Aguafiestas
Dec. 28 , 2008
El año pasado, en vísperas de Año Nuevo, y cuando miles de familias se apostaban junto a sus radios y televisores a esperar la cuenta regresiva, se produjo una serie de misteriosos apagones y cortes de luz en más de 14 comunas de la capital y otras tantas en regiones.
Se calcula que los cortes afectaron a más de 200 mil clientes, cuyo servicio se pudo reponer en forma paulatina horas después de la fiesta. Fue una situación inédita que tomó por sorpresa no sólo a quienes que se les aguó la fiesta en casa, sino a miles de establecimientos que tuvieron que cancelar eventos, comerciantes que perdieron mercadería al fallar la cadena de frío. Hospitales y servicios quedaron a oscuras.
Las empresas eléctricas movilizaron a sus cuadrillas en terreno, pero la magnitud de la situación superó la capacidad de los pocos técnicos que deben sacrificar su vida familiar para cumplir con ese infame turno.
¿Qué fuerza maligna podría haber causado semejante atentado?, ¿quién podría organizar tan compleja trama de intervenciones en la red eléctrica y con qué sentido? Por insólito que parezca, los apagones de fin de año son producto de la lamentable conjunción entre la irresponsabilidad de los celebrantes y un aparentemente inofensivo producto llamado "Party Popper".
Si bien hemos visto con gusto cómo van desapareciendo los peligrosos fuegos artificiales de nuestras fiestas, uno de los productos más populares que ha reemplazado a los petardos y estrellitas es un inocente tubo de cartón que lleva una carga de challas y serpentinas que al tirar de un cordel en su parte trasera, produce una pequeña detonación que lanza el confeti a más de 35 metros de altura.
El problema es que algunos de estos "poppers", en lugar de usar cintas de papel, lanzan cintas metálicas que al entrar en contacto con la red eléctrica, provocan un cortocircuito, interrumpiendo el servicio.
Parece paradójico que una celebración tan unitiva como el Año Nuevo termine sufriendo los mismos efectos que los "cadenazos" y cortes producidos por vándalos y grupos antisistemicos el 11 de septiembre o el Día del Joven Combatiente.
La challa metálica prácticamente se funde apenas toca la red, lo que supuestamente facilitaría la reposición del servicio, pero lamentablemente las empresas distribuidoras no pueden hacerlo hasta verificar en terreno el motivo del corte, chequear que los transformadores y equipos estén en buen estado y que, por último, se trate de una "challa" y no de algún conductor ebrio de ocasión que derribó un poste.
Esta situación, multiplicada por los cientos de kilómetros de red, es la que genera una lenta recuperación del sistema, para molestia de todos aquellos que queríamos seguir con la fiesta. El año pasado, la única víctima de estos cortes fue un vecino que intentó reparar la supuesta falla y terminó recibiendo una descarga fatal.
Las empresas iniciaron una campaña educativa y legislativa para regular la venta y rotulación de estos productos. Incluso los diputados Marcelo Forni (UDI) y Marco Enríquez Ominami (PS), acudieron a la SEC para solicitar su prohibición. Sin embargo, poco o nada se ha avanzado. El producto ya se agotó, y en tres días volveremos a sufrir las consecuencias de este absurdo. Es de esperar que aquellos vecinos y ciudadanos que usen estos "juegos" para animar sus fiestas no terminen por aguarnos el inicio del 2009 con las consecuencias de su propia estupidez.
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