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Transantiago: ¿Aprendimos la lección?

02.10.2009 | 54 Comments

El 10 de febrero se cumplieron 2 años desde la caótica puesta en marcha del Transantiago. Hemos sido testigo de cómo el sistema de transporte ha tenido una lenta pero continua mejoría. Esto, se ha logrado porque se rompieron algunos paradigmas sobre los cuales se diseñó erróneamente el sistema.


El primero y más determinante, fue terminar con la restricción de autofinanciamiento del sistema. La aceptación, de hecho, de inyectar recursos públicos permitió aumentar el número de buses con el consecuente aumento de troncales y mejor cobertura de los alimentadores. Un transporte público de calidad no puede quedar entregado únicamente a las fuerzas del mercado.


Segundo, aunque tarde, la autoridad se atrevió a caducar una concesión y dar una señal inequívoca: que los problemas del Transantiago no eran excusa para que los operadores no cumplieran con los contratos. A pesar de ello el regulador aparece capturado por el sector privado.


El tercero y aún pendiente, la creación de una Autoridad Metropolitana de Transporte que responda por el transporte público en la ciudad de Santiago. El desastre no hubiera sido tal, si las autoridades comunales y regionales hubieran tenido mayor injerencia en el proyecto y responsabilidades frente a la ciudadanía.


Estos tres elementos son claves para un transporte público de calidad cuando se entiende que esto es una política pública redistributiva y de inclusión social. Las familias que viven en situación de pobreza y marginalidad, solo por este hecho ya están siendo discriminadas al vivir lejos de sus trabajos y lejos de servicios públicos de calidad.


Lamentablemente, lo que no hemos aprendido de esta mala experiencia es que debemos mejorar el transporte público en todo Chile y no solo en Santiago. No podemos esperar a que las ciudades se hagan insoportables para intervenir.


Santiago no es Chile y, por ello, no basta equiparar el subsidio con inversión regional, sino que debemos ser capaces de entregar mayor cantidad de decisiones de política pública a las regiones para la construcción de ciudades más justas, más inclusivas y más integradas.


Si bien el transporte público de Santiago ha mejorado, no hemos aprendido las lecciones para no cometer los mismos errores en los grandes cambios que necesita urgentemente nuestra sociedad: El centralismo continua en gloria y majestad, el mercado sigue siendo el elemento ordenador de nuestras políticas públicas y el sector privado tiene capturado al regulador a través de las empresas de lobby y el financiamiento de campañas políticas.

Obama

01.23.2009 | 17 Comments

A los que nos gusta la política, no podemos dejar pasar el  20 de enero del 2009, el día en que Barack Obama juró como el 44° presidente de Estados Unidos.


Obama asumió la presidencia después de una vida esfuerzo, dedicación y superación. Lo logró desafiando todas las probabilidades, convocando a la esperanza y la unidad de propósito.


Con el convencimiento de que los cambios son posibles cuando estos emergen desde la base de la sociedad, Obama construyó un movimiento ciudadano ayudado por las herramientas de la Web 2.0. Fue capaz de motivar a la acción a millones de personas que estaban enojados con la política tradicional y que nunca habían participado de una elección.


Barack Obama es capaz de inspirar al resto, de motivar a sus conciudadanos a  tomar el destino de sus vidas en sus propias manos. Los llama a levantarse de la desesperanza para ver el futuro con optimismo, porque para los que se esfuerzan y ponen todo si mismos todos los días, son capaces de lograr aquello que se proponen.


Lo que debemos rescatar es que Barack Obama es hoy presidente de una potencia mundial porque  en EE.UU. tuvo las oportunidades. Porque fue capaz de tomar esas oportunidades y se esforzó para seguir sus sueños.


De eso se trató esta elección. Una persona que con esfuerzo alcanzó su sueño, para trabajar fuertemente para que todas las demás personas tengan las oportunidades de alcanzar los suyos.

Impulsar los cambios desde adentro

12.16.2008 | 8 Comments

El sábado 13 de diciembre se desarrolló la Junta Nacional de la Democracia Cristiana. Fue ahí, donde se proclamó como candidato presidencial del partido a Eduardo Frei Ruiz-Tagle y se eligió un nueva mesa.


Debo decir que sentí impotencia y un poco de rabia, porque más allá del resultado, quería profundamente plantear al partido y al país, los desafíos, que a mi juicio, tenemos por delante como nación. Como dijo Juan Pablo II “se trata no sólo de aliviar las necesidades más graves mediante acciones individuales y esporádicas, sino de poner de relieve las raíces del mal”.


Es necesaria una nueva carta fundamental que sea concebida mediante una asamblea constituyente. No basta con seguir haciendo reformas a la Constitución, tenemos que hacernos cargo de las raíces del mal, que son los enclaves autoritarios y económicos que aún permanecen en nuestra carta fundamental. La legitimidad constitucional nace de un gran consenso democrático.


