El mes de los enamorados, Por Marcelo Con
Feb. 13 , 2010

En agosto del 2003 viajamos a Cuba con mi mujer y nuestro hijo Vicente. Después de unos días en La Habana, nos fuimos a Varadero, a recibir una insolación de relajo, hasta que la Amarilis se empezó a sentir mal y al tercer día de fatiga decidió visitar la enfermería del hotel, pero debido a sus síntomas, le recomendaron ir al hospital de una ciudad cercana. Aunque quise acompañarla, insistió en que no me preocupara, que la dejara en un taxi y que me dedicara a entretener a Vicente.
Pasamos toda la tarde entre la piscina y la playa, pensábamos que a más tardar volvería a comer, pero a esa hora, sólo el hambre llegó. Como Vicente empezaba a preguntar y yo a preocupar, le propuse ir a esperar a su mamá a la entrada del hotel. Nos sentamos en la escalera, en el horizonte se veían rayos y relámpagos de una tormenta que pronto llegaría. Como tratando de hacer humo mi mal presentimiento, me fumé más de media cajetilla, hasta que de pronto llegó un taxi: "Debe ser tu mamá", le dije a Vicente, pero la ilusión se convirtió en decepción cuando confirmamos que el auto venía sin pasajeros.
El taxista se bajó y, aunque no lo reconocí, me dijo: "¿Eres Marcelo verdad?". Sólo pude decir sí con la cabeza, las palabras se me habían volado. "Amarilis te mandó esto", agregó, pasándome un papel escrito por mi mujer: "Mi amor, tengo un embarazo ectópico, me tienen que operar de urgencia, tráeme piyama, pasta de dientes y el cepillo. Los quiero mucho". Ahora el paraíso era un infierno. Sosteniendo el llanto en un hilo, le dije a Vicente que íbamos a ver a su mamá para darle una sorpresa. Mientras caminábamos a la pieza en busca de los encargos, dejé que mi hijo se adelantara para que no me pudiera ver; entonces, el hilo se cortó y una mueca fea deformó mi cara y la pena se me escapó por los ojos, a chorros, hasta que Vicente se dio vuelta preguntando "¿qué te pasa papá?". Paré en seco de llorar y con una sonrisa zurcida le contesté: "Nada, me acordé de un chiste".
En el taxi, el chofer me contó que íbamos a uno de los mejores hospitales de la isla, a la maternidad de ¡MATANZA!, una broma cruel que en ese momento no me dio risa. Cuarenta minutos duró el viaje y, aunque la angustia era mi copiloto, agradecía estar en Cuba, donde la salud es excelente.
Cuando llegamos al hospital, ya habían operado a mi mujer, estaba en la sala de recuperación, helada, frágil, pálida como la esperanza, más linda que nunca. Efectivamente, tenía un embarazo ectópico como dicen por allá o tubario como decimos acá y por el tipo de hemorragia y la cantidad de sangre perdida no hubiera vivido más de tres horas, como aseguró la doctora, sin una operación. Pero el amor es más fuerte. "Mujer Maravilla" tardó una semana en recuperarse, el seguro de viajes cubrió la cirugía, la hospitalización y la semana extra de hotel (de lo contrario, nuestro bolsillo también hubiera quedado muy grave) y finalmente, pudimos volver a Chile.
Pienso en ese episodio como un gran regalo que nos dio la vida, fácilmente olvidamos demostrarles a nuestros seres queridos el amor que sentimos por ellos y, muchas veces, ya es demasiado tarde para recuperar el tiempo perdido. Por eso, desde ese día, no desaprovecho la oportunidad para decirle a mi Amarilis lo mucho que la quiero. Mañana es el día de los enamorados, aunque para nosotros es una fecha arbitraria, agringada y, como muchas parejas, sabemos que no hay que esperar hasta el 14 de febrero para celebrar el que estemos juntos; ahora, si de festejar fechas se trata, lo haríamos todo un mes, agosto sería nuestro mes de los enamorados o de los agradecimientos.
Una mañana de agosto, pero de 2004, mi mujer, nuevamente embarazada, me llamó a la oficina pidiendo que por favor la llevara urgente a la clínica. Después de los exámenes, los doctores descubrieron que tenía un quiste retorciéndose en un ovario, justo un año después de Matanza había que "entrar a picar" otra vez. Pensé que el feto no iba a sobrevivir a la anestesia, pero el doctor dijo otra cosa. "Cuando termine la operación, vamos a hacer una eco para ver cómo queda la guagua". Al saber que mi hijo podía sobrevivir, prometí que si mi mujer y la guagua se salvaban, yo dejaba de fumar ese mismo día. Recuerdo que fue un cigarro tras otro, hasta que me avisaron que la Amarilis había salido del pabellón y la ecografía ya estaba lista. ¿El resultado?, llevo cinco años y seis meses sin fumar.





Sólo me hizo recordar todos los sustos que pasé al inicio de mi embarazo, pero también lo mucho que mi pareja se preocupa por ayudarme a llevarlo de la mejor manera.
Tengo que volver al trabajo, la hora de almuerzo se me terminó,pero como dije al principio, me encantó.
Posted by Olga Villanueva on February 19, 2010 at 04:00 PM CLST #
CARMEN GLORIA
Posted by CARMEN GLORIA on February 21, 2010 at 07:46 PM CLST #