Marcelo Simonetti

El mundo no es tan redondo

 

Un duelo de artistas

Nov. 06 , 2011

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Publicado por La Tercera, 06 de noviembre de 2011

Rosa Montero, la escritora española, acostumbra a decir, al momento de explicar cómo construye sus personajes, que estos se le aparecen en la calle o en un café o cuando va de compras a El Corte Inglés, por ejemplo. Recuerdo haber leído la historia aquella en la que cuenta que entró a un bar de noche y vio a una gorda inmensa del otro lado de la barra, atendiendo a los parroquianos. Le llamó la atención un detalle: esas uñas pintadas de un azul eléctrico. Hasta ahí nada anormal, salvo la prolijidad cosmética. El asunto es que llegada la medianoche, un músico se sentó al piano, y la gorda se sacó el delantal, se puso un traje de lentejuelas, subió al pequeño escenario, tomó el micrófono con sus uñas largas y cantó. Cantó como Sara Vaughan, como Ella Fitzgerald, así de bien. Después de eso, Rosa Montero la "reclutó" para una de sus novelas.


En esa vena, siempre he tenido la impresión de que si un escritor se internara de veras en el territorio del fútbol encontraría no sólo un personaje, sino un ejército completo de ellos. Territorio de miserias humanas, de afectos desmedidos, de odios, truhanes y héroes, el fútbol es capaz de ofrecer personajes tan atractivos como lo son estos que en un rato más se verán las caras en San Mamés: Pep Guardiola y Marcelo Bielsa.


No es primera vez que estarán juntos. Ya se ha desclasificado ese encuentro que tuvieron hace cinco años en la casa de campo de Bielsa, en las afueras de Rosario, y en el que también estuvo presente el cineasta David Trueba. Pep recién había colgado los zapatos y estaba decidido a convertirse en entrenador, pero quería saber de boca de los que admiraba de qué se trataba eso. Viajó a Argentina, para hablar con Ricardo La Volpe, con Menotti, con Bielsa. El propio Trueba escribió para El País lo que fue ese asado con el rosarino que se prolongó por 11 horas:


"Allí hubo discusiones acaloradas, consulta al ordenador, repaso de técnicas, puesta en escena de posiciones. Hubo preguntas complicadas: '¿Por qué usted, que conoce toda la basura que rodea al mundo de fútbol, el alto grado de deshonestidad de cierta gente, aún quiere volver ahí, y meterse además a entrenar? ¿Tanto le gusta la sangre?'. Pep no se lo pensó dos veces: 'Necesito esa sangre'".


No sólo la necesitaba; le hizo bien, porque al cabo de los años ha construido uno de los proyectos futbolísticos más robustos y exitosos de la historia del fútbol: el Barcelona que lleva su marca. El hijo del albañil de Santpedor, el que alguna vez usara alpargatas, ha hecho del fútbol lo que en su momento hicieron Cruyff y Van Gaal. Algo parecido a una obra de arte.
Lo que no podía imaginar Bielsa en ese entonces, sumido en ese ostracismo luego de la experiencia en la selección argentina, es que él también volvería a necesitar de esa sangre. Y que en ese ejercicio vampiresco arrastraría consigo una caravana de seres a los que les devolvería el derecho a soñar, primero en Chile y ahora en Bilbao.


No por nada, Santiago Segurola, una de las mejores plumas del periodismo deportivo español, hincha del Athletic, escribió hace unos días: "Soy bielsista a morir. Lo que pretende es una transformación casi imposible, pero creo que la aventura merece la pena. Quiero confesar algo: durante la mayor parte de mi vida he sufrido una sensación casi de vergüenza cada vez que el Athletic jugaba fuera de casa. Ahora, juegue bien o mal, no concede tregua a nadie".


¿Qué más podría exigir el escritor a sus personajes? Uno crea una obra de arte; el otro te hace soñar. Quizá la respuesta esté en el duelo de esta tarde.



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