El Muro Internacional

 

¿Están los líderes europeos a la altura del reto?, por Alvaro Vargas Llosa

Oct. 29 , 2011

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Esta semana, los líderes de los 17 países de la eurozona llegaron en apariencia a un acuerdo definitivo para la solución de la crisis más seria que afronta ese club monetario desde su creación en 1999 y una de las más duras que ha soportado el Viejo Continente en el último siglo, descontando sus dos grandes guerras. Digo "en apariencia", porque hay detalles todavía pendientes y, lo que es más importante, porque no está del todo claro que lo acordado basta para superar la crisis. Tanto la lentitud en que se ha llegado a este acuerdo -hubo 15 cumbres en 22 meses- como la relativa precariedad de lo acordado ponen en seria tela de juicio la calidad del actual liderazgo europeo.
Lo acordado son tres cosas.

Primero: el fondo de rescate -conocido como Fondo Europeo de Estabilidad Financiera-, ascendente a unos 440 mil millones de euros, de los cuales, por ahora, sólo se cuenta con 225 mil millones, servirá para garantizar un 20 por ciento de deuda soberana de países con dificultades. Eso equivale a decir, si partimos de lo que se tiene actualmente, que los gobiernos mencionados podrán emitir más o menos un billón de euros de nueva deuda y que la quinta parte de eso será garantizado por el fondo de rescate. No queda nada claro, por supuesto, qué pasará con las otras cuatro quintas partes si los gobiernos no pueden cumplir con pagar. Además, para que el fondo tenga aun mayor potencia, que es a lo que aspiran los autores del pacto, tendría que contarse con los 440 mil millones y no sólo los 225 mil millones actuales. ¿Quién pondrá la diferencia? En principio, se tratará de que China contribuya algo. Tampoco eso es seguro, ni a qué precio.

Segundo: se fuerza a los tenedores de deuda a aceptar una quita de 50 por ciento en los bonos griegos. Eso significa que Grecia podrá respirar un poco más. Se pretende que, junto con otras medidas drásticas, esto sirva para que el gobierno griego pueda rebajar su deuda de aquí a 2020 -una eternidad- a un monto equivalente a 120 por ciento de su PBI. Ver para creer.

Tercero y último: el acuerdo contempla recapitalizar a los bancos, lo que en cristiano significa que los bancos están obligados a recaudar más dinero. Como no serán los depositantes quienes se lo den, sólo puede venir de dos fuentes posibles: inversores (que ahora están asustados y por tanto son poco proclives a meter dinero en los bancos) o gobiernos (lo que significa más déficit fiscal y deuda pública, por tanto rizar el rizo de la crisis actual). En total, se exigen unos 100 mil millones de euros de recapitalización. Los bancos griegos y españoles son los más afectados por esta exigencia (casi se les exigen montos de recapitalización iguales a ambos países), seguidos por los italianos. Los franceses y los alemanes se verán afectados mucho menos, a pesar de que en el caso alemán una tercera parte de los préstamos otorgados en los últimos años han sido dados a gobiernos o entidades privadas de los países en problemas y de que los bancos franceses están entre los más debilitados (¡sólo Crédit Agricole y BNP Paribas, los principales, han prestado un monto igual al tamaño total de la economía francesa!).

Pasos errados

Si bien este acuerdo ayudó, al final de esta semana, a aliviar a los mercados y a los gobiernos, no se puede ocultar que la calidad del liderazgo europeo hoy deja mucho que desear. Han pasado años para llegar a este semiacuerdo definitivo. Por lo pronto, la crisis financiera general estalló en 2007/2008, de modo que han pasado realmente unos cuatro años. Si contamos apenas la etapa desde la cual la crisis de los bonos soberanos europeos se manifestó con todo su rigor, han pasado casi dos años. En ese lapso, mientras el mundo entero contenía la respiración, la sensación que daban los europeos era la de la inacción. Tanto por el hecho de no saber realmente qué hacer, como por la incapacidad para ponerse de acuerdo entre ellos, dieron un espectáculo lamentable.
Durante los primeros meses de 2010 no se tomó acción alguna por un desacuerdo básico entre Alemania, que no quería subvencionar las irresponsabilidades ajenas, y otros países, incluidos Francia e Italia, que pedían a Alemania ceder. Pero, lo que es más grave, cuando decidieron actuar optaron por cataplasmas insignificantes para curar a un paciente en estado semiterminal.

