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¿Qué elegimos cuando decidimos educar?

Dec. 20 , 2011

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Estos últimos meses la educación ha ganado un protagonismo que no había
tenido antes, miles de personas luchando por ella. Junto con esto, han
aumentado considerablemente los estudios que intentan delimitar las
competencias que deben tener los profesores, sin llegar a un "modelo"
definido. Quizá para entenderlo hace falta volver a las raíces. No fue
hace tanto tiempo atrás que Gabriela Mistral se refería a nuestra
profesión, al que ella llamaba "oficio divino", animando a los maestros:
"Maestro, sé fervoroso; para encender lámparas basta llevar fuego en el
corazón", pero ¿qué fuego es ese? Difícil es entenderlo para quién no
vive la experiencia de educar. Difícil es definirlo dentro de un modelo
profesional, pero sí podría hacerlo con un ejemplo real de lo que
significa verdaderamente ser maestro.

Hace unos pocos días terminé mi última práctica, y el día antes de dejar el colegio llegó uno de mis estudiantes acompañado de su mamá. El niño se me acerca y me dice: "Señorita, ella es mi mamá y quiere hablar con usted". Me llamó un poco la atención que quisiera hablar conmigo, siendo que no era la profesora titular del curso; sin embargo, me acerqué a ella, pues se había tomado la molestia de ir hasta allá para hablar conmigo. Cuando fui a saludar a la señora, muy emocionada, me dijo: "Señorita, vine aquí para conocerla y agradecerle todo lo que ha hecho usted por mi hijo. Desde que usted llegó, él ha cambiado, cree en él, ha mejorado sus aprendizajes, y se ve más feliz, lo único que hace es hablar de usted; así que muchas gracias, porque usted no se imagina lo que eso significa para nosotros". Al día siguiente, me despedí del curso, y para mi sorpresa las palabras que más se repitieron fueron "gracias" y "con usted aprendí a ser mejor y me esforcé".

Hoy recuerdo esas palabras con alegría, satisfacción y gratitud, pero sigo pensando en qué fue lo que impulsó en ellos ese deseo de ser mejores. Creo que todos quienes elegimos educar no lo hacemos pensando sólo en las disciplinas que nos apasionan, sino en mover en ellos esa llama interior que los haga crecer. Cuando miramos hacia atrás, vemos que hemos olvidado muchos conceptos, pero nunca olvidamos la pasión de ese profesor entusiasta, la acogida de esa profesora certera que nos aconsejaba. Al final del camino, educar no es más que eso, mover los corazones de nuestros estudiantes y guiarlos con afecto por un camino seguro para que se conviertan en hombres y mujeres de bien.

No dejemos que el poder de los medios y la inestabilidad de la sociedad nos desanimen y aparte del oficio más noble al que alguien se puede dedicar, el "oficio divino", el oficio de educar.

Laura Barrios Valenzuela
Alumna Pedagogía General Básica, quinto año.
lbbarrio-AT-uc-DOT-cl



Comments:

Laura, mis felicitaciones, eso se llama poder de transformar vidas, impagable ¿cierto?

Posted by Francisco Isla on December 26, 2011 at 05:20 PM CLST #

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