Tributo razonable, por Leonidas Montes
May. 22 , 2012
El 30 de abril, el Presidente de la República envió al Congreso el proyecto de ley que “perfecciona la legislación tributaria y financia la reforma educacional”. Desde el anuncio de esta reforma tributaria, que no era parte del programa de gobierno, se ha generado un importante debate. Y recientemente, fue dado a conocer el estudio del CEP-Cieplan, sobre los “criterios para reformar el sistema tributario”.
La organización civil demanda el cobro de tributos. En otras palabras, para alimentar al Leviatán -ese monstruo bíblico que Hobbes eligió para referirse al Estado- se necesitan recursos. En general, los tributos para financiar al gobierno se realizaban principalmente a través del comercio, vía aranceles e impuestos específicos. No existían impuestos al ingreso.
Excepcionalmente, en 1862, durante la guerra civil americana, el Congreso americano impuso el primer impuesto progresivo al ingreso. Tenía un máximo de 10%. Duró sólo seis años antes de ser eliminado, ya que la Constitución exigía que los impuestos fueran “uniformes”. Cuando en 1894 el Congreso propuso otro impuesto progresivo al ingreso, un experimentado y visionario miembro de la Corte Suprema afirmó que esta iniciativa, “transformaría la competencia política en una guerra de pobres contra ricos”. Y algo de razón tenía. Poco a poco, el impuesto progresivo fue aumentando y los discursos políticos contra los más ricos se fueron acalorando. Roosevelt fue el gran promotor de subir los impuestos a los más ricos; en 1941 llegó a proponer una tasa marginal del 99,5%.
El impuesto progresivo al ingreso es un fenómeno económico reciente, que ha adquirido importantes matices sociales y políticos. Hoy existe un consenso económico y social, ya que este esquema permite que los más ricos contribuyan a ayudar a los más desfavorecidos. Y ahora, con esta nueva reforma, se busca el consenso político.
El viernes antepasado, en la sala del CEP, existía expectación, ya que se darían a conocer los resultados del anunciado estudio CEP-Cieplan. En este proyecto un grupo de expertos, dirigido por Vittorio Corbo y José Pablo Arellano, había trabajado durante casi dos años. Del mundo político, sólo el senador Ricardo Lagos Weber participó de este interesantísimo debate. Con franqueza planteó que esta propuesta era similar a la de la oposición y a la del gobierno. Vittorio Corbo coincidió, destacando que, afortunadamente, en Chile hay muchos profesionales responsables de distintas sensibilidades que fueron a las mismas buenas universidades afuera. Este juicio es importante. Es quizá la gran causa del éxito económico que hemos alcanzado.
Las grandes diferencias con el proyecto del gobierno radican en mantener el impuesto de timbres y estampillas como un IVA a los servicios financieros equivalente a 0,8% anual, reducir la tasa de evasión y subir el impuesto específico al diésel. La propuesta del gobierno, en cambio, propone bajar el impuesto de timbres y estampillas de 0,6% a 0,2%, para promover el emprendimiento.
En cuanto a la evasión, conviene destacar que ésta siempre se puede mejorar. Pero en sólo dos años -2010 y 2011-, los mayores ingresos fiscales por menor evasión alcanzaron 1.247 millones de dólares (la promesa era alcanzar los 1.300 millones de dólares durante los cuatro años de gobierno). Respecto del diésel, sabemos que la 1,5 UTM por metro cúbico es una cifra baja, pero la teoría no es siempre aplicable a la práctica. Si se lograra convencer a la sociedad para subir este impuesto y eliminar los créditos especiales por su consumo, sería el primero en aplaudir. La fórmula flexible, bajando el impuesto ante precios altos y subiéndolo ante precios bajos, es ingeniosa.
