Vacaciones sin fútbol
Dec. 19 , 2009
Hace algún tiempo, me encontré con un perfil que le hicieron a Alex Ferguson, el eterno técnico del Manchester United. El texto partía con una anécdota que lo retrataba. Decía que en uno de esos altos a la actividad futbolística que ofrece, de tanto en tanto, la liga inglesa, Ferguson había invitado a su abnegada esposa a pasar un merecido fin de semana en Roma. Una vez ahí él había tomado el diario exclamando: "¡Oh, cariño!, este domingo juega Lazio, ¿por qué no vamos a verlo?". Los Ferguson acudieron al día siguiente al estadio Olímpico. El cronista le preguntaba si tuvo que hacer cola para la entrada. Y Ferguson respondía: "¡Nah! Antes de salir de Inglaterra había reservado unos boletos para el partido. Una de las razones para elegir Roma fue precisamente porque tenía ganas de ver a Lazio".
No sé si Marcelo Bielsa apelará a los mismos subterfugios para hacer frente a las vacaciones que por estos días disfruta. El lugar común lo ha retratado como un obsesivo que come, sueña y suda fútbol. Un hombre que ha encontrado el paraíso en una cancha de pasto y que, como diría Sartre, cada vez que se aleja de ella entra en los territorios del infierno. Imaginarlo en otras instancias, sin el buzo que parece habérsele pegado a la piel, resulta tarea compleja.
Sabemos, sin embargo, que el lugar común suele ser fallido. Más de una vez se le ha visto en la feria de la Avenida Las Torres comprando frutas y verduras; apareciendo por alguna sala de teatro como lo hizo cuando asistió a una función de Sin Sangre, de la compañía Teatro-Cinema, o aterrizando en una picada de pastas (el mito gastronómico asegura que es un habitué de la que está en Loreto y Dardignac).
Pero, ¿qué hace Bielsa teniendo un mes para liberarse del Bielsa cotidiano? ¿En qué se convierte cuando ya no es necesario que siga consumiendo fútbol como quien traga oxígeno? ¿Acaso se enfrasca en maratónicas jornadas de taca-taca o Winning Eleven con sus amigos de turno? ¿O se pone el traje familiar con todo lo que eso implica? ¿Aprovechará un descuido y se arrancará a El Coloso del Parque para ver al club de sus amores?
Si me ocupo de esto es porque creo que lo que uno hace en el tiempo libre te retrata más que aquello que haces para ganarte la vida. Y en esa vena, veo a Bielsa haciéndose trampa a sí mismo: huyendo de la dinámica familiar, del paseo por la playa, del último estreno de Campanella, del té con medialunas, para encerrarse en su pieza a ver unos pocos minutos de fútbol, como el adicto que no quiere renunciar a su droga.
Las vacaciones de Bielsa me obligan a pensar en la historia de Abdón Porte, el caudillo del Nacional de Montevideo que ya era glorioso en la década del '10. Porte hizo de la gloria dominical su vida. Y cuando ésta comenzó a abandonarlo, se despidió de los compañeros y regresó a la cancha donde había jugado el último partido para pegarse un tiro justo en el círculo central. Era cerca de la medianoche y para Porte la vida sin fútbol no era vida.




