Esos discretos carteles negros
Jan. 17 , 2009
Navegar por Santiago y muchas ciudades chilenas no es difícil si se cuenta con las indicaciones adecuadas y un poco de paciencia. En casi todo el territorio nacional la cordillera o la línea de la costa nos orientan rápidamente respecto a los puntos cardinales, y cuando necesitamos más información respecto a la calle o pasaje en que estamos, inmediatamente volcamos la vista hacia la esquina más cercana, donde aliviados confirmamos -la mayoría de las veces- la presencia de un discreto poste con unos cartelitos negros y letras blancas que nos indican el nombre de la calle, el sentido del tránsito y la numeración de la cuadra.
Para muchos puede sonar obvio contar con este tipo de señalética, pero no es tan natural ni frecuente que dicho sistema sea tan confiable, discreto o eficiente como el chileno. Aquellos que han tenido la suerte de circular por ciudades tan desarrolladas como Nueva York, París o Roma, deberán reconocer que la señalética de orientación en ellas es tan variada y ecléctica que muchas veces es más lo que desorientan a quien no está habituado. En ellas, las señales de "one way" o "Senso único" tienen un color, tipografía y ubicación totalmente distinta a aquellas que nombran las calles, y ambas pueden estar aleatoriamente e indistintamente ubicadas en las fachadas de los edificios, colgando de cables sobre un cruce de calles, adosadas a un semáforo o simplemente no existir. Para qué decir las gamas de colores y letras que florecen para "orientar" a los ciudadanos, donde cada municipio o barrio inventa sus propios carteles aludiendo a cierta búsqueda de identidad.
En este contexto cobra aún más valor el modesto cartel de esquina chileno, y no es casualidad que sea objeto de estudio de diseñadores en otras latitudes. De hecho, una de las pocas cosas exitosas de Transantiago ha sido el desarrollo de su señalética y tipografía, y no es casual que sus diseñadores se inspiraron en los carteles de calles para reemplazar a los viejos cholguanes pintados a mano que los choferes de las amarillas ponían entre el tablero y el parabrisas para indicar los destinos y paradas importantes.
Hasta el momento de escribir esta columna no he podido dar con el origen exacto de quien ni cómo surgieron estos discretos carteles negros. Si mal no recuerdo aparecieron como estándar a comienzos de los ochentas, y si poco se sabe de ello, precisamente es que el éxito de su implementación radica en que prácticamente nadie repara en su existencia. A su discreta y austera presencia habría que agregar la cantidad de información que albergan, ya que no sólo nos indica los datos ya nombrados, sino además el orden creciente o decreciente de la numeración, si son números pares o impares en la vereda, e incluso permiten adaptar cambios recientes como la "R" en aquellas vías reversibles como Presidente Riesco sin alterar la integridad de la información. Más encima son muy económicos, si los chocan son fáciles de reemplazar, no interfieren con el tránsito de los peatones, son tan simples que resulta fome vandalizarlos, y por gracia divina, son parte de los pocos elementos de mobiliario urbano que no han sucumbido ante la tentación de hacerlos portadores de información publicitaria. De hecho, tiempo atrás, la Municipalidad de Santiago cometió el error de reemplazarlos en el centro por unos sofisticados carteles de letras rojas sobre fondo metálico, supuestamente para generar una identidad particular al centro y aprovechar el auspicio de una bebida gaseosa. Los resultados están a la vista, ya que hasta el menos dotado diseñador gráfico o cualquier transeúnte nos dirá que letras rojas sobre fondo metálico producen una de las combinaciones más molestas de nuestro espacio urbano, ya que la vibración que produce el color y la serie de reflejos del fondo dificultan notoriamente la lectura y orientación.
Nuevamente nos encontramos con una lección de cómo hacer bien las cosas en nuestras ciudades, que con buen diseño la premisa de "menos es más" se puede cumplir, y que a veces es bueno abrir los ojos y reconocer las virtudes de aquellos componentes de nuestro medio ambiente construido que nos hacen la vida más grata. Larga vida al discreto cartel negro y a quienes hayan sido sus creadores.




Posted by B. Oportot on January 18, 2009 at 10:49 AM CLST #
Puedo estar equivocado. Sin embargo es una pista a verificar.
Saludos.
Manuel
Posted by manuel travisany on January 18, 2009 at 02:36 PM CLST #
Estudio González Ruiz y Shakespear de Argentina, que a comienzos de 1971, recibieron del Municipio de la Ciudad de Buenos Aires el encargo del diseño de lo que se denomino el Plan Visual de Buenos Aires. Dicho estudio sacó el nombre de la calle adosado a la muralla y lo instaló en las esquina con las caracteristiscas hoy conocidas y que ha sido modelo en muchas ciudades en el mundo.
Posted by José Korn Bruzzone on January 19, 2009 at 08:48 AM CLST #