Debemos quitarle el rango constitucional al modelo económico, para hacerle las correcciones necesarias y ponerlo al servicio de la persona humana. Concebir un modelo de desarrollo sustentable, lograr una participación ciudadana real y efectiva, terminar con la exclusión en política y abordar de manera decisiva las inmorales desigualdades que existen en nuestra sociedad.


Estas son algunos de los planteamientos que tenía preparado -y que representaban el sentir de muchos chilenos con los que compartí a lo largo de este año y medio-. Me fue imposible hacerlo.


En política uno puede ganar o perder, en eso consiste la democracia, pero lo que no puede seguir sucediendo, es que no exista un la posibilidad de discutir ideas y conocer las reglas del juego con anticipación.


Cuando un partido político es incapaz darse reglas del juego estables que den garantías a todos, se fomenta la creación de múltiples grupos que pugnan por acceder el poder. Sin reglas del juego claras, la única posibilidad de las minorías es transformarse en “francotiradores” de quienes ostentan el poder. Es la historia de las luchas internas que han hecho que la DC pierda más de un millón de votos en la última década.


Al parecer tocamos fondo y fue Juan Carlos Latorre, actual prtesidente, quien me ofreció integrarme a una mesa amplia de la DC con el fin de colaborar en los aspectos que estimara relevante para un nuevo comienzo del partido. Acepté el desafío y, junto a muchos que sostienen la misma visión, asumimos el compromiso de proponer, en el más breve plazo un proceso para reinstitucionalizar el partido.  Estatutos democráticos que deben facilitar la conducción de las mayorías y la protección y expresión de las minorías. Solo así podremos concentrarnos en dar respuesta política a los desafíos que nos imponen nuestros valores y principios.


Había muchas opciones, pero la consecuencia me aconsejó asumir el desafío de una vicepresidencia de la DC; para hacer los cambios desde adentro.

Agua y participación ciudadana

11.28.2008 | 4 Comments

26 de Noviembre de 2008


El 20 de noviembre participé en el seminario “Perspectivas de los recursos hídricos: ¿nacionalización de las aguas?” organizado por CONAPHI (comité chileno para el programa hidrológico internacional de UNESCO). Ciertamente ha sido el proyecto de Hydroaysén -con su intención de inundar la Patagonia- lo que ha abierto la discusión respecto del uso de las aguas en nuestro país.


Chile es uno de los países que tiene la legislación más libre mercadista en lo que se refiere a la propiedad del agua. En este escenario, el mercado es incapaz de dar respuesta a las necesidades de las comunidades. La codicia, la especulación y la destrucción del medioambiente, son el resultante del abuso de quienes hoy concentran la propiedad de los derechos de agua en Chile.


Es por eso, que creo profundamente que lo que debe guiar la discusión sobre la explotación del agua y de todos los recursos naturales, es el principio del destino de la universalidad de los bienes. Este plantea que los bienes tienen un rol social y son patrimonio común de todos los hombres a través del tiempo y de las generaciones. En otras palabras, es inmoral que las futuras generaciones carguen los costos del desarrollo actual.


Es evidente, que la ciudadanía entiende este principio, porque cuando existe el riesgo de un daño irreparable al medioambiente - debido al uso depredatorio de los recursos naturales- las personas actúan decidida y coordinadamente defendiendo sus intereses, los de sus hijos y los  de sus comunidades.


Es así, como este martes, ingresaron más de 11 mil observaciones ciudadanas -de pobladores, organizaciones regionales y nacionales y centros de investigación, ONG´s-  al estudio de impacto ambiental de HidroAysén. Este es el mayor número de cuestionamientos en toda la historia de Chile, presentado a una iniciativa sometida a evaluación ambiental.


Este es un ejemplo, sobre como la participación ciudadana debe ser el eje central del desarrollo, del progreso y del bienestar colectivo de la sociedad. Constituyéndose como un medio de democratización de los espacios institucionales que se gestan entre el Gobierno, las empresas y la sociedad.


Sin embargo, la participación ciudadana es un proceso que se va construyendo como consecuencia de un actuar en el territorio, que no se logra únicamente por la promulgación de un decreto o ley, sino en las prácticas cotidianas y en el trabajo articulado entre los diferentes actores.


Por ello propongo rediseñar nuestra división política administrativa y recuperar el concepto de provincias asociadas a cuencas con una legislación moderna que aumente los espacios de participación de todos los actores que deben convivir en ella. Incorporando en la discusión las variables de esta época como lo son, la gestión del agua, del aire, el transporte, los asentamientos humanos, la actividad económica, etc.

El cuento del lobo

11.14.2008 | 0 Comments

13 de Noviembre de 2008


Terminadas las elecciones municipales, nuevamente surgirá en los discursos la promoción de la inscripción automática y voto voluntario, sin embargo, mientras los jóvenes no se inscriban e introduzcan una variable de incertidumbre en el proceso eleccionario, esta ley no se va a aprobar.


