¡Compre ya!, por Sonia Lira
Oct. 17 , 2009
Para mi papá fue "la compra" de su vida. Aunque -paradoja- esta historia tiene más que ver con tumbas, ataúdes y cinerarios. La idea lo acompañó desde que, vestido de pantalón corto, iba de la mano de mi abuela al funeral de alguna tía solterona, donde escaseaba la plata para una ceremonia a la altura de la finada. Por eso, cuando llegó a la mediana edad, la simple "idea" se convirtió en una "idea fija" que terminó costándole caro.
Mi papá no sólo se propuso comprar una tumba familiar con la mejor vista posible, sino que también se dio maña para asegurarse que se cumpliría su último deseo. Es decir, que luego de una ceremonia tan austera como su vida, su cuerpo fuera incinerado. Pero como no quería que en su matrimonio ocurriera eso de que "hasta que la muerte los separe", le pidió a mi mamá que dejara por escrito las mismas instrucciones, para que así un empleado de la funeraria pudiera esparcir el contenido de los cinerarios al unísono. El resto de la familia ocuparía las plazas del cementerio.
"¡Donde fuego hubo cenizas quedan!", le dijo a mi mamá tratando de dar un tono romántico a su decisión. Sin embargo, ella puso cara de espanto y el asunto se resolvió de la forma más insospechada.
El protagonista de esta historia pertenece a lo que el mercado bautizó como "consumidores-planificadores"; la sicología, como "obsesivos", y el pueblo simplemente conoce como "alaracos".
Aunque el caso de los servicios funerarios puede parecer exagerado, cada vez hay más personas que prefieren realizar sus compras por adelantado y, de esta forma, han logrado convertirse en un target interesante para los estudiosos del retail.
Es el caso de la dueña de casa que compra los uniformes escolares en enero (y dos tallas más grandes); los regalos para todo el año en febrero, mes de liquidaciones; una provisión de pescado congelado para Semana Santa; los regalos de Pascua en octubre, ojalá en un mismo lugar y aprovechando una promoción seis por uno, y un servicio funerario all inclusive.
En fin, según un estudio realizado para Latinoamérica por la consultora LatinPanel, un 75% de los encuestados declaró que le interesa "planificar las compras para ser más eficiente". Dentro de este universo, el consumidor chileno se mostró, además, "decidido" e interesado en "no perder el tiempo".
¿Neurosis? Puede ser. Las personas obsesionadas con prever el futuro hasta en el más mínimo detalle, buscan tener todo bajo control y consideran siempre los escenarios más catastróficos. Los imprevistos son su enemigo.
Por ejemplo, que llegado "el momento final" sus deudos no sepan qué hacer.
Esa era la pesadilla de mi papá, hasta que decidió comprar el funeral de sus sueños.
Claro que no todo fue paz. Mi mamá le recordó que lo que correspondía era un entierro, como Dios manda. Que se olvidara de la cremación. Ella, al menos, no firmaría nada.
El le respondió que, entonces, debería elegir un ataúd porque se trataba de un servicio all inclusive. No se podían dejar cabos sueltos.
Ella dijo ok, que bueno, que elegiría un cajón a la medida, aunque no pensaba morirse.
Por fin llegó la vendedora y le pasó un catálogo con todos los modelos imaginables. Económicos, costosos. Minimalistas, barrocos. Para vegetarianos, para carnívoros.
"Este me gusta", dijo ella y la representante de la funeraria puso cara de "este es mi día". Había elegido uno de maderas exóticas, ultrarreforzado y, por supuesto, carísimo.
"La mamá se cree Nefertiti. Una auténtica divinidad egipcia", comentó mi papá durante un almuerzo familiar, hace casi ya dos décadas.
Con mi hermana preguntamos por qué y entonces nos contó la historia de los servicios funerarios adelantados; de la elección tipo lujo asiático de mi mamá, y nos invitó como gran panorama de fin de semana a conocer la que sería nuestra última morada.
Por supuesto que dijimos que no. Que, por el momento, no estábamos interesadas.
Ese almuerzo nunca se me olvida, aunque recién esta semana le pregunté a mi mamá por qué había elegido el ataúd de las maderas costosas.
"¡Obvio!, ese cajón me va a durar más", respondió y entonces me di cuenta de que eran tal para cual.
Post a Comment:




