Cuentas pendientes, Por Marcelo Con
Jul. 17 , 2010
Publicado en La Tercera, sábado 17/07/2010
Esta es una de esas historias que no deberían ser verdad. Hace un par de días, después de un almuerzo y mientras esperábamos que nos trajeran la cuenta, mi amigo Dani me habló de su hermana, una mujer que hace rato no es una veinteañera y que es madre soltera de un niñito de cinco años. El padre de la criatura era un compañero de oficina con el que en una de esas fiestas de fin de año, entre amigo secreto, comilona y zangoloteo, se dieron su noche buena. Aunque no lo planearon, una guagua preciosa apareció en su guata y una alegría prematura en su corazón.
Para el padre, en cambio, la noticia fue mucho más embarazosa que la preñez de su affaire, claro, él ya estaba "felizmente" casado y, a pesar de que ya tenía dos hijos, prometió que se haría cargo de todo y sólo pidió un poco de tiempo para contarle la "buena nueva" a su primera dama (cosa que cualquier hombre sabe que es mentira, porque toda demora en confesar tamaño desliz no es más que un agravante para la pareja). Y claro, la guagua nació y el sinvergüenza en vez de poner el hombro y dar la cara, dio la espalda. Cuando la madre estaba de prenatal, el caradura se cambió de pega, evaporándose para siempre y dejando medio huacho a su benjamín.
Mi amigo lo conocía y pensó ir a buscarlo, encararlo, amenazarlo, delatarlo o todas las anteriores, pero su hermana le pidió que no se metiera, no quería escándalos ni mucho menos andar rogando, así es que el Dani no tuvo más remedio que tragarse la impotencia a cucharadas.
Pasaron los años y aunque el padre nunca se asomó, tampoco lo extrañaban, gracias a los sacos de cariño con que la madre se esmeraba en tapar la oquedad.
Una historia como muchas otras hasta acá, hasta que el Dani decidió cambiar a su hijo de colegio y en el primer día de clases, en una de esas coincidencias en que el destino se encarga de demostrar que la realidad siempre es más increíble que la ficción, se encontró de frente con el poco hombre que también iba a dejar a sus hijos. El "conchasupadre" le hizo la desconocida, pero le sirvió de poco, ya que para su mala suerte, el hijo del Dani quedó en el mismo curso que el mayor de sus niños. Está claro, el que la hace la paga en efectivo o a punta de remordimiento, pero no hay escapatoria; la vida siempre se encarga de cobrar todo lo que haces o dejas de hacer.
El Dani no aguantaba más, me contó que en las reuniones de apoderados tiene que esforzarse para no levantar la mano y contarles a todos que el delegado de pastoral (sí, ese cargo tiene) anda por ahí haciéndose el machito fabricando niñitos y después no es capaz de ponerse los pantalones y hacerse cargo de su hijo, condenándolo a mirarse en un espejo roto y a buscar entre el choclón de gente a un papá que podría ser cualquiera, pero que en el fondo no es ninguno.
"Debería ser un delito dejar botado a un niño", me dijo. "No se la puede llevar tan pelada, ¿qué hago?", me preguntó, justo antes de volver a llamar al mozo. Todavía no nos pasaban la cuenta. "Nada", contesté, y le expliqué que es inútil que el Perla reconozca la guagua, le dé un apellido, con suerte una pensión y un montón de promesas que seguramente tampoco va a cumplir.
Hay pocas cosas más tristes que un niño clavado en el dintel de una puerta con una pelota bajo el brazo y la esperanza de que esta vez su papá sí lo vendrá a buscar, y pasa un día y luego otro, hasta que finalmente el corazón se le petrifica de tanto esperar. La ilusión de que los superhéroes existen no la puede apagar una promesa rota. Creo que es mejor no tener papá a tener uno tan malo, no puedo entender cómo alguien puede ignorar a un hijo, parece mentira que exista gente con el corazón tan breve.
"Lo que más rabia me da, es que estoy seguro de que si el tipo duerme mal, es por el miedo a que todo se destape y no por el remordimiento de tener a un niño botado. No puedo quedarme con los brazos cruzados", dijo el Dani con la mirada fija en el aceite de oliva. "Pero no es asunto tuyo, es un problema de la madre y del padre", insistí. "Aunque el problema grande será de mi sobrino", contestó, olvidando que la vida es una tortilla y pronto llegará el día en que se dé vuelta y con la cola entre las piernas volverá el viejo hecho un deshecho, rebalsado de culpa y con la conciencia como joroba pidiendo perdón.
"Tengo que hacer algo", repitió. "Ya te dije, no puedes ni debes hacer nada", contesté.
"¿Y tú?", me preguntó. "¿Qué puedo hacer yo?", contesté, esperando no escuchar una respuesta. "Escribir una columna", sugirió. "No te lo prometo", respondí.





Posted by Marilyn on July 17, 2010 at 02:57 PM CLT #
Posted by Francisca Poblete on July 17, 2010 at 06:42 PM CLT #
lo siento , en algún , minuto lo desenmascaro...
pa que ? no se .. de picado no mas..
Posted by ivo on July 17, 2010 at 08:57 PM CLT #
Posted by mariapia leone norris on July 20, 2010 at 02:59 PM CLT #
Me recuerda tristemente a un padre que solo pagó la educacion de sus 4 hijos de la primera pareja, pero a los 3 de su segunda pareja ahí los tiene trabajando para completar sus estudios ¡Que pena como si todos no fueran iguales!.
estaba de viaje por eso estuve tan ausente en columnas anteriores, pero todas estupendas Sigue adelante Carmen Gloria
Posted by carmen gloria on July 21, 2010 at 08:23 PM CLT #
Posted by Anabel on July 21, 2010 at 10:21 PM CLT #
Posted by Sandra Gonzalez on August 02, 2010 at 10:40 PM CLT #