"Nuevas prioridades económicas", por Luis Óscar Herrera
Mar. 13 , 2010
Recién podemos dimensionar la magnitud del desastre que ha asolado a nuestro país. El nuevo escenario requiere recalibrar las políticas macroeconómicas. En el corto plazo, esperamos una caída significativa de la actividad económica y un repunte transitorio de la inflación. Más allá del primer semestre, el terremoto dejará daños duraderos sobre la capacidad productiva del país, entre 1 y 2% del PIB, pero recuperables a través de mayor inversión.
La política monetaria debe continuar enfocada en mantener una trayectoria estable para la inflación. El aumento transitorio de la inflación en los próximos meses no debiera afectar las decisiones de tasa de interés en los próximos meses. Más allá del primer semestre, lo relevante será la evolución de la brecha entre la demanda agregada y el producto potencial. La caída del producto potencial implica una presión inflacionaria adicional, pero su impacto de corto plazo será moderado por el probable freno al consumo privado y la demanda interna. Esto abre espacio para retrasar el ajuste de la tasa de interés por parte del Banco Central. Más adelante, sin embargo, esperamos una aceleración de la inversión que probablemente obligará a subir la tasa con mayor intensidad para evitar un rebrote inflacionario.
Por el lado de la política fiscal es deseable una respuesta expansiva para acelerar la reconstrucción del stock de capital público (transporte, educación, salud) y privado (viviendas e instalaciones productivas). El apoyo fiscal al sector privado debe priorizar aquellos sectores que tienen mayores dificultades de acceso al financiamiento: familias de menores recursos y empresas de menor tamaño. Eventos extraordinarios como este desastre ameritan tolerar un mayor déficit fiscal transitorio o incluso crear un fondo especial de reconstrucción, fuera de la contabilidad normal del Fisco, para apoyar el esfuerzo de inversión. Este mayor gasto se pagará con creces a través de una recuperación más rápida de la oferta agregada y la recaudación tributaria.
El gobierno tiene capacidad de financiamiento para enfrentar la emergencia: fondos soberanos acumulados y capacidad de endeudamiento interno y externo. La restricción para la magnitud del esfuerzo de reconstrucción no es financiera, sino macroeconómica. La capacidad de movilizar una enorme cantidad de recursos sin poner una presión excesiva sobre las tasas de interés y el tipo de cambio real. Inicialmente los efectos macroeconómicos serían moderados, tanto porque el desempleo aún es elevado como por el freno inicial del consumo privado. Sin embargo, paulatinamente el repunte de la inversión dará mayor impulso a la demanda agregada y pondrá presión sobre los precios, sobre la demanda por financiamiento, las tasas de interés y, a la larga, sobre el tipo de cambio real. Una apreciación significativa del tipo de cambio real sería una dificultad adicional para las regiones más afectadas por el desastre, particularmente sensibles a esta variable.
Para evitar esta situación, el gobierno no sólo debe echar mano de los fondos soberanos o de su capacidad de endeudamiento para financiar la reconstrucción, sino que además debe complementarlo con otras medidas fiscales: repriorización y recortes de gasto público en otras áreas, equilibrio de las finanzas del Transantiago, restitución del impuesto específico a los combustibles y, posiblemente, aumentos transitorios en algunos tributos (transacciones financieras o IVA). Estas medidas no son populares, pero serán necesarias para realizar un esfuerzo ordenado y equilibrado de reconstrucción. La implementación efectiva de estas medidas compensatorias puede esperar hasta que la recuperación de muestras de consolidación, pero mientras más pronto se anuncien, más fácil será para las autoridades conseguir la comprensión y el respaldo de la población.
Director de Estudios de Corporativode EuroAmerica




