Putin versus Hillary, por Alvaro Vargas Llosa
Dec. 11 , 2011
Publicado en La Tercera, domingo 11 de diciembre del 2011.
Hillary Clinton se ha cobrado una dulce revancha con Vladimir Putin, el presidente que simula ser primer ministro, y Dmitri Medvedev, el primer ministro que simula ser presidente. Al decir que "los ciudadanos de Rusia merecen una investigación a fondo del posible fraude y manipulación electoral", estaba cobrándole al impresentable régimen ruso varias cuentas pendientes. Consciente de que sus declaraciones provocarían la ira de Moscú y alentarían las protestas internas, el mensaje de Hillary a Putin, enviado con florentina sofisticación, era: tú me creas problemas internacionales y yo te creo a ti problemas internos.
Moscú lleva tiempo complicándole la vida a la diplomacia estadounidense. Ha impedido que se actúe contra Siria en el Consejo de Seguridad al amenazar con vetar cualquier resolución que no sea meramente lírica y está ayudando a Irán a eludir las sanciones norteamericanas al permitirle triangular transacciones relacionadas con el petróleo a través de su sistema financiero. Lo que colmó la paciencia de Hillary fue la reciente amenaza del gobierno ruso, con perfecta intención electoral, de desplegar misiles contra Europa en respuesta al "escudo antimisiles" que la OTAN intenta montar y de renunciar al último tratado de reducción de armas nucleares (conocido como New Start).
Cuando llegó a la Casa Blanca, Obama suspendió el "escudo antimisiles" impulsado por George W. Bush, que Rusia consideraba inamistoso, a pesar de que Washington aseguraba que estaba dirigido contra Irán. El mandatario habló entonces de "resetear" las relaciones con Moscú que su antecesor habría torpedeado. Luego, la OTAN modificó el plan original: en lugar de instalar interceptores en bases fijas en Polonia y radares en la República Checa, se emplearía un "escudo" móvil en el mar. Más adelante, se llevaría el "escudo antimisiles" a tierra, pero en lugares alejados de los emplazamientos pensados en un inicio. Se ofreció a Moscú participar directamente en el proceso. Luego hubo silencio, hasta que Rusia decidió, en plena campaña electoral, sacar las garras.
La respuesta de Hillary, que no había retrucado en su momento, es la clásica venganza que se come en plato frío. Y ha funcionado: la respuesta furibunda tanto de Medvedev, como de su titiritero, Putin, acusando a Washington de financiar e instigar las protestas con "cientos de millones de dólares" así lo indica. El Kremlin calcula ahora que convirtiendo su problema interno en una disputa internacional podrá facilitar el control de las protestas: aquel que reclame será acusado de confabularse con Washington. Pero no es tan seguro. A pesar de la salvaje represión, los rusos han seguido saliendo a las calles. La página de Facebook denunciado el fraude ya tiene más de 30.000 firmas.
A Hillary, Rusia le sirve por otros motivos. Desde el inicio del gobierno de Obama se ha acusado a la diplomacia estadounidense de no defender la democracia y los derechos humanos en China. Y, en efecto, Washington se ha cuidado de dar esa batalla, prefiriendo plantar cara a Beijing en otros asuntos. Rusia permite a Hillary y a Obama recuperar un poco de imagen en la defensa de la democracia y los derechos humanos ante las potencias autoritarias.
Hillary se ha convertido ahora en el gran rival electoral de Putin de cara a las presidenciales de marzo. De aquí a la fecha en que Putin llevará a cabo un nuevo fraude para elegirse presidente, hablará de ella sin cesar. ¿Quién dice que no hay líder de oposición en Rusia? Desde esta semana, ya lo hay.
*Escritor peruano.




