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de La Tercera

 

Todo comenzó como una broma, por Marcelo Con

Jan. 27 , 2012

2 Comments

El director creativo odiaba a uno de los ejecutivos de cuentas. Lo consideraba mentiroso, engreído y arribista, pero como no pertenecía a su jurisdicción y, en realidad, tampoco existía razón de peso para el sobre azul, tenía que aguantarlo. Un mal día, en los tiempos en que el mail era un papelito amarillo que pegábamos en los escritorios de quienes queríamos contactar, el de cuentas fue a buscar al creativo. No lo encontró, así que le dejó un Post-it con la frase: "Rodrigo, la reunión es mañana a las 8.30". Al poco rato pasó el redactor payaso, ese que sin pensarlo disparaba tallas con metralla, algunas divertidas, la mayoría plomadas, y entonces leyó el mensaje, y con el mismo lápiz y tipografía rellenó el espacio entre lo escrito y la firma del ejecutivo con un: "No seai pajero, llega temprano y ponte una pinta decente, ¿ok?".

De la escena fui testigo directo, ya que mi puesto de trabajo quedaba frente al del director y, más encima, con sonrisa sabandija, el chistosito comentó en voz alta lo redactado para contagiar el chiste. 

A las tres horas llegó Rodrigo, venía transpirando rabia por una tortuosa presentación en el centro, un cliente cacho había rechazado por enésima vez la campaña y, como estábamos en el corazón de diciembre, el clima era un horno que no estaba para bollos ni bromas. Sin saludar, miró el malnacido papelito, escupió entre dientes algo parecido a un garabato y partió fulminante rumbo a lo que imaginé sería la oficina del marketero. Helado, sólo atiné a correr en dirección al redactor que, al otro lado del taller, no sospechaba hasta dónde llegarían las esquirlas de esa bomba bufona que había activado.

En cámara rápida y tropezándonos con la incerteza, bajamos juntos la escalera. En el primer piso estaba Rodrigo despidiendo a gritos al hombre de cuentas. Mientras el ejecutivo tartamudeaba por la impotencia de no entender, la recepcionista y demás mirones parecían ferrotipos. Cuando las palabras estaban a punto de convertirse en puñetes, el redactor se metió entre medio, calmó los ánimos, aclaró su participación, pidió disculpas, dijo nunca más, y escuchó una lluvia de insultos corales que precipitaron del director y el ejecutivo. Cabe señalar que, en ese momento, a nadie le pareció gracioso.

Sí, como el cover de Faith No More, todo comenzó como una broma que se puso cimarrona, escapándose de las manos para coquetear con el drama. Hermana gemela de la tragedia es la comedia, porque la risa, inocente o maldadosa, siempre nace de un defecto o error propio o ajeno. 

Al protagonista de esta historia le encantaba clavar con torpe ingenio navajas cosquillosas, pero demasiado filosas, y como el que nace chistoso muere riendo, después de varios años, donde sus tallas pesadas, en vez de acabar, se convirtieron en plaga y su gran talento lo mantenía inmune al despido, una noche larga se encontró supervisando un lento y estirado transfer (trabajo que consiste en pasar un negativo de película a un formato digital, donde se calibran los colores en una sala completamente a oscuras, sólo con un par de televisores encendidos, que muestran las imágenes a retocar). Pasadas las tres de la mañana, uno de los productores se quedó dormido a ronquido suelto. Alarma de broma, pensó el redactor, pidiéndole al operador apagar los monitores. Entonces, en una perfecta improvisación, todos los presentes comenzaron a opinar de una imagen que ya no estaba. "Ponle un poco más de magenta", dijo el redactor, "¿te gusta así?" contestó el perillero, "sí, pero ¿puedes encuadrar un poquito más a la izquierda?", eran las frases que iban y venían frente a la oscuridad total, hasta que un sollozo despacito, pero continuo como fotograma, comenzó a tomar fuerza vistiéndose de pronto en un grito lloriqueado. "¡¡¡No veo, estoy ciego!!!", chilló el desdichado, y mientras todos trataban de aguantar la risa, un gruñido grave oscureció aún más la negrura. Encendiendo la luz, pudieron ver al productor con las manos en el pecho suplicando con medio suspiro por una ambulancia. Acto seguido, se desmayó. 

Con el infarto en la sala y la culpa de joroba, el redactor comenzó a tiritar, agarró su celular y trató de marcar, pero el aparato se le resbaló de los dedos, rompiéndose en dos pedazos; entonces, para pedir ayuda salió de la sala gritando como imitación de alcalde de Santiago, hasta que sus nervios se erizaron en un llanto de arrepentimiento, interrumpido sólo por una voz de ultratumba que dijo "te la creíste huevón". Sí, era el productor y la risa de todos fue multicolor. Como la supuesta víctima había escuchado la previa de la treta, decidió continuar hasta el final y darle al chistosito una cucharada de su propia carcajada. Cabe señalar que al único que no le pareció gracioso fue al redactor. Eso sí, nunca más hizo una broma pesada.



Comments:

Es curioso como caen mal los que siempre intentan hacerse los simpáticos...

Entretenida columna don Marcelo

Saludos de su amigo virtual,

R

Posted by Rolando Lamotta on January 30, 2012 at 05:14 PM CLST #

refrescante como sandía en verano es tu columna... gracias me reí mucho

Posted by Francis on February 03, 2012 at 12:30 PM CLST #

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