Soñando con el demonio, Por Marcelo Con
Oct. 24 , 2009
Rodrigo es el mejor amigo de mi mujer, también es zoólogo, vive en Hobart y se dedica a controlar la población de demonios de Tasmania (animales que están en peligro de extinción por culpa de un cáncer).
El Flaco es el típico chileno "patiperro" o "patidiablo", en este caso. La semana pasada, Senda Darwin y el Caseb de la UC lo invitaron a dar una charla en Santiago. Después de volar dos horas de Hobart a Sidney y otras dos más de Sidney a Auckalnd, finalmente pudo embarcarse en el avión que lo traería a Chile. Aunque su reloj marcaba la una de la tarde, él sabía que en Santiago eran las 11 de la noche (del día anterior), así que para evitar los trastornos del jet lag, el Flaco había estado toda la noche despierto para juntar sueño, poder dormir en el avión y acostumbrar su cuerpo lo antes posible al horario nacional.
Cuando el Boeing despegó y la señal de abrocharse el cinturón se apagó, el Flaco reclinó su asiento y cerró los ojos, sus pensamientos también comenzaron a volar, hasta que una patada en el respaldo del asiento lo trajo de vuelta. Trató de obviarla, pero vino otra y otra más. Rodrigo se dio vuelta y vio a un niño de unos cinco años sentado junto a su mamá. El Flaco sonrió a la criaturita y luego a la señora, pensó que con eso bastaba, pero antes de que volviera a su posición recibió otra patada, profunda, clavándose en su espalda. Rodrigo encaró directamente a la mamá: "Señora, ¿le puede decir a su hijo que saque el pie de mis riñones, por favor?" "Es que no va a querer", respondió la madre. Las patadas seguían, el sueño se perdía. La mujer por un momento encontró la sensatez: "Sebastián, córtala", pero nuevamente la perdió: "O le voy a tener que contar a tu papá cuando lleguemos".
La respuesta del perverso enano fue fulminante; una pataleta de las grandes. La madre, desesperada, le ofrecía regalos, le suplicaba, pero el malcriado seguía chillando. Estábamos ante la presencia de un pequeño dictador. A diferencia de los demonios de Tasmania, este tipo de padres permisivos y que no son capaces de poner ningún límite, están muy lejos de extinguirse. Ya sea por un sentimiento de culpa o por el cansancio de un día agotador en la oficina, se están convirtiendo en plaga, papás que consienten en todo a sus niñitos y les dan lo que quieren, cuándo y cómo los niños quieren.
En una ocasión, un amigo se tuvo que levantar a la tres de la mañana para sacar a pasear en auto a su primogénito, porque el perla se lo exigió. Está demostrado que sin reglas, sólo se crían tiranos que cuando adultos, sienten desprecio por cualquier esfuerzo, importándoles sólo su propio beneficio.
Afortunadamente, a la media hora de berrinche, el niño se durmió, el Flaco también y empezó a soñar con una tribu que conoció hace años en una isla del Pacífico Sur y en donde ven la paternidad de una manera muy distinta. Para no sentirse autoritarios frente a sus hijos, ellos delegan la responsabilidad de poner límites a un hermano o hermana, así los malos de la película son otros y ellos siguen siendo los padres. Los niños crecen sanos y felices, gracias a las reglas claras que ponen y hacen respetar los tíos.
En eso estaba el Flaco, soñando que compartía con ellos un luau hasta que comenzó a llover, pero en vez de gotas caían miguitas de queque. Despertó, al principio no sabía qué pasaba, pero poco se demoró en entender que el demonio del asiento trasero también había despertado, comía magdalenas y, con la boca llena, se entretenía soplando y tirando un diluvio de miguitas y escupos directamente a la cabeza del Flaco, quien ni siquiera se molestó en decir algo, simplemente se hundió en el asiento para capear el chaparrón.
Se acordó de otro lugar del Pacífico Sur que también había visitado, Raki-Raki en Fiji, donde según le dijeron aún se practicaba la antropofagia. El Flaco imaginaba al niñito asado al palo o a la parrilla, hasta que escuchó a la mamá de la criaturita decir: "Hijo, voy al baño, por favor pórtate bien", el niño le contesta "cállate" y la mamá, "haz lo que quieras". Cuando el Flaco la vio alejarse por el pasillo, supo que era su oportunidad, así que agarró del brazo al mocoso y le dijo: "Si me vuelves a molestar, te saco el corazón y me lo como". Antes de que el incipiente puchero se convirtiera en llanto, siguió: "Y si te pones a llorar o le cuentas a tu mamá, también".
El resto fue un viaje de placer, el niño no abrió más la boca, ni siquiera se movió. Finalmente, el Flaco pudo dormir y volver a soñar, pero ahora estaba en Tasmania, en los bosques y con los diablos que tanto ama. Atrapaba uno chiquitito que estaba enfermo, pero se podía recuperar. Lo examinó, lo marcó y lo bautizó Sebastián.
* Mauricio Con es publicista, guionista y director creativo de Cabeza.
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Anoche soñé que me moría, así que me decidí hoy a hacer lo pendiente. He seguido cada una de tus columnas con avidez ..... bueno ya , con mucho interés, para que no te hagas falsas expectativas y he encontrado casi un alma gemela en tus escritos. También escribo una editorial y tampoco recibo comentarios, aunque varios dicen leerme, me limitaste a 500 caracteres, pero quiero decirte que sí te leo y que disfruto mucho lo que haces. Búscame mañana en el obituario, por si acaso. 7654321
Posted by marilyn palma on January 17, 2010 at 10:58 AM CLST #
Posted by marilyn palma on January 17, 2010 at 11:18 AM CLST #