Niqui, Por Martín Vinacur
Sep. 04 , 2010
La primera pieza del rompecabezas se llama Tunguska. Pero también podría llamarse Ascochinga. Creo que esa fue la primera vez que me explotó el cerebro. Y Niqui estaba ahí.
Niqui era Nicolás. Ascochinga, nuestro verano perdido en la sierra cordobesa, el último antes de abandonar la primaria y entrar al Nacional Buenos Aires. Sentados en el piso, con dos platos de arroz, las cucharas suspendidas en el aire, mirábamos en blanco y negro a un señor que nos envolvía con el relato de Tunguska: "El cielo se abrió, y una gran bola de fuego impactó el suelo sin dejar rastro, arrasando el bosque más grande de Siberia". Carl Sagan hablaba de cometas. El cielo se abrió. Mi cerebro también. Y Niqui estaba ahí.
De los primeros años me acuerdo poco. Apenas que Niqui era muy flaco, garzudo, que de la polera de gimnasia le asomaban dos bracitos escuálidos que mantenía siempre en jarra, a la defensiva de los que jugábamos al fútbol. En quinto grado faltó dos semanas por una apendicitis que yo creí tener cada vez que sentía una puntada. Creo que esa fue la primera señal de conexión. La puntada de su apendicitis.
Niqui vivía en República de la India, la calle que bordea al zoológico, de modo que ir a su casa después del colegio me significaba una aventura kiplinesca, el ascensor el umbral, el uniforme un disfraz. A esas horas la casa se nos presentaba tan abierta como el futuro. Dos pibes que, después de asaltar el tarro de las galletas, nos dedicábamos a explorar. La segunda pieza del rompecabezas: República de la India. Y los rugidos de los tigres trepando el balcón.
Quizás por esa compensación culpógena que reciben los hijos de papás separados, Niqui tenía de todo: una Commodore 64, vinilos de Bowie que gastábamos de tanto escuchar. Fue el primero en tener una videocasetera y, no me pregunten cómo, se conseguía películas sin subtitular que nos encendían la hora de la siesta. Nos dejábamos caer en un sillón pituco y, mientras oíamos los lamentos penitenciarios de monos y elefantes, nos veíamos todas las de James Bond de Sean Connery. Hasta el día en que empujó Contacto en Francia, la tercera pieza del rompecabezas.
Habré vuelto a esa tarde unas mil veces, en la que Gene Hackman persigue a Fernando Rey entre Marsella y Nueva York. Era el coyote y el correcaminos, pero para adultos. Y llegó la secuencia del auto y el tren, el bebé en el cochecito. Después de la taquicardia, disecamos el montaje. La pasamos en cámara lenta una y otra vez, hasta que la pobre cinta ya no aguantaba su delgadez. Teníamos 12, 13 años, yo había visto mi primer tiro en la frente y estaba feliz. Había entendido lo que hace un director. Y Niqui estaba ahí.
Por esa videocasetera pasó de todo. Buñuel, Hitchcock, Spielberg, Coppola. También mi primera porno, una sueca, en el que las actrices llevaban un pañuelo en el cuello todo el tiempo.
Al año siguiente, Niqui recibió una cámara VHS. De esas que había que llevar al hombro y nos pesaba tanto que no aguantábamos hacer un plano secuencia de más de dos minutos. Pero estábamos haciendo películas. Nuestro dolly era un skate, nuestra luz, una lámpara de codo. Cuando vimos Simplemente Sangre, sellamos nuestro pacto. Estaba decidido. Hermanos. Como los Coen. El iba a dirigir, yo a escribir.
Niqui había nacido el 20 de julio del 69. El día que llegábamos a la Luna, él llegaba a la Tierra. Siempre lo mencionaba, quizás porque de alguna manera sospechaba que estaba de paso. Entrar y salir. Pasar, como un cometa. Tenía 18 cumplidos. Derrame cerebral.
La vigilia en el sanatorio, la negación, los amigos que pudieron llorar.
La mañana del funeral no me moví de la cama. Simplemente no pude. La puntada de no haber ido me persigue hasta hoy.
En este flashback -una de las palabras que aprendí con él- pongo la cámara mirando hacia adentro y reconozco cada una de las piezas: la derivada científica, la ambición cinéfila, el hambre de tiempo. De cómo acabé siendo este devenir de inquietudes tan divergentes. Todo eso es Niqui.
Escribo con Bowie de fondo. Can you hear me major Tom?
* Martín Vinacur es Periodista de Aldea Santiago





Niqui aun sigue aqui!
Posted by Olenka Yáñez on September 05, 2010 at 12:44 AM CLT #
Posted by Andrea on September 05, 2010 at 12:59 AM CLT #
Posted by Carlos Sierralta on September 05, 2010 at 01:45 PM CLT #
Puta muerte. Cuanto la odio.
gracias, martín.
Posted by vitoko on January 07, 2011 at 12:08 AM CLST #
Un abrazo tu amigo el viejo Pong
Posted by Carlos Ballon Arhex on March 04, 2011 at 05:03 PM CLST #