Las cataplasmas consistieron en rescates sucesivos propios de una crisis muy distinta de la que realmente había. En mayo de 2010  aprobaron el rescate de Grecia por 110 mil millones de euros. No sirvió para nada: ni para rescatar a Grecia ni para evitar el contagio a otros países. En noviembre de ese año vino el rescate a Irlanda por 85 mil millones en noviembre, después de varios meses de caos, indefinición e impotencia ante la evidencia de que el rescate griego no había impedido el contagio. Tampoco el rescate irlandés impidió el contagio a terceros países (Irlanda está mucho mejor desde entonces, pero no tanto por el salvataje como porque han hecho un ajuste interno muy valiente y con poca oposición interna). Finalmente, en mayo del 2011 se rescató a Portugal con 78 mil millones y ocurrió lo mismo que con los anteriores salvatajes: ni se resolvió el problema del país rescatado ni se evitó la propagación.

Paralelamente a todo esto sucedía, el Banco Central Europeo, violando en buena cuenta su mandato, se puso a comprar deuda de España e Italia en el mercado, lo que equivalía a un rescate encubierto adicional. También prestaba dinero a corto plazo a todos los bancos que no podían acudir al mercado (los fondos en dólares que prestan a corto plazo a los bancos les habían cerrado el grifo). Todo esto subvencionado tácitamente por los países del norte europeo, empezando por Alemania, que representa un 30 por ciento de la economía europea.

Tampoco sirvió de mucho lo que hizo el banco, salvo postergar la solución global. De allí que las cosas han llevado ahora a la Europa del euro, a la hora undécima, a adoptar, en la cumbre número 15 desde el inicio del drama de los bonos soberanos, el acuerdo detallado al principio. La razón de esta inacción es doble. Por un lado, el mecanismo mismo de la Unión Europea y específicamente de la eurozona es ya un obstáculo mayor para tomar decisiones. Si los 17 países de la eurozona deben ponerse de acuerdo entre ellos y, a su vez, cada gobierno debe convencer a una mayoría de congresistas que respalden lo acordado en casa, está claro que hay un serio desfase entre la urgencia y gravedad de la hora y la posibilidad de alcanzar soluciones. Pero quizá más grave es lo otro: la contradicción ideológica entre dos visiones totalmente contrapuestas de la crisis.

Una visión -la de Alemania, Austria, Holanda y los escandinavos- se basa en que no se debe recompensar a los gobiernos y sociedades que se endeudaron demasiado y no es justo pedirles a los ricos que se arruinen sacándoles las castañas del fuego a los que se creyeron ricos sin serlo. Esta visión, que es sólida, adolece, sin embargo, de un pequeño problema de inconsistencia, porque en 2002 y 2003 Alemania incumplió los límites de déficit y deuda que estipulaban los tratados del euro. La otra visión -la de todos los demás países, liderados en cierta forma por Francia, y que suscriben Italia y España resueltamente- es que la eurozona es un proyecto político que exige solidaridad y transferencias para sostener la unidad. Para ellos, esta unidad permite a los países del norte del continente gozar de un bienestar mayor del que tendrían fuera de la eurozona gracias a que pueden exportar mucho más a los europeos del sur. Se trata de una visión cómoda desde el punto de vista del que recibe la transferencia de recursos que se exigen a los países más prósperos.

Las tensiones entre estas distintas visiones ha llegado al punto de que Alemania y Francia, dos grandes aliados y ejes de todo el proyecto europeo, han visto su relación seriamente deteriorada. También, a que el Reino Unido, que no está en el euro y se siente por ello en cierta forma reivindicado por lo que está pasando, es visto con desprecio por los países de la crisis, especialmente Francia. Ello quedó de manifiesto en la última reunión de la Unión Europea, donde Nicolás Sarkozy maltrató a David Cameron en público.