A pesar de ser “políticamente correcto” promover dicha ley que profundiza la democracia,  para los políticos tradicionales no es conveniente hacerlo, porque introducen un nivel de incertidumbre en el padrón electoral.


Entonces ¿qué podemos hacer?


Soy un convencido de que no podemos quedarnos esperando que el poder legislativo promulgue inscripción automática y voto voluntario, porque simplemente no va a suceder. Soy un convencido también, que los cambios sociales profundos y duraderos parten desde la ciudadanía, parten desde la base de las sociedades.


Es por eso que ha llegado el momento que asumamos nuestra responsabilidad y produzcamos un cambio profundo en el sistema político. Para ello, tenemos que generar entre todos una campaña masiva  de inscripción. Una campaña sincera y motivadora dirigida a los jóvenes y a todos aquellos que no están inscritos.


Si logramos que se inscriban por lo menos un millón de personas, se reconfiguraría el padrón electoral y seríamos capaces de  exigir un cambio y renovación de la política y de los políticos.


Las próximas elecciones tienen que marcar la diferencia, tienen que marcar un antes y un después en la historia de nuestro país. Son las voces de los jóvenes los que tienen que mandar un mensaje claro y fuerte a todo Chile: no más de lo mismo, necesitamos un cambio.


Creo profundamente en la fuerza de la democracia y en la fuerza de las convicciones. Y estoy convencido que hoy es nuestro momento, hoy es nuestra oportunidad de comenzar a trabajar para construir un movimiento masivo de inscripción electoral para producir un remezón en la política.


Si la renovación de la política, la profundización de la democracia y la apertura de nuevos espacios de participación no lo hacen quienes hoy tienen la representación ciudadana, es decir Alianza y Concertación, surgirán ofertas populistas que capitalizarán el descontento.


Si la clase política en el poder no se da cuenta del grito de la ciudadanía por más democracia y más participación, no habrá nada que nos salvará del populismo.

Obama y el Estado de Derecho

11.13.2008 | 0 Comments

Barack Obama comenzó su discurso de celebración diciendo “Si todavía queda alguien por ahí que aún duda de que Estados Unidos es un lugar donde todo es posible (…) quien todavía cuestiona la fuerza de nuestra democracia, esta noche es su respuesta”.


Hace 21 meses atrás ningún analista político tradicional o los integrantes de la elite habrían apostado a que Barack Obama sería el presidente número 44 de Estados Unidos. Sin embargo, el pueblo estadounidense habló fuerte y claro, para un cambio y un liderazgo nuevo, que fuera capaz de inspirarlos a trabajar por un fin mayor a ellos mismos.


Obama logró ser electo Presidente, no sólo por sus capacidades personales, sino porque en EE.UU. las primarias internas de los partidos son un procedimiento establecido.


Ello, permitió la competencia de proyectos, ideas y sueños de los ocho candidatos demócratas que participaron en este proceso. Las primarias permitieron que la ciudadanía y no las cúpulas de los partidos, manifestara su preferencia de manera informada, libre y democrática.


Entonces, ¿qué lecciones podemos sacar para Chile?


En nuestro país la mayoría de los políticos toman sus decisiones únicamente en función de las encuestas. Ellos, no son capaces de entender que las encuestas son sinónimo de falta de renovación, porque miden hacia atrás, mirando el pasado y no dan ninguna posibilidad a quienes quieren entrar en competencia cuando vienen desde abajo.  


Por eso son tan importantes las campañas y las elecciones: para que exista la posibilidad de que la gente conozca a los nuevos candidatos junto con sus propuestas y sueños. Sin competencia, no hay renovación posible.


La principal lección, es que en Chile no existe un Estado de Derecho que garantice la competencia. No existe institucionalidad que permita la posibilidad de renovación en la política.


Lo que tenemos, son partidos políticos que acomodan los mecanismos en función de los intereses de sus dirigentes. Es por eso, que lo más seguro es que el año 2009 compitan en la primaria de la Concertación los mismos dos candidatos de la primaria de 1993, cerrando oportunidades a nuevos liderazgos con renovadas ideas.


Hoy, nos enfrentamos a una decisión histórica que marcará nuestro futuro: continuaremos siendo manejados por los mismos de siempre o cambiaremos la política, creando una legislación que establezca la obligatoriedad de primarias -en los partidos y en las coaliciones- para todos los cargos de elección popular.


En febrero de 2008 fui a La Moneda a entregarle a la Presidenta Bachelet mi propuesta de que las primarias abiertas fueran un derecho garantizado en la nueva Ley de Partidos Políticos. Soy un convencido que con reglas claras y permanentes que aseguren competencia y participación, podremos alcanzar una democracia fuerte que se renueve constantemente y que acerque la política a las personas.