Bacterias mil punto cero, Por Martín Vinacur
Jul. 24 , 2010
Esta historia de las redes sociales comenzó hace rato. Si me apura y me pide precisión, se lo digo: calcúlele, más o menos, un par de miles de millones de años.
Sacúdase el vértigo de sentirse al tope de la cadena evolutiva/tecnológica y verá que la idea no es nada original. O más bien sí, si entendemos original en su sentido ídem, esto es, "volver al origen".
Acérquese, pero acérquese bien, que esto empieza con las bacterias.
Lo primero que hay que saber es que las bacterias son los organismos vivos más antiguos de este planeta. Microscópicos, unicelulares, poseen sólo una pieza de ADN, tienen muy pocos genes y en ellos está inscrita toda la información necesaria para hacer las cosas que hacen: instrucciones como "creced y dividíos", básicamente. Vida fome la de estos bichos asociales y solitarios. Hasta aquí.
La doctora Bonnie Bassler, bióloga molecular de Princeton (ubique su conferencia TED), demostró que las bacterias conversan entre sí para generar comportamientos colectivos y llevar a cabo tareas que nunca podrían lograr si simplemente actuaran como individuos.
La clave provino de una bacteria marina llamada Vibrio Fischeri. La particularidad de esta bacteria es que aislada -o en baja densidad- actúa normalmente, pero cuando se multiplica hasta un cierto número, todas las Vibrio Fischeri emiten luz al mismo tiempo. Bioluminiscencia instantánea, auroras submarinas.
¿Cómo pueden estos organismos primitivos diferenciar el momento en el que están solos y el momento en el que están en una comunidad para luego hacer algo todos juntos?
La doctora Bassler descubrió que las bacterias hablan entre sí. Desarrollan palabras químicas, establecen un "lenguaje" y activan comportamientos de grupo que sólo son exitosos cuando todas participan al unísono.
"Detección de quórum", lo llamó Bassler: las células votan con votos químicos, los votos son contados y luego todo el mundo responde a la votación.
Son capaces de contar cuántos "como yo" y cuántos "diferentes a mí" hay a su alrededor y decidir qué hacer según el resultado. Hacen una especie de encuesta para medir el consenso, la "temperatura" social antes de ejecutar una política común.
Más perfecto que un sistema parlamentario, ya que no es una muestra representativa, sino que, al igual que en las redes sociales digitales, cada uno participa directamente en la construcción de la agenda colectiva. Y lo más sabio de todo, no contratan asesores. Bastante bien, para tener una sola célula.
Igual que las bacterias, nos agrupamos a favor o en contra de determinadas causas y nos pronunciamos individualmente bajo la atenta vigilia de un gran hermano que vive pendiente de si la comunidad opinante ha llegado o no a una masa crítica, a un quórum.
Lo que esta interconexión digital nos permite es sumar poder.
Les guste o no, los gobiernos 2.0 están obligados a un nuevo contrato entre gobierno y opinión pública basado en estas conversaciones, en las que la administración se vuelque hacia un modelo facilitador y permeable a las demandas, más allá de las urnas.
La democracia bacteriana ofrece una singular civilidad, donde cada uno de sus ciudadanos no delega su cuota de poder, sino que la ejerce de manera directa y orgánica en una especie de utopía republicana microscópica. Se trata nada menos que de un modelo de organización horizontal y colaborativo, de empoderamiento.
Ya no es la plaza pública, sino ese no-lugar llamado ciberespacio, donde las conversaciones activan pequeñas y grandes revoluciones. Sociales, culturales, políticas. Y a pesar de que este fenómeno nos devuelve la sensación de contacto humano y participación ciudadana, paradójicamente, no se realiza cara a cara.
A lo mejor, al final, somos sólo bacterias refinadas nadando en este extraño mundo de @jack (Dorsey) y Mark (Zuckerberg).
Usted, que se creía sofisticado por tuitear desde un iPhone, piense que es apenas una versión mil punto cero de un sistema simple y elemental, reglas de un juego inventado hace miles de millones de años.





Zeng et al. Decision making at a subcellular level determines the outcome of bacteriophage infection. Cell (2010) vol. 141 (4) pp. 682-91
Saludos!
Posted by Luis Milla B. on July 26, 2010 at 04:11 PM CLT #