Patricio Navia

Referente

 

Más simpatía que liderazgo

Sep. 29 , 2008

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Después de 30 meses en el poder, Bachelet ya se ha construido una indiscutible reputación internacional. La Presidenta es valorada mucho más por su simpatía que por su liderazgo. Aunque genera buena voluntad y evita pleitos, no logró convertir esa empatía en un liderazgo efectivo que le permita impulsar las causas internacionales con las que se ha identificado.

Por su experiencia de vida y su discurso a favor de la participación democrática y más integración regional, su llegada al poder generó expectativas sobre su liderazgo internacional. Pero las protestas estudiantiles, el Transantiago y el complejo tablero en el ajedrez político regional las echaron por tierra.

Ahora, cuando su influencia en la política local se desvanece, quiere potenciar su popularidad con eventos internacionales. La convocatoria a una cumbre de Unasur le produjo dividendos domésticos. Pero la crisis política en Bolivia se mantuvo inalterada. En su visita a EE.UU. condecoró al languideciente senador Edward Kennedy por su compromiso con los DD.HH. en el Chile de Pinochet. Pero evitó demostrar la misma determinación para explicitar su preocupación por el informe de HRW sobre Venezuela.

En Nueva York, Lula cautivaba a atentos inversionistas con los avances de su país, la señora K buscaba salir de la capilla por el no pago de la deuda argentina, Uribe hacía cabildeo por el TLC y Lugo despertaba curiosidad. Bachelet no tenía nada novedoso que ofrecer, ningún ambicioso proyecto económico para captar inversiones o iniciativa política para granjear apoyo internacional. Ni siquiera la prensa internacional mostró interés en su análisis de los motivos de la crisis financiera. Mientras los presidentes del mundo tejían redes, ella se fue a cenar con la delegación chilena en tácito reconocimiento de que su gira tenía mucha más ambiciones domésticas que internacionales.
Bachelet ha mantenido presencia gracias a su simpatía. Pero el desenvuelto buen humor también puede desnudar debilidades. En un diálogo con analistas, Bachelet bromeó diciendo que en EE.UU. no hay golpes porque no hay embajada estadounidense en ese país. Además de desafortunado, resulta inapropiado que un presidente se haga el chistoso en temas sensibles. 



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