Siempre he sido un defensor de un impuesto plano, que incluya una exención a los de menores ingresos. En este simple esquema, todos -incluyendo los más ricos- pagarían lo que corresponde. No existiría evasión y tampoco elusión. Aunque el desconocido y vilipendiado flat tax ha sido exitoso en varios países, entiendo que es políticamente inviable -cómo es posible que un rico pague la misma proporción que un obrero- y que su conveniencia es debatible.
De hecho, la progresividad contribuye a mejorar la desigualdad. Además, el gran Adam Smith escribió: “Los ricos deberían contribuir al gasto público no sólo en proporción a sus ingresos, sino en algo más que esa proporción”. Y en línea con Adam Smith, también celebro que la propuesta del gobierno incluya una disminución a la tasa marginal y la disminución gradual de los aranceles, para llegar a cero el 2015. En otras palabras, queremos que más chilenos lleguen al tramo más alto de ingresos y que Chile sea puerto libre.
Nuestro país se ha caracterizado por su responsabilidad fiscal y por el éxito de sus políticas económicas. En estas materias somos un modelo a seguir, no sólo en Latinoamérica, sino en el mundo. Tenemos admirables instituciones económicas que tradicionalmente han sido dirigidas por profesionales muy serios y competentes (sólo piense en el Ministerio de Hacienda, la Dipres, el SII, las superintendencias, el Banco Central, la FNE y el TDLC).
Pero en este ambiente de crispación política y de desprestigio de sus instituciones, es preocupante que surja el germen del populismo en la discusión de la reforma tributaria. Es importante mantener la prudencia económica y no dejarnos llevar por los cantos de sirena. Esta reforma tributaria será la prueba de fuego para que demostremos nuestra responsabilidad política. Ante esta razonable tributación, no borremos con el codo lo que hemos construido con tanta seriedad y esfuerzo.
Decano Escuela de Gobierno, UAI.
Columna publicada en la sección de Negocios del 20 de mayo de 2012.
Abusos de los FIP y capital de riesgo, por Patricio Arrau
May. 22 , 2012
“No se necesita eliminar los FIP, pero sí castigar severamente las malas prácticas”.
[Read More]Los Huaso Bonds again, por Eugenio Claro
May. 22 , 2012
“Actualmente hay nuevas empresas evaluando emitir estos bonos en el mercado local, tales como Pemex (...)”.
[Read More]Perfeccionando normas al retiro en exceso, por Miguel Zamora
May. 14 , 2012
La ley actual tiene diferencias que no se justifican en el tratamiento tributario de sociedades anónimas y de personas.
El lado verde de los impuestos, por Francisco Pérez Mackenna
May. 14 , 2012
Verde es sinónimo de ecológico. También lo es de prematuro o de todavía no listo. Se dice que la fruta está verde cuando aún no madura, que una idea es verde cuando recién empieza a tomar forma. En la última reforma tributaria, cuyos objetivos declarados son el perfeccionamiento de las normas existentes y la recaudación para la educación, se agregaron impuestos que se bautizaron como “verdes”.
Se señala que ellos buscan incentivar el cuidado del medioambiente y el reciclaje. La propuesta del Ejecutivo tiene luces y sombras. Este tributo verde pertenece más bien al lado de las sombras, ya que pocos efectos positivos producirá, particularmente en cuanto a incentivar el reciclaje. Da la impresión de que los tributos verdes se agregaron a última hora, con un propósito recaudador, sin esperar que estuvieran maduros.
El cuidado del medioambiente es una alta prioridad para la ciudadanía. El fin buscado es un buen objetivo. Sin embargo, la idea de gravar una improvisada lista de productos con un nuevo impuesto específico es mala. Lo es, entre otras razones, porque es compleja, no se hace cargo del problema del reciclaje, porque la lista es discriminatoria y porque no se sustenta en estudios que midan las externalidades tanto positivas como negativas de los productos incluidos y los omitidos.
Sólo se entiende este tributo desde la perspectiva de la recaudación, pues los llamados impuestos verdes levantan cerca de US$ 250 millones anuales, un 25% del efecto neto de la iniciativa legal que busca adicionar US$ 1.000 millones a las arcas fiscales.
