Un santo en la corte, por Marcelo Con
Aug. 14 , 2010
Publicado en suplemento Tendencias de La Tercera, sábado 14/08/2010
Como dicen que, si no es autobiográfico, todo lo que se escribe debería ser considerado plagio, voy a contar una historia de cuando estaba en segundo medio y llegó el nuevo profesor de castellano: un hermano Marista español que, junto con hacer clases de gramática, editó el primer diario hecho por y para los alumnos, sin duda, una excelente noticia para un colegio donde no había mucho que opinar ni carreras, aparte de las tradicionales, donde elegir. Era un taller "optativo" de periodismo, y como obligatoriamente había que escoger entre ese o el de geometría que dictaba "El Loco" de matemáticas, mi déficit atencional tomó la decisión correcta.
Fernando de la Fuente se llamaba el profe y en sus clases pude aprender que escribir es igual que toser, que los diccionarios son juguetes que no necesitan cuerda y que enseñar y bostezar nunca deben rimar.
"Para volar hay que soñar" era una de las frases con las que arengaba al espinilludo departamento de prensa. Sus palabras nos hacían levitar y sospechar que podría haber vida después de la ingeniería, las leyes o la medicina. Así fue como absolutamente inspirado y envalentonado, como director democráticamente electo, decidí redactar la primera editorial del diario como un campo minado de reflexiones que criticaban las autoritarias políticas del colegio. Demoré todo un día en escribirla y casi siete en mecanografiarla.
Cuando presenté mi sudado texto sentí que al fin hacía algo importante. El hermano Fernando leyó en silencio, subrayó una frase, agregó un punto y coma, corrigió un par de acentos y, finalmente, reemplazó todas mis ideas revolucionarias por conceptos marianos. Sí, era la primera censura que sufría y, para peor, no sería la última, claro, hasta el número final del Reflejos (nombre que también propuso él), el hermano Fernando no dudó en usar su podadora reemplazando mis ideas por otras más evangelizadoras. Cuando faltaban pocos días para noviembre decidí hablar personalmente con el peluquero de mis textos y presentarle mi renuncia como director. Esperé que terminara el taller y antes de que pudiera decir algo, el hermano se me adelantó diciendo: "Te felicito, escribes muy bien".
Poco acostumbrado a los elogios, mi primera reacción fue mirar hacia atrás pensando que le hablaba a otro compañero, pero no había nadie más y, entonces, sacó todas mis redacciones que aún guardaba en una carpeta y empezó a comentarme cada una de ellas como si yo también fuera una persona grande.
Esa tarde, por primera vez en mi vida, escuché decir a un profesor que creía en mí. ¿Y cómo le pagué esa confianza?... Bautizándolo como "El Cabeza de Coco" por su redonda y brillante calvicie (¿¡qué esperaban?!, era un adolescente y seguía picado por la censura).
Al año siguiente el taller desapareció y el Reflejos se apagó, pero, con todo lo aprendido, descubrí lo mucho que me gustaba escribir. Gracias a esa conversación quise estudiar Periodismo, gracias a mi promedio de notas terminé en Publicidad (otra profesión con la que podía vivir escribiendo).
Si el año pasado decidí dejar de hacer spots y frases de radio por un ratito, fue porque quería algo más que redactar ofertas y como "para volar hay que soñar", diseñé un sabático plan que consideraba un primer semestre de contemplación y un segundo de ejecución. Como ya estamos en agosto, esta semana volví a dar clases de creatividad en la universidad. En la primera clase, mientras pasaba lista y escuchaba las respuestas tiritonas de mis alumnos, fue inevitable recordar al hermano Fernando y cómo él creía que los jóvenes sólo necesitan un pequeño empujoncito para flotar.
Lamentablemente, nunca pude agradecerle al "Cabecita de Coco" todo lo que hizo por mi. Hace 15 años, él decidió dejar todas sus comodidades en Chile y partir como misionero a Zaire. El 31 de octubre de 1996, mientras servía en un campo de refugiados, fue asesinado a balazos, junto a otros tres hermanos Maristas, por un grupo miliciano del Frente Patriótico Rwandés.
Los Mártires de Bugobe, como se les conoce hoy en día, sabían que esto podía pasar. Lo sensato era escapar, lo divino, no abandonar a esos cuatro mil niños que todavía podían soñar, y como el hermano Fernando practicaba lo que predicaba, murió como todo un profesor, es decir, dándonos una lección y escribiendo una historia que, sin lugar a dudas, vale la pena plagiar.





Posted by Paul on August 15, 2010 at 08:21 AM CLT #
Ojalá las aulas del IAE y las de todos los colegios de Chile tengan a muchos más como don Fernando, en reemplazo de aquellos que sólo enseñan a memorizar textos y fórmulas en vez de a pensar... Ojalá sean muchos más los que dejen de limitar a nuestros niños y en vez de eneseñarles lo que deben o lo que no pueden hacer, les enseñen a no tener miedo a soñar... a atrevernos a volar...
Afectuosamente
Posted by Rolando Lamotta on August 16, 2010 at 12:38 PM CLT #
Pancho
Posted by pancho on August 16, 2010 at 01:12 PM CLT #
Posted by tiopelao on August 18, 2010 at 06:24 PM CLT #
Posted by javier on August 19, 2010 at 11:01 PM CLT #
Hace 6 años que trabajo en la división social de los Maristas, donde el hermano Fernando es el modelo a seguir de los voluntarios que allí participamos año a año entregando algo más que tiempo a niños en riesgo social de nuestro país.
También tengo mucho que agradecerle al "cabeza de coco", por su legado... que indirectamente ha abarcado más vidas de lo que yo imaginé.
gracias por la bella columna...
Posted by Natalia on September 03, 2010 at 11:29 PM CLT #
Un abrazo marista.
¡ Siempre Maristas!
Posted by Francisco Morales Guerrero on September 09, 2010 at 01:39 AM CLT #
Posted by Marcia Araneda Vargas on October 16, 2010 at 11:57 PM CLST #
Educar con amor eso define al Hermano Fernando y en general a la hermosa congregaciòn Marista.
Posted by Marcia Araneda Vargas on October 17, 2010 at 12:00 AM CLST #
Educar con amor eso define al Hermano Fernando y en general a la hermosa congregaciòn Marista.
Posted by Marcia Araneda Vargas on October 17, 2010 at 12:01 AM CLST #