Augusto el Fuerte (1670-1733), Elector de Sajonia y Rey de Polonia, en Dresde, una ciudad que presumía de una de las orquestas más emblemáticas y en la que participaban célebres instrumentistas y compositores de la talla de Johann David Heinichen, Francesco Veracini, Johann Adolf Hasse y Johann Georg Pisendel, por citar a algunos.

Las ocupaciones del gran laudista, además de servir en la cámara de la familia real como solista, era formar parte de la orquesta para las presentaciones de conciertos, óperas y también para los servicios religiosos. Es el cargo que Weiss ejerce por el resto de su vida, con un salario exageradamente alto. Así de cotizada era su genialidad. Así también se evitaba que una corte rival lo tentase a emprender otro viaje.

 

El repertorio

Sin ostentar publicación alguna, el grueso de la obra musical de Sylvius Leopold Weiss se conserva en dos principales fuentes, los manuscritos de Londres y Dresde. Y es la “suonata”, que era como Weiss denominaba lo que comúnmente se conoce como suite, la estructura que alberga casi la totalidad de sus creaciones para el laúd solista. Las algo más de 600 piezas se ordenan según la práctica de la época, es decir, una sucesión de danzas de carácter antecedida por preludio, generalmente improvisado, e intercalada por otras miniaturas típicas, como un paysane, un bourrée o un menuet. Pero también hay espacio para las ouvertures, fantasías y fugas, chaconas y pasacalles, como parte de las mismas suites o como movimientos individuales.

Weiss concibe su obra en el marco de la retórica musical germana, es decir, una precisa mezcla entre las formas francesas, como lo es la suite de danzas, el estilo cantabile italiano, caracterizado por ese natural fluir de las melodías, y el contrapunto de una escritura sumamente elaborada que sorprendió a sus contemporáneos más críticos. Y cómo no, si es imposible no caer rendido ante la regia Ouverture de la sonata Nº 52 en do menor, la grandeza de la allemande de la suite Nº 48 en fa sostenido menor, las sorprendentes agilidades de la courante de la sonata Nº 11 en re menor o la melancolía de la sarabande de la sonata Nº 2 en re mayor. Y cómo no reflexionar frete a los dos enormes tombeaux del autor, extraordinarios poemas musicales, evocaciones dedicadas a una alta personalidad, también un ser querido.

Porque Weiss hizo lo que nadie pensaba que era posible con un instrumento que sufrió modificaciones propuestas por él mismo y que alcanzó los trece órdenes o pares de cuerdas. Un instrumento que de por sí ya era difícil de afinar, más aún de tañer. Weiss era diestro en el tratamiento de los matices y gozaba de una depurada técnica. Pero no practicó el virtuosismo superfluo, ya que supo vestir a cada una de sus creaciones con ropajes sofisticados. Una música de la más alta confección, rica en detalles, culta y compleja, pero ante todo, sobrecogedora. Señalado como el máximo representante del arte del laúd no sólo del barroco, sino de todos los tiempos, Sylvius Leopold Weiss muere el 16 de octubre 1750.

 

Publicado originalmente en Cóndor

 

Mi discoteca personal: Ana de la Robla

May. 22 , 2010

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Historiadora y filóloga. Poeta y melómana. Ana de la Robla es autora de una decena de libros académicos relativos a la Historia y la Literatura. Ha publicado también una treintena de trabajos en revistas científicas especializadas y varias traducciones de epigrafía y retórica latinas. Ha impartido conferencias y lecturas en diversas universidades e instituciones culturales españolas y extranjeras (Institutos Cervantes de Munich y Londres, CONAC de Caracas, Universidades de Munich, Eichtätt, Maracay…). Colabora regularmente en diversos medios de prensa realizando crítica literaria, musical y de artes plásticas. Dirige en Santander la Revista de Cultura QVORVM y mantiene en la web dos bitácoras de tema cultural y literario: Hablemos de Victorias y El Pozo y el Péndulo. Ha sido Asesora Cultural en la Universidad de Cádiz. En la actualidad es así mismo Directora del Aula de Letras de la Universidad de Cantabria, desde donde lleva a cabo la programación cultural de esta institución. Como poeta, ha publicado los libros La última palabra (2009), Acción de gracias (2006), Naturaleza muerta (2000), La sombra sostenida (1997) y Reloj de agua (1995). Entre tanta actividad y con la gentileza que la caracteriza, Ana se da el tiempo y responde a mis inquietudes…

Cuéntame acerca de tu discoteca personal ¿Cómo ordenas tus discos?
Procuro llevar un orden alfabético por autores, y dentro de autores, por obras. En los casos –tan frecuentes- en que un disco reúne obras de compositores diversos, recurro a clasificarlos por sellos, y dentro de los sellos por cronología, cuando ello es posible. Tengo buena memoria para la imagen; una vez que he visto un disco, ya no olvido su portada ni su sello de edición.

¿Dónde compras música y en qué cantidad sueles adquirirlos?