La norma es compleja e imperfecta. Un ejemplo de ello lo da el propio cuerpo legal cuando, para el caso de los autos, se establece que en la factura deberá incluirse el peso de los neumáticos y de su batería. El legislador omitió en el ejemplo el peso de las ampolletas y los lubricantes, ya que ambos también están gravados. ¿Se imaginan ustedes una factura de un auto donde se cobra en glosa separada por el peso de sus ampolletas?
Para hacerse cargo de las externalidades y el impacto que los productos manufacturados generan en el medioambiente lo que se requiere es promover y regular su reciclaje, norma de un carácter más amplio que el tributario. Cobrar impuestos por los neumáticos, para que ellos sigan terminando en los vertederos, no aporta nada, salvo recaudación al Fisco.
Distinto sería el caso de implementarse regulaciones que incorporen el concepto de la responsabilidad ampliada de los productores en cada industria -proyecto que está en la agenda del Ministerio de Medio Ambiente-, donde deban hacerse cargo de recibir y reciclar sus productos una vez descartados.
Tampoco queda claro cuál fue el criterio para elaborar la lista. ¿Por qué está el vidrio, elemento que se recicla en un alto porcentaje, y se omitieron los pañales desechables, las guías de teléfono, los computadores o los preservativos? ¿Cómo se calcula el monto a pagar por kilo? ¿Qué relación tienen los valores cobrados con las externalidades que supuestamente producen? En el caso de las ampolletas, que poseen externalidades positivas, ya que la luz contribuye a dar mayor seguridad, ¿por qué gravarlas?
En el caso de los envases, hay productos como la leche que no pueden llegar a los consumidores por el espacio sideral comercializándose envasados. El gravar el envase es equivalente a haber gravado la leche, lo que, sin duda, es más difícil de presentar a la ciudadanía como una buena idea.
Pandora, de acuerdo a la mitología griega, fue la primera mujer creada por orden de Zeus para introducir males a la humanidad. Los hombres, hasta que Pandora abrió la caja (probablemente un ánfora), vivían libres de fatiga y enfermedades. Una vez abierta ésta, la suerte quedó echada. Algo similar ocurre con los impuestos verdes.
Un nuevo concepto para gravar a los mortales ha salido de la caja de Pandora. ¿Cuáles serán los otros productos que se sumen y con qué criterio el futuro legislador procederá a ampliar la lista? El verdadero camino de solución requiere de propuestas más sofisticadas, como seguir la huella de carbono o establecer la responsabilidad extendida al productor. De hacerse así, y al igual que la historia de Pandora, habríamos conservado la esperanza de una mejor solución.
Gerente general de Quiñenco.
Columna publicada en la sección de Negocios del 13 de mayo de 2012.
Reforma tributaria: la mirada de los técnicos, por Gonzalo Sanhueza
May. 14 , 2012
“El gobierno (...) podría haber esperado conocer los resultados de este anunciado estudio para perfeccionar el actual sistema”.
Entre los fundamentos y el sentimiento, por Jaime de la Barra
May. 11 , 2012
“El ruido político sigue siendo unos de los principales vientos en contra de los mercados”.
[Read More]Cambio al CAE, una corrección necesaria, por Patricio Arrau
May. 07 , 2012
Pertenezco a una generación de universitarios que vivió un cambio importante en el modo en que financiamos nuestros estudios. Soy segunda generación universitaria, pues aunque mi padre no logó entrar a la universidad, mi madre sí lo hizo. Por cierto, en aquella época la educación universitaria era selectiva, pero gratuita.
Como asistente social, sin embargo, difícilmente podría haber pagado la universidad de sus hijos junto al sueldo de su esposo empleado bancario cuando la universidad dejó de ser gratuita. Me tocó por tanto pagar mi educación con crédito fiscal cuando la universidad dejó de ser gratuita.
