Los controvertidos cambios curriculares
Nov. 20 , 2010
Columna publicada en La Tercera el sábado 20 de noviembre de 2010
Esta semana el Ministro Lavín anunció "la mayor reforma curricular desde la Jornada Escolar Completa". Se intuye así una estrategia político comunicacional: soltar una bomba semanal, en lugar de producir un itinerario, una promesa de acciones congruentes y logros de aquí al 2014. Esto conduce a discusiones descontextualizadas respecto a la medida anunciada en esa semana, confusión y dificultad para que veamos hacia dónde va la reforma.
Otro pequeño vicio comunicacional es darles a todos los anuncios, grandes, pequeños, buenos y malos, un grado de exageración. Los liceos de excelencia van a ser "el gran ascensor de movilidad social", cuando en la práctica abarcarán a 1 por mil de los estudiantes. Esta nueva "mega reforma curricular", vista con calma, no es para tanto. Un par de horas a la semana de más o de menos en lenguaje, historia, ciencias o tecnología no producirá una revolución educativa. Debemos reconocer, eso sí, que esta estrategia comunicacional podrá producir cierta irritación entre los expertos, pero le genera una imagen de "hombre de acción" que ha llevado sus índices de popularidad a niveles estratosféricos.
Lo único que puede producir una revolución educativa es contar con planteles de directivos y profesores capaces, con fuego en la mirada, determinados a generar en las escuelas un nuevo contrato moral entre ellos, con los alumnos, apoderados y la comunidad que los rodea. Si esto se logra, hay que dejarlos tranquilos, y que ellos distribuyan las horas de aprendizaje cognitivo, juego, deportes y artes como mejor les parezca, con creatividad e innovación. En este ámbito ha habido anuncios positivos y omisiones significativas, que comentaremos en otro momento.
La medida anunciada esta semana presenta aspectos positivos y dudas relevantes. Vamos a lo positivo: el promedio Simce de lenguaje a todo nivel bordea 260 puntos. Esto significa que los niños no pueden usar el lenguaje para aprender historia, matemáticas, una instrucción laboral en una fábrica, o comprender las instrucciones que reciben del médico en el consultorio. Hay varios cientos de miles de niños entre 5º Básico y 2º Medio en esta condición. Por ende, tratar de rescatarlos, proveerles una muleta para una cojera que adquirieron entre 1º y 4º Básico, es indispensable, por mucho que se quejen los amantes de la historia, tecnología o religión.
El problema es que cantidad no es calidad. Sin ir más allá, no hay evidencia clara de que el aumento de horas de la Jornada Escolar Completa haya surtido efecto. Peor aún, hay miles de egresados de la universidad -que han calentado un asiento por 16 o 18 años- que aun no entienden lo que leen ni pueden escribir un párrafo coherente. Si van a ser más horas de lenguaje o aritmética con las mismas metodologías y los desánimos de la mayoría de las escuelas, esto podría correr la misma suerte que otras grandes reformas. Si por el contrario, esto viene acompañado de una propuesta osada e innovadora para que la muleta funcione, incluso se puede enseñar lenguaje y aritmética en torno a la historia, las ciencias sociales y la tecnología. Después de todo, el primer deber de un profesor de historia, tecnología o derecho constitucional, es garantizar que sus alumnos entiendan lo que leyeron y sepan calcular una regla de tres simple.
Seguimos a la espera de anuncios que nos hagan declarar que esta muleta no será necesaria, porque todos los alumnos tuvieron adecuada cobertura preescolar, y adquirieron hábitos, sonrisas, confianza, lenguaje y aritmética antes de 4º Básico. Esa es la gran batalla de Chile.




