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de La Tercera

 

La zanahoria dorada, por Martín Vinacur

Aug. 07 , 2010

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Uno de los dilemas con los que me enfrenta la paternidad es la administración de incentivos. Siempre he encontrado cierta reluctancia de mi parte frente al modelo premio-castigo.


Lo que los incentivos finalmente persiguen es una variación en la conducta. Quisiera traer dos ejemplos que, interesadamente, tienen que ver con la educación. Uno economicista, ya que su fin es el de elevar la producción; y otro que, además, suma una veta existencial.


The Million Project se llama así por el millón de escolares en el sistema público de la ciudad de Nueva York, de los cuales el 37% no se graduará a tiempo, engrosando el déficit no sólo cultural, sino también económico de la comunidad. ¿Cómo motivar a estos niños a tener un mejor e inmediato rendimiento escolar? 


La iniciativa (público-privada: Departamento de Educación de NYC + operadora de telecomunicaciones) consistió en motivar a los chicos a partir de uno de sus objetos de deseo: el celular. ¿La mecánica? Previo consentimiento de los padres, cada alumno recibía un celular de manera gratuita, sin contrato ni gastos asociados de ningún tipo. Lo único que los chicos tenían que hacer era ganarse los minutos a través de presentismo, participación en clase, tareas y calificaciones.


Desde la idea de reforzar positivamente la conexión entre trabajo duro y recompensa, los profesores distribuían puntos, cada dos semanas, basados en la performance de cada estudiante. Según el rendimiento de cada alumno, su celular se cargaba con créditos canjeables por minutos,  SMS, descargas de música y entradas para el cine.


La primera reacción entre padres y autoridades fue escepticismo. Los chicos, por el contrario, caminaban por las paredes. 


La experiencia piloto concluyó que el 75% de los padres notó que sus hijos pasaban más tiempo haciendo la tarea, estaban más entusiasmados en ciertas clases, estudiaban más con amigos y recibían mejores notas.


Por otra parte, el 75% de los participantes notó que sus compañeros trabajaban más en un contexto de amistad, cooperación y sana competencia. 


Los profesores notaron lo mismo.


La idea fue creada por Droga 5, agencia de publicidad australiana. Conozco a los míos como Hannibal Lecter a los suyos y puedo olfatear que en este híbrido público-privado tenía que haber rédito más allá de la Responsabilidad Social Empresarial. Y encuentro el dato que, sí, los teléfonos tenían un espacio para publicidad.


No soy amigo de la publicidad para niños. Pero, en la otra mano, hay resultados. ¿Cortoplacistas? Puede ser. Pero resultados. Critique, pero no se olvide que, hasta ahora, la creatividad más preclara que hemos tenido en estas lides es un mapa-semáforo.


El otro modelo de incentivo es de adentro hacia afuera. Jamie Oliver, el reconocido chef británico, concibió el proyecto "Fifteen", en el que selecciona a 15 jóvenes en riesgo social (drogadictos en recuperación, madres solteras desempleadas, desertores escolares y descastados variopintos), que no saben nada de cocina para entrenarlos durante un año y convertirlos en chefs.


Mientras aprenden hacen su práctica en un restaurante que también se llama Fifteen. ¿El incentivo? La oportunidad de tener un oficio. Nada más. Ni nada menos. Este proceso está registrado en un reality ("Jamie's Kitchen", Fox Life).


Sospecha: los jóvenes son usados para el show y para que Jamie engrose su fama y fortuna. Pero, ¿resultado? La mayoría de esos chicos hoy son chefs o sous-chefs en los mejores restaurantes de Europa, EEUU y Australia. Pas mal.


Aprender es un incentivo en sí mismo. Incentivo y recompensa. Pero para incorporar esta idea se requieren estrategias que apunten a obtener logros de corto y largo plazo, acordes a la realidad de los involucrados. Y mucha creatividad. Creatividad que, desafortunadamente, hoy parece encontrarse más cerca del mundo privado.



Mientras tanto sale otra horneada al ruedo de la vida.



Comments:

Absolutamente de acuerdo. Lo mas importante es crear incentivos interesantes que impulsen a la gente en el sentido deseado. La zanahoria es mucho mejor recurso que el garrote. Esto lo olvidaron en Chile durante la Dictadura militar, aunque no completamente, ya que los empresarios sí recibieron incentivos, especialmente los inversionistas extranjeros a quienes se les dio un trato de verdaderas divinidades benefactoras, pero como todo exceso es perjudicial, estamos como estamos....

Posted by Rafael Moya on August 10, 2010 at 06:04 PM CLT #

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