El cambio fue muy adecuado, pues no tiene mucho sentido social utilizar los escasos recursos del Estado para educar a quienes tendrán los mejores ingresos de la próxima generación. Dedicar esos recursos a la educación primaria y secundaria hace todo el sentido del mundo. Me tocó personalmente no solo pagar el crédito fiscal propio y el de mi esposa, también la educación de todos mis hijos, pues nuestros ingresos familiares lo permitían. Hubiese sido muy regresivo que el Estado hubiese pagado mis estudios universitarios.
El Crédito con Aval del Estado (CAE) creado en el gobierno del presidente Lagos era necesario para expandir el acceso a la educación superior.
El crédito fiscal para la educación superior estaba limitado a las universidades tradicionales del Consejo de Rectores, ese mismo que obtuve para mi educación, y tenía una razonable tasa de interés de 2% al año.
El diseño del CAE, sin embargo, fue un craso error, además de discriminatorio. Se involucró a los bancos comerciales y el Estado se limitaba a avalar los créditos bancarios al 6% al año. No cabe duda de que la deuda bancaria acumulada por créditos CAE, con matriculas universitarias infladas, con muchas carreras de mala calidad y sin la certificación adecuada, son algunos de los elementos que explican el masivo apoyo al movimiento estudiantil el año pasado.
La solución propuesta por el movimiento de volver a la educación gratuita estaba errada, pero evidentemente el CAE requería ser modificado.
El Ministerio de Educación envió un muy buen proyecto correctivo al Congreso Nacional. Dado que no existe una formación de precios o matrícula en el mercado universitario, el nuevo CAE solo cubre hasta el arancel referencial que definirá el ministerio, el resto será de cargo de la universidad o instituto correspondiente.
En segundo lugar, se vuelve al crédito directo del Estado en lugar del aval indirecto a través de la banca. No cabe ninguna duda de que el sistema más barato y eficiente para organizar este esquema es el Estado como acreedor directo.
Dado que el crédito es de muy largo plazo y tiene contingencias asociadas a los niveles de ingresos y empleo de los futuros empleados o empresarios, es conveniente y eficiente que sea el Estado a través de la recaudación tributaria el que ofrezca el crédito y organice la recaudación.
Se optó una forma de pago donde el 10% de todos los ingresos de los futuros estudiantes por los primeros 12 años desde que entren a trabajar. Lo no pagado en ese tiempo se condona. La tasa de interés se iguala al crédito fiscal estatal de 2%.
Sin embargo, aún falta incorporar un componente para asegurarse que los futuros empleados y empresarios paguen su crédito.
Es necesario incorporar en la ley que los empleadores deberán descontar por planilla ese 10% de sueldo de todos los empleados que se encuentran afectos al impuesto de segunda categoría y que están en los listados de deudores universitarios de la Tesorería, aunque estén en tramos exentos de impuestos.
Los empleados y empresarios que declaran en global complementario deberán incluir en un ítem especial el 10% de sus ingresos anuales, aunque no tengan devolución y deban pagar impuestos en abril. Buen cambio propuesto por el gobierno. A mayor recuperación del crédito, mayores recursos para la educación primaria y secundaria de los niños más vulnerables. Los legisladores tienen la última palabra.
Ph.D.Economía, Universidad de Pennsylvania
Columna publicada en la sección de Negocios del 7 de mayo de 2012.
Riesgo de inflación, por Luis Felipe Lagos
May. 05 , 2012
De continuar el fuerte ritmo de expansión de la demanda interna, se generaría cierto grado de vulnerabilidad ante una eventual baja del cobre.
[Read More]Una reforma tributaria minimalista para un propósito maximalista, por Felipe Morandé
Apr. 30 , 2012
Finalmente, el gobierno presentó en los últimos días los lineamientos generales y algunos detalles del proyecto de ley que enviará al Congreso, que modifica la estructura de impuestos en el país. La propuesta busca varios objetivos simultáneos.
