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de La Tercera

 

Palabras prohibidas, por Pelayo Bezanilla

Feb. 08 , 2010

8 Comments

Un día de noviembre del año pasado mi hijo de siete años volvió a la casa con una larga comunicación enviada por su profesora jefe. Preocupada, nos decía que lo había sorprendido peleándose con un compañero y, en lugar de mostrarse arrepentido, en un tono muy seguro le había respondido lo siguiente: "Mi papá me dijo que tenía que pegar de vuelta si me molestaban".

 El muy canalla me entregó a la primera. Y la profesora, qué le han dicho: delito flagrante y confesión inmediata. "Tráeme tu libreta de comunicaciones, por favor".

Los niños no mienten, pero pecan de una peligrosa honestidad. Días antes, mientras comíamos, nos contó que uno de sus compañeros le había pegado un combo durante el recreo. ¿Qué iba a decirle: que le hiciera el quite al niño o que, si pasaba de nuevo, lo acusara a la profesora? ¿Cobardía o delación?

¡Seamos honestos! Cuando se trata de nuestros hijos, la gran mayoría optamos por un consejo políticamente incorrecto, pero efectivo: "Si te pegan, defiéndete no más". En mi defensa debo decir que le insistí en que la respuesta debía ser proporcional a la agresión y siempre que el agresor no entendiera por la buena. 

 Como sea, convinimos que era bueno darle una explicación a la profesora para que no me creyera un descriteriado, de modo que al día siguiente, al ir a dejarlo al colegio, lo acompañé a su sala. "Hola, ¿cómo está? Mire, vengo por la comunicación que nos mandó ayer. Quería explicarle que en realidad mi hijo me malinterpretó y que no le dije en serio eso de pegarles a los compañeros. Usted sabe cómo son los niños, que no entienden estas bromas…", le dije.

No fue la más contundente de las explicaciones, pero algo tenía que decirle. Por suerte ella se mostró comprensiva y zanjó el asunto con un sonriente "no se preocupe, me pasa seguido". Tampoco tenía mucho sentido ponernos a debatir: su pega es educarlo y la mía lograr que sobreviva al colegio.  

 El problema es que los niños de esa edad repiten todo lo que dicen o hacen sus padres como si fuera verdad revelada, no porque sus padres sean necesariamente personas serias y con criterio, sino porque los niños son ingenuos, aún no desarrollan el sentido común y no tienen más referentes a los cuales echar mano. 

Entonces los pobres incautos no tienen más opción que imitar lo que ven y oyen. ¿Y quién puede ser un buen ejemplo las 24 horas del día, los siete días de la semana?

 Siempre hay por ahí una que otra alma bondadosa, pero la mayoría de los padres hacemos lo que podemos. 

Veamos un caso concreto que nos sucede a todos los padres: para los niños, los garabatos son como mercancía prohibida obtenida en los subterráneos más oscuros del mercado negro. Saberse una palabra prohibida y, lo más importante, compartirla con sus pares, es equivalente a ganarse el derecho a un nuevo tatuaje estando en la mafia rusa. Un orgullo.

 Sumémosle a este "vicio" lo que les comentaba sobre la imitación ¿y qué tenemos? Un pequeño especialista en "palabras prohibidas". Con vergüenza debo reconocer que soy la principal fuente de aprendizaje de mi hijo en este campo. No porque me lo proponga, claro, sino porque está siempre atento a ver si me escucha una nueva "joyita" que agregar a su colección.

Casi todas las mañanas le doy material. Como salimos al colegio al filo del tiempo y las calles por desgracia no están despejadas para mí, me cuesta encontrar las palabras más doctas para referirme a los choferes de las micros o las mujeres que, "distraídas", terminan de pintarse en plena luz verde. Y mientras avanzo repartiendo "palabras prohibidas" a diestra y siniestra, mi hijo va riéndose con malicia en el asiento de atrás, orgulloso de enriquecer su vocabulario.

