Muro de Cultura

 

Confía en tus instintos, por Marcelo Contreras

Jan. 14 , 2012

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Publicado por La Tercera, Sábado 14 de enero de 2012.

Cualquier biografía de Prince dirá que el tipo es prolífico porque ha registrado 636 canciones, incluyendo ocho versiones de 1999. Los roqueros duros levantarán la mano y pronunciarán con religiosidad el nombre de Mike Patton, otro músico inagotable. Pero Robert Pollard (54), alma y cerebro de Guided by Voices -banda insigne del indie estadounidense disuelta en 2004- puede clamar por sus 1.544 temas registrados a la fecha. Según Pollard, componer "es un proceso continuo como comer, respirar y dormir", así que lanza al menos tres discos al año bajo su nombre o con una infinidad de proyectos.
 
Cuando su carrera parecía florecer en el trío Boston Spaceships -editaron en 2011 el fantástico Let it beard-, Pollard giró el timón otra vez, aunque menos radical que la ocasión en que abandonó el rock para convertirse en profesor de alumnos de cuarto grado. Disolvió su última banda y reunió a la alineación clásica de Guided by Voices, aunque es discutible si existió algo así, dada la alta rotación de músicos impuesta por el líder. En esta mano figuran los miembros de la etapa noventera de GbV, cuando hacían escuela grabando con métodos low-fi, "la perfecta extensión del punk" para Pollard.

Vuelven los guitarristas Tobin Sprout y Mitch Mitchell, el bajista Greg Demos (que hace unos días se dio un costalazo tocando en el show de David Letterman), y Kevin Fenell en las baquetas.

Los 21 temas de Let's go eat the factory apenas se empinan por los 40 minutos. La primera sensación es que GbV evoca el sonido de los 90, pero hasta el roquero más fiel al garaje en algún minuto les toma el gustito a ciertos refinamientos. Simplemente, están más viejos y experimentados como músicos. El disco va transando. A veces suena como si el registro fuera en mesa de cuatro canales, otras -sobre todo en cortes con arreglos de cuerdas como Hang Mr. Kite y Chocolate Boy-, GbV presenta un sonido rutilante. Pollard se impone como autor, pero Sprout firma Waves, un temazo de country rock hipnótico, mientras Mitchell coescribe con el líder y Sprout, The unsinkable Fats Domino, una canción digna de Pete Townshend en sus días de gloria. Hay algunas autocomplacencias, pero no mucho más. Let's go eat the factory resulta asombroso por su variedad estilística y sonora. No es un producto de reglas, sino de instinto.



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