"Tu padre salvó la vida de mi padre", Por Sonia Lira
Jan. 02 , 2010
Me pidieron que escribiera sobre la situación que más me impresionó durante el 2009. Y aunque soy fácilmente impresionable, fue la revelación que le hice a Claudia S. sobre su padre, la top one de mis impresiones. ¿La razón? Me confirmó que nunca terminamos de conocer a nuestros progenitores. Incluso cuando ya están muertos.
Ocurrió a comienzos del año que se fue. Un amigo me convidó a una comida en su casa con gente conocida, y otra no tanto.
Por entonces mi papá se recuperaba milagrosamente de un infarto cerebral y yo estaba particularmente sensible a los temas filiales. Claudia (una de las invitadas que no conocía), también estaba susceptible, pero por distintos motivos. Su padre -un general que ocupó un alto rango durante el régimen militar- había muerto hace poco, y si bien se encontraba reparando algunos temas pendientes, todavía le quedaban muchos cabos por atar.
Para Claudia, una educadora diferencial de izquierda, que su progenitor participara en el gobierno militar era un conflicto de dimensiones épicas. Por un lado, estaba ese papá maravilloso que les dio a sus seis hijos toda la libertad del mundo para que pensaran y sintieran cómo quisieran; un hombre ejemplar, querido y respetado incluso por sus adversarios políticos. Y, por otro, un ex funcionario del régimen que ella combatió.
-"¿Perdón?" -interrumpí a Claudia mientras intentaba en voz alta saldar cuentas con su padre- "¿Cómo se llamaba tu papá?"
Entonces me deletreó el nombre completo del general.
-"¿Sabes?"- le dije, sin comprender todavía el peso de la revelación- "Tú papá salvó la vida de mi papá. El lo ayudó a salir del Estadio Nacional cuando estuvo detenido después del golpe. Si no, quizás estaría muerto".
Silencio total en la mesa.
Claudia intentó escarbar en el pasado para entender qué había detrás de tanta contradicción en un solo hombre y se encontró con lo que hay en la mayoría de los casos. Esto es, el misterio de la condición humana.
"Mi papá nunca nos contó toda la verdad. Creo que ni él mismo la sabía", me confesaría en el futuro.
Y entre las cosas que no le había contado estaban las gestiones que realizó para rescatar prisioneros políticos.
Cosa curiosa: desde el otro lado de la trinchera, mi papá tampoco me había contado toda la verdad. Al igual que el general, nunca quiso conversar demasiado sobre lo ocurrido inmediatamente después del 11.
Sólo luego del accidente cerebrovascular comenzó a hablar y a sentir con más holgura. Parece que el coágulo de pasadita le removió una piedra emocional. Empezó a soltar detalles y nombró a un oficial, por entonces coronel de Carabineros y luego abogado, con el que jugaba baby fútbol. "Realizó una gestión importante", me comentó un día. Y una tarde agregó: "Hizo que me interrogaran carabineros". Hasta que por fin dijo: "El mayor (de Carabineros) que me interrogó me dijo 'allá afuera hay gente que está preocupada por usted' y yo le pregunté ¿Quién? ¿la Jane Fonda?".
Al día siguiente lo pusieron en libertad y mucho tiempo después supo que no había sido la Jane Fonda, sino su compañero de partido (de fútbol, claro) quien le salvó el pellejo.
Todavía recuerdo los ojos brumosos de Claudia la noche que le conté esta historia. Por supuesto que no ocurrió como en las películas cuando se revela el antecedente definitivo para un final feliz. Es decir, el clásico close up y enseguida la cara de "te perdono" o algo por el estilo. No. Esa noche de 2009 todo ocurrió en cámara lenta. Mientras ella reaccionaba a la noticia, mi marido, que no es chileno, intentaba entender cómo dos mujeres con padres en bandos supuestamente irreconciliables, compartían tantos sentimientos en común.
Y cuando por fin Claudia pronunció algunas palabras, fue para insinuar -muy entre líneas- que por grande que sea el abismo con nuestros progenitores, resulta imposible cortar de cuajo la relación, como sí ocurre con amigos o hasta con una pareja que nos hace daño, por ejemplo.
Ella nunca usó la palabra perdón, sino que hasta hoy habla de reparación. Es decir, de arreglar algo que está mal hecho o estropeado, como pueden ser los abrazos rotos (por copiar el título de Almodóvar) con nuestros padres.
Al día siguiente, el anfitrión me llamó por teléfono para comentar lo mucho que le había impresionado lo ocurrido durante la comida en su casa.
"Es el comienzo de una novela", me dijo entusiasmado.
"Quizás" -le respondí-. "Pero de todas formas es una historia que algún día voy a escribir".





Posted by Caro on January 05, 2010 at 10:05 PM CLST #
Posted by juanpa on January 06, 2010 at 12:12 AM CLST #
Posted by Justo on January 06, 2010 at 12:18 AM CLST #
Posted by Leticia Farias Pablo on January 06, 2010 at 11:32 PM CLST #
Posted by bracitoscortos on January 06, 2010 at 11:54 PM CLST #
Posted by pal on January 08, 2010 at 08:02 AM CLST #
Ojalá te salga la novela, pero para eso lo de "los bandos" vas a tener que olvidarlo- esto es una OPINIÒN, nada más- porque para tomar la perspectiva humana hay que contar "historia" y allí no se es "imparcial, ni científico"
Posted by pal on January 08, 2010 at 08:06 AM CLST #
Posted by Pamela Díaz on January 08, 2010 at 09:52 AM CLST #
Posted by LORE on January 08, 2010 at 12:43 PM CLST #
Ahora..1. Es válido cargar a los hijos o nietos lo hecho por sus padres?.
"(...)Y el "Señor General" que dio la orden de fusilamiento de los tres esta todavia lo mas bien. Un par de sus hijos apoyando una de las dos candidaturas Presidenciales."
2. Es válido creer que entendemos lo que lleva dentro cada uno de los funcionarios del gob. militar y por lo mismo emitir juicios a raíz de aquella condición?
Posted by jose on January 08, 2010 at 07:29 PM CLST #