¡Buena la talla! (de ropa), por Sonia Lira
Oct. 24 , 2009
Entre los grandes misterios de la humanidad, las tallas de vestir ocupan un lugar destacado. La escena es casi siempre la misma. Enfrentados al espejo del probador, notamos que la "S" o "M" en que entrábamos hace un par de años, hoy no pasa de ser un buen recuerdo. Peor aún, comprendemos que ese jeans tan monono, fue sólo una locura de juventud. Por eso es que en estas páginas intentamos descifrar el código de la moda."El único misterio aquí, dama, son los lomitos que se come pa' callao", le contestó a la clienta un vendedor con poco tino, que atendía una tienda nada elegante.
Ella había reparado que el pantalón con su talla de toda la vida, hoy le quedaba atascado a mitad de los muslos. Es cierto que la mujer no era una sílfide, pero la balanza le decía que seguía pesando lo mismo.
El peso era, entonces, su único argumento. Hoy, en cambio, la clienta podría apelar al escandalillo provocado por una foto de publicidad de la marca de ropa Ralph Lauren. En la imagen, la top model Filippa Hamilton (54,4 kilos repartidos en 1,75 de altura) luce una delgadez imposible debido a la aplicación de photoshop, es decir, de un programa de retoque digital que en las revistas de moda y en la publicidad hace milagros.
O desastres. Porque en el caso de Filippa, los creativos la dejaron con la cabeza más grande que las caderas. La casa de modas se disculpó, pero a la modelo -por años, rostro de la marca- la despidieron igual.
El incidente podría haber pasado sólo por una mala aplicación del photoshop. Sin embargo, apenas una semana después, una foto mostraba a la top rusa Valentina Zelyaeva con un cuerpo tan escuálido que la mano era del porte de sus muslos.
¿Y qué tienen que ver estos excesos del mundo fashion con que ya no entren los pantalones?
Todo.
Veamos por qué.
Hace tiempo que la industria de la moda jura que a las maniquíes anoréxicas les llegó su hora y que hoy la tendencia son las formas saludables. Para ello, pone como chica de portada a una modelo que sí se come una docena de lomitos pa' callao, como le dijo el vendedor a la mujer ex talla 40 (ver la edición de septiembre de la revista Glamour norteamericana).
El problema es que la inclusión de la gordita no pasa de ser una anécdota; una muestra de originalidad que está lejos de ser la norma.
Porque si lo políticamente correcto es decir chao a las modelos tipo campo de concentración, la realidad es que los mandamases de las pasarelas todavía prefieren un asado tipo costilla a uno bife chorizo.
En efecto, pocos saben que la maniquí argentina rostro de una multitienda chilena, en más de una oportunidad ha sido sometida a una operación frankensteiniana: alguna publicidad sólo conserva su cara, mientras que su cuerpo que ya ha sufrido los rigores de la maternidad, es reemplazado (otra vez por arte y magia del photoshop) por el de una "doble" más huesuda.
Otro ejemplo. Hace poco un diseñador chileno top le mostró el sobre azul a su musa de "prueba de calce" porque había subido de 52 a 55 kilos, lo que no es mucho para el casi metro ochenta de estatura de la chica.
"Prueba de calce" es el nombre que tiene el procedimiento mediante el cual una marca o modisto establece el patrón de su nueva colección de ropa.
Hemos llegado -casi, casi- a descifrar el misterio.
Como quienes trabajan en estas "pruebas" son modelos de pasarela (o aspiran a serlo), no es raro que el estándar o patrón sea cada vez más minúsculo, mínimo, liliputense.
No es extraño que el vestido "M" que usted se prueba con tanto empeño, haya sido diseñado para una sílfide con medidas inferiores al canon 90-60-90, unas cifras que hoy parecen onda retro. Además, esa chica que entra en un supuesto 38, lo más probable es que mida más de 1.70, lo que está lejos de la media nacional.
La conclusión es que, indirectamente, los ciudadanos de a pie pagamos las consecuencias de los desbordes creativos de firmas como las de Ralph Lauren, porque si bien podemos elegir un pantalón un par de tallas más grande, ¿quién paga el costo sicológico de pasar de ser "L" a "XL"#?
La idea que han propuesto varios países europeos es retallar la ropa de acuerdo al promedio antropométrico de la población, porque una finlandesa no es lo mismo que una italiana, ni una coreana que una chilena.
Tampoco se trata de ser hipócritas. De fingir que queremos ver en las revistas de moda sólo fotos de mujeres "reales"#que -con la mano en el corazón- es una forma más elegante de decir "feas", de acuerdo con los estándares de belleza a los que gente linda como Ralph nos tiene tan mal acostumbrados.
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