 El año pasado, en otra comunicación, la profesora nos pidió que le pusiéramos atención a su "lenguaje". Al parecer su diccionario de palabras prohibidas estaba entre los top ten del recreo. Y me preocupé, desde luego, de no usarlas por uno o dos días, hasta que sin darme cuenta estaba de nuevo siendo lo que soy al menos en las mañanas: un mal ejemplo.



Comments:

¡Que raro! Tengo un tio que de cada tres palabras dichas dos son chuchadas, sus hijos no las repiten para nada y sus sobrinos tampoco, (chuchadas.. chuchadas gruesas), ¿no sera que existe permisividad y la no diferenciacion correcta entre los adultos y los niños? ( los adultos adolecemos de muchas areas y no necesariamente los niños son iguales ). <8mm

Posted by Fantomas on February 09, 2010 at 10:03 AM CLST #

La pega de los profesores no es educar a sus alumnos, sino instruirlos y enseñarles el conocimiento. Su pega como padre es educarlo: enseñarle valores y modales. La educación parte en casa.

Posted by Dolores on February 09, 2010 at 10:34 AM CLST #

Jajajajajaj la pura realidad, que le vamos a hacer? así somos los humanos en todo estrato social y a lo ancho del mundo, suerte que en Chile se tiene conciencia aún de que lo mal dicho está mal, vivo en un país en donde todo lo que se me dijo no se podía decir se dice, es pan de cada día incluso en televisión, otro ejemplo sería Italia o España donde el hablar sucio es moneda corriente....pero seamos sinceros..que diriamos en vez, si nos machucamos un dedo al martillar, un golpe en la canilla?

Posted by #%¤"&#//"&"//!"(!"#% on February 09, 2010 at 10:38 AM CLST #

Dolores ha dicho una verdad del porte de un buque, "instruir"....arrogante sería que un profesor tratara de educar a un arcoiris de niños que vienen de un arcoiris de hogares, pero el garabato tiene un quehacer en el lenguaje, es la valvula de escape de un dolor, frustración, rabia, desesperación etc. la real academia de la lengua no nos proporciona una herramienta alternativa, sonaría cursi, solo los grupos sociales la proporcionan y cambia en el tiempo y en el espacio.

Posted by Victor Portales on February 09, 2010 at 10:47 AM CLST #

Pelayo. No se preocupe.

Que las palabras guasas o guarangas no implican nada. Incluso son utiles, OBVIAMENTE según el contexto. Con el tiempo su hijo descubrirá en cuáles situaciones (o ambientes) las podrá utilizar sin pudor y en cuales están por lógica impedidas. Su restricción absoluta no es más que siutiquería, pacatería, mojigatería, etc.

Ah. Un alcance:
La pega de la profe no es educarlo sino instruirlo. Es su pega, la suya y de su esposa, la de educarlo.

Saludos.
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Posted by Tranquilizador on February 09, 2010 at 10:52 AM CLST #

Ejemplos de mojigatería, pacatería y siutiquería son:

Las traducciones orales (en las series de TV) o escritas (en el cine)... que ante las expresiones: fuck off, son of a beach o suck my dick shit... traducen un cursi:.... Maldito.
.

Posted by Tranquilizador on February 09, 2010 at 10:58 AM CLST #

Curioso blog; a pesar de tanta irreverencia forzada y liviandad tématica, tengo la impresión que detrás de todo se esconde una verdarera tragedia infantil.

Posted by polo on February 09, 2010 at 06:03 PM CLST #

¿De cuál fumaste Polo?, tema aparte...Te apoyo Pelayo. Si a tu hijo le pegan, por experiencia lo sé, le dices que se defienda. Si vivieramos en un mundo ideal, le diríamos "Dialoga con tu compañero y lleguen a un acuerdo" y como sería un mundo ideal, ellos se darían la mano y se volverían amigos. Por lo general los pequeños "patanes" no entienden de diálogos y algunos profes preocupados de hacer su clase poco toman en cuenta este tipo de situaciones; "Acúsalo" tampoco funciona.

Posted by Julieta on February 13, 2010 at 03:46 AM CLST #

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