El desafío. Fotografiar lugares comunes bajo tu especial subjetividad
Apr. 29 , 2011
A todo lo largo y ancho del planeta existen lugares emblemáticos, propios de postal y que además se convierten en el icono de referencia para los fotógrafos locales. Fotografiarlos con nuevos ojos es la desafiante oportunidad para refrescar y replantear la manera de mirarlos. Más que un tema semántico (nótese que he usado el verbo mirar y no el ver) es un interesante ejercicio que debiéramos realizar permanentemente por el sólo hecho de llevar la cámara al hombro y mirar por el visor de esta.
La Portada de Antofagasta, las Torres del Paine, Isla de Pascua, el Ciprés solitario en la península de Monterrey, el Barrio Las Peñas en Guayaquil, la torre Eiffel, la estatua de la Libertad, por citar sólo unos pocos ejemplos son los modelos clásicos del fotógrafo (sin importar su nivel de experiencia) y como tal los resultados obtenidos parecen como emanados de una factoría de imágenes trabajando una producción en serie, y ¿qué podemos hacer para cambiar esto si las imágenes ya están hechas y rehechas?, ¿cómo reaccionar ante el comentario de que esa foto es igual a otra ya tomada?
El desafío. Fotografiar lugares comunes bajo tu especial subjetividadVoy a tomar una idea histórica: Otto Steiner, fotógrafo alemán, luego de finalizada la II guerra mundial acuña el término de Fotografía subjetiva para darle título a tres exposiciones y de paso establece las bases de un movimiento artístico-cultural. En pocas palabras plantea que una misma imagen puede ser abordada por mil fotógrafos distintos y se obtendrán mil fotografías diferentes y que el valor de la fotografía no depende del tema fotografiado, sino del proceso creativo del fotógrafo. Esto es un buen punto de partida para reinventar todo nuestro trabajo y propuesta visual.
Respondiendo preguntas
Una interesante forma de abordar estos lugares comunes puede ser contestando algunas pocas preguntas como: ¿para qué?, ¿por qué? Y ¿cuándo lo voy a fotografiar?
Y eso nos lleva a la siguiente etapa: la formulación de un discurso intelectual personal, casi como juego de justificación, pero de gran utilidad para comenzar a preparar un discurso visual tan propio como cada una de las células de mi cuerpo.
Aléjate del rebaño
Si viajas con una gran cantidad de personas en un tour clásico lo más probable es que te lleven al típico mirador donde ya está probado que la foto-icono sale bien y muestra lo que debe mostrar, mejor es que te muevas junto a una persona acostumbrada a descubrir la imagen dentro de si misma, que mira más allá de la vista y que pueda orientar y no imponer un criterio estético.
Presta atención a tus emociones
Si asumimos la fotografía como un acto subjetivo podemos echar mano a la fuente de la subjetividad y que mejor que nuestras emociones y estados de ánimo ante un día nublado, calor abrasador, humedad incontrolable y esquivos minutos de aquella luz espectacular, soñada, anhelada, codiciada.
La analogía y el simbolismo
Ya esto puede ser un poco menos simple de utilizar, pero las alternativas que generan son ilimitadas. Ver una imagen como algo ya existente y comparar sus semejanzas y diferencias con otras ya realizadas, ver como la imagen puede representar algo en especial o ser representada con otros elementos.
Reinterpreta lo creado
Los grandes fotógrafos están constantemente haciendo guiños a su trabajo, componen siempre con los mismos elementos (cual exitosa receta probada), observa su obra y ve como puedes utilizarla como sustrato para tu propuesta personal. Busca referentes, pero sin imitar.
Disfruta
La clave fundamental de todo proceso creativo.
No te olvides de disfrutar cuando escribes con la luz y recuerda que como dijo Antoine de Saint-Exupéry en El Principito: Lo esencial es invisible a los ojos, se ve con el corazón.