La mayor parte de la música que compro la adquiero por Internet, es el único modo de conseguir todo lo que quiero, y además no es infrecuente encontrarlo más barato que en tiendas no virtuales; soy asidua en particular de MDT y JPC, además de Amazon en cualquiera de sus modalidades (América-Europa, vendedores particulares). De todos modos, cuando viajo a ciudades grandes y/o con buenas tiendas de música, siempre entro y compro. Hay un par de lugares, no obstante, en los que consumo sistemáticamente de forma “presencial” porque me siento a gusto: Diverdi (Madrid) y Harmonia Mundi (Santander).

¿Cuánto es lo más que has pagado por un disco?
Nunca una cantidad reseñable. Procuro no pagar precios desorbitados por la música; me ocurre lo mismo con los libros. Hay discos agotados cuya rareza y hermosura los hace muy cotizados, pero procuro no caer en esas tentaciones. La experiencia me dice que la mayor parte de esos discos más tarde o más temprano se ponen en tu camino a un coste razonable. Hace días, lo cuento como anécdota, buscando los corales Schübler de Bach para regalar a un amigo, me encontré con una versión (precisamente la que intentaba localizar, a cargo de Koopman) por la que pedían 280 dólares, que por supuesto no aboné. Puedo pagar por una grabación el doble y hasta el triple de lo que vale, pero no más. Eso sí, mi paciencia es inagotable a la hora de esperar por un disco y de perseverar en su búsqueda.

¿Cuál es la obra de la que tienes más versiones?
Probablemente de varias de Bach (la PSM, las suites para cello o las Goldberg); también “colecciono” Sonatas del Rosario de Biber. De estas que te cito, que yo recuerde, tengo más o menos unas diez de cada una, aunque tampoco sea este un número pasmoso. En todo caso, no padezco demasiada “versionitis”; al final, por varias versiones que poseas de una obra, acabas por escuchar siempre las dos o –como máximo- tres que prefieres.

¿Cuál es el disco que más has escuchado?
No sabría decirlo a ciencia cierta, pero seguro que alguno de Bach, a quien escucho prácticamente a diario.

¿A qué hora escuchas música?
Cualquier hora es buena para mí, pero dedico más tiempo por la noche en los días de diario; si es jornada de descanso, el reproductor funciona ya desde la mañana.

¿Qué recomendarías escuchar a primera hora del día y antes de dormir?

A primera hora del día hay que revitalizarse y mineralizarse. Te pones los conciertos de La Stravaganza de Vivaldi (con Rachel Podger), los Concerti Dresden de Heinichen (MAK) o una sesión de barroco francés por Minkowski y ya puede decirte cualquier energúmeno lo que sea. Por la noche prefiero algo más pausado: unas sonatas de Buxtehude (Montanari), el laúd de Weiss (Barto), el cello de Bach (Bylsma o la segunda de Ter Linden), algo de Marini (Palladian Ensemble o Romanesca)…

¿Cuál fue el último disco que te compraste y qué escuchas por estos días?
Lo último que me ha llegado es un disco llamado The mistery of Sign. Mouthon, por Ars Antiqua Austria y Gunar Letzbor; una singular grabación de diez conciertos para cinco instrumentos que me tiene realmente embobada.

¿Un sello discográfico?

Como amante de la música antigua y barroca, eso es muy difícil de decir en estos tiempos en que están surgiendo sellos magníficos: Zigzag tiene un catálogo excelente con algunas versiones que han pasado ya a ser de inexcusable referencia (Biber, Matteis, Vivaldi, Westhoff…), Raumklang está haciendo cosas muy rigurosas y bien elaboradas… Pero no se puede dejar de citar Naïve, la impecable Alpha, Atma, Harmonia Mundi… Es imposible quedarse sólo con uno.

Un director, una orquesta, un instrumentista y un cantante...
Te has propuesto formularme preguntas difíciles… Sin acotar tiempos (quiero decir, vivos o no, jóvenes o menos…) es difícil contestar. Como director y orquesta, y haciendo una terrible injusticia de omisiones múltiples, elegiré a William Christie con Les Arts Florissants, pues mucho es lo que han hecho por que la música antigua se entienda como debe entenderse y por insuflarle un hálito maravillosamente delicado y expresivo. Instrumentistas… Reinhard Goebel al violín por mencionar un monstruo (al frente de los MAK fue el más grande, y mira que ahora hay violinistas de quitarse el sombrero), Pierre Hantaï (que es ya un clásico al clave) o Hopkinson Smith en el laúd por su humanidad y sabiduría extraordinarias. Como cantantes mencionaría a Lynne Dawson o Carolyn Sampson, que tienen una elegancia difícilmente superable, o a Andreas Scholl, por el que siento una especial querencia (y también por romper una lanza a favor de los contratenores, a los que se olvida con demasiada frecuencia).