En primer lugar, al Ejecutivo lo anima una gran tarea: mejorar la calidad y el acceso a la educación, para lo que necesita de recursos adicionales a los que genera vegetativamente el crecimiento económico y la actual bonanza del cobre.
En ese sentido, la modificación tributaria propuesta pretende aumentar la recaudación fiscal entre US$ 700 millones y US$ 1.000 millones por año, a partir de una combinación de aumentos de impuestos y eliminación de lagunas que más que compensan varias reducciones de otros tributos.
La reforma educacional es en sí un propósito maximalista, en el sentido de la enorme importancia que reviste la mejora del capital humano, desde el prekínder hasta la universidad, como herramienta de promoción social, de nivelación de oportunidades y también, de aumento en la productividad de la economía.
El gobierno ha propuesto aumentar la cobertura de la educación preescolar, avanzar en la duplicación de la subvención escolar general e incrementar más de lo previsto hasta ahora el monto de la subvención preferencial, mejorar las condiciones de trabajo y remuneraciones de los maestros en un marco de mayor exigencia, implementar un nuevo sistema de financiamiento de la educación superior y poner en marcha en breve plazo la Agencia de Calidad y la Superintendencia de Educación (para no sólo gastar más, sino también gastar mejor).
La reforma tributaria, en cambio, puede ser catalogada de minimalista, por dos razones: primero, porque no cambia sustancialmente la carga de impuestos. Esta aumentaría menos de medio punto del PIB, lo que reviste una gran diferencia con las desmedidas propuestas planteadas por la oposición (3 a 4% del PIB). Y segundo, porque si bien hay varios cambios a tasas de impuestos, en un sentido y otro, no se pretende un cambio estructural, de fondo (como habría sido la eliminación del FUT o una alteración drástica al IVA, cuestiones contempladas en propuestas alternativas de tipo radical).
La lista de cambios, sin embargo, es extensa. Contempla tres aumentos de impuestos, el de la renta de primera categoría, de 17% a 20%; el de alcoholes de más de 40 grados, de 27% a 40%, y nuevos impuestos verdes, de 2,5% a la primera venta de productos de difícil disposición residual.
A esto se agregan cambios a ciertas “lagunas” que facilitan la elusión, vinculadas a precios de transferencia, retiros en exceso y gastos rechazados. Y se consideran varias y diversas reducciones de tributos.
Llamativa es la eliminación gradual de los aranceles a las importaciones (aunque la tasa media efectiva no supera el 3%), porque debiera impactar positivamente sobre el tipo de cambio real. También es importante la reducción del impuesto de timbres y estampillas, desde 0,6% a 0,2%, la que favorece el financiamiento de pequeñas y medianas empresas, constituyendo así un estímulo a la inversión.
La reducción de las tasas marginales del impuesto a la renta de segunda categoría beneficiará a más de un millón y medio de contribuyentes personas naturales, lo que no sólo es un estímulo al consumo y al ahorro, sino también una disminución del incentivo que tienen las personas de altos ingresos a eludir el pago de este impuesto a través de la creación de sociedades.
Finalmente, el proyecto del gobierno propone un crédito al impuesto a la renta a las personas por concepto de gasto en educación, destinado a los hogares con ingresos inferiores a $ 1,5 millón de pesos al mes, con un tope de$ 200 mil por año. La propuesta apunta directamente a la clase media y hace gratis la educación escolar para el 90% de los estudiantes chilenos.
En síntesis, se pretende aliviar la carga tributaria general de los chilenos, pedir un mayor esfuerzo a las empresas, introducir un sesgo “verde” y apoyar a los hogares de ingreso medio en su esfuerzo educativo.
Es complejo todavía hacer la contabilidad de todos estos cambios tributarios, pero tomando en cuenta que el aumento en la tasa del impuesto de primera categoría debiera allegar del orden de US$ 1.200 millones adicionales por año, el peso que queda sobre el efecto de la modificación de las lagunas legales, el impuesto a alcoholes y los nuevos tributos “verdes” es alto para compensar las rebajas propuestas y rendir encima US$ 700 millones adicionales. No obstante, la responsable administración a la fecha de las finanzas públicas y el compromiso del gobierno por no sobrepasar un déficit estructural de 1% del PIB en 2014, hacen confiar en que los cálculos han sido hechos con seriedad.
Para finalizar, una reflexión política. El gobierno tendrá una dura tarea en el Congreso, donde no tiene mayoría, considerando lo lejos que se ve la postura de la oposición en esta materia. El proyecto de reforma contiene elementos atractivos para diversos sectores de la población y en ese sentido, la “venta” del proyecto a nivel de la gente se facilita.
Pero también es cierto que las expectativas de muchos, particularmente de grupos socialmente muy activos y visibles, están disparadas. Es crucial, en este contexto, que el gobierno sea muy claro en la negociación de no pasarse de una línea crítica que desfigure el proyecto y terminemos con una reforma tributaria mayor. Desde el punto de vista del crecimiento de la economía, del empleo, de la inversión y del progreso del país en general, es mejor retirar el proyecto si no hay un ánimo en la oposición a un acuerdo cercano a lo propuesto por el gobierno. Tampoco es conveniente una discusión prolongada que agregue incertidumbre al sector privado y tal vez un grado de mayor crispación social.
Economista y presidente de EFM y Cía. Ltda.
Columna publicada en la sección de Negocios del 29 de abril de 2012.
La nueva era dorada de la economía chilena, por Esteban Jadresic
Apr. 27 , 2012
“El bienestar monetario promedio se ha incrementado en los últimos ocho años a un ritmo comparable al del período 1986-1997”.
[Read More]Libre competencia: mucho más que mayores penas, por Patricio Rojas R.
Apr. 23 , 2012
El conocimiento de las conductas, así como de los costos y penas involucrados, resultarán cruciales para prevenir comportamientos anticompetitivos.
[Read More]La gripe argentina, por José Ramón Valente
Apr. 23 , 2012
Un buen amigo suele decir que los inversionistas extranjeros no tienen anticuerpos para el virus argentino. Yo agregaría que tampoco se ha descubierto la vacuna. La gripe argentina, a diferencia de la asiática, la contraen los extranjeros que tratan de hacer negocios en Argentina o con Argentina, y que terminan, tarde o temprano, perdiendo su dinero. La gripe argentina no produce estornudos, pero sí grandes dolores de cabeza.
La comunidad internacional ha sido implacable con la decisión, totalmente arbitraria e injustificada, a mi modo de ver, del gobierno de Cristina Fernández de despojar a su legítimo dueño, la española Repsol, de la propiedad de YPF, el mayor productor de hidrocarburos del país transandino. Los españoles están pidiendo compensaciones económicas de parte de los argentinos y sanciones para Argentina de parte de la comunidad internacional.
Es posible que algo de ambas cosas se logre con el tiempo, pero ni la plata va a ser mucha, ni las sanciones muy significativas. Muy probablemente Repsol pasará a engrosar la larga lista de inversionistas extranjeros contagiados, por décadas, con “la gripe Argentina”. La mala noticia es que, como dice mi amigo, este virus no tiene cura. La buena, que probablemente Repsol no morirá de esta enfermedad.
Lo verdaderamente triste de la expropiación de YPF es el efecto negativo que tendrá sobre los propios argentinos. En especial sobre la gran mayoría de ellos que, a diferencia del puñado de familias ricas que van quedando en Argentina y de los amigos políticos de la Presidenta, no tienen cómo escapar de la decadencia económica que viene afectando a ese país por casi 100 años y que se hará aún más visible y acentuada en los próximos años. La expropiación de YPF es pan para hoy y hambre para las futuras generaciones de argentinos.
Cuando el gobierno argentino se apropia de un patrimonio de aproximadamente US$ 10 mil millones puede comprar muchas marraquetas. Pero una vez que se haya gastado la plata, lo que queda es un país en el que nadie quiere invertir, un país al que nadie quiere dar crédito, un país en el que nadie quiere ahorrar. Un país para los apitutados y no para los trabajadores, un país para amigos y no para talentosos. Y un país así no puede progresar. Medidas como la expropiación de YPF le garantizan a Argentina la tristemente célebre posición de ser uno de los pocos países en el mundo que está en vías de subdesarrollo.
Otro de mis buenos amigos -tengo varios más- suele criticar a quienes esgrimimos estos argumentos. Según él, los economistas llevamos décadas presagiando la muerte de Argentina y lo más bien que está todavía vivita y coleando. Más aún, el crecimiento económico de los últimos cinco años supera largamente al de los bien portados chilenitos.
Buenos Aires sigue siendo la ciudad más culta y entretenida de Sudamérica y los argentinos tienen, a pesar de todo, el mayor ingreso per cápita de la región. A la luz de estos antecedentes, cabría preguntarse si no será buena idea darle un manotazo al patrimonio de los extranjeros de cuando en cuando, en vez de jugar al niño bien portado que respeta los acuerdos, honra su palabra y se enriquece por el esfuerzo del trabajo y no por tomar para sí lo que es de otros. Pero cuando miramos la historia de Argentina en perspectiva, la respuesta a la interrogante anterior no da para dos interpretaciones. La decadencia económica del país es abrumadora y persistente.
A comienzos del siglo pasado, Argentina era una de las 10 naciones más ricas del planeta. Hoy Argentina no está ni cerca de aparecer en el listado de países desarrollados publicado por el FMI. A principios de los 70, hace sólo 40 años, los argentinos eran tres veces más ricos que los chilenos. Hoy les estamos pisando los talones. Ese mismo año el ingreso per cápita de Argentina era similar al de Hong Kong. Hoy Hong Kong es un país desarrollado y tiene un ingreso por habitante tres veces mayor que el de Argentina. Hace 100 años, la gente se preguntaba si debía partir a EEUU o a Argentina. Hoy EEUU recibe más de tres millones de inmigrantes al año, mientras que de Argentina se quieren ir hasta los propios argentinos. De hecho, cientos de ellos emigran todos los años a EEUU.
Argentina tenía todo para ser un paraíso: tierra abundante y fértil, una población homogénea y culta, y enormes reservas energéticas. En vez de eso, está cada vez más cerca del infierno. Es un país pobre y desigual, donde abunda la corrupción y la desconfianza, y que en vez de mirar al futuro, vive de los recuerdos de un pasado glorioso cada vez más lejano. Es la adicción de los líderes políticos argentinos a no cumplir con sus compromisos y a deshonrar la palabra empeñada, como ocurrió con YPF, la apropiación de los fondos de pensiones, el repudio de su deuda externa y la suspensión unilateral del suministro de gas natural a Chile, lo que tiene a Argentina sumida en esta decadencia económica y moral.
A juzgar por la amplia aprobación popular del anuncio de YPF, pareciera que los argentinos creen ser inmunes a su propio virus. La realidad muestra, en cambio, que ellos, y particularmente sus hijos, serán los principales afectados por esta enfermedad.
Director ejecutivo de Econsult.
Columna publicada en la sección de Negocios del 22 de abril de 2012.
Por un debate tributario sustantivo, por Patricio Arrau
Apr. 23 , 2012
El Ejecutivo se encuentra próximo a enviar al Congreso Nacional un proyecto de reforma tributaria. Se ha hablado de unos US$ 700 millones de mayor recaudación, donde un incremento permanente del Impuesto de Primera Categoría a las empresas al 20%, del actual 18,5%, vendría acompañado también de una reducción de los tramos y tasas del Impuesto Global Complementario. Sabemos más o menos cómo entrará el proyecto al Congreso, pero a juzgar por el debate que se observa en él, es imposible prever qué tipo de ley saldrá del Congreso.
