¿Podré perdonarlo por una última vez? Por Victoria Rosner
Feb. 01 , 2010
Una mañana, mientras dejaba a mi hijo en el jardín, su profesor me llamó para conversar. Sentí un hormigueo. ¿Había vuelto a hacer una travesura? Me miró con expresión grave: "Swimmy, el pez de la clase, murió ayer. No creo que sea bueno ignorarlo".
Su preocupación no era menor. John sabía que la muerte era un tema sensible para el niño. Un año antes, el padre de Judah sufrió un cáncer que se había expandido a sus huesos. El tenía 51 años y Judah, dos.
Hasta el diagnóstico, Judah y su padre no se habían visto mucho. Antes del nacimiento, su padre decidió que ya no podía seguir casado y yo me trasladé a Nueva York. Dos años más tarde, tras descubrir su cáncer, me llamó. Le expresé mi compasión por la enfermedad, pero no era de eso de lo que quería hablar.
"Tengo que pedirte algo", me dijo. "Estás en pleno derecho de decir no. Siempre he planeado tener una relación con Judah cuando fuese un poco mayor, pero ahora no sé si eso va a poder ser. Quiero comenzarlo a ver tanto como pueda". De alguna forma, eso era lo que yo había esperado desde el nacimiento de Judah: que tuviera una relación con su papá.
Pero tenía que considerar que lo peor podría pasar, en cuyo caso habría expuesto a Judah a un dolor significativo e inevitable. Pensé en qué le diría a un Judah más viejo, que tendría un montón de preguntas acerca de un hombre y de una relación que no recordaría por completo. Si ese día llegaba, sabía que desearía tener historias que contar y fotos que mostrarle.
Muy en el fondo, también quería darle al padre de Judah el consuelo que necesitaba. Me guardé la rabia por la forma en que optó salir de la vida de Judah. Dije que sí. Después de la primera visita, él me llamó desde el aeropuerto: "Es el niño más increíble que alguna vez haya vivido. ¿Te das cuenta de eso?". Le dije que sí. Colgué con la sensación de que me habían dado un regalo. Por primera vez, sentí que él me hablaba inequívocamente como el padre de Judah.
Inicialmente, Judah no estaba seguro de quién era este tipo. Comenzó a llamarlo por su primer nombre, pero cuando se lo pidió cambió feliz a "papi".
Finalmente, le tomó el gusto a la palabra y saltaba al teléfono, gritando: "¡Hola, papi!". Durante los meses siguientes, vimos cómo "papi" perdía su cabello y se volvía más débil. Tomaba grandes dosis de morfina, pero con frecuencia se estremecía del dolor. Judah era atento, y se las arreglaba para frenar las expresiones más quisquillosas de su personalidad cuando su padre estaba presente. Una vez le preguntó: "¿Papi, estás enfermo?", y oí la respuesta: "Estoy bien. Y me voy a mejorar". Me retorcí. Sabía que eso es lo que él necesitaba decir, pero no estaba segura de que fuera lo que Judah debía escuchar.
Diez meses después del diagnóstico, el hospital llamó, diciéndome que la cosa no se veía bien. Me senté con Judah. "Corazón, papá está muy enfermo y temo que muera". La angustia llenó sus ojos. "No quiero que muera. Quiero verlo". "Yo tampoco quiero que muera. Voy a ir al hospital ahora y le contaré lo que dijiste".
Cuando llegué, estaba en coma, pero sostuve su mano y le conté. Le hablé de los planes para el futuro de nuestro hijo. Sabía que probablemente no me oía. Murió dos días después. Judah estaba enojado y triste. No dejaba de preguntarme sobre cuándo papá dejaría de morir y volver con nosotros. Fue mi miserable obligación decirle "nunca" y presenciar su desilusión. Judah ahora tiene tres años y sigue sin creer en el "para siempre", buscando una forma de negar la muerte. "¿Quizás papá está en el hotel en el que estuvimos una vez?".
Puede que los recuerdos sobre su padre se desvanezcan, pero por ahora los disfruta. Cada vez que pasa por un McDonald, dice: "Yo fui ahí con mi papi, ¿no es cierto?". Una vez le dijo a una amiga de mi madre: "Sabes, todos vamos a morir". Quiere saber sobre la posibilidad de que los dos muramos juntos. Otra vez me escuchó al teléfono hablar con una amiga, diciendo: "¡Pude haber muerto!". Se puso blanco. "¡Mami, no digas eso!", gritó.
Cuando John les explicó a los niños sobre la muerte de Swimmy, uno de ellos dijo que su abuela había muerto. Otro dijo que había tenido un pez que murió, muy viejo. La clase estuvo de acuerdo en que Swimmy también había sido un pez viejo. Y luego Judah dijo: "Mi papi murió".





Posted by pablo on February 03, 2010 at 02:30 PM CLST #
¡Felicitaciones!
Posted by Carlos on February 04, 2010 at 10:09 AM CLST #
Posted by Pablo Kawles on February 04, 2010 at 10:38 AM CLST #
Felicidades!
Posted by Jean on February 04, 2010 at 12:17 PM CLST #
Posted by Sapd on February 04, 2010 at 07:08 PM CLST #
Posted by PEPE on February 04, 2010 at 08:04 PM CLST #
Se agradece.
Victoria, ¿eres arquitecto?
Posted by gabriela on February 08, 2010 at 01:55 AM CLST #