Permitido pisar el césped
May. 03 , 2009
La frase del título la usó el colectivo Grifo.cl años atrás, en una de sus campañas de "guerrilla urbana": fabricaron e instalaron de improviso cientos de pequeños carteles que invitaban a los ciudadanos a usar las pocas áreas verdes de plazas y bandejones que nos ofrece la ciudad. Como en todas sus intervenciones, la ironía de "grifo" radicaba, precisamente, en usar el mismo lenguaje que los administradores de estos jardines usan para evitar su uso, reivindicándolos como espacios públicos, con una acción de protesta positiva e irreverente.
Siguiendo la lección de Grifo, llama la atención el poco uso que les damos a nuestras plazas y parques. Aunque es cierto que los grandes parques urbanos de la capital son altamente apreciados por la comunidad y se llenan de familias los fines de semana (desde el Bicentenario en Vitacura hasta el Parque La Bandera en Lo Espejo), el resto de los días nuestras plazas y parques están notoriamente subutilizados, o simplemente son paseo de guaguas, adultos mayores y uno que otro errante que por algún motivo no está en la pega.
La verdad es que los chilenos somos bien malos para usar nuestros parques. Esto lo comprueba un estudio de Feedback y Chilectra del año pasado: un 22,1% de los santiaguinos nunca había asistido a una plaza o parque público el año anterior, y sólo el 12% lo había hecho menos de una vez al mes. ¿Cuál es nuestro problema? Admiramos los parques europeos o los de nuestros vecinos argentinos, pero los pocos que tenemos no los usamos y los cerramos con rejas. Hágase usted la pregunta de cuándo fue la última vez que hizo picnic en una plaza. Quizá parte de la respuesta está en la necesidad de activar los parques y plazas con funciones más allá de la contemplativa-recreacional.
El mejor ejemplo de cómo podemos reactivar las plazas y parques locales se ha dado recientemente en calle Padre Letelier, en Pedro de Valdivia Norte, Providencia. Una discreta plaza de barrio flanqueada por cuatro nobles edificios de departamentos de tres pisos construidos a mediados del siglo pasado, con los ubicuos juegos infantiles y explanadas de césped, de un día para otro comenzó a congregar a decenas de personas en un picnic urbano sin precedentes en Santiago.
Cada día, desde las 12.30 hasta las 16.00, la plaza es invadida por personas que extienden manteles de colores y se tienden a almorzar al sol o bajo la sombra de añosos árboles.
¿Qué hace tan especial a esta plaza y puede ser motivo de semejante coreografía que recuerda los cuadros de Edouard Manet? Cerca de un año atrás, en uno de los pequeños espacios comerciales abandonados que dan a la plaza se instaló el local de comida para llevar "Clementina", cuya oferta culinaria es de tal calidad que los comensales no esperaron a llegar a sus comedores y se instalaron a comer en la misma plaza.
Con el tiempo, el dato se expandió por las oficinas de arquitectos, diseñadores e ingenieros que abundan en el barrio, y hasta oficinistas de Providencia cruzan el río ahora para degustar ensaladas, pastas y postres. A falta de mesas y espacio, los locatarios aportan gratis manteles y, para evitar atochamientos, prestan servicio "al mantel" con platos de loza y cubiertos. A diario, la plaza vibra y se activa, ofreciendo una alternativa a la comida chatarra que dignifica la "hora de colación" y la convierte en un evento que reivindica su condición de espacio urbano. Así da gusto pisar el césped, y ojalá situaciones como esta se repliquen y extiendan.
Siguiendo la lección de Grifo, llama la atención el poco uso que les damos a nuestras plazas y parques. Aunque es cierto que los grandes parques urbanos de la capital son altamente apreciados por la comunidad y se llenan de familias los fines de semana (desde el Bicentenario en Vitacura hasta el Parque La Bandera en Lo Espejo), el resto de los días nuestras plazas y parques están notoriamente subutilizados, o simplemente son paseo de guaguas, adultos mayores y uno que otro errante que por algún motivo no está en la pega.
La verdad es que los chilenos somos bien malos para usar nuestros parques. Esto lo comprueba un estudio de Feedback y Chilectra del año pasado: un 22,1% de los santiaguinos nunca había asistido a una plaza o parque público el año anterior, y sólo el 12% lo había hecho menos de una vez al mes. ¿Cuál es nuestro problema? Admiramos los parques europeos o los de nuestros vecinos argentinos, pero los pocos que tenemos no los usamos y los cerramos con rejas. Hágase usted la pregunta de cuándo fue la última vez que hizo picnic en una plaza. Quizá parte de la respuesta está en la necesidad de activar los parques y plazas con funciones más allá de la contemplativa-recreacional.
El mejor ejemplo de cómo podemos reactivar las plazas y parques locales se ha dado recientemente en calle Padre Letelier, en Pedro de Valdivia Norte, Providencia. Una discreta plaza de barrio flanqueada por cuatro nobles edificios de departamentos de tres pisos construidos a mediados del siglo pasado, con los ubicuos juegos infantiles y explanadas de césped, de un día para otro comenzó a congregar a decenas de personas en un picnic urbano sin precedentes en Santiago.
Cada día, desde las 12.30 hasta las 16.00, la plaza es invadida por personas que extienden manteles de colores y se tienden a almorzar al sol o bajo la sombra de añosos árboles.
¿Qué hace tan especial a esta plaza y puede ser motivo de semejante coreografía que recuerda los cuadros de Edouard Manet? Cerca de un año atrás, en uno de los pequeños espacios comerciales abandonados que dan a la plaza se instaló el local de comida para llevar "Clementina", cuya oferta culinaria es de tal calidad que los comensales no esperaron a llegar a sus comedores y se instalaron a comer en la misma plaza.
Con el tiempo, el dato se expandió por las oficinas de arquitectos, diseñadores e ingenieros que abundan en el barrio, y hasta oficinistas de Providencia cruzan el río ahora para degustar ensaladas, pastas y postres. A falta de mesas y espacio, los locatarios aportan gratis manteles y, para evitar atochamientos, prestan servicio "al mantel" con platos de loza y cubiertos. A diario, la plaza vibra y se activa, ofreciendo una alternativa a la comida chatarra que dignifica la "hora de colación" y la convierte en un evento que reivindica su condición de espacio urbano. Así da gusto pisar el césped, y ojalá situaciones como esta se repliquen y extiendan.
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A partir de este post espero integrarme en forma más regular a las discusiones del Blog. Aprovecho además de corregir un error de la última columna, ya que el Parque la Bandera está localizado en la Comuna de San Ramón y no Lo Espejo como erróneamente se indica.
Saludos a todos.
Posted by Pablo Allard on May 04, 2009 at 11:11 AM CLT #
me parece super importante tus acotaciones, seria super importante que en los proyectos sociales que financia el gobierno se pudiera ampliar lo conserniente al subsidio de equipamiento, ya que en definitiva cuando uno construye un condominio social las areas verdes termina siendo areas cafe.
Posted by Aliro Caimapo Oyarzo on May 04, 2009 at 08:08 PM CLT #