Pobreza de liderazgo
Que haya visiones enfrentadas no es de por sí razón para calificar a los líderes de mediocridad ante la crisis actual. Pero hay agravantes que sí dicen mucho de la pobreza del liderazgo. Los gobiernos en cuestión no han estado en condiciones de ejercer un liderazgo porque no han defendido con claridad lo que realmente pensaban, no han logrado mínimos consensos nacionales en casa y no han vendido a los demás europeos su forma de ver las cosas.


Aunque he mencionado que Alemania tiene una visión determinada, lo cierto es que Angela Merkel la comparte menos que la gente de su partido y del "establishment" en general. Ella, creyente en el proyecto europeo, se inclina por grandes planes de rescate, aunque sea a costa del contribuyente alemán. De allí que Alemania, a pesar de tantas resistencias internas, haya aceptado todo lo que se ha pedido hasta ahora: los planes de rescate de Grecia, Irlanda y Portugal, y el acuerdo que acaba de anunciarse. Esta duplicidad entre una Merkel cercana a las posiciones de otros europeos y un "establishment" en desacuerdo con ella ha impedido que la canciller envíe a Europa un mensaje claro a lo largo de la crisis. Alemania, en esencia, hablaba con dos voces altamente enfrentadas.
Otro problema que agravó la falta de liderazgo europeo fue la posición del gobierno de Nicolás Sarkozy. Durante meses, el gobierno negó que Francia fuese parte del problema. Insistió una y otra vez en que su deuda era manejable y en que sus bancos estaban adecuadamente capitalizados. Exigía rescates para otros, no para Francia. Pero los mercados, que veían la grave exposición de la banca francesa a los países en problemas y, por tanto, el riesgo de que el gobierno tuviera que endeudarse rescatándolos, pensaban lo contrario. Esto agravó y prolongó la crisis mucho más de lo razonable.

Finalmente, está la actuación de los mayores protagonistas de la crisis. Aunque todos han hecho ajustes duros, la división interna en cada uno de estos países ha debilitado mucho a los gobiernos. El socialismo español está de salida debido a las inminentes elecciones que ganará con toda seguridad su archienemigo, el conservador Partido Popular. En Francia, las encuestas colocan a Sarkozy por detrás del candidato socialista, Francois Hollande. Y en Italia, Silvio Berlusconi a duras justas sobrevive a la cabeza del gobierno, porque sus socios lo han ido abandonando y sus incesantes escándalos erótico-político-judiciales le han quitado toda credibilidad. De hecho, en una rueda de prensa reciente tanto Merkel como Sarkozy hicieron, medio en broma y medio en serio, gestos muy elocuentes cuando se les preguntó si confiaban en Berlusconi.

Lo peor de todo es que en otros tiempos  -como ha pasado tantas veces- Estados Unidos habría podido suministrar el liderazgo que Europea no era capaz de ofrecer. Sin embargo, con su propia dificultad para tomar decisiones (el gobierno estuvo a punto de cerrar dos veces en los últimos meses por la parálisis en el Congreso) y sus propios antecedentes (la crisis financiera de 2007/8), ha carecido en todo este tiempo de la fuerza para liderar a los demás. Si bien el Presidente Obama y el secretario del Tesoro, Tim Geithner, han intentado arrear a los europeos, han tenido que hacerlo con discreción y esporádicamente, salvo en contadas ocasiones. Cuando elevaron la voz, los acusaron de hipocresía desde la propia Europa.

Ahora queda ver si el plan anunciado tendrá una credibilidad duradera, más allá del alivio expresado en los primeros días. Y, sobre todo, si será suficiente para parar la crisis y no acarreará nuevos problemas fiscales y monetarios derivados de lo que es, en buena cuenta, un nuevo y esta vez enorme plan de rescate.

Alvaro Vargas Llosa.



Comments:

Estimado Alvaro los que mandan saben la cosa pero si hablamos a nivel trabajador la respuesta es no.Korea China con sus conglomerados en data i tv i celulares la distribuicion es ya dada para no decir en automobiles .Europa pagará lo que cueste, la situacion en Grecia para salvar la cara de haber decido a el resto de el mundo bailara por nuestra no lo escribo pero comprenderas.Europa la vieja esta transtornada.Saludos i pasalo bien.

Posted by Erasmo bernales ochoa on October 29, 2011 at 01:04 PM CLST #

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