El Muro Internacional

 

Una cuestión de extremos

Oct. 29 , 2011

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Al analizar la situación política de los Estados Unidos, más de alguien podría pensar en la frase de Joaquín Trincado: "Los extremos se tocan". Y es que, al menos en apariencia, las posiciones del Tea Party -el ala rabiosamente derechista del Partido Republicano- y las del movimiento progresista "Occupy Wall Street" (OWS) tienen ciertas similitudes.

Para empezar, ambos grupos creen que el mundo está controlado por una conspiración de banqueros globalizados y que todas las penurias de la humanidad -incluyendo el desempleo, los bajos salarios para la clase trabajadora y la crisis inmobiliaria- son el producto de la codicia y de la maldad de los financistas de Wall Street.  Asimismo, los dos grupos sienten una gran desconfianza por la Reserva Federal y sus directivos. Tanto en manifestaciones de OWS como del Tea Party aparecen pancartas con figuras de Ben Bernanke, el chairman de la Reserva Federal, con frases alusivas a su supuesto poder y a su ilimitada malicia.

Los dos grupos también tienen un origen parecido: ambos nacen del enorme malestar que sienten los ciudadanos comunes y corrientes por lo que perciben como las arbitrariedades de Wall Street. En particular, hay una enorme irritación, porque después de ser salvados con dineros de los contribuyentes, los bancos -quienes son sindicados como los culpables de la crisis- continuaron con sus prácticas abusivas y pagándoles enormes salarios a sus ejecutivos.  

Debido a estas coincidencias, muchos analistas piensan que, pase lo que pase en las elecciones presidenciales, los grupos extremistas van a tener un rol dominante en el próximo gobierno estadounidense. Más aún, muchos creen que la Unión está condenada a vivir años de populismo, donde políticas demagógicas basadas en una retórica distributiva -políticas, en realidad, contrarias al interés de la nación- serán implementadas para aplacar la rabia de la gente.
 
Diferencias profundas
Pero, a pesar de estas similitudes, ambos grupos tienen diferencias profundas, tanto en sus ideologías como en sus capacidades organizativas. 
 
Los miembros del Tea Party creen que los problemas del país se deben a la intromisión del gobierno federal. Por ello, buscan reducir los impuestos y cortar fuertemente el gasto público. Quieren eliminar regulaciones, reforzar el derecho a portar armas, impulsar políticas externas aislacionistas, deportar a los inmigrantes ilegales y prohibir los salvatajes de bancos en dificultades.
 
El candidato presidencial Herman Cain ha hecho una propuesta de reforma fiscal que resulta muy atractiva para los miembros del Tea Party. Cain propone reemplazar el actual sistema impositivo con tasas marginales de hasta el 35%, por un impuesto a las personas con una tasa pareja del 9%, un IVA del 9% y un impuesto a las empresas del 9%.
Este plan (que ha recibido el nombre 9-9-9) ha tenido tal popularidad entre los conservadores, que Cain -el fundador de una cadena de restaurantes de pizzas- ha llegado a liderar varias de las encuestas sobre las primarias del Partido Republicano.

El miércoles pasado, el gobernador de Texas, Rick Perry, otro candidato atrayente para el Tea Party, sugirió su propio plan impositivo: bajar fuertemente los impuestos e implementar un sistema con una tasa uniforme -tanto para personas como para empresas- del 20 por ciento.

Según cálculos realizados por la propia campaña de Perry, esta reforma fiscal disminuiría los ingresos del gobierno federal de un 21% del Producto Interno Bruto a cerca de un 18%. Y como el Tea Party cree firmemente en los equilibrios fiscales, esto implica recortar los gastos en muchísimos programas sociales, incluyendo los de ayuda a los discapacitados, enfermos mentales, madres de bajos recursos y personas desempleadas.

Además, el Tea Party propone eliminar una serie de agencias gubernamentales, incluyendo el Ministerio de Educación y la Agencia de Protección del Medioambiente. Para sus miembros, tanto la política educacional como la medioambiental debieran ser definidas por las comunidades locales en forma descentralizada y sin ninguna interferencia de Washington D.C.   

Los miembros de OWS, en contraste, creen que el gobierno debe crecer con fuerza y jugar un rol fundamental en el esfuerzo por mejorar la distribución del ingreso, la que ha empeorado fuertemente en las últimas tres décadas. Por ello, son partidarios de aumentar los impuestos a quienes ganan más de 250 mil dólares por año, y subir los tributos de las grandes empresas, incluyendo los de las gigantescas compañías petroleras. También son partidarios de reforzar el marco regulatorio a todos los niveles, aumentar las transferencias a los más pobres y ampliar la cobertura de servicios sociales a las familias de clase media.

Una madeja anarquista    
Pero las discrepancias entre el Tea Party y OWS no se restringen a cuestiones relacionadas con políticas económicas y sociales. Existen, además, grandes diferencias organizativas.

El Tea Party ha demostrado tener disciplina interna, lo que le ha permitido recolectar fondos para apoyar candidatos al Congreso con una visión unificada. Estos nuevos congresistas conservadores se opusieron en bloque a los acuerdos forjados entre los líderes del Partido Republicano y la Casa Blanca para aumentar el límite de la deuda pública. El que las agencias de riesgo hayan amenazado con bajarle la calificación al país -cosa que eventualmente sucedió - no les importó mayormente. Para ellos, lo importante era negarle al Presidente Obama la posibilidad de seguir financiando los programas sociales y endeudando al país.  

Además, los políticos del Tea Party parecen cortados por una misma tijera: casi todos son de raza blanca (Herman Cain, el ejecutivo de las pizzas, es una excepción) y altamente religiosos. Naturalmente, están en contra del aborto y del matrimonio gay.

El movimiento OWS, en contraste, no ha demostrado tener ninguna disciplina. Su mayor característica es "estar en contra" del sistema. De hecho, cada vez está más claro que sus  miembros más "duros" son una colección de individuos con tendencias anárquicas, que apoyan las más disparatadas causas. Están los que quieren salvar a las ballenas y los que quieren fomentar una dieta vegetariana; están los rastas y los partidarios de legalizar la marihuana; los que creen que las vacunas son peligrosas para los niños (y que por tanto hay que prohibirlas), y los que quieren terminar con el uso de combustibles fósiles; los que quieren proteger a una ranita oriunda de las quebradas de California del Sur, y los que abogan por darles santuario a todos los perseguidos del mundo.

Unos se van y otros se quedan
Todo lo anterior sugiere que mientras el movimiento OWS tendrá una vida efímera, el Tea Party está aquí para quedarse. Al menos en los Estados Unidos, lo de los "indignados" pasará más temprano que tarde, y la izquierda seguirá siendo dominada por políticos demócratas con tendencias moderadas, como el Presidente Obama.


Por el contrario, el Tea Party seguirá creciendo y su poder será cada vez mayor. Es altamente probable que alguien afín a sus ideas sea el candidato a la vicepresidencia por los republicanos. De hecho, ya se habla del novato senador por la Florida Marco Rubio, un conservador de tomo y lomo.

La pregunta de fondo es si Obama podrá derrotar a estas fuerzas conservadoras que hoy se encuentran ganando más y más adeptos. Ello dependerá de su capacidad para convencer a los votantes de centro que la opción republicana es cada vez más extremista e intolerante.



Comments:

Estimados el tea party es solamente para usa a el resto de el mundo le importa un comino viejas locas bemos todos los dias de todas maneras,el mundo piensa como salvar Grecia el resto,amigos empiesen a pensar.

Posted by Erasmo bernales ochoa on October 29, 2011 at 02:08 PM CLST #

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