Y para tu isla desierta, ¿cuántos discos te llevas y cuáles?
Otra pregunta casi incontestable, Pablo… Te diría más bien un pequeño puñado de autores: Monteverdi, Bach, Haendel, Biber, Weiss, Marais, Purcell, Telemann. Con dos o tres discos de cada uno de ellos (por si en la isla no hay demasiado sitio) ya se tiene para unos cuantos años…

 

 

Del repertorio instrumental

May. 15 , 2010

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La Europa renacentista de comienzos del siglo XVI es la cuna del repertorio instrumental. Es el momento en que las intabulaciones de canciones de danza, de frottole, madrigales y villancicos, y las imposibles reducciones de misas, todas con la seña da sonar en vez de da cantar, cederán terreno poco a poco y dejarán de representar la principal parte en los libros de música, pese a que aún, pero por poco tiempo más, convivirán con un inédito género de composiciones, absolutamente originales.

Pero este hecho no responde a una mera casualidad. Los progresos en el arte de los habilidosos violeros, como constructores de instrumentos de cuerda pulsada y frotada, fue determinante, ya que otorgaron el adecuado soporte físico para que un inspirado y selecto grupo de compositores pudiese desarrollar novedosas formas, con un estilo exclusivo e individual.

Primeramente los instrumentos de tecla, y por sobre todo los miembros de la familia del laúd, con los que se podían adaptar las distintas partes de la música polifónica en manos de un solo intérprete, son quienes celebran la concepción de este universo de piezas propias, idiomáticas, concebidas desde y para el mismo instrumento: ricercari y fantasías; glosas, diferencias y variaciones sobre "tenores", y también, suites de danzas de carácter.

Muy pronto, la cada vez más sofisticada imprenta musical, en una actividad incesante y con la licencia de los correspondientes privilegios reales, plasmará en papel la nueva literatura musical, como también, y con un trascendental significado para las escuelas historicistas de nuestra época, toda suerte de variados tratados teóricos y organológicos.

En suma, un conjunto de acontecimientos que convergieron hacia la creación de este novedoso género musical que evolucionará progresiva y constantemente, sobrepasando los límites del barroco y del estilo galante, sobreviviendo al clasicismo, y que madurará en el romanticismo.

 

 

Música y lecturas

May. 08 , 2010

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No tenemos tiempo para escuchar toda la música que deberíamos. Entre el trabajo y las lecturas diarias, no es mucho el tiempo que nos queda. Yo mezclo, musicalizo. Abro El afinador de pianos (Salamandra) de Daniel Mason y releo sus pasajes más musicales. De fondo suenan nocturnos en un piano Érard, el tipo de instrumento que inspiró a Mason para escribir su exitosa novela. Un piano más romántico que clásico. Es un modelo de 1837 el que escucho y sobre el que Bart van Oort posa sus manos para recrear las páginas de Frédéric Kalkbrenner, Clara Schumann, Edmond Weber, Charles-Valentin Alkan, Mikhail Glinka e Ignacy Feliks Dobrzynski, entre otros. Una delicia del sello Brilliant. Otro libro, otro éxito. La elegancia del erizo (Seix Barral), de Muriel Barbery. ¿No es acaso el capítulo octavo de la quinta parte lo más melómano de la novela? “No es sólo bella, es sublime, y lo es por un encadenamiento increíblemente denso de los sonidos, como si los ligara una fuerza invisible y como si, a la vez que se distinguen, se fundieran los unos con los otros, en la frontera de la voz humana, casi en el territorio ya del lamento animal.” Son palabras de la profesora de filosofía que escribe sobre el Dido y Eneas de Purcell y yo recuerdo las grabaciones de Haïm (Virgin) y la de Jacobs (Harmonia Mundi). Son complementarias, tanto que si sacamos un poco de aquí y otro poco de allá, armamos un cuadro perfecto. A René Jacobs le cedo la batuta, ni dudarlo, y a Emmanuelle Haïm la relego al continuo. Susan Graham canta Dido y Gerald Finley, Eneas. Belinda, Rosemary Joshua. La hechicera queda perfecta en voz de Felicity Palmer y las brujas inigualables con Dominique Visse y de Stephen Wallace. Charles Daniel, el espíritu y Paul Agnew, el marinero. Shakespeare, la invención de lo humano, de Harold Bloom, lo acompaño con pavanas de compositores isabelinos. Escojo otro libro. Chopin, de Bernard Gavoty (Vergara) y ahora escucho una gran selección de piezas editadas por el sello Alpha. Arthur Schoonderwoerd y un Pleyel de 1836. Nada como escuchar romanticismo en un piano de época. La sonoridad te transporta, te eleva. Soy un convencido de las interpretaciones con criterios historicistas, para todos los períodos de la música. Y ante ese tipo de registros me inclino preferentemente. Otra biografía, escrita por Christoph Wolff y reeditada por Ma non troppo, ahora en un solo tomo. Bach, el músico sabio. Divago entre sus páginas y selecciono algunas piezas para el clave, al azar. Christophe Rousset y las suites francesas, también las inglesas. Uno siempre vuelve a Bach. ¡Qué maravilla! Nos falta tiempo para tanta lectura, para tanta música…

 

 

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