Pablo Jeffs Munizaga

Patiperro perpetuo

 

San Pedro de Atacama, día 1

Jun. 28 , 2011

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El principio del viaje


La luna a punto de llegar a su fase llena me recibía al bajarme del
avión en Calama, corría un fuerte viento y la temperatura bajaba
rápidamente. Unos minutos de espera y ya me dirigía al centro de la
ciudad donde pasaría una gélida noche. El mañana se ofrecía brillante
con la promesa de una espectacular luna llena en el avolcanado paisaje
de San Pedro de Atacama.


Me levanté temprano, no por haber descansado bien si no por el frío
reinante, el termómetro marcaba 2 grados, pero la sensación térmica se
acercaba a los 6 bajo cero.


Calama no ofrece grandes atractivos turísticos, pero sus precios son
muy caros. El precio de vivir en el desierto se cobra en frutas y
verduras mas escasas que el mineral que se saca de las entrañas de la
tierra.


Viajaba liviano, sólo con una pequeña mochila en que llevaba la ropa
necesaria, tres lentes (un 16 fisheye, un 50 y un 80-200 con un TC-1.4),
flash, trípode, batería de repuesto (que no utilicé), control a
distancia y bastantes tarjetas de memoria (o así lo creía).

En el Hotel Casa de Don Esteban me esperaban poco pasado el medio día,
llegue poco antes a San Pedro de Atacama y me dediqué a recorrer un poco
ese pueblo que ya conocía pero que ahora se presentaba como un absoluto
desconocido frente a mis ojos. De las calles de tierra sólo quedaban
algunas pocas que se resistían al avance del concreto y las casas de los
Atacameños originarios se habían vendido a empresarios de la capital
que las habían reinventado en un ambiente de restaurantes gourmet,
hoteles boutique y agencias de excursiones y actividades turísticas
extremas o por lo menos alternativas. El panorama estaba claro: la
identidad original, aquella que yo recordaba (o simplemente soñaba) se
había marchado quizás para no regresar.

Objetivo la Luna


A eso de las tres de la tarde estaba viajando en una van en dirección
al Valle de La Luna. Todo depende del punto de vista, pero creo que
importante reconocer que los verdaderos herederos de San Pedro de
Atacama son los descendientes de los Kunza que se asentaron hace ya más
de 11.000 años en un oasis en mitad del desierto más árido del mundo,
ellos son los que tienen derecho a obtener ingresos de los lugares con
atractivo escénico y no las empresas dueñas de la infraestructura
hotelera.


El Valle de la Luna recibe su nombre por su parecido con la
superficie de nuestro satélite natural, se encuentra a unos 19 Km. desde
San Pedro y según una leyenda urbana en algún lugar oculto a la mirada
de curiosos se instaló el set en el que se produjo la película del falso
alunizaje de la misión Apolo en 1969.

Para el viajero contemporáneo, la sensación de no tener señal móvil
debe ser como la del viajero de antaño al ingresar a un lugar sin
cartografía.


El guía de esta excursión no lograba pronunciar bien y por lo mismo
no se expresaba correctamente con un grupo de participantes que no
entendían nada de este Español de Chile matizado de modismos locales y
sin erres. Bueno, ese punto se convertía en una anécdota más en este
apurado viaje, en el que apenas daba tiempo de tomar fotografías sin
interrumpir con información irrelevante y mal documentada, casi como
siguiente un esquema de conversación de animador de fiestas infantiles.


Lo que realmente me importaba, el paisaje espectacular que formaría la luna llena sobre los volcanes ya estaba por llegar.


Voy a llamar a nuestro guía con la letra F, además de llevarnos corriendo de un lado para otro conducía la van.

Finalmente F nos llevó a lo que el mismo nombró como “un lugar
exclusivo” desde donde esperar la salida de la luna, pero que estaba
lleno de buses, todoterrenos y ahora la van, con la consiguiente horda
de turistas que convertían al espectáculo en una verdadera conferencia
de prensa. Bueno, este es mi campo profesional (me dije) y mi instalé
tranquilamente con mi trípode a esperar el momento mágico.

La jornada termino con F conduciando rápidamente de regreso al
pueblo, la gente aplaudió (quien sabe si por librarse de el, por llegar
ilesos o por el espectacular paisaje) mientras el musitaba entre los
labios “menos aplausos y más propinas”.


Para mi la aventura de este día no terminada, no llevama en mi cuerpo
más alimento que el desayuno y antes de que me agrediera la jaqueca
decidí pasar a cenar, pero para sorpresa mía en ese restaurant se habían
empeñado en utilizar ingredientes tradicionales de la comida Atacameña
en una presentación tan gourmet como la que se habría esperado en la
Noveulle Cousine. El precio de lo que pagué hacía honor al nombre del
local “La Estaka”.


Y así es como termina mi primer día en San Pedro de Atacama

 



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