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de La Tercera

 

Analízame (al perro), Por Sonia Lira

Jan. 18 , 2010

10 Comments

"Mírame a los ojos. Olvídate de César por unos segundos", me dice Hernán, un hombre atlético y de mirada inquietante. No despego mis ojos de los suyos y siento una culpa espantosa por César, lejos, el macho más fiel que me ha correspondido en vida. Sólo él es capaz de hacer cualquier cosa por mantener viva nuestra relación. Incluso, ladrar. Como un perro.


Porque, claro, César es un perro. Y Hernán Dueñas, un experto en comportamiento animal. "Zoopsiquiatría", dice la orden de atención. Es decir, el hombre de los ojos inquietantes es algo así como un sicólogo para pacientes con pelos, plumas o escamas.


Ese sábado llegué a su consulta algo incrédula. No me tragaba mucho el cuento de una especie de Sigmund Freud que recostara en el diván a mi mascota. Pero todo me decía que debía hacerlo. Por un lado, estaban las extraordinarias habilidades del éxito televisivo "El Encantador de Perros" (capaz de poner en su lugar a chihuahuas con ínfulas de asesinos en serie) y el explosivo aumento en nuestro país de la sicología canina y felina. Tanto así, que la presidenta de la Sociedad de Etología Clínica Veterinaria de Chile, María José Ubilla, estima que desde el 2004 hasta hoy, sus consultas se han triplicado.


Por otro lado, estaba mi historia personal. En la debacle de una relación anterior influyó, en parte, la intromisión indebida de dos perros salchichas. Una vez que Benito y Papayo (que así se llamaban los canes en cuestión) decidieron que nadie se me podía acercar, las cosas se pusieron difíciles. ¿Resultado? Un divorcio donde, en lugar de la tuición de los niños, negociamos la de dos bichos peludos.
Por eso, esa calurosa mañana sabatina decidí seguir al pie de la letra las instrucciones del experto en animales.


"No lo mires (a César). Es justo en este momento cuando debes ignorarlo", me repetía algo molesto por mi falta de concentración. Mientras tanto, César -un quiltro con pinta de oso de peluche gigante que recogí medio muerto en la Plaza Ñuñoa- gemía tratando de recuperar mi atención.


-"¿Y cuál es el problema de César?"-, me preguntó.
-"Nada grave, sólo que trata constantemente de llamar la atención.         
Es tanta su emoción cuando me ve a mí o a mi marido, que no para de saltar encima y lengüetearnos.
Puede ser muy cargante y desordenado.
A mí me ha botado varias veces".
-"¿Y qué haces tú entonces?"-, arremetió el veterinario, mientras anotaba en la hoja de diagnóstico: Falta de obediencia crónica.
-"Bueno doctor, trato de calmarlo, le hago cariño"-, contesté.
-"¡Error! Así sólo estás reforzando una conducta indeseable. ¡No lo mires ahora! Cada vez que realice un mal comportamiento debes decirle "No", y luego ignóralo por 10 minutos"- (La clásica Ley del Hielo, pensé) -"Y si sigue sin obedecer, lo llevas a un lugar de aislamiento por otros 10 minutos".


Estuve a punto de pensar que el experto había recibido entrenamiento en Guantánamo, pero luego me di cuenta que exageraba, como con todo lo que tiene relación con César.
-"¿Y cómo reacciona tu marido?"- volvió a la carga.
-"Bueno, la verdad es que le ha costado aceptarlo. Encuentra que es un perro cargante y, a veces, lo saca del medio con sus pies. Puede ser algo brusco"-, le expliqué suplicando comprensión.
-"¡Ah!"- exclamó y anotó en la hoja de tratamiento: Las chuletas no funcionan.


Fue en ese momento cuando recordé una serie de fichas clínicas espiadas en la web de la Sociedad de Etología Clínica Veterinaria de Chile. La mayoría de los pacientes animalescos analizados eran caninos o gatunos, por supuesto. Y los cuadros que más se repetían eran los de ansiedad generalizada -ataques de pánico incluidos- y los de tipo obsesivos compulsivos. Particularmente, me llamó la atención el caso de Marduk, un pitbull medicado con ¡fluoxetina!


Conclusión: la población de mascotas de Santiago presentaba una incidencia de enfermedades mentales sospechosamente parecida a la de sus amos humanos.


Estaba en lo mejor de mis reflexiones cuando la voz del especialista me devolvió a la realidad:
-"No le puedes pedir orden a tu perro si tú misma no eres ordenada".
 Toda la razón, pensé.


En un dos por tres me vi siguiendo, concentradísima, las órdenes del veterinario. Y en la medida en que las cumplía con la disciplina de un marine, César mágicamente comenzó a hacerme caso. Por primera vez.


Porque como dice el refrán, la culpa no es del chancho sino de quien le da el afrecho. O en este caso, no es del perro sino de quien le tira el hueso.



Comments:

Excelente la nota. Saber que los perros estan tomando fluxitina es preocupante. Mi pregunta es si terminaran drogadictos.

Posted by Fernanda on January 18, 2010 at 06:10 PM CLST #

Ja, ja. Perros locos. Mejor que nosotros "nos hagamos ver". Los humanos somos los de los problemaas. Si no me creen preguntenle a mi perro.

Posted by Richi on January 19, 2010 at 12:25 AM CLST #

Ridículo: perros al psiquiatra, ¿que otra cosa van a inventar?

Posted by Hilda on January 19, 2010 at 11:01 PM CLST #

Qué looooooooco!!!!

Posted by Vivi on January 19, 2010 at 11:03 PM CLST #

las mascotas son todo un tema y los humanos tm. la verdad es q no somos tan diferentes, parece. los hombres y los animales q estan cerca tienen más de lo q piensan en comun. hilda.

Posted by Hilda on January 20, 2010 at 01:15 AM CLST #

Que buena nota, me rei mucho. Me acorde de mi perrita Simona, que es una mordedora compulsiva de ropa interior...

Posted by Ignacio on January 20, 2010 at 10:08 AM CLST #

Deberian re-localizar a estas victimas de los marines criollos a Chicureo!

Posted by Raul on January 22, 2010 at 09:36 AM CLST #

Me rei mucho con este articulo, sobretodo con el paralelo entre el castigo y los Marines/Guantanamo. es verdad que los caninos heredan muchas de nuestras taras por ende surge la especialidad Zoopsiquiatria (muy rentable, a proposito); una prueba? la perrita Simona, quele gusta morder ropa interior. Hhmmm... me pregunto qué mas le gusta morder a su amo?
Sonia no nos explica si Barack Obama saldra en defensa de nuestros prisioneros de estos cuasi Marines criollos.

Posted by Raul on January 22, 2010 at 10:38 AM CLST #

Eso que hacen se llama "Condicionamiento" y ha sido un estudio paulatino en animales pero con fines de aplicación en human@s (estilo naranja mecánica). Claro que con el tiempo se ha "humanizado", naciendo el "Condicionamiento Operante" (con Skinner. Sí, como el de los Simpsons), entre otros personajes. No obstante creo que la cuestión no es que "psicopatologicemos" animales, más bien en crear consciencia de cómo construimos a estos "cyberanimales", como dicen por ahí.
Divertida columna ;-)

Posted by Gloria on January 22, 2010 at 12:27 PM CLST #

muy buena tu nota, me alegro que lo de tu perro se ete solucionando..es el area en la que me quiero dedicar, en realidad saber como se sienten los dueños luego de que sus perros son tratados es una gran alegria para nosotros =)

Posted by kathia on February 25, 2010 at 03:30 PM CLST #

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