Oportunidad para reflexionar
Jan. 04 , 2009
El 2009 será sin duda un año duro para muchos sectores, particularmente el inmobiliario y algunas constructoras, que ya están sufriendo la postergación de etapas, cancelación de proyectos e, incluso, la venta de terrenos y posiciones estratégicas para lograr liquidez. Por otro lado, la sensación de inseguridad laboral y los costos de endeudarse afectan severamente la demanda, y pese a que estábamos lejos de una burbuja inmobiliaria, el stock edificado tardará más de lo previsto en colocarse.
En ese sentido, no es casual que la mayoría de las inmobiliarias se han limitado, con mucha cautela, a terminar aquellos proyectos que ya tenían avanzados o en punto de no retorno. En una columna anterior comentábamos la merma que esto significa en el desarrollo y generación de proyectos nuevos, estimada por la Asociación de Oficinas de Arquitectos (AOA) en más de 479 proyectos paralizados, equivalentes a cino millones de metros cuadrados que debían construirse en 2009 y que no se harán, generando una baja del 25% de encargos a arquitectos e ingenieros.
Así, vemos cómo de a poco desaparecen las grúas pluma, las instalaciones de faenas y cierros temporales se hacen permanentes y donde la demolición de antiguas casas anunciaba el nacimiento de un nuevo edificio, ahora queda un cerco con logos varios. Surge una ciudad de sitios eriazos, a la espera de mejores tiempos para retomar con vigor la esperada reactivación.
¿Es esto motivo de angustia o una mala noticia para nuestras ciudades? Personalmente no lo creo. Los procesos de urbanización y densificación en nuestras ciudades durante el período de bonanza fueron tan dramáticos, que en muchos casos no fueron acompañados de la debida reflexión y discusión respecto de sus efectos ambientales y urbanos. Las actualizaciones y modificaciones a planos reguladores no alcanzaban a incorporar las dinámicas inmobiliarias y sociales a tiempo, generando la molestia de desarrolladores y vecinos. Para qué decir de la vialidad y su competencia por el escaso espacio urbano, que a punta de recortes de plazas, parques y antejardines se abre espacio para acomodar al creciente parque automotriz. Claramente, la ciudad fue sobrepasada por su propia vitalidad.
Ahora que al parecer tendremos una pausa, o al menos un descanso, es precisamente el momento para reflexionar y enmendar el curso. Las inmobiliarias y constructoras buscarán sobrevivir abriéndose a mercados nuevos para muchos, como la vivienda social o la infraestructura, los cuales hay que cuidar y evitar que el sentido de urgencia nos lleve a proyectos precipitados o mal diseñados. Ello ya lo sabemos.
En ese escenario no es casual que en 2009 se realicen ejercicios tan relevantes como el recientemente anunciado plebiscito de Vitacura, donde la autoridad comunal ha dejado en claro que una cosa es resolver democráticamente un conflicto urbano y la otra es pretender reemplazar los instrumentos técnicos y legales que regulan nuestro territorio. Por otro lado, en el primer semestre se discutirá con sentido de urgencia cuáles serán finalmente los proyectos y obras con que celebraremos el Bicentenario, y los distintos candidatos presidenciales darán a conocer los proyectos, planes y programas que durante meses sus equipos han venido preparando y discutiendo.
El proyecto de ley de Planificación Urbana entrará en una fase de intensa revisión y debate, y finalmente tendremos que proponer ideas creativas y apropiadas para levantar a nuestras ciudades del letargo. El gobierno tendrá un rol clave en la habilitación de proyectos de infraestructura, equipamiento, edificación pública, vivienda, parques y espacio público, de manera de paliar la sequía. Pero claramente debemos seguir proyectando, imaginando y prospectando los instrumentos, procesos de participación e incentivos para que finalmente las semillas que plantemos en esos sitios eriazos florezcan con brillo al salir el sol.




Posted by Romina Ortuzar on January 05, 2009 at 12:26 PM CLST #