Junta de vecinas: Desfavorecidas por Juan Manuel Vial
Jan. 07 , 2012
Publicado en La Tercera, 07 de enero, 2012
Junta de vecinas es una antología que pone al lector en la posición de un espectador inocente ante la mediocridad ajena.
Cualquier antología de cuentos -empresa forzosa por definición- suele acarrear dificultades y riesgos para la persona responsable de armarla, en especial si
no se trata de un juego fácil, como podría ser un compendio de obras maestras, pues muchas veces las piezas que han de conformarla no son de calidad similar,
con lo cual el conjunto se verá irremediablemente afectado por la irregularidad de las partes. Otras veces, el equilibrio entre los textos tampoco es
suficiente, como lo prueba Junta de vecinas, la recopilación de cuentos debidos a 16 escritoras chilenas (acerca de cuyas edades puede decirse que fluctúan
entre los 30 y los 50 años), que armó la también escritora Claudia Apablaza. Junta de vecinas es una antología que pone al lector una y otra vez en la misma
posición, es cierto, pero ésta viene a ser la de un espectador inocente ante la mediocridad ajena.
Para decirlo de otro modo, ahora echando mano de las suposiciones: si a uno le cayera en gracia oficiar de jurado en un concurso de cuentos, y los 16 relatos
que componen esta antología fuesen los finalistas, uno, honesto ante todo, no sabría realmente a cuál premiar, simplemente porque ninguno consiguió despertar
la curiosidad y el vértigo que siempre producen en el lector los buenos cuentos. Bajo la sombra mortal del aburrimiento y de la palabra desperdiciada, Junta
de vecinas se convierte en un título que encierra una ironía enorme, aunque absolutamente involuntaria.
En su afán por incluir al mayor número de participantes posible, ignorando así un criterio estético fundamental y sumamente útil a la hora de emprender este
tipo de desafíos editoriales, el de lo mejor o nada, Claudia Apablaza permite que, en vez de cuentos, dos de las elegidas contribuyan a la antología con un
pedazo de novela u otro libro (Cynthia Rimsky y Eugenia Prado), mientras que Lina Meruane aporta un relato que si bien fue "retocado para esta edición", se
publicó en otra antología del año 1995.
El exasperante infantilismo de Leo Marcazzolo, la inefectividad con ínfulas escandalizantes de Andrea Jeftanovic, las trivialidades de Nona Fernández, el
sentimentalismo de Carolina Melys y de María Paz Rodríguez, la falta de resolución de María José Viera-Gallo, las ambiciosas pero inoperantes fantasías de
Francisca Solar y Mónica Ríos, la precariedad de Lyuba Yez, por citar algunos de los defectos del libro en general, marcan el fracaso de Junta de vecinas, y,
al mismo tiempo, ofrecen las respuestas de por qué algo así puede suceder.
En primer lugar, me consta que los textos elegidos por Apablaza no son los mejores que han escrito varias de la autoras aquí convocadas; y luego, pese a que
las temáticas puedan ser afines en algunos casos, aquí no se percibe un rumbo común o algo que haga suponer que Junta de vecinas llegará a convertirse en una
señal, una marca, un monolito, o siquiera en una animita sobre el campo de la literatura femenina del Chile actual.
Lejos de albergar la sospecha de que en este país efectivamente existe una corriente narrativa protagonizada por escritoras dignas de recibir atención y
aplausos, el lector de Junta de vecinas tenderá a pensar, erróneamente, que lo anterior, si no es derechamente falso, es al menos altamente improbable. Y
todo por aquello que se mencionó al principio: las antologías suelen convertirse en iniciativas extremadamente peligrosas.
Me consta que los textos elegidos por Claudia Apablaza, la editora del libro, no son los mejores que han escrito varias de las 16 autoras aquí convocadas.
Junta de vecinas
Claudia Apablaza (editora),
Algaida Editores,
Sevilla, 2011, 262 pp
Juan Manuel Vial
Crítico literario