Es evidente que el Ejecutivo se encuentra bajo una fuerte presión política en esta materia y ha intentado reaccionar causando el menor daño posible a una institucionalidad tributaria que se ha ido creando en décadas y que es muy singular en el mundo. Causa preocupación observar que se iniciará una discusión sobre esta materia en un momento de un gran disenso sobre aspectos fundamentales de nuestra institucionalidad tributaria.
En las últimas décadas se ha ido construyendo en Chile un sistema tributario que intenta conciliar la necesidad de que el Fisco pueda recaudar recursos para sus programas sociales, pero haciéndonos cargo de la necesidad de evitar lo más posible distorsiones al proceso de ahorro-inversión que el país requiere para crecer y avanzar hacia el mundo desarrollado.
No soy de los que cree que incrementar la carga tributaria hoy tenga necesariamente un impacto significativo en el ahorro, la inversión y el crecimiento. Es más, pienso que si este tema irrumpió tan fuertemente en el debate nacional junto a los movimientos estudiantiles es porque hay que hacerse cargo de errores del pasado, que terminaron poniendo una carga excesiva del financiamiento de la educación en las espaldas de las familias chilenas. Me preocupa menos el incremento de la carga tributaria que la forma en la cual ella se realice.
El proyecto que entrará al Congreso no será muy novedoso en lo que concierne a seguir conciliando la necesidad de una mayor recaudación tributaria con los adecuados incentivos al ahorro y la inversión. Especialmente en esto último no viene mucho. Los economistas tenemos un sesgo en favor de un impuesto de base consumo sobre uno de base renta, pues así se evita el doble impuesto al ahorro y se estimula la inversión.
Mucho de eso hemos estado haciendo los últimos años, eliminando de la base imponible los ahorros previsionales voluntarios y eliminando la doble tributación a los dividendos que se encuentra implícita en la forma como consideramos el impuesto a las ganancias de capital accionario. Si bien las condiciones políticas no permiten seguir avanzando en esa dirección, en esto es necesario responsabilidad. Se habla de terminar con el sistema integrado entre el impuesto de las empresas y el de las personas (FUT), que si bien es muy singular y único en el mundo, está en el centro de las inversiones financiadas por las empresas en las últimas tres décadas.
Perfeccionemos la fiscalización del sistema para evitar los abusos, pero es necesario mantenerlo.
La demanda política hoy está pidiendo una mayor recaudación basada en quienes tienen mayores ingresos, pues exige una recaudación tributaria más progresiva, donde el que tiene más ingresos pague más. Quizá en esto debamos incorporar componentes más imaginativos que concilien de mejor manera el incentivo al ahorro con una recaudación más progresiva. Por ejemplo, a los economistas nos encanta el IVA, pues es un impuesto de base consumo que no distorsiona la decisión de inversión.
Muchos desean bajar el IVA, pues no permite tener un impuesto diferenciado de IVA al consumidor de alto nivel de consumo de aquel de bajo nivel consumo. Sin embargo, con la creciente aparición del medio de pago electrónico y cuentas RUT, sería posible registrar las compras de bienes y servicios de los quintiles más bajos y devolver parte del IVA pagado por ellos en dinero dedicado a gastos en educación y salud de esos mismos consumidores.
Refresquemos el debate, pongamos un poco de imaginación, que la discusión se vuelva más sustantiva, y mantengamos las bases fundamentales de lo construido por años.
Ph. D. Economía, Universidad de Pennsylvania.
Columna publicada en la sección de Negocios del 21 de abril de 2012.
¿Somos el mejor Metro de América?, por Fernando Cañas
Apr. 23 , 2012
“Aunque las fallas disminuyan, cada vez afectan a más personas por la alta utilización